Llevamos ya varios años en Burgui y en el valle de Roncal teniendo gestos de reconocimiento y homenaje a nuestras golondrinas (alpargateras) por diferentes entidades y colectivos. Se les han hecho homenajes, rutas montañeras, recreaciones teatralizadas, colocación de paneles, etc. Es nuestro homenaje a ellas.
A su vez estos años nos han servido para comprobar que tenemos una asignatura pendiente en torno a aquellas antepasadas nuestras. Necesitamos poner nombre y apellidos a todas ellas, y recomponer sus historias personales hasta donde podamos. Y esos datos sólo los pueden aportar ya sus descendientes.
Dicen que más vale tarde que nunca; por eso, antes de que sea más tarde, desde el colectivo La Kukula (Burgui) en colaboración con la asociación la Kurruskla (Isaba), Bidankozarte (Vidángoz) y la productora Maluta Films proyecto Ainarak), nos lanzamos a partir de este mes a sacar adelante una nueva y ambiciosa iniciativa a la que hemos denominado “Operación Golondrina”.
Queremos recoger y salvaguardar la memoria de aquellas mujeres roncalesas que en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del XX se desplazaron al otro lado del Pirineo a trabajar en las fábricas de alpargatas de Xuberoa y del Alto Bearn.
Queremos ponerles nombre y apellidos, saber de qué casa eran, ubicarlas en el tiempo.
Queremos saber qué recuerdan de ellas sus descendientes, qué es lo que ellas contaron.
Queremos saber si se conservan fotos de ellas, o correspondencia, o tal vez objetos que ellas trajeron de allá. Queremos escanearlo o fotografiarlo.
Y para conseguir todo eso necesitamos tu ayuda, que rebusques en el sabaiao, que mires por tus cajones, que preguntes a tus mayores, que las saques del olvido.
¿Sabes que tenemos ya identificadas 30 alpargateras del pueblo de Burgui…?
Para facilitar todo esto exponemos seguidamente un pequeño cuestionario cuyas respuestas van a ser tu ayuda. Entre todos y todas vamos a reconstruir esta parcela de nuestra intrahistoria local. No dejes que te venza la pereza y ponte ya a responder.
Las propias respuestas puedes pasárnosla por mensaje directo o por correo electrónico a info@lakukula.com
CUESTIONARIO:
1.- ¿Ha habido en tu familia alguna antepasada que fuese alpargatera, y que fuese a trabajar al otro lado del Pirineo?. Procura identificarla con nombre, apellidos, nombre de la casa, año de nacimiento y año de defunción… si fuera posible.
2.- ¿Sabes durante qué años estuvo trabajando allí?
3.- ¿Sabes exactamente en qué localidad y en qué fábrica estuvo trabajando?
4.- ¿Qué más sabes de su paso por aquellas tierras? (anécdotas de viaje, anécdotas de estancia, salario, tipo de trabajo que hacía allí, mercancías que traía, etc…)
5.- ¿Conserváis de ella en casa alguna fotografía, carta, salvoconducto, contrato… o algún objeto que ella hubiese traído de allá?
6.- ¿Sabes de otras personas de Burgui o de otros pueblos que también hubiesen sido alpargateras? Procura facilitar toda la información posible de ellas.
-Nombre y apellidos de la persona informante
-Relación de parentesco con la alpargatera
Gracias anticipadas por este esfuerzo que seguro vais a hacer. Esperamos vuestras noticias.
A los 14 años de edad, siendo todavía un niño que corría por las empedradas calles de Burgui, mis padres me embarcaron hacia Chile. Así fue como, de repente, tuve que abandonar el pueblo que me vio nacer y en el que transcurrieron los años felices de mi infancia.
Mi padre era Pedro Angel Glaría Aisa, de casa Zarrajero, y mi madre Josefa Mainz Marracos, de casa Juan Babil. Y en casa éramos ochos hermanos: Santiago, Félix, Antonia, Encarca, Isidro, Policarpo, Pilar y, servidor, Benito. Benito Glaría Mainz, nacido en Burgui un 12 de enero del año 1908.
Familia Glaría Mainz hacia 1918 en Burgui. De izquierda a derecha: Benito, Isidro, Josefa con Encarna en brazos, Santiago y delante Policarpo, Pedro Angel con Félix entre sus rodillas y Antonia.
Mi tío materno, José María, ya había emigrado unos años antes a Chile, donde se casó con Tomasa Amiama, natural de Oñate. Una vez jubilados regresaron a Burgui y se construyeron una casita, a la que bautizaron como “Gure Txoko”, en la que disfrutar del merecido descanso. Fue en uno de los viajes que hicieron a Chile para gestionar rentas pendientes cuando yo viajé con ellos, siendo el año 1922. Aunque ellos vivían en Santiago de Chile yo me instalé en la ciudad de Concepción, donde empecé a trabajar como empleado de un tal Don Pablo Pablo.
Dicen que uno es de donde pace, no de donde nace. Pero yo siempre tuve a mi Burgui querido tanto en el pensamiento como en el corazón. Y no fue hasta 1935, transcurridos ya 13 años, cuando regresé por primera vez a Burgui avisado del grave estado de salud de mi padre.
Contaba ya con 27 años de edad y a pesar de la larga travesía en barco llegué a tiempo de despedirme del padre en sus últimos momentos de la vida. Fue entonces cuando conocí a Manuela. Manuela había nacido en Bariloche, Argentina, un 17 de junio de 1915 pues sus padres León Bronte -de casa Ganare- y Mª Francisca Mainz -natural de Urzainqui- habían emigrado a Argentina desde Burgui. Tras quedar viuda, madre e hija regresaron a Burgui, contando Manuela con tan solo año y medio de edad. Mª Francisca -que venía en cinta de su segunda hija- se casó con su cuñado Angel y tuvieron otros cinco hijos más en Burgui.
Manuela y yo nos conocimos por primera vez en 1935, ella tenía 20 años y yo 27. Ese mismo año nos casamos en Burgui y emprendimos viaje de vuelta hacia Chile. Mis hermanos Isidro y Policarpo también estaban allá, yo les había hecho llamar unos años antes. Isidro en un viaje a Burgui conoció a Carmen, hija de Pedro Baines, se casaron y viajaron a Chile. Poli sin embargo se casó en Concepción con Milagros Bengoechea, natural de Lekeitio.
En mi matrimonio con Manuela tuvimos cinco hijos: José Angel (que falleció a los 18 años), Tomás, Marianela, Benito y Amaya.
Familia Glaría Bronte en Concepción, Chile, en 1955. Detrás, Tomás, Marianela, Amaya y Benito. Delante, José, Manuela y Benito.
Mi talante emprendedor y aventurero siempre me mantuvo ocupado -y algo preocupado- pero con iniciativa, riesgo y decisión emprendí diversos proyectos y negocios a lo largo de mi vida. Primeramente, junto con mis hermanos Isidro y Policarpo, fundé un negocio textil para la venta de telas a modistas en la ciudad de Concepción al que llamamos “La Puerta del Sol”, en clara alusión a nuestro país de origen del que tanta distancia nos separaba.
En el año 1939 tuvo lugar un fuerte terremoto en Concepción, pero no supuso daños materiales ni personales a nuestra familia puesto que residíamos en Chiguayante, a unos 15 kilómetros, por ser el clima más benigno para la delicada salud de José Angel.
Abandoné al tiempo el negocio familiar y nos trasladamos a Santiago de Chile donde abrí una nueva tienda para venta de telas, “La Navarra”. El recuerdo de mi tierra era constante y una forma de tenerla más cerca era recordarla continuamente con el nombre de la tienda. El negocio prosperó y pronto acabó convertido en una fábrica de sedas a las afueras de la ciudad.
Sin embargo, en el año 1948 decidimos venir toda la familia a España -con los hijos ya entre los 8 y los 10 años- y nos asentamos en Pamplona. Intenté crear varios negocios pero debido al gran capital necesario y a la difícil situación de la postguerra decidí regresar a Chile, donde descubrí el engaño de mi apoderado de confianza al que había dejado al cargo de la gestión de las rentas del negocio.
Vuelta a empezar de nuevo, esta vez como empleado en el negocio “La Puerta del Sol” que seguían regentando mis hermanos Isidro y Policarpo. Mientras tanto, poco a poco, fui montando unas máquinas para tejer en el propio garaje de mi vivienda y en el año 1951 toda la familia se trasladó de nuevo de vuelta desde Pamplona hasta Concepción.
El negocio de las tejedoras funcionaba, y después de comprar un par de máquinas de tejer inglesa y suiza y alquilar un local para la producción, empezamos a comercializar prendas por todo Chile contando ya con varios distribuidores. Principalmente se confeccionaban jerseys y chombas, chaquetas. Además de toda la familia, llegamos a tener unos 50 empleados. A este nuevo negocio le llamé “Tejidos Iruña” y su escudo era el mismo que el de Osasuna pero con mis propias iniciales, B – G – M . La familia al completo atendía el negocio en las tareas de fábrica, tienda, descarga de lana, máquinas tejedoras y ojaladoras. Un pequeño gran imperio.
El recuerdo de mi pueblo, Burgui, siempre estuvo presente en mi casa, en mi familia y en mi corazón. Tal es así que, a partir de una fotografía con la imagen de su bello puente, encargué a un reconocido pintor de Chile un óleo con dicha vista que decoraba el salón de nuestra casa. El cuadro regresará a España en mi último viaje, resultando algo dañado por el agua del barco.
Marianela con traje de roncalesa posando en Chile con cuadro de Burgui
En el fatídico año de 1960 tuvo lugar en Concepción el mayor terremoto registrado por los sismógrafos en la historia causando más de 3.000 muertos y desaparecidos, así como cuantiosos daños materiales en viviendas e infraestructuras. Fueron en realidad una sucesión de tres seísmos que ocurrieron entre el 21 y el 22 de mayo en la zona centro-sur de Chile. Nuestra familia, a Dios gracias, no tuvo que soportar pérdidas humanas ni materiales.
Al año siguiente mi hijo Benito acudió a Suiza a formarse en el funcionamiento de maquinaria textil y al pasar por España para saludar a la familia decidió asentarse aquí, animándonos al resto de la familia a regresar desde Chile. Acudí al poco tiempo a comprar unas máquinas de tejer en Barcelona y decidí mandarlas a Pamplona, adquiriendo para ello un local situado en el Paseo de Sarasate que posteriormente será el inicio de un nuevo negocio, “Confecciones Chile”. Regresé de nuevo a Chile y, poco a poco, toda la familia empiezó su regreso a España.
En el año 1962 vino Tomás; en mayo de 1963 regresaron Marianela y Amaya; y en octubre de ese mismo año volvimos Manuela y yo. Un poco antes había venido también mi tía Tomasa Amiamo, con setenta y pico años y ya viuda de José María Mainz, que vivía con nosotros y a quienes mis hijos le llamaban cariñosamente abuelita por haberse criado con ella. Así pues, toda la familia nos encontramos ya reunida y asentada en Pamplona, con visitas ocasionales a nuestra casa oriunda en Burgui, casa Zarrajero, donde visitábamos a nuestros familiares. Con el tiempo nos hicimos una casa familiar en el pueblo, la que se conoció como “Los chilenos”.
Bolsa publicitaria de las tiendas Chile
El negocio del Paseo de Sarasate, Confecciones Chile, se encontraba funcionando como tienda a pleno rendimiento y se construyó un pabellón en Cizur Mayor para fábrica de jerseys. Con el paso del tiempo debido a la mayor rentabilidad que aportaba comprar género ya confeccionado se decidió cerrar la fábrica y centrar todo el esfuerzo en la venta directa en tienda y en mercados. Se amplió la tienda con otro local contiguo y comenzó un proceso de expansión abriendo nuevos locales en la calle Mercaderes, en Martín Azpilicueta y en Burlada. Incluso, durante un breve periodo de tiempo, llegamos a tener dos tiendas en Barcelona.
Muchos recordaréis el eslogan publicitario de las tiendas con el famoso estribillo de la canción de Albert Hammond, “Me voy pa’ Chile, caminando, caminando”. En este enlace puedes escucharlo:
Y así transcurrió la vida de Benito, de Burgui a Chile, de Chile a Burgui, hasta un 5 de agosto del año 1999 en el que falleció a los 91 años de edad en Pamplona después de una vida de esfuerzos, contratiempos, aventuras y desventuras, y que ahora desde La Kukula hemos querido rescatar del olvido, al menos un poquito, en homenaje y reconocimiento a su persona. Nuestro agradecimiento a sus familiares, especialmente a Tomás, Marianela, Benito y Amaya, por su inestimable colaboración y cariñosa acogida.
Desde el colectivo cultural La Kukula nos satisface comunicar la presentación del libro “La Kukula. Recopilación del patrimonio cultural e histórico de la villa de Burgui. Boletines 1 a 50”.
Bajo el formato de libro se presenta en esta nueva obra una recopilación y reproducción de los primeros cincuenta números del boletín local “La Kukula”, que viene editándose y distribuyéndose en Burgui desde el mes de agosto de 2004 con una periodicidad trimestral. Con esta iniciativa editorial nuestro colectivo pretende dar respuesta a la demanda de ejemplares atrasados que desde diferentes entidades y particulares se venían solicitando, sirviendo a la vez para hacer que los contenidos del boletín, en su totalidad, puedan ser más accesibles a cuantas personas lo deseen.
Durante los últimos catorce años este boletín ha estado presente en las casas de Burgui incidiendo de lleno en una labor de recuperación, salvaguarda y difusión del patrimonio histórico cultural de esta villa roncalesa. Una labor, esta, que ha servido y está sirviendo para sacar del olvido muchas parcelas desconocidas de la historia local, y para poner en valor todo el patrimonio burguiar en su conjunto.
El boletín “La Kukula” son, en definitiva, cuatro páginas trimestrales que se ocupan de acercar al vecindario a su intrahistoria como colectivo humano y a su propia historia como pueblo. Desde la Asociación Cultural “La Kukula”, además de elaborar y editar este boletín, complementamos nuestro trabajo con la edición de cuadernos culturales, conferencias, grabación de entrevistas a las personas mayores, organización de actos culturales, difusión cultural a través de las redes sociales, apoyo en campañas turísticas y culturales (almadías, ruta de los oficios…) etc.
Accede a los siguientes enlaces relacionados con este libro:
Con motivo de la investigación llevada a cabo en el Archivo del Ayuntamiento de Burgui se ha conseguido recabar el proceso de edificación de algunos de los actuales pajares existentes en el paraje conocido habitualmente como Sitxea, antes Izabarroba.
En sesión celebrada el 3 de noviembre de 1918, el vecino Nazario Labiano solicitó un terreno para la construcción de un pajar en el término de Izabarroba. El ayuntamiento, habida cuenta de que poseía en dicho paraje “un buen trozo de terreno”, acordó solicitar autorización a Diputación para que “pueda enajenar cuantas parcelas se soliciten con destino exclusivamente para edificaciones por cuanto dicho terreno ni da ni puede dar otros productos al municipio”.
Es así como, una vez obtenida la autorización para la venta de 800 metros cuadrados de terreno comunal en este paraje, se fijó “la subasta con lugar a sexta para el día 7 de octubre de 1919”, estableciendo “diez parcelas de 80 metros cuadrados cada una”, indicando que “el vuelo que se dé a las cubiertas para el goteraje no podrá salir del terreno comprado y que las puertas y luces que quieran darse a los edificios tendrán que ser necesariamente a la parte Este y Oeste de los mismos”
En el Depósito de Cuentas del año 1920 figuran anotados cinco ingresos a razón de 93 pesetas con 75 céntimos cada uno por “importes de una parcela comprada al ayuntamiento en Izabarroba” satisfechos por Nazario Labiano, José Urzainqui, José Tolosana, Juan Zamarguilea y Ciriaco Gárate. Curiosamente se observa que de las diez parcelas sacadas a subasta tan solo la mitad de ellas son demandadas por vecinos, y los dos últimos ni siquiera llegarán a edificar un pajar.
Sabemos que a fecha 7 de marzo de 1920 algunas de estas edificaciones se encontraban ya en construcción puesto que en acta de sesión “se acuerda requerir a los propietarios de las parcelas de Izabarroa para que se abstengan de depositar tierras fuera de su propiedad y menos en el camino público y que inmediatamente quiten las que hayan colocado”.
En la fotografía superior del año 1929 se observan ya construidos tres pajares -cuyas parcelas son las subastadas en 1919- así como el camino público que se menciona anteriormente. Se trata del Camino Real que comunicaba con Salvatierra de Esca, y que en esa zona era apenas una estrecha senda. A destacar que los actuales pajares de Lupercio y de Zarrajero se encontraban ya edificados con anterioridad a esta subasta de parcelas, siendo por lo tanto los más antiguos de todos los existentes y fecha desconocida.
Para concretar el origen de las siguientes edificaciones que se llevaron a cabo hay que remontarse al acta de la sesión celebrada con fecha 18 de febrero de 1934, en la que “Marcos Ezquer y Francisca Lorente solicitan que se les adjudiquen 150 y 100 metros cuadrados de terreno en el paraje denominado Izabarroba por serles necesario para edificar sobre dichos terrenos”.
Curiosamente, Francisca Lorente era la mujer de José Urzainqui, quien ya adquirió una parcela en 1919, por lo que es de suponer que esta petición sería para una ampliación del pajar que ya tenían construido, ya que en las condiciones de la subasta se dice que la parcela “linda al norte con pajar de Francisca Lorente”.
Con fecha 4 de marzo de 1934 se celebra esta nueva subasta de terrenos. La primera parcela fue adquirida por José Francisco Lorente -quien unos meses más tarde la cede en donación a su yerno Marcos Ezquer- y la segunda por Francisca Lorente, quien tenía así la posibilidad de ampliar el edificio construido en la parcela que le fue adjudicada a su marido en 1919.
Posteriormente, en sesión del 16 de septiembre de 1934 el vecino Marcos Ezquer -quien ya disponía de la parcela anterior donada por su suegro José Francisco Lorente- solicita se le adjudiquen 50 metros cuadrados de terreno en el mismo paraje, si bien no se ha localizado el acta de dicha subasta, por lo que se desconoce si llegó a ampliar o no la parcela inicial.
Resumiendo, en los años 1919 y 1920 se construyeron tres de los actuales pajares a iniciativa de Nazario Labiano, José Urzainqui y José Tolosana. A partir del año 1934 se edifica otro por parte de Marcos Ezquer y se amplía el de José Urzainqui. Y hay otros dos pajares cuyo origen es anterior y al menos del de Lupercio se tiene constancia de su edificación inicial por la siguiente fotografía de finales del siglo XIX o inicios del XX.
La vida religiosa y social de Burgui ha girado durante siglos en torno a la figura de San Pedro Apóstol, primer representante de Cristo en la tierra. Su iglesia, una antigua y extinguida cofradía, sus fiestas patronales… todo tiene una referencia eclesiástica en la que el apóstol Pedro, Petrus, ocupa un papel relevante. La tradición ha hecho también que los burguiarras aprovechasen el día de San Pedro para honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
Es sobradamente conocido que el patrimonio histórico y etnológico de nuestro pueblo es especialmente rico, y en las páginas de este boletín poco a poco, número a número, artículo a artículo, lo vamos visibilizando para que se conozca, para que no se olvide, para que se tenga en cuenta, y para que ahora y en un futuro luchemos por su conservación. Y dentro de todo ese patrimonio brilla con luz propia nuestra historia, nuestra lengua milenaria, nuestras tradiciones, nuestra indumentaria, nuestros oficios extinguidos, nuestras formas de vida, nuestro patrimonio arquitectónico, nuestra memoria… El conjunto de todo ello, y mucho más, es nuestro gran tesoro.
Y llegado el mes de junio, resulta obligado tener una referencia desde estas páginas a lo que en la religiosidad popular de nuestros antepasados supuso la figura del apóstol Pedro, nuestro patrón desde hace muchos siglos.
Iglesia parroquial
Bastaría con acercarnos a nuestro archivo municipal o al archivo de la Junta del Valle del Roncal para ver cómo durante siglos abundaban abrumadoramente en esta localidad los varones bautizados con el nombre de Pedro, lo cual es una buena muestra de la devoción que en esta villa se ha profesado siempre al patrón.
Como no podía ser de otra manera la iglesia parroquial de Burgui está bajo la advocación de San Pedro; pero… ¿ha estado dedicada siempre a este santo?, parece que no fue así. De hecho la villa de Burgui llegó a tener dos iglesias; una de ellas era la dependiente del castillo, situada en las inmediaciones del recinto amurallado de este, y que es la que hoy conocemos como la ermita de la Virgen del Castillo; y la otra iglesia estuvo dedicada a San Sebastián, que todavía hoy se le considera segundo patrón de la villa, y ocupaba la sacristía de la actual parroquia.
Para que nos entendamos mejor, es importante aclarar que cuando en el siglo XVI se levantó la actual iglesia parroquial ésta se edificó anexa a la antigua iglesia, de tal manera que aquella iglesia de San Sebastián pasó a convertirse en la sacristía de la que desde entonces fue iglesia de San Pedro.
Como detalle curioso podemos observar, todavía hoy, que en el dintel de la portada de aquella primitiva iglesia aparece una flecha inclinada tallada en la piedra, que muy bien pudiera simbolizar el martirio de San Sebastián, pues no hay que olvidar que murió asaeteado. Y si curioso es este detalle, más curioso es que si trazásemos una línea recta imaginaria siguiendo la dirección de la flecha nos encontraríamos que lo que esta nos señala es una pequeña cruz, también tallada en la piedra, en el interior del lateral de la portada.
Pero curiosidades a un lado, lo que aquí nos interesa es el hecho de que en Burgui, al menos desde el siglo XVI, existe una iglesia parroquial dedicada a honrar a San Pedro.
Félix Sanz, en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), nos desvela que en un inventario de 1787 se consignaba que en la parroquia entre otros muchos objetos de culto existía un relicario de San Pedro. De lo que ya no tenemos detalles es de la importancia que pudo llegar a tener en su momento aquella reliquia del santo, o si esta influyó en algo, o determinó, su patronazgo. En aquellas épocas una reliquia podía revolucionar la vida de un pueblo o de toda una comarca, como ya sucedió no muy lejos de la frontera roncalesa, al otro lado de la muga, con la aparición de las reliquias de Santa Engracia.
En cualquier caso lo que sí es claro es que San Pedro es el patrón de Burgui desde hace varios siglos. Un documento municipal del siglo XVIII que trata sobre los “oficios divinos” incluye entre sus párrafos la siguiente frase: “Para que haya memoria a perpetuidad en la iglesia parroquial del señor San Pedro de la dicha villa, nuestro patrón siempre desde tiempo inmemorial…”, lo cual nos da una idea de que ya en aquella época se había perdido la memoria de la antigüedad de su patronazgo.
Lamentablemente, como sabemos, la villa de Burgui padeció un terrible incendio el 28 de agosto de 1809 por obra y gracia de las huestes francesas en aquella Guerra de la Independencia que tanto daño y tantos estragos provocaron en el valle del Roncal. Aquel incendio devoró, entre otros edificios, la iglesia parroquial, y en ella la parte del archivo que no se pudo salvar. Presumiblemente entre las pérdidas documentales de aquella triste jornada se encontraba toda la documentación de la antigua Cofradía de San Pedro. Hoy, más de dos siglos después, solo nos queda dejar constancia de que aquella cofradía existió.
Otra de las pérdidas que se produjo en aquel incendio fue la de la imagen titular de la parroquia, es decir, la figura de San Pedro que presidía el altar mayor. Nuevamente nos encontramos que la quema del archivo parroquial también se llevó consigo cualquier dato referido a aquella imagen.
Tras la pérdida de esta figura los burguiarras se apresuraron a subsanar su ausencia encargando una nueva. Recoge Félix Sanz el dato de que en 1811 se abonaron 370 reales al maestro escultor del pueblo de Biel por una nueva imagen de San Pedro; fue necesario pagar 37 reales más por el transporte de la figura desde Biel (Zaragoza) hasta Burgui. En 1823 se hizo una nueva inversión de 204 reales, que es lo que se pagó al dorador Pedro Echeverría, también de Biel, por pintar y dorar esta imagen de San Pedro.
Fiestas patronales
Lógicamente, las fiestas principales, y patronales, se celebraban en honor a San Pedro, igual que hoy se sigue haciendo. Antaño eran unas fiestas con un importante componente religioso; en las mismas nunca faltaba la procesión solemne con la figura del Sagrado Corazón de Jesús. Sería imposible hacer un repaso a todas las ediciones festivas, pero vamos a citar aquí algunas para refrescar la memoria histórica de nuestro pueblo:
Crónicas de fiestas patronales:
1924.- Destacó en las fiestas de este año la entronización, en las escuelas, de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; este acto se celebró el 30 de junio.
1929.- El día de San Pedro hubo misa oficiada por el M.I. señor don Olegario Martínez, canónigo magistral de la Catedral de Jaca, ayudado por el padre Ruperto de Arizaleta, superior de los capuchinos de Sangüesa, y por el párroco de Burgui, don Joaquín Eslava. La parte musical de esta ceremonia corrió a cargo del organista Jesús Berro.
El domingo siguiendo la costumbre de años anteriores se celebró la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús con misa y procesión, hallándose engalanadas las calles del recorrido; dentro de la comitiva religiosa acompañaban a la imagen del Sagrado Corazón el quinteto musical La Armonía.
Al margen del aspecto religioso fue destacable el importante número de forasteros. Los músicos de La Armonía amenizaron al vecindario con sus alegres músicas.
Se da la circunstancia de que en el primer día de fiestas, al recibirse en la villa la noticia de que se habían salvado los aviadores tripulantes del Dornier 16 “Plus Ultra” (todo el país estaba pendiente de esta noticia en la que un avión español se había lanzado a cruzar el océano Atlántico), el alcalde don Casimiro Vistuez convocó a los vecinos a la plaza consistorial desde donde se lanzaron cohetes y hubo música de La Armonía para celebrar el feliz acontecimiento en el que estuvo implicado el aviador navarro Julio Ruiz de Alda, de Caparroso.
1954.- La prensa provincial destacó este año la gran animación y asistencia que tuvieron los actos religiosos, especialmente la procesión del Sagrado Corazón de Jesús.
El día de San Pedro se inauguró el campo de deportes, denominado “Zaltúa”, que fue bendecido por el párroco de la localidad don Manuel Urzainqui. Tras la bendición el C.D. Burgui se enfrentó al Erronkari, que era algo así como la selección del valle del Roncal, con el que empató a 1. Fue una señorita la que hizo el saque de honor, y la banda de música la que amenizó el encuentro.
Al día siguiente, día 30 de junio, se celebró un nuevo partido de fútbol entre las juventudes de Burgui y las viejas glorias del pueblo. Lo que se jugaban era una merienda. Ganó el equipo veterano, y la merienda fue en la Fonda Larequi.
Los demás días hubo carreras de sacos, de cintas, animados bailes por la tarde y por la noche, así como otros festejos.
1955.- Comenzaron el día 28 de junio con un chupinazo lanzado al mediodía en la plaza principal. Ese mismo día la orquesta Fox, de Larraga, recorrió las calles.
El día 29, festividad del patrono, hubo pasacalles a primera hora de la mañana a cargo de la mencionada orquesta. Seguidamente se celebró la misa. Por la tarde en el campo de fútbol “Zaltúa” jugaron el C.D. Burgui y el Sangüesa F.C., arbitrando el jugador osasunista Marzá; asistieron a este encuentro espectadores de todo el valle y de los pueblos aragoneses limítrofes; la señorita Mª Luisa Villanueva, vestida de roncalesa, fue la madrina de honor. Amenizó el partido la orquesta Fox; y el resultado fue de 1-2 a favor de Sangüesa. Se obsequió al equipo visitante con una buena merienda.
El día 30 hubo dianas por las calles de la villa; a las 10 misa mayor, y a continuación procesión con el Sagrado Corazón de Jesús, con los estandartes de las Hijas de María, Acción Católica, y Apostolado de la Oración. Los balcones y ventanas permanecieron engalanados durante el acto religioso. Al mediodía hubo en la plaza diversos actos populares: carreras de sacos, de cintas, rompimiento de pucheros, carreras pedestres, cucañas, etcétera; se pudieron seguir estos actos a través de la megafonía. Por la tarde hubo partido de fútbol entre el equipo juvenil y el veterano, con triunfo de los primeros, y merienda final en la Fonda Larequi. Hubo también otros festejos como carreras de burros, carrera ciclista, y la gran chocolatada.
Los forasteros que acudieron a disfrutar de estas fiestas pudieron ver cómo estaban quedando las calles después de cementarlas y arreglarlas, con un presupuesto de medio millón de pesetas.
El 23 de mayo del año 1983 se abría en Burgui el «Bar Petrotx» de la mano de Javier Petrotx Glaría y Mariasun Urzainqui Gorrindo. Ambos, a su vez, provenían de familias dedicadas a la hostelería. Juan y Bienve -padres de Mariasun- habían llevado el bar de «La Bikoka» y Marciana -madre de Javier- había gestionado también el llamado bar de «Modesto».
Ahora, el 6 de enero de 2018, cierra definitivamente sus puertas después de casi 35 años atendiendo al pueblo de Burgui. Centro de todo tipo de celebraciones, encuentros y reuniones; punto imprescindible en fiestas, carnavales y… cualquier fin de semana; parada obligada para tomar el vermut y el frito los domingos; lugar de encuentro de amigos frente a la barra o en torno a una partida de mus o guiñote; comidas, meriendas y cenas insuperables preparadas con cariño y esmero; conciertos, actuaciones y bailables, muchos bailables; confidencias, tertulias y risas…
En definitiva, una parte de la historia de las gentes de Burgui, de nuestra propia intrahistoria, se ha escrito entre las paredes de este bar, regentado a su vez por una gran familia.
Desde el Colectivo La Kukula queremos aportar nuestro agradecimiento al Bar Petrotx por esos momentos tan especiales que todos hemos disfrutado en él. No solo se cierra un negocio, desaparece un punto de encuentro, de reunión, de socialización, de diversión y de servicio para todos los vecinos y visitantes que recordaremos siempre con mucho cariño. Eskerrik anitx!
La historia de la indumentaria roncalesa en Isaba lleva asociada a si misma la historia del viejo batán, un edificio que alojaba en su interior una estructura y una maquinaria de funcionamiento hidráulico que servía para batanear las prendas de lana, es decir, que mediante un sistema de golpeo rítmico con unas grandes mazas sobre el paño mojado se conseguía darle a este la flexibilidad adecuada como para manipularlo y confeccionar prendas de vestir exentas de la rigidez propia que conlleva su confección.
Batán funcionando en el molino de Villava. Foto: Oscar Guindano
Todo hace indicar que en Isaba siglos atrás había más de un batán, pues los documentos antiguos lo citan en plural, e incluso un documento de 1646 especifica claramente que en la villa de Isaba había dos batanes, pero en la actualidad únicamente conocemos el que estaba junto al molino viejo. Se encontraba en el Camino Real de Belagua (actual carretera de Belagua), a tan sólo medio kilómetro del pueblo. Se ha conservado el edificio hasta hace muy poco, y parte de la conducción de agua que comunicaba el río con este edificio. La explanada que está delante del antiguo batán todavía hoy conserva el topónimo de Llano del batán.
Las ordenanzas municipales de la villa de Isaba del año 1700 indicaban expresamente que “el molinero que fuere en los molinos y batanes de la dicha villa sea obligado de batanear los paños de los vezinos, y si acaso se le provare que batana paños de fuera de los vezinos de la villa, siempre y todas las veces que se le provare haver batanado tenga la pena de dos ducados por cada vez; y tambien tenga la misma pena qualquier vezino o vezina que hiciere batanar paños de fuera como si fueran suyos; y caso de que se perdiere algún pedazo de paño después de que se le entregase al tal molinero, tenga obligación de buscarlo, y darle a su dueño; y también, si los paños estando en batanes tuvieren algún daño, que también sea obligado a pagar el daño, pues por su falta, y por no tener cuidado recivió tal daño”.
De la lectura de esta ordenanza cabe deducir que la misma persona que atendía el molino atendía también el batán. Y ello queda claro en las condiciones que estableció el Regimiento (Ayuntamiento) de Isaba cuando en 1646 se adjudicó a Domingo Tapia el arriendo de los dos molinos y de los dos batanes.
A principios del mes de febrero de 2003 el tejado de este viejo edificio se hundió a causa del peso de la nieve, acrecentando con ello su avanzado estado de ruina. A partir de ese momento el edificio se ha ido deteriorando hasta llegar a desaparecer.
Arquitectónicamente ya no es posible recuperarlo, pero lo que sí podemos evitar que se pierda es su memoria, la memoria de quienes un día le dieron vida, y este pequeño artículo quiere empezar a contribuir a ello.
En el año 2013, tras casi dos años de arduo trabajo y dedicación casi exclusiva, el burguiar Félix Sanz Zabalza sacaba a la luz el libro “Las brujas de Burgui”. Por vez primera alguien entraba a fondo en un tema que hasta ese momento había sido escasamente investigado y, en consecuencia, su aportación fue muy importante para ayudar a entender la realidad en el siglo XVI de Burgui y del valle del Roncal, y muy importante también para acercarnos a la realidad de lo que en esos siglos vivió nuestra tierra en torno a la presunta existencia de brujas, brujos, sanadoras, conjuros, maleficios, cópulas demoníacas, akelarres e inquisidores; todo un mundo que derivó en acusaciones, juicios y muertes, dejando una profunda herida en la sociedad rural que costó siglos en cicatrizar.
Lo cierto es que en aquellos cientos de horas que Félix Sanz pasó en el Archivo Diocesano de Pamplona hurgando en legajos aparentemente ilegibles, se encontró con que de forma paralela al proceso de Burgui aparecía también abundante información sobre otro proceso que afectaba a la localidad baztanesa de Erratzu. Y Félix, lejos de hacer a un lado toda esa información e ignorarla, se dejó vencer por la curiosidad innata del historiador y la fue recopilando en una carpeta… por lo que pudiera pasar. Finalmente publicó el libro “Las brujas de Burgui” (Editorial Evidencia Médica, 2013), salvaguardando para siempre esa parcela de la historia roncalesa, haciéndola accesible a todo el que quisiera conocerla.
Sorprendido gratamente por la profesionalidad y el resultado de ese trabajo, el entonces director del Archivo Diocesano de Pamplona, José Luis Sales, le animó a Félix Sanz a que se lanzase a escribir también la historia de las brujas de Erratzu, pues era esa otra parcela en la que nadie había profundizado. Y fue así como el amigo Félix, escritor incansable e investigador sobre temas roncaleses, se atrevió a escribir sobre un tema que no afectaba a su pueblo ni a su valle.
Le llevó un tiempo importante recomponer al detalle toda la historia y todos los detalles de cuanto siglos atrás pasó en Erratzu. Pero lo consiguió. Y este trabajo ímprobo que realizó Félix Sanz, sin él saberlo, se convirtió en su último libro, en su último trabajo. Poco después de ultimar el texto quiso el destino sorprenderle poniendo fin a su ciclo vital; se nos fue Félix con la de la guadaña dejándonos huérfanos a quienes bebíamos de sus fuentes, a quienes trabajábamos codo con codo con él para desolvidar nuestra historia, a quienes le queríamos, a quienes emprendimos con él iniciativas culturales de éxito insospechado.
Precisamente por ello, su familia, y con ella sus compañeros de andanzas de La Kukula, hemos hecho la apuesta de que Erratzu, a la magia de su entorno natural, fusione ahora una parte de su historia, una historia que dormía entre legajos manuscritos sin que nadie le dedicase la atención suficiente. La edición de este libro es un homenaje póstumo a su autor, el cual a su vez quiso que también fuese un homenaje póstumo a quienes fueron sus protagonistas, víctimas entonces de unas creencias, de unas supersticiones y de una religiosidad mal entendida. Va por él, y va por todas aquellas gentes a las que Félix saca ahora de su anonimato.
