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Justo Domínguez Pascualena

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Abr
10

Me llamo Justo Domínguez Pascualena.

Nací en Burgui el 6 de agosto del año 1907, a la una de la madrugada, hijo de Ubescenlao Domínguez, de Burgui, y de Venancia Pascualena, de Ochagavía.

Mis abuelos paternos fueron Felipe Domínguez y Mª Paula Zabalza, los dos de Burgui. Y los abuelos maternos José Pascualena y Agustina Larrat, ambos de Ochagavía.

Me crié en la casa llamada del Hojalatero, aprendiendo los mismos oficios que mi padre, barbero y hojalatero, aunque también trabajé ocasionalmente en tareas de la madera. Por mi inquietud personal, colaboré todo lo que pude por el progreso del pueblo. Con ayuda de otros compañeros, promovimos la plantación de los pinos en Sitxea, dando trabajo a muchas personas.

Cuadrilla de Burgui, antes de estallar la Guerra Civil. En rojo, Justo.

Cuadrilla de Burgui, antes de estallar la Guerra Civil. En rojo, Justo.

Al estallar la Guerra Civil en 1936, y por ser republicano convencido, el entonces alcalde de Burgui, Lorenzo Baines, nos alertó del peligro de nuestra detención a varios vecinos del pueblo, por lo que tuvimos que huir a Francia, de noche, por el monte, sin culpa. Dejando atrás nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros seres más queridos.

Estuvimos varios días escondidos en el abetal de Basari y nos unimos días más tarde a unos de Ansó. Juntos íbamos hacia Jaca cuando nos topamos con un camión de requetés, manteniendo un tiroteo con las únicas dos escopetas que portaban los de Ansó. En el enfrentamiento, a un tal Culeron de Ansó le dieron un tiro en las nalgas.

Salimos corriendo como pudimos y nos refugiamos durante unos días en Sasi. Se decidió mandar a Burgui a Saturio, de casa Moreno, para ver cómo estaba el panorama. A Saturio pronto lo detuvieron varios vecinos de Burgui, aunque tuvo suerte y no le hicieron nada. En vista de que no volvía el mensajero, y ante la incertidumbre por la falta de noticias, decidimos emprender el exilio hacia Francia, entrando por Cataluña.

En Francia fui hecho prisionero en 1940 por las tropas alemanas, en la II Guerra Mundial, siendo deportado al campo nazi de concentración de Mauthausen en Austria. Fui liberado tras finalizar la II Guerra Mundial, un 5 de mayo de 1945. Siendo un hombre fuerte, salí del campo nazi con 44 kilos de peso. No puedo describir el horror y la crueldad a la que puede llegar el ser humano en guerra.

Residí durante varios años en París, en el Hotel Ballet. En una ocasión un grupo de antiguos exiliados a Francia nos acercamos a la muga en Belagua, donde pudimos reencontrarnos con nuestras familias de Burgui. Ese día acudió mi hermano Fernando, a quien pude volver a abrazar. Nunca más volví a estar tan cerca de mi pueblo que tuve que abandonar en 1936.

Encuentro de exiliados con sus familiares en la muga cerca de Belagua. En rojo, Justo.

Encuentro de exiliados con sus familiares en la muga cerca de Belagua. En rojo, Justo, y detrás de él, su hermano Fernando.

En 1948 embarqué en Marsella en el barco llamado Florida rumbo a Argentina, donde ya vivían mi hermana  Genoveva, casada con Francisco Elizalde, también de Burgui, de casa Carpintero.

Llegué un 30 de diciembre de 1948 contando con 41 años de edad.

Me casé por poderes con Amparo Garate Orduna, también de Burgui, de casa Balbutxarra, quien llegó a Argentina poco más tarde. Y allí residimos junto con Genoveva y Francisco, y sus hijos.

Ya en Argentina, Justo con su mujer Amparo, viviendo con su hermana Genoveva, su marido e hijos.

Ya en Argentina, Justo con su mujer Amparo (agachada, a la derecha), viviendo con su hermana Genoveva, su marido e hijos.

Ejercí la profesión que aprendí en Burgui con mi padre, peluquero, y fallecí en General Roca, provincia de Río Negro (Argentina) el 5 de marzo de 1977, sin hijos y con 70 años de edad.

Esta es, resumida, la vida de Justo Domínguez Pascualena, con sus aventuras y desventuras. Otro vecino de Burgui, Dalmacio Lacasta Glaría, también fue deportado el 24 de mayo de 1944 al campo de concentración de Neuengamme, en Alemania.

Desde el Colectivo Cultural La Kukula hemos querido rescatar sus nombres del olvido y del anonimato para, al menos, reconocer el  sacrificio, el sufrimiento y la angustia que tuvieron que vivir por huir de una guerra civil, abandonando sus seres más queridos, y acabar siendo presos de una guerra mundial, por el único delito de ser trabajadores con una ideología republicana.  Las guerras civiles no enfrentan a países, sino a vecinos, familias e incluso amigos.

Nota: la información referida de Justo Domínguez Pascualena es verídica y ha sido obtenida de diferentes fuentes y testimonios. En caso de disponer de datos adicionales, contacta por favor con nosotros a través del email info@lakukula.com Muchas gracias.

Cinco lustros…

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Mar
21
Almadías varias

Dicen, y es verdad, que el oficio agonizaba cuando aquél año de 1952 los obreros recibieron la orden de cerrar ya ese pequeño hueco que habían dejado en la presa que, en el término municipal de Yesa, cierra desde entonces el paso, y lo regula, al cauce del río Aragón. Aguantaron sin cerrarla hasta el último momento precisamente para facilitar el paso a las últimas almadías roncalesas. No medía más aquel angosto paso que lo que tenía de ancho un tramo de almadía. A partir de ese momento, y después de tantos y tantos siglos dando vida a los ríos, el oficio de almadiero en el Pirineo navarro pasaba a la historia. Se extinguía para siempre de forma irreversible.

A partir de entonces no faltaron esporádicas ocasiones para que los últimos almadieros roncaleses, de vez en cuando pudiesen desquitarse de su obligada inactividad. Le tenían ganas al río.

Un día los hermanos Caro Baroja les pusieron la escusa perfecta para volver a almadiar, en esta ocasión cosechando aplausos a su paso; aplausos que venían a confirmar que aquellas balsas eran ya una seña de identidad. Volvieron a coger los remos en Urzainqui, en Sangüesa, en la foz de Lumbier… con sano orgullo, sintiendo la admiración y el reconocimiento de sus descendientes. La única pega era que aquella última generación de almadieros, herederos y depositarios de unos conocimientos y de unas técnicas, iba poco a poco desapareciendo. Desaparecido el oficio, desaparecido el tráfico fluvial de la madera, y rota ya la cadena del relevo generacional, la memoria de aquél oficio tenía los días contados.

Fueron ellos mismos, pinchados en su orgullo por Javier Beúnza, quienes en la sobremesa de una comida celebrada en el Hotel Isaba tomaron la iniciativa de constituir una asociación sobre la que proyectar y apoyar un futuro, no el futuro de un oficio, sino el de mantener viva la llama de la memoria de ese oficio. Se arrimó la gente joven a aquellas fuentes del conocimiento, y escucharon, y aprendieron… y entre una generación y otra, conjuntamente, organizaron en 1992 un descenso de almadías en Burgui con vocación anual. Nacía así, hace ahora 25 años, el Día de la Almadía – Almadiaren Eguna.

almadía

Cinco lustros después dirigimos una mirada retrospectiva a toda esta trayectoria. Burgui sale ahora en el mapa festivo peninsular; a nuestro pueblo se acercan cada año miles de visitantes que se admiran ante el trabajo y la destreza de nuestros antepasados vista en el espejo de los descendientes de aquellos. El descenso fluvial de la madera vuelve a generar riqueza. Son 25 años en los que los mayores han pasado el testigo recogido por manos juveniles que avistan ya un nuevo relevo.

Se nos esfuman los testimonios vivientes de aquellas almadías que navegaron río abajo en busca de compradores; se nos van las manos experimentadas, se han soltado las amarras… y a partir de ahora toca agarrar bien el remo, toca saludar y dirigir la mirada a lo alto, toca encomendarse, y embocar el puerto de la presa con la mirada puesta en el futuro.

Foto almadía Navarra Cuatro Estaciones

Son 25 ediciones, un cuarto de siglo de sinsabores y gloria, homenajes y reconocimientos, piel rugosa y piel tersa, lluvia y sol, tensas esperas y ovaciones, experiencia y novedad, voluntariado y emoción. Y son muchas las personas que, en una u otra faceta, han aportado su trabajo, esfuerzo e ilusión, ¡mucha ilusión! a lo largo de estos 25 años para contribuir de forma voluntaria y desinteresada a mantener vivo el recuerdo y la memoria.

Cinco lustros en los que podemos decir que el oficio de almadiero ha sido puesto en valor como nunca se hubiese soñado; cinco lustros tras los que dejamos recogida, salvaguardada y difundida la memoria de este oficio y la de quienes le dieron vida; cinco lustros en los que casi ha desaparecido para siempre la última generación de almadieros, pero que lo ha hecho dejando aquí sus conocimientos, sus recuerdos, y una fiesta que a partir de ahora es más homenaje que nunca.

Tres proyectos mineros en Burgui

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Mar
21

Entre octubre de 1899 y agosto de 1901 se presentaron ante el Gobierno civil tres registros de minas en el término de Burgui, dos para explotación de hierro a cargo del promotor pamplonés Francisco Martínez y una tercera de carbón inscrita por el burguiar Felipe Ezquer Cabodevilla. Los nombres dados fueron ‘La Pilarita’ y ‘Los Tres Amigos’ en las de hierro y ‘Felipe’ para la de carbón. ‘La Pilarita’ estuvo localizada en término de Larringorrea, entre los barrancos de Arandari Bajo y Txares, en tanto que las de ‘Los Tres Amigos’ y Felipe’ se situaban en la Foz por la margen izquierda del Esca y junto al viejo camino real a Salvatierra. Ninguna de dichas explotaciones llegó a entrar en actividad.

Burgui desde Kukula Pintano

El Distrito Minero de Guipúzcoa:

Por la época Navarra, junto con Álava, dependían administrativamente del Distrito Minero de Guipúzcoa (hasta 1968), con jefatura radicada en San Sebastián. El primer paso para autorizar la explotación de una mina era presentar ante el Gobierno civil la correspondiente solicitud de registro, en la sección de Minas del Negociado de Fomento. Era preciso determinar con exactitud un punto de partida y establecer el número de ‘pertenencias’, con sus límites, para que se le diera publicidad en el Boletín Oficial de la Provincia y en la tablilla del Ayuntamiento, por si se producían reclamaciones o peticiones de indemnización por los dueños de los terrenos.

La ‘pertenencia’ era una antigua unidad minera de superficie, con forma cuadrada y de cien metros de lado (equivalente a la hectárea) bajo cuyo subsuelo se podía extraer el mineral. El registro había que acompañarlo de un depósito pecuniario, en principio en torno a 75 pesetas, para que un ingeniero de San Sebastián acudiera al lugar exacto y levantara acta. Si el informe técnico final era favorable, tras los periodos de exposición pública y alegaciones, el titular de la concesión minera debía hacer un depósito financiero en papel de pagos al Estado para comenzar con la extracción.

Dos minas de hierro en 1899:

El 16 de octubre de 1899 Jenaro Pérez Moso, gobernador civil, firmaba sendos documentos oficiales en los que se daba a conocer que a las once de la mañana se habían presentado en nombre de Francisco Martínez, vecino de Pamplona, dos solicitudes de registro con los números 701 y 702 para la demarcación de sendas minas de hierro en Burgui. Era la primera vez en la historia, tanto de la villa como del valle, que se planteaba desarrollar la actividad en la zona. Con posterioridad, entrada la década de los 60 en el siglo XX, se llegó a realizar alguna prospección petrolífera sin resultado práctico.

En ambas solicitudes se demandaba ocupar doce pertenencias cada una. El 20 de diciembre de 1899 el secretario de Burgui, Valentín Vicente, cursaba las diligencias por orden del alcalde para informar que en la tablilla del Ayuntamiento los edictos gubernativos habían estado expuesto los sesenta días que prescribía la ley y lo acompañaba con impresión del sello de ‘Ayuntamiento constitucional’ en el que figuraba la representación esquemática de la cabeza del moro.

 ‘La Pilarita’:

El lugar exacto de la ubicación se describía así: “se tendrá por punto de partida la esquina Norte de la casa de don José Mª Domínguez, desde él se medirán 30 metros al Norte y se colocará la primera estaca”. El perímetro iba a estar delimitado por un cierre con ocho estacas.

FotoBurgui1925El 4 de diciembre de 1899 Lorenzo Urzainqui, mayor de edad, casado y labrador propietario, manifestaba por escrito al gobernador haber sabido del proyecto por el Boletín Oficial de la Provincia nº 126, correspondiente al 26 de octubre, y dado que “como dicha mina se halla en una propiedad de mi pertenencia como se justificará en su día” solicita que “se digne ordenar se me indemnice el terreno con arreglo a la ley de minas vigente”. Entra en el Registro el 13 de diciembre a las doce y cuarto del mediodía. Otra solicitud en el mismo sentido la firma José Mª Domínguez Lacasia, también mayor de edad, casado y labrador propietario. Es idéntica en su redacción a la anterior, está fechada a 7 de diciembre y entra en el Registro el día 9.

Es el 20 de diciembre de 1900 cuando el ingeniero jefe del Distrito minero de Guipúzcoa da traslado del expediente completo. Acompañan al acta dos planos con el emplazamiento de las pertenencias. Manifiesta que no encuentra motivo alguno de tipo industrial, científico o de salubridad por lo que deba imponerse a la concesión ninguna condición particular, ya que es suficiente con que el propietario cumpla las prescripciones de la ley y su reglamento.

El 14 de noviembre de 1900 el ingeniero José Ureña, acompañado por el auxiliar Rodrigo Varo habían acudido a Larringorrea para precisar la demarcación. Concurrieron al acto los testigos Nicolás Domínguez y Fernando Campos, vecinos de Burgui “no habiendo comparecido el registrador ni ninguna persona que le representara”. Tras recorrer los límites el acta señala que “esta mina debe considerarse como de hierro, por verse algunas muestras dentro del perímetro demarcado, no viéndose ningún otro mineral de mayor tipo tributario”. Concluye señalando que “terminada la operación sin protesta ni reclamación alguna, se extendió la presente acta, que firman conmigo” y rubrican ingeniero, técnico auxiliar y los dos testigos.

‘La Pilarita’ está en disposición de comenzar a ser explotada a partir del 27 de diciembre de 1900 con la aprobación del ingeniero jefe del Distrito. Es el 8 de febrero de 1901 cuando el gobernador civil indica al promotor que una vez practicada la demarcación dispone de quince días para que “presente un papel de pagos al Estado en equivalencia de los derechos de pertenencia y del título de propiedad”. Es en este punto donde fracasa la iniciativa. “En virtud de lo que decreta la Ley de minas, queda cancelado el expediente de la mina”, dado que no se ha “presentado el papel de pagos al Estado para el reintegro de pertenencias y el título de propiedad de la misma”. Queda franco y registrable el terreno que había sido demarcado y firma el gobernador interino Damián Escudero.

 ‘Los tres amigos’:

 Tuvo el número de registro 702, se situaba en el paraje de la Foz y los límites señalados eran al Este con el camino, mientras que Norte, Sur y Oeste lo hacían con terrenos comunales. La descripción del lugar fue tan peculiar como imprecisa y decía así: “se tomará por punto de partida el Río Burgui que va a Aragón, desde él se medirán 4 metros al Oeste y se colocará la primera estaca; de la primera a la segunda 400 metros al Norte, de la segunda a la tercera 300 metros al Oeste, de la tercera a la cuarta 100 metros al Sur y de la cuarta a la primera 200 metros al Este quedando así cerrado el perímetro solicitado”.

Es también el 14 de noviembre de 1900 es cuando los mismos ingeniero, auxiliar y testigos que en ‘La Pilarita’ intentan levantar acta y plano de la demarcación y, como en el caso anterior, no comparece el registrador ni persona que le represente y “resultando que de los datos apuntados en la instancia de registro no puede deducirse cual sea el punto que quiere el registrador sea el punto de partida, existiendo por tanto indeterminación, suspendí la operación levantándose la presente acta”, reseñó el ingeniero Ureña. El Distrito Minero decidió informar al Gobernador que procedía la cancelación del expediente de registro, como se realizó.

 El carbón de Felipe Ezquer:

felipeEl 1 de agosto de 1901 Felipe Ezquer Cabodevilla, vecino de Burgui, solicitaba diez pertenencias mineras en el paraje de la Foz “en terreno comunal que linda al Norte con con la peña llamada las Paletazas, al Sur con el primer peñón que se encuentra bajando por el camino real en dirección a Salvatierra (Aragón), al Este con la muga de Salvatierra y al Oeste con la peña de las Paletazas”.

La ubicación exacta la refería así: “se tendrá por punto de partida la peña de las Paletazas en el camino donde se clavará la primera estaca, de esta al Norte se medirán 600 metros y se colocará la segunda, de esta al Sur 400 metros la tercera, de esta al Este 400 metros la cuarta y de esta con 600 metros se vendrá a parar al punto de partida”. La documentación entró en el registro al día siguiente a las diez y veinte de la mañana con el número de expediente 1.519.

Días después Ezquer realizaba una rectificación para indicar que al Oeste limitaba con el río Esca y no con la peña de las Paletazas.

felipe 17-08-1901

Fernando Laspidea, alcalde constitucional de la villa de Burgui, certifica que desde el 10 de agosto el edicto de registro ha estado expuesto al público en la tablilla del Ayuntamiento por espacio de sesenta días y lo diligencia el 2 de diciembre de 1901. Sigue de secretario en la villa Valentín Vicente en tanto que el gobernador civil es Luis Polanco.

Como depósito en los gastos de registro Felipe Ezquer había adelantado 71 pesetas con 25 céntimos y el ingeniero jefe del Distrito Minero, al planificar los viajes de demarcación, observa que es el único por la zona y dadas las dificultades de transporte y alojamiento en la época requiere un adelanto de 325 pesetas, que incluyen las dietas.

El 13 de enero de 1903 el ingeniero jefe del Distrito se dirige al Gobernador civil para indicar que no se puede mantener activo el expediente de manera indefinida sin que conste que se hayan adelantado las 325 pesetas para los gastos de demarcación. Previamente se le había comunicado a Felipe Ezquer pero el dinero no se depositaba.

El 20 de enero de 1903 la alcaldía de Burgui recae en Gerónimo Sanz e informa que el secretario Valentín Vicente ha notificado el oficio a “Juliana Marracos esposa de Felipe Ezquer ya difunto, quedó enterada y no firma porque no sabe haciéndolo como testigo Nicolás Domínguez”.

El 18 de febrero de 1903 el ingeniero jefe devuelve la documentación del expediente al Gobierno civil para que se sirva cancelar el registro y devolver el depósito a la viuda. El 3 de marzo el nuevo gobernador Luis Soler notifica la cancelación al Ayuntamiento de Burgui y el 9 de marzo el secretario se lo notificó con lectura íntegra y copia a Juliana Marracos.

El 22 de junio de 1903 la viuda y heredera de Felipe Ezquer, Juliana Marracos Recari, en presencia de los testigos Valentín Vicente -secretario- y Narciso Orduna, autoriza a Casildo Iriarte, vecino de Pamplona, para que pueda cobrar las 72,25 pesetas del depósito previo para el registro minero, reembolso que se hizo efectivo el 1 de agosto.

De esta manera concluyeron las iniciativas mineras en Burgui en el tránsito de los siglos XIX al XX.

La vida en Burgui en el siglo XVI

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Feb
11

En el siglo XVI la villa roncalesa de Burgui contaba con unos 120 vecinos -cabezas de familia-, cifra similar a las de Roncal y Uztárroz, por debajo de los 240 de Isaba y por encima de los 80 de Vidángoz, Urzainqui y Garde (Florencio Idoate, ‘La Comunidad del valle de Roncal’). El periodo estuvo marcado por las guerras en 1512 y 1516 alrededor del castillo en la colina llamada Kukula, derribado en 1519 tras una petición vecinal, posiblemente para aprovechar materiales en la reconstrucción de las casas tras el incendio sufrido con el primer asedio.

Del periodo el Archivo General de Navarra conserva un número importante de pleitos que ofrecen datos sobre cómo transcurría la vida. Así, el señorío de Burdaspal, emplazado en la margen izquierda del Esca frente al actual kilómetro 18 de la carretera a Isaba, contaba con palacio e iglesia, su señor disponía de vecindad forana -hoy se dice foránea- en Liédena con hato de cabras y derecho a pastos y viñas en propiedad en ‘El Pontillo’, y estaban emparentados con el señor de Racas por el Almiradío de Navascués.

 La vida cotidiana

 El pueblo albergaba dos herrerías y un molino, en la parroquia se ejercían los cargos de campanero y clavero -tesorero responsable de las llaves en los lugares de culto y el llamado hórreo decimal-, la comercialización de trigo y vino eran asuntos de subsistencia y motivo en ocasiones de contrabando o venta a precios abusivos, eran comunes los oficios de mulero y trajinero -acarreo de géneros-, se alquilaban animales de carga y no faltaron diferencias vecinales por injurias. Las misas por los difuntos de la familia se celebraban de manera regular y generalizada, el alcalde era juez ordinario de la villa y tenía la facultad de apresar en la cárcel municipal, de donde se produjeron fugas sonadas como las de Martín Gorri (1565) y Pedro de Ederra (1587).

Los pueblos del valle disponían de médico conducido, quien atendía a los vecinos cuya localidad hubiera abonado los honorarios establecidos, al modo actual de una iguala o seguro sanitario colectivo.

 Apellidos vigentes y perdidos

 Comienza a ser común contar con nombre y apellido propios, aunque algún matrimonio los comparte al modo anglosajón (Juan y Catalina Alcazan, 1535) y también se dan casos en los que los hijos llevan el apellido de la madre (Magdalena y Pedro Aroza, 1552); entra en desuso la denominación clásica de ser llamado Juan o Pedro de Burgui -tipo Francisco de Javier o Benjamín de Tudela-, cuya fórmula mantendrá vigencia hacia la Ribera en el tránsito de la Cañada de los roncaleses, particularmente en Carcastillo, y por las localidades limítrofes.

Entre los apellidos terminados en “ch”, característicos de la comarca, se reseñan los de Martich, con la variante de Martiech, y Galech. Baster y Bazter son dos transcripciones de una misma denominación y algún alias comienza a tomar carta de naturaleza como apellido. Es el caso de Pascual Sendoa, avecindado originalmente en Garde y a quien se le conoce de manera general como “Borro”, que terminará por convertirse en Pascual Borro para consolidar un apellido hoy vigente. Prosiguen hasta la actualidad los Sanz, Gárate, Glaría, Ezquer, Urzainqui, Bronte, Torrea, etc., y han declinado su presencia los Alcazan, Ledea, Acos, Argonz, Daria o Elverdin.

 castillo

El derribo del castillo (1519)

 Burgui contaba en su término con dos castillos de realengo, ambos emplazados sobre cuculas -montículos-, el primero en la ladera donde se asientan las casas y el segundo en la de Pintano, cerca de la muga con Garde y en la raya de Aragón. El castillo del pueblo fue ocupado en 1512 por una guarnición castellana, mandada por el capitán Valdés, que en octubre queda sitiado por los franco-navarros de La Palice, que tras su toma incendian las casas (Burgui sufrirá en agosto de 1809 de nuevo los rigores de la guerra con la quema de 127 edificios por el coronel napoleónico Plicque). Pero tras el episodio de 1512 aún les espera otro momento complicado, en 1516, cuando la guarnición castellana renovada vuelva a quedar cercada por la gente de guerra del mariscal Pedro de Navarra, quien con la hueste muy mermada caerá posteriormente prisionero del duque de Alba.

En 1519 Juan García, almirante de la villa, en nombre de sus vecinos pide a Martín Hernández de Viedma, veedor de fortalezas del reino, el derribo del castillo. Los detalles del episodio los publicó Juan José Martinena Ruiz en el nº 16 de la revista Zangotzarra (diciembre de 2012), dentro de un estudio amplio sobre la fortaleza, donde consigna que los burguiarres ofrecieron 300 ducados de oro viejos que luego se negaron a pagar. Recoge que el castillo había sido asolado en tres ocasiones.

Los asuntos judiciales relativos al recinto defensivo colearán largo tiempo. En 1550 Sancho Pomar, señor de Sigüés (Zaragoza), pleitea ante la Corte Mayor contra Inés de Mayorga, viuda de Dionisio de Lasarte y Beraiz, exregente de la tesorería del reino, y Miguel de Beraiz, su hijo, vecinos de Tudela, sobre la entrega de 192 ducados de una libranza expedida por Dionisio de Lasarte y Beraiz y no pagada por el recibidor de abastos en favor de Carlos Pomar, alcaide del castillo de Burgui. En opinión de Martinena, medievalista con tesis doctoral sobre fortalezas, esta referencia tardía lo es con relación a una deuda insatisfecha. Sancho es hijo de Carlos Pomar, último alcaide durante la conquista castellana, y el pago a su padre no se ha hecho efectivo en treintaiún años.

 Abanico de pleitos

 El 18 de noviembre de 1528, ante la Corte Mayor, el fiscal actúa contra Juan de Ledea, vecino de Burgui, preso, a propósito de haber arrebatado con fuerza un potro de María Mayo a Juan de Echandi, nuncio -alguacil y también encargado de trasladar un aviso-, e intento de agresión al alcalde. Es el primer pleito del XVI con constancia documental.

Los siguientes son de 1535 y los hay de naturaleza administrativa y malquerencias. En mayo Burgui actúa contra el fiscal, sobre despacho de información relativa a una cédula de exención de cuarteles y alcabalas otorgada por veinte años desde el 1 de enero de 1513. Tema hacendístico porque ‘cuarteles’ eran las contribuciones trimestrales que pagaba un pueblo a los gastos generales del reino y ‘alcabalas’ los impuestos del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta.

En mayo y junio de 1535 se presentan dos querellas por injurias. Juan Miguel de Burgui y Juliana de Ezquer, su mujer, pleitean contra María Pérez, mujer de Íñigo Sanz, y por otra parte Juan Alcazan y Catalina de Alcazan, su mujer, lo hacen contra Graciana Pérez, esposa de Íñigo Sanz. Lo más probable es que la esposa de Íñigo Sanz tuviera por nombre María Graciana y que en las instrucciones judiciales se le llame de dos maneras diferentes.

En 1538 Juan Miguel de Ezquer demanda a Nicolás de Echandi sobre indemnización de once ducados por muerte de un macho alquilado.

 FotoPuente

Líos en los oficios

 En agosto de 1567 Juan de Gárate, herrero, pleitea ante el Consejo Real contra la villa y Domingo Blázquez, también herrero, sobre derecho a ejercer el oficio, y por vía de reconvención, monipodio y soborno para aumento de salario. La ‘vía de reconvención’ es una demanda que al contestar entabla el demandado contra quien se promovió el juicio y por ‘monipodio’ se entiende el convenio de personas que se asocian y confabulan para fines ilícitos; por lo visto no reinaba la cordialidad en la profesión.

Por su parte, Juan de Urzainqui, molinero, demanda a la villa en mayo de 1547 sobre el pago de 89 florines adeudados del salario, en tanto que dos años después Íñigo Portaz reclama a Miguel de Lecumberri, campanero, sobre el pago de 30 robos de trigo del cargo de la tabla y peaje en cumplimiento de convenio.

Quien parece que tenía la mano larga era el cantero Antón o Antonio Íñiguez. En 1553 Vicente de Navascués, vecino de Yesa, pleitea contra él sobre hurto de ropa y dinero de su casa y al año siguiente lo hace el lugar de Ayesa (Ezprogui) sobre el hurto de una yegua.

La falsificación de moneda también tiene presencia y el fiscal actúa contra Pedro Echandi en pleito ante la Corte Mayor el 27 de mayo de 1560.

Como se aprecia, la vida en Burgui no estuvo precisamente exenta de incidencias y actuaciones judiciales.

Autor del reportaje: Germán Ulzurrun Zabalza, colaborador de La Kukula

Investigando sobre la tradición del Obispo

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Dic
14

Desde la asociación cultural La Kukula iniciamos ahora una nueva labor en la que vamos a necesitar de la ayuda de los vecinos. Estamos hablando de la realización de un inventario del patrimonio inmaterial de Burgui, es decir, de todas esas joyas de nuestro patrimonio y de nuestras costumbres que no son tangibles, que no se pueden tocar, que no se pueden guardar en una caja ni en un museo. Es el caso de una canción, de una romería, de un juego, de una fiesta, y de muchas más cosas.

Y queremos hacerlo bien, acorde con el estilo que se ha consolidado en diferentes comunidades autónomas, y con el que se ha empezado a hacer en Navarra; queremos que sea un trabajo útil y efectivo.

obispo

El primer bien inmaterial sobre el que vamos a intervenir es la tradición existente en nuestro pueblo de que cada 6 de diciembre, en honor a San Nicolás, un niño o niña burguiar se viste de obispo y, haciéndose acompañar de dos canónigos y de una extensa comitiva infantil, recorren las casas del pueblo en animada cuestación infantil tratando de recoger todo tipo de alimentos, y también dinero, que les permita posteriormente celebrar una buena comida o merienda.

Esta fiesta necesitamos documentarla, historiarla y describirla de la forma más amplia posible. Necesitamos grabar testimonios orales de la gente mayor, que nos narren sus recuerdos de lo que ellos conocieron; necesitamos fotografías, cuantas más mejor, sean del año que sean; necesitamos grabaciones en vídeo; necesitamos recoger, o digitalizar, todos aquellos recortes de prensa relacionados con esta fiesta; y necesitamos recomponer la lista de los niños obispo que ha habido en Burgui, lo más completa posible.

obispo4

Para todo ello necesitamos vuestro esfuerzo y vuestra ayuda. Quien haya hecho de obispo en su infancia y recuerde el año, que nos lo diga. Rebuscad en los cajones las fotos de aquel año, en cuestión de minutos nosotros las podemos escanear y devolvéroslas para que las sigáis guardando. Y si alguien recuerda algún detalle como la fecha en la que se hizo el traje, quien lo hizo, de dónde salió la mitra o cualquier otro detalle, que nos lo transmita.

Todo ello va a servir, por un lado, para que nosotros lo tengamos recogido y así evitar que no se pierda la memoria de todo ello. Y por otro lado para posibilitar que en el futuro inventario de bienes inmateriales que va a poner en marcha el Gobierno de Navarra, nuestro patrimonio burguiar esté presente lo antes posible.

Nos serviremos de este boletín, de la web y de Facebook para iros pidiendo ayuda y para manteneros informados de todo lo que se va recogiendo y haciendo. Igual que lo hace el obispo San Nicolás cada 6 de diciembre, nosotros también, desde estas líneas, llamamos a cada una de las casas del pueblo para que nos ayudéis en esta labor, para que nos ayudéis a conservar la memoria de Burgui.

Día del Obispo, 06/12/15
Relación de los últimos obispos:

1998 – Joseba Petroch Urzainqui

2003 –  Luken de Miguel Laspidea

2004 – Unai Puyó Anaut

2005 – Ibai Garate Aznárez

2006 – Ibai Garate Aznárez

2007 – Odei Garate Aznárez

2008 – Ander Pidal Lus

2009 – Iranzu Puyó Anaut

2010 – Ainhoa Urzainqui Laspidea

2011 – Amaia Pidal Lus

2012 – Iñigo Aznárez Boj

2013 – Rubén Glaría Gascón

2014 – Ane Laspidea Urzainqui

2015 – Mikel Aznárez Boj

Adiós a la mantilla roncalesa

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Dic
14

Así titulaba Moisés Valencia Calvo la crónica que a continuación transcribimos y que fue publicada en Diario de Navarra en julio del año 1971. No se reproduce la fotografía original por su escasa calidad.

Como es costumbre por San Pedro, hacía un calor fuerte. Fuimos por Igal y Vidángoz (aquí, excursionistas, no hay fonda) en un recorrido muy bello y cuya cima de enlace de los dos valles de Roncal y Salazar no es muy elevada. Recomendamos este discurrir que va paralelo a los regachos de Igal y de Biniés en Vidángoz, afluente del Esca.

Estrenaban en Burgui las fiestas en honor de San Pedro Apóstol, con una misa solemne en la hermosa parroquia, bien cantada la misa por el pueblo, sermón adecuado a las fiestas; muchas comuniones; dicha misa por el Párroco aezcoano, don Marcelino Laurenz. Bien sonaban allí las notas del órgano adquirido en Leyre que data del siglo XVII. Vimos, y lo consignamos con agrado, que el pueblo acude en masa bien, y muy bien vestido, y atiende la función con una compostura admirable en el tiempo con semejante limpieza que delataba, además, que es norma de todo el año.

Después de la misa y por razones excepcionales nos agregamos a la Comitiva Oficial y tomamos el aperitivo con las Autoridades. Charla agradable y almadiera con sus Bochuelas y Rusos, sobre el Esca.

Teníamos deseos de fotografiar despacio este bonito puente romano de Burgui. Diversas publicaciones del Ministerio de Información y Turismo lo situaban con el pie de Arive. Ni aquel pueblo de Aézcoa, tan fotogénico, precisa de apropiarse de bellezas ajenas, ni era justo no figurara el verdadero pueblo de tan bella estampa. Ya hemos visto este año que dicha propaganda figura bien emplazada la foto y texto de Arive. Aquí admiramos sus montes, su río Esca, su puente, su presa, su pueblo situado en un plano inclinado bien para que en aquella foz le pegue de recio el matacabras en invierno.

Charlamos con aquella simpática gente, a la sombra en dicho lugar, de un pueblo con sus extensos pinares, muchos de ellos particulares, de madera excepcional, haya y roble; con 5.000 ovejas y 200 vacas; que hace 60 años tenía 700 habitantes; terreno muy montañoso y accidentado; Olate y Zazia (¿Sasi?); Larra; Ajanda; ríos Esca y Biniés; cruce de carreteras del valle a Navascués, a Venta Carrica, a Vidángoz y Salazar; romerías a la Virgen de la Peña en terreno de Salvatierra y a la del Camino; dos serrerías y una granja de cerdos; médico, teléfono (pronto automático); dos maestros; demasiado lejos la farmacia, que precisa un botiquín; 73 kms. a Pamplona por el alto de las Tres Coronas (¿?). Estamos en un pueblo típico del Valle de Roncal. Mucho jabalí. No hay alcalde desde hace algún tiempo por dimisión del mismo, propietario. Oficialmente ejerce el primer Teniente Alcalde, hombre de la nueva hornada (nos referimos a su edad), joven, dinámico, activo y entusiasta defensor de los problemas locales que esperan solución con más o menos urgencia.

Resulta que la enfermedad de moda, la tensión, afecta grandemente en cuanto al alumbrado de la localidad. Entendemos que en la Jefatura de Industria de Navarra van a encontrar fácil y muy atenta solución.

Por las consecuencias de higiene y salubridad más los inconvenientes que ello acarrea con disgustos diarios por el verano es urgente afrontar, nos decía el Sr. Alcalde, el problema de la escasez de agua potable durante el estío en este pueblo. Nos contaba también que el pueblo, para su desenvolvimiento agrícola y ganadero, precisa la construcción de nuevos caminos.

Así están bien resumidos los candentes y presentes problemas de un pueblo. Si las arcas están vacías, como es normal en tantísimos pueblos, búsquese las ayudas precisas y justas, y el resto, sin pereza, hallar el dinero para completar el total de los presupuestos porque esas preocupaciones deben desaparecer realizando los trabajos que con interés nos dijo dicha Autoridad. Verá qué contento se queda el pueblo una vez acabados estos trabajos.

No nos contó el Sr. Alcalde, pero sabemos que el término de Sasi precisa la construcción de una pista forestal que con ello daría al suelo el ciento por uno, porque así el trabajo será rentable. Todo sea por el bien general. Estamos seguros que con el dinamismo del Sr. Alcalde, bien ayudado por los compañeros de la Corporación, otro año tendremos olvidados estos importantes problemas.

mantilla roncalesa

Desapareció hace años el atuendo típico del hombre roncalés. De la gran misa el día de la fiesta del pueblo, San Pedro, vimos salir solamente a una respetable señora, con la mantilla negra, roncalesa, que la pudimos fotografiar gracias al Sr. Párroco, ya que aquella buena roncalesa estaba reacia a la máquina. Era nuestra ilusión el poseer el retrato de la última mantilla típica de este pueblo que se exhibe por sus calles, porque cuando por circunstancias de la vida se retire definitivamente a su domicilio, la iglesia de Burgui ya no verá más este atuendo que antaño usaron todas las mujeres en este pueblo roncalés.

Finalizamos este escrito sobre la mantilla con unas palabras de Garcilaso, aquel director de este periódico: “Las mujeres  llevan todo el vestido negro, y sus rostros serenos, graves y prudentes asoman por el hueco sombrío de las recias mantillas, de cuyas puntas cuelgan dos trozos de paño como dos higas misteriosas que tuvieran ignoto poder de exorcismo. Tienen los rostros de aquellas mujeres una luz suave y serena de atardecer montañés; una luz pálida y melancólica como la luz que hay en sus barrancos en la hora crepuscular. Tienen una mirada reposada y tranquila… Están como recogidas en una meditación y su caminar es un caminar ligero de palomas. Tienen la gracia de la humildad y la virtud de la obediencia”.

Lotes de «reservos» en Burgui

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Dic
14

El texto presentado a continuación trata de varias partidas de madera de los reservos del valle en Burgui y está basado en documento cedido por Ezequiel Lus.

Burgui desde Kukula Pintano

Antes que nada, ¿qué es un reservo ? Un trozo de bosque que la Junta del Valle de Roncal se “reservaba” para sus gastos. Los reservos -en Burgui aún hay  muchos aunque de poca extensión- existen en todos los pueblos del valle. Se encuentran en cualquier pinar, como pequeñas islas, entre  las propiedades que los vecinos del lugar tienen en ese paraje.

Pues bien, el 14 de noviembre de 1764 se marcaron pequeños lotes de madera en varios reservos de Burgui y se dio preferencia de explotarlos  a los vecinos mugantes con cada uno de dichos reservos.

Ofrecemos casi al pie de la letra este documento.  En él aparecen los nombres de los beneficiarios y los de  algunos lugares y términos de Burgui  en 1764. A una con el texto, se van dando algunas explicaciones para la mejor comprensión del mismo.

En la villa de Burgui a 14 de noviembre de 1764 los señores Fco. Calvo, alcalde de la villa de Burgui, Lorenzo Amigot, vecino de Roncal, Ramón Glaría, alcalde de esta misma… y Juan José Alcazaba, regidor tesorero y todos diputados de Junta del valle y comisionados suyos (se sobreentiende ‘se reunieron’)  para ajustar los pinares contenidos en el monte común, término de esta villa con las personas que han suplicado y conseguido gracia para poder hacer cortes de ventas, juntos y congregados sus mercedes, precedente registro de vista ocular que han hecho de todas las partidas respectivas a los pretendientes  infraescritos en la forma y manera siguiente:

1) Primeramente con Domingo Gárate y Urbano  Andueza, vecinos de esta villa, en el pinar sito en el término de Chelage (¿Selache?) en paraje de sitio privativo de la casa de dicho Gárate a 27 maravedís por pie. (Pie significaba un árbol, un pino. Cuando el precio es en maravedís, hay que entender que se trata del precio de cada árbol o pie; 4 maravedís = 1 real).

2) Con Juan La Iglesia y dicho Andueza un pinar de Iglesia sito en la solana de Capalena por 87 reales a monte muerto y a una mano. (A monte muerto y a una mano quiere decir que se podía aprovechar toda la madera que hubiera en ese reservo, ‘a mata rasa’. 87 reales era una cantidad considerable)

Con León Glaría en sus propiedades sitas en Arandari Alto, en 31 reales.

Con  Esteban Sanz en dos flocadillas -la ‘flocada’, que aún se utiliza, es un conjunto o ramo de árboles-  de pinares, sitos en los términos de Odieta y Altorgorría a una mano  por 50 reales.

Con Antonio Artica y consortes en el paco entrada en el paco de Ugañay llamado el de Galindo también a una mano por 80 reales.

Con Juan Miguel Sanz  mayor de edad en Capalena  a una mano por 20 reales.

Con Vicente Alcazaba un pinar suyo sito en Ibarbelza en el paco que está sobre los sitios de Garcés en 60 reales.

 Con Fco. Glaría en el paco de Donetomo a 32 maravedís (el pie).

Con Francisco Pérez y Juan Miguel Sanz menor en paraje común del paco de Arandari  a 27 maravedís.

Con Pedro Martín Rodrigo en el término llamado Pintano frente a campos que Josepf  Pérez  tiene en el barranco por la parte  del paco y paraje mismo en que traficó madera este invierno último, a 14 maravedís.

Con Antonio Ayerra  en el término de Arandari bajo en sitios de su casa a 8 maravedís.

Con Fco. Pérez y Josepf Alcazaba en el paco de Arandari Alto un pinarcillo paraje común por 24 reales.

Con Pedro Tomás Lorea en Gaztateña a 24 maravedís.

Con Pedro José Uztárroz en sitios suyos del paco de Donetomo a 24 maravedís.

Con Domingo Baynes  en sitio suyo del término de Chelage por 16 reales a una mano por unos maderos hechos en pinos pasados de fuego en una rotura. Tal rotura e incendio se llevaba a cabo para crear una artiga, un nuevo campo, porque se sembraba mucho en extensión.

Con Fco Urzainqui suyo de su casa sito en el término de Cusculieta frente a Nra. Señora del Camino a una mano por 60 reales.

Con la obligación de acudir con sus respectivas debidas porciones a la persona que tuviese comisión de dicho valle para su cobranza… y  de avisar para hacer los conteos cada uno de ellos a los mismos señores diputados antes de que se remuevan de sus pies, excepto los que tienen hechos o fuesse de una mano; a dos pesos por cada porcionista… En esto convinieron todos los arriba nombrados por ambas partes, siendo testigos los unos por los otros y que firmaron como sigue…

Poco o mucho, pero había que pagar lo acordado a los representantes de la Junta del valle del Roncal.

Y ¡cuidado con talar algún árbol además de los marcados!. Eso era robar.  Si en la  revisión después de la tala aparecían algunas zocas, además de las marcadas, sanción al canto. Ante todo formalidad.

Día del Obispo. 6 de diciembre, San Nicolás.

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Dic
6

Con motivo de la festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre los niños y niñas de Burgui recorren las calles del pueblo bendiciendo las casas y entonando alegres coplas a cambio de aportaciones de viandas de los vecinos con las que después celebran un buen festín.

Día del Obispo, 06/12/15

Este nutrido grupo de niños y niñas está formado por un séquito encabezado por el «obispo» y dos canónigos a los que acompañan el «alcalde» (lleva una vara de mando y es el encargado de recoger los donativos en metálico en un zacuto), los «cesteros» (transportan las cestas donde se recogen las viandas como patatas, huevos o dulces), y los «espederos» (quienes en unos espedos ensartan las chulas, longanizas o embutidos).

obispo1

La víspera de la celebración de este festejo, el «alcalde» que forma parte de esta comitiva es el encargado de comunicarlo a los vecinos mediante este curioso bando anunciado por el pueblo mediante corneta:

De orden del señor alcalde, hago saber, que durante el día de mañana, día de San Nicolás guarden bien sus animales domésticos, especialmente las aves. En caso de encontrar alguna de ellas por las calles, será llevada a casa del obispo, donde seguidamente será sacrificada.

De esta manera se advertía al vecindario del riesgo de que se apropiaran  de las gallinas que antiguamente se encontraban por las calles. También tenían derecho para entrar en las huertas y recoger los escasos productos que por estas fechas se encontraran, principalmente cardos.

obispo4

El propio día 6 se realiza el recorrido por las calles del pueblo entonando estas tradicionales coplas y canciones:

Hoy es el día de San Nicolás, todos los niños de fiesta están, en esta casa todos esperan la limosnica que nos alegra, ¡el señor obispo les bendecirá!      

Vengan vengan los huevos, las chulas y los cuartos y alguna otra cosica que si no, no nos vamos. Si nos dan, no nos dan, las gallinas cantarán.

 La señora de esta casa es una santa mujer, pero más santa sería si nos diera de beber. Compadézcanse señores, de estos pobres estudiantes, que celebramos la fiesta muy contentos y galantes.    

obispo

Una vez recibidas las viandas y aportaciones en cada casa, el obispo realiza la siguiente bendición frente a ella antes de proseguir la marcha:

La bendición de Dios Padre, la bendición de Dios Hijo, la bendición de Dios Espíritu Santo, que baje Dios a esta casa y la bendiga, por los siglos de los siglos, amén.

Se trata de una tradición muy antigua que data al menos del siglo XIX. Antiguamente sólo participaban trece chicos de 14 años de edad. Algunos de los niños llevaban gorros militares  supuestamente relacionados con la guerra de Africa.

La casa de los abuelos

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Nov
24

Los sonidos, los olores y los sabores del verano. El río, la plaza, las eras, la iglesia y el barrio. Los juegos y las risas. Las reuniones familiares, las aventuras con los primos y los viajes con los tíos al monte o a los pueblos vecinos. Todo eso y mucho más, difícil de definir, era la casa de los abuelos en verano. En el gran portalón de madera, que da entrada a la casa, nos columpiábamos a menudo. Nos gustaba hacerlo, especialmente, las tardes de tormenta. Esas tormentas de verano en las que hay un olor especial a tierra mojada. Allí estábamos protegidos. El arca de la entrada nos servía para colocar nuestros juguetes: tabas, botes, cromos, palos….. A última hora la puerta se abría de par en par para que entraran las caballerías que habían estado trabajando en el campo.

Vista1

Al fondo estaba la cuadra. Se llegaba hasta allí por un suelo de piedras redondeadas en el que sonaban las pisadas de los animales. Era el momento en que toda la casa se llenaba de voces y risas. Se contaban anécdotas de la jornada y a nosotros nos gustaba estar allí. A la derecha de la puerta de entrada estaba el granero. Arcas con pienso, trigo, cedazos, romanas y antiguos utensilios -artesas- donde se amasaba pan. Todo en perfecto orden. A través de las escaleras de madera llegábamos al primer piso. La cocina era el lugar de reunión, amplia, espaciosa. El abuelo, sentado, con su bastón cerca, llamándonos. La abuela organizando la comida. Los padres y tíos hablando y bajando la voz cuando no querían que nos enterásemos de algo. Allí se hablaba y se reía mucho, mucho. Al lado, la recocina. Grandes pucheros sobre el fuego durante toda la mañana. Se cocinaba para la familia y los trabajadores. Todo un mundo de olores, sabores y sonidos. Y junto a la cocina, el comedor en el que comían los hombres. Las mujeres y los más pequeños en la cocina. Eso los días laborables. Los festivos comíamos todos juntos. También en el primer piso, el “cuarto de los tocinos” donde se guardaba todo tipo de alimentos. Era una despensa donde había jamones, longanizas, quesos….. y los aromas de los postres que cocinaba la abuela. Se nos hacía la boca agua. Enfrente de ese cuarto estaba la habitación de los abuelos. Sus camas, armario y mesillas nos llamaban la atención. Las camas tenían unos cisnes de largo cuello tallados en las cabeceras. Más escaleras de madera hasta el segundo piso. Había habitaciones para todos. Después de comer nos mandaban a la siesta. Bajábamos con mucho cuidado para que no nos oyeran. Nos pescaban casi siempre. En la entrada contábamos historias. Procurábamos hacerlo en voz baja para no molestar a los mayores. En esa hora el sol pegaba con fuerza y la casa permanecía quieta, en silencio. De una de las habitaciones se salía a un balcón. La abuela se sentaba a ratos allí y se quedaba muy quieta. Seguramente para descansar del ajetreo de la casa. Nos intrigaba qué hacía tan callada. En el balcón poníamos a secar las pipas de melón. Todavía había un último piso “el sabayao” cuyo techo era el tejado de la casa. Y más alimentos: frutas extendidas, productos de la huerta, nueces….. En aquella casa había comida por todas partes. La casa de los abuelos era nuestro universo en esa época, dulce y cálido. Encerraba todo lo importante para nosotros. Nos sentíamos seguros y felices. Un día de septiembre, tras un verano estupendo, inesperadamente, el abuelo se fue para siempre. Ni la casa, ni el verano, volvieron a ser nunca lo mismo.

Relato facilitado por Marian Marco, recuerdos de su infancia en Burgui.