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Alarde de armas

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May
26

«Alarde de armas» o “Lista de armas”. Exhibición de armas, y revisión de las mismas, que se hacía en algunos pueblos del Valle delante del alcalde o de otra autoridad superior. Aparecen documentados en las siete villas del valle.

Alarde de armas, Burgui, 2009

Preparativo alarde de armas, Burgui, 2009

Los fueros roncaleses contemplaban la exención del servicio militar fuera de las fronteras del Valle para los habitantes de éste; sin embargo, este privilegio se vio alterado en 1773 tras la aplicación de la Real Cédula de Carlos III por la que este monarca establecía en Navarra la obligación de realizar el sorteo militar y el reclutamiento. Las reiteradas protestas de la Diputación contra este contrafuero no lograron echar atrás su aplicación. El Valle de Roncal, por el contrario, no aceptó la Real Cédula, advirtiendo al Real Consejo que ésta no sería aplicada en dicho Valle por atentar al conjunto de los privilegios que las siete villas poseían. La tenacidad y firmeza de las autoridades roncalesas forzaron la revocación del acuerdo.

Revisión de armas. Burgui, 2009

Revisión de armas. Burgui, 2009

En contraprestación a la cesión de Carlos III el Valle de Roncal se comprometió a sostener su propio ejército, en el que estaban incluidos todos los roncaleses con capacidad de lucha, con el fin de proteger las fronteras (como acción de defensa de la monarquía). La autoridad máxima de este ejército era el alcalde  de Roncal (alcalde mayor), que durante la época de conflicto ostentaba el cargo de capitán a guerra. La organización y mantenimiento de este ejército -caso único en España- implicaba el hecho de que cada roncalés útil para la lucha debía de tener y cuidar sus propias armas, preocupándose de tenerlas siempre a punto para ser utilizadas si la situación lo requería; para garantizar que así fuese una o dos  veces al año se organizaba un alarde de armas, en el que cada vecino estaba obligado a acudir con su arma demostrando ante la autoridad que el fusil se encontraba limpio y en perfecto estado, es decir: emforma. En estas revisiones también se desfilaba, haciendo alarde del armamento y haciendo unos disparos, controlados, al aire.

¡Fuego! Alarde de armas. Burgui, 2009.

¡Fuego! Alarde de armas. Burgui, 2009.

Durante la Guerra de Sucesión (1701-1714), concretamente en el año 1706, el Valle de Roncal contaba entonces con 887 hombres capacitados y listos para combatir con sus propias armas y municiones. Era este el número de varones con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años.

En el año 1825, tras la promulgación en 1824 del Reglamento de Policía, fue la propia Diputación del Reino quien tuvo que mediar entre el Valle de Roncal y el Virrey notificando a este último la necesidad de respetar el privilegio que el Valle de Roncal tenía para estar armado.

Burgui.- Al menos en esta localidad roncalesa los alardes eran conocidos también con el nombre de reseñas. Se sabe que cuatro días antes de la fecha anunciada para elalarde los vecinos de la villa aptos para las armas, es decir, los varones con edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, salían a las Eras del pueblo para ensayar el desfile y adiestrarse en el uso de las armas. Según recoge Félix Sanz Zabalza en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), “el Regimiento nombraba sus cabos; a los arcabuceros se les entregaba una libra de pólvora, una docena de pelotas y cuerda suficiente. Otros salían como ballesteros y lanceros, otros con espadas y dagas”.

Generalmente se celebraban dos alardes anuales cuya fecha estaba regulada por las ordenanzas municipales: “Al otro día de San Pedro se haga una reseña y alarde de armas en memoria de los tiempos pasados quando los infelices Moros ocupaban la mayor parte de este Reino”. La otra jornada elegida era el 21 de agosto, festividad de San Mateo.

Entre los alardes de esta localidad queda constancia documental, entre otros, del celebrado en 1860, celebrado el segundo día de las fiestas, pues entre las cuentas de ese año queda reflejado un gasto de 450 reales de pólvora para la villa. Así mismo, en el Archivo General de Navarra encontramos un documento del año 1796 que recoge un pleito sobre el aumento de la cantidad asignada para la celebración anual en Burgui de la función del alarde de armas.

El 28 de agosto de 2009, durante la conmemoración del bicentenario del saqueo e incendio del pueblo de Burgui por las tropas francesas de Napoleón, se recreó por un grupo de vecinos un alarde de armas, cuyas fotografías acompañan a esta entrada.

Noticias de emigrantes

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May
26

A finales del siglo XIX la villa de Burgui asistió a un movimiento migratorio importante. La vida en el pueblo no era fácil. El continente americano fue el destino prioritario.

Casi medio siglo después la Guerra Civil (1936-1939) hizo que el fenómeno de la emigración se repitiese de nuevo, una emigración que tenía más de huída por razones políticas, que otra cosa; siendo en este caso Francia el principal destino. También las postguerra, con toda su crudeza y miseria, favoreció la salida de vecinos del pueblo y del valle hacia otras tierras, hacia otros países, hacia otros continentes.

FotoBurgui1925

Entre medio de ambas épocas pudimos ver cómo la industria alpargatera cautivó en Zuberoa y en Bearn a un número importante de mujeres roncalesas que hasta allí se habían trasladado a trabajar.