Y el resultado lo tenemos en un nuevo libro de Félix, “Las brujas de Erratzu”. Tal vez haya alguna persona que llegue a cuestionar la conveniencia de que un autor no local escriba sobre un tema tan concreto; si es así, eso significa que no conocía a Félix Sanz. Y aún diremos más; con frecuencia los historiadores locales pecan de un entusiasmo desmedido que lleva a maquillar un poco algunos aspectos con el objetivo de no dejar mal parados a sus paisanos. Pues bien, Félix no era de estos; era imparcial y crítico hasta la médula, ajeno a entusiasmos innecesarios, y a la vez lo suficientemente sensible como para mimar los detalles, o como para destacar lo aparentemente imperceptible. Con un estilo literario propio, que en este caso le ha llevado casi a novelar esta historia, a ponernos como lectores en la piel de los protagonistas, nos narra una historia que engancha desde el principio y que pone una pieza más en el puzzle de la historia de Erratzu, en la del Baztán, y en la de la epidemia de brujería que asoló durante siglos una parte importante de nuestro viejo reino.
Así pues, el destino, siempre caprichoso, ha querido que Erratzu haya tenido la fortuna de que alguien haya tropezado con su historia, de que alguien la haya descifrado, le haya dado forma, y nos la relate ahora desde estas páginas que vienen a ser, en definitiva, una huella más, caprichosamente la última desde el punto de vista editorial, de las muchas huellas que Félix Sanz Zabalza dejó en su tránsito por esta vida.
Ya sé, y lo sé bien, que no estáis muy acostumbrados a que os hable un puente. Aunque cierto es que muchos son los lenguajes. Bastaría un poco de sensibilidad para oír hablar a las piedras, y me consta que muchos de vosotros oís siempre mis historias.
Aguas que vienen… y aguas que se van. Como la vida. Y es que… el agua del río es mi razón de ser.
Tuve más suerte que otros de mi época, entre ellos supongo que mis predecesores, que fueron de madera, a merced siempre de riadas y tormentas. A mí me hicieron fuerte, de piedra bien labrada, ¡a conciencia!; bajo las directrices de un maestro cantero; y de esto hace ya más de siete siglos. Soy, por mi edad, lo que se llama un puente medieval. Y soy, también, parte importante, de lo que entonces fue el Camino Real, una prolongación de la calle Mayor.
Hacer un puente de piedra era en aquellos tiempos una obra importante. Hace dos milenios era esta una labor reservada en exclusiva a los romanos, que eran -después de que los inventasen los griegos- los únicos capacitados para hacer este tipo de construcciones. Hacer un puente de piedra era un signo de poderío; así se entiende que al Obispo de Roma, por ser el máximo mandatario de la Iglesia (Papa), se le llame Sumo Pontífice.
En el último cuarto del siglo XIX perdí una parte de mí, la más próxima al pueblo. El trazado de la carretera así lo exigía. Pensad que yo era simétrico, siendo el punto más alto el centro. Perdí un ojo. Pero… sobre todo, perdí mucho tránsito, mucha vida. Hasta entonces era paso obligado para quien quisiese adentrarse en la foz, para quien quisiera llegar a Aragón, o para quien desde allá quisiera llegar hasta aquí.
Desde que me construyeron… ¿qué no habré visto yo?. ¡Os sorprenderíais!. Son miles las personas que en todo este tiempo han pasado sobre mí. De todos ellos, sin ninguna duda, los menos deseados, fueron aquellos soldados de Napoleón que el 28 de agosto de 1809 se servían de mí para llegar al pueblo y llenarlo de fuego, destrucción y muerte. Ha sido lo peor que he conocido en toda mi vida, lo más doloroso.
En ese trasiego permanente que siempre he conocido, he sido testigo de vuestro paso, y del paso de quienes os precedieron, y previsiblemente lo seré del paso de quienes os sucedan.
Vi a aquellas gentes que me cruzaban antes del amanecer, con la tronzadera al hombro, o el astral, y con la caballería bien cargada, para regresar horas después tras haber trabajado de sol a sol.
Vi a aquellas familias que pasaban sobre mí, camino de Sasi, para volver unas semanas después, dejando allí la hierba cortada y recogida. ¡No reconocerían la soledad que hoy vive ese paraje!
Vi pasar a aquellas otras gentes, pastores y rapatanes, con sus espalderos y sus rebaños de ovejas, hacia tierras aragonesas, para regresar unos meses después a una con la primavera.
Vi también a algunos antepasados vuestros, desesperanzados, que pasaban sobre mí en busca de otro mundo mejor, y que ya no volvieron.
Y ví pasear al clérigo, con su breviario; al hortelano, con su azada; al calero, con su carga de cal sobre las artolas de la caballería. Y al que de noche pescaba furtivamente. Y miles de veces vi, y sentí, al cabrerío del pueblo dejando sus excrementos sobre mi lomo; junto a mí dejaba cada casa las cabras al cabrero, y junto a mí las recogían horas después. Durante siglos me han acompañado las lavanderas, susurrando y cuchicheando a mis pies cuanto acontecía en el pueblo, a la vez que frotaban y frotaban la ropa que previamente habían blanqueado a base de agua hirviendo y ceniza. Y vi pasar sobre mí a los arrieros con sus machos repletos de mercancías y cachivaches; unos traían vino en pellejos, otros vasijas, otros telas, abalorios, herramientas, pescado, y poco más, porque poco más eran lo que necesitaban vuestros antepasados para sobrevivir.
Y… como soy más mayor de lo que creéis, sabed que también me ha tocado convivir con la sombra del aquél castillo que coronaba la Kukula. He visto también a no pocos roncaleses pasar sobre mí, con la saeta al hombro y las flechas a la espalda, o con su bayoneta, o con su fusil y su pólvora, camino de una guerra y de otra. ¡Nunca habéis sido indiferentes a nada!, y por eso, por vuestro valor, siempre se os ha respetado y admirado, y por eso obtuvisteis los primeros fueros, y por eso tenéis el escudo más antiguo. Nunca olvidéis que en este valle, en estos montes, es donde nació el reino, y también donde murió su independencia al obligar la nieve a rendirse al Mariscal don Pedro de Navarra.
Os he hablado antes de las lavanderas, ¿lo recordáis? No sé muy bien porqué, o tal vez sí, ¿qué más da?, pero cuando os hablo de ellas me viene a la memoria otro oficio ya extinguido. El de almadiero.
Por un momento deteneos a pensar en ellos. Siiiii… ya sé que se lo estoy diciendo a una generación de vecinos de Burgui que es precisamente la que se ha preocupado de salvaguardar su memoria, la que se ha ocupado de dignificar y poner en valor a este oficio. Y os felicito por ello.
Pero… ¿os dais cuenta que todas las almadías que han salido de este valle me han pasado por debajo?, ¿os dais cuenta que he sido testigo del paso de miles de almadías?, ¿os dais cuenta que toda la riqueza forestal de este valle ha desfilado bajo estos arcos? Mi estructura de piedra era el último recuerdo que se llevaban del valle; rara era la vez que desde el pretil algún niño, alguna moza, alguna madre… no agitase su brazo en señal de despedida. Sobre mis piedras quedó más de una lágrima rebozada por el deseo del retorno.
Hoy, cuando hace ya unas décadas que este oficio se apagó, veo de nuevo esos recibimientos multitudinarios que os hace la gente cuando bajáis el puerto de la presa. ¡No cabe mayor homenaje!
Y yo… que los vi pasar a todos aquellos almadieros, a los de hace unas décadas, a los de hace una centuria, a los de hace varios siglos… sé que allá donde ahora estén, estarán bien orgullosos de vosotros. ¡Estad seguros y convencidos de ello!
Y os hablaría de amores, de clandestinos romances, de miradas encontradas que se tradujeron en fidelidad conyugal.
Y os hablarías de juegos, de canciones, de música, de fiestas. Y de oficios extinguidos, y de luchas, y de ilusiones…
Miradme bien. Os veo ahora, a la mayoría, con ropas modernas, con estilos y tendencias de vestir marcados por alguien que decide cuál ha de ser la moda en cada momento. Pues bien, que sepáis que hasta hace un siglo, y durante muchos siglos, los roncaleses teníamos nuestro propio estilo, ajeno a modas y a dictados comerciales, y aquellas ropas nos identificaban, y desvelaban un lugar de origen, una forma de ser, una raza, una lengua, una estirpe familiar, un escudo, una bandera… Pensad bien en esto que os digo. No tengáis miedo alguno en volver a vestir estas prendas. Y si alguien os dice que vais disfrazados, decidle que no, que no vais disfrazados de nada, que vais vestidos de dignidad y de orgullo por ser de donde sois.
No cedáis en estos detalles; aprovechad las fiestas, las solemnidades, y los actos importantes para exhibir esta seña de identidad.
Quisiera que cuando me miréis, veáis en mi algo más que un elemento arquitectónico más o menos bonito, que veáis algo más que una bonita estampa para el que llega. Quisiera que en estas piedras que me forman, y en estos ojos por los que discurre el agua, vieseis a ese nexo entre vosotros y todos los que han dado vida a este pueblo en los últimos siglos. He visto pasar a decenas de generaciones, he visto evolucionar al pueblo y a sus gentes…; y, pensad, es muy probable que dentro de cien, doscientos, trescientos años… yo siga aquí, acompañando a vuestros descendientes. Y además espero conocer el día en el que vuelva a ver de nuevo a todos los vecinos reunidos en torno a mí, el puente, para poder contarles que hubo un día, allá por el mes de junio de 2011, en el que los vecinos del pueblo me vieron lo suficientemente guapo y coqueto como para iluminarme.
Acordaos, y esto es importante, que nosotros, los puentes, somos siempre creados para unir. Ese, y no otro, es el espíritu del puente. Uno dos orillas, uno generaciones y épocas. Y quisiera que no olvidaseis esta lección, que las distancias se salvan con puentes, que las diferencias se salvan con unión. No construyáis puentes mediocres, de palitroques, que no son sólidos, y cualquier riada se los puede llevar. Sé que entendéis perfectamente el doble sentido de mis palabras.
No tengáis miedo a cerrar filas en torno a vuestra historia, en torno a vuestro patrimonio. Que el puente que construyáis con todo ello sea de piedra, con buenos pilares, pues los cimientos son buenos. Y si así lo hacéis quedad bien tranquilos, que no habrá riada ni globalización que se lo lleve.
Texto leído en el acto de «Homenaje al puente de Burgui» organizado por el Colectivo Cultural La Kukula el 25 de junio de 2011 con motivo de la iluminación ornamental del puente medieval de Burgui por parte del Ayuntamiento.
Si las fiestas patronales de Burgui son en honor a San Pedro cuya festividad es el 29 de junio…, ¿por qué la procesión es al día siguiente y con la figura del Sagrado Corazón de Jesús…?
Procesión en fiestas de San Pedro. Burgui, 2017
Vamos a tratar de dar respuesta a esta incógnita. Como primer argumento se podría decir que la figura de San Pedro que existe en la Iglesia de Burgui es imposible de mover. Se encuentra colocada en el retablo principal a varios metros de altura y además sus dimensiones y peso impedirían su traslado. Cierto es que en los últimos años se ha conseguido una pequeña figura del santo -llamada con cariño «San Pedrito»- que sí que se saca en la procesión del día 30…
Sin embargo, la explicación es otra. Tradicionalmente la Iglesia Católica tiene dedicado el mes de mayo a la Virgen y el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús. Antiguamente, el mes dedicado a la Virgen se despedía el último día -el 31- con la celebración solemne de un Rosario de la Aurora y el mes de junio se despedía -el 30- con una procesión con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
Ocurre que actualmente esta última costumbre ha desaparecido en la mayor parte de los pueblos y únicamente en aquellas localidades como es el caso de Burgui donde el patrón es San Pedro el 29 de junio, se sigue celebrando esta procesión del último día del mes de junio -el 30- para dar más realce a ambas solemnidades en un acto conjunto.
En la vecina localidad de Vidángoz, cuyas fiestas patronales hasta los años 70 se celebran en honor a San Pedro, también se procesionaba al Sagrado Corazón de Jesús. Una vez trasladadas sus fiestas a San Agustín (28 de agosto) dejó de celebrarse y desapareció la costumbre de esta procesión.
Y este es el motivo por el que en las fiestas de Burgui es el Sagrado Corazón de Jesús, acompañado últimamente por «San Pedrito», quien históricamente ha recorrido nuestras calles acompañado de parejas ataviadas con el traje roncalés al ritmo de la orquesta o la fanfarre que después ameniza el lunch ofrecido por el Ayuntamiento a los vecinos del pueblo.