Nunca se ha hecho un estudio sobre este fenómeno, sin embargo la iniciativa de la Asociación Cultural La Kukula de abrir esta página web ha permitido que, vía internet, algunos familiares y descendientes de burguiarras que en su día emigraron en busca de una vida mejor, se pongan ahora en contacto con nosotros celebrando el poder conocer Burgui y su historia a través de internet, y en algunos casos pidiéndonos el esfuerzo de localizar datos de sus antepasados. Esto nos permite ahora abrir una vía de investigación sobre aquellas personas, nacidas en Burgui, que vivieron el trauma de tener que dejar aquí casa, familias y tierras. Sería bueno que cualquier dato o fotografía que podamos tener sobre alguna de estas personas nos la hagáis llegar.

FotoPuente

Seguidamente se expone aquí, por orden alfabético, la historia de algunos de los vecinos de Burgui que emigraron a Argentina, y de los que ahora hemos tenido noticias.

Andreu Aisa, José.-  Desde Argentina María Isabel Andreu Zubillaga envió a la Asociación La Kukula en agosto de 2006 un correo electrónico en calidad de nieta de este señor dando simplemente a conocer la identidad de su abuelo paterno, indicando que eran los únicos datos que tenía de él.

Se trata de José Andreu Aisa, nacido en Burgui, hijo de Lorenzo Andreu y de María Isabel Aisa.

Fuertes Tolosana, Ciriaco.-  Marcela Tiseira, desde Argentina, envió a La Kukula en agosto de 2006 el siguiente correo electrónico:

         “Mi abuelo, Ciriaco Fuertes Tolosana, fue habitante de Burgui, y vino a la Argentina en el año 1923, también lo hizo su hermano Luis unos años antes. En mi familia estamos interesados en encontrar datos sobre lo que fue su vida en su lugar de origen, por lo que pensé que ustedes quizás nos podían ayudar a encontrar algún tipo de informacion sobre ellos, o si quizas queda en el pueblo algun familiar. Nuestra unica intencion es reconstruir su historia y la de mi padre ya que añora enormente las tierras que su padre siempre recordaba. Cualquier dato seria de enorme valor para nosotros, por favor, les agradecería se comuniquen con nosotros para hacernos saber cualquier novedad.”

López Aizagar, Elías.- Desde Argentina es su nieta Mónica Laura López quien en un correo electrónico remitido en mayo de 2006 a la asociación “La Kukula”, de Burgui, nos cuenta la historia de su abuelo:

         “Él se llamaba Elías López Aizagar , su papá se llamaba Benito López Domínguez; mi abuelo Elías, nació en Burgui el 19 de abril de 1890; por lo que él contaba eran varios hermanos, no sé cuantos , y los nombres de sus hermanos, que él nombraba, eran: Leoncia , Agustina , Pascual , una hermana que se fue a Francia y otra hermana que se fue a Chile.

         Él cuando tenía 19 años , en 1909 se vino en barco a Argentina, sólo, y luego aquí se reencontro con 3 de sus hermanos que menciono anteriormente. Él nos contaba que de niño y hasta que se vino era pastor y muy temprano tomaba pan y tocino y partía a un valle, para que las ovejitas pastaran , si bien recordaba con nostalgia a Burgui. Había sido muy muy pobre y no era su deseo volver , a un lugar donde había vivido tan mal. Siempre nos contaba que Pamplona estaba a 80 km y nunca pudo ir a la fiesta de san Fermín ni a ver un partido de pelota paleta; él nos enseñó y transmitío sus recetas , como las migas (pan en migas con cebolla , panceta o tocino y tomate) algo exquisito, las rodajas de pan casero tostadas y frotadas con dientes de ajo y aceite de oliva. También solía recordar que para la noche de Nochebuena hacían castañas en un hornito o a las brasas .

         Él vino en barco a Argentina, llegó a Buenos Aires , luego se fue a Gral Roca y se radicó definitivamente en Comallo , pueblo que dista a unos 70 Kms. de San Carlos de Bariloche.

         Yo sé que hace mucho tiempo fueron unos conocidos de mi abuelo a Burgui y ubicaron la casa donde él nació , es de piedra y como de dos plantas, con un horno de piedra afuera, también estuvieron en una pequeña iglesia , donde pudieron leer en un Acta el día que mi abuelo fue bautizado.

         Para mí ha sido una alegría muy grande poder conocer este lugar por internet y me gustaría mucho poder tener aunque sea una foto de las ruinas de la casa y una foto de la iglesia donde bautizaron a mi abuelo.

         Yo me comprometo a mantener una comunicación fluída e intercambio cultural de información , ya que el lugar donde vivo es casi casi casi el fin del mundo, donde de verdad hay pingüinos y ballenas (…).

Noves Garate, (¿).- Un correo electrónico remitido en agosto de 2006 a la asociación La Kukula por parte del hijo de esta señora (de la que no facilita su nombre), da la siguiente información sobre ella:

“Mi madre es originaria de Burgui y vino a Argentina escapando de la miseria de postguerra. Ella llego al Alto Valle de Rio Negro. En esa zona habia varios compatriotas del Valle del Roncal especificamente de Burgui, Vidangoz e Isaba.

         Mi madre era de casa Mayo, hoy ya no existe y era hija de Ignacio Noves Erlanz y Juliana Garate Oset.

         En las largas noches de invierno siempre se hacían tertulias y se hablaba de Burgui y el Valle del Roncal lo que nos ha hecho quererlo y conocerlo como si fuéramos nativos de allá.”.

Testimonios y recuerdos de Burgui

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May
22

A través de esta sección queremos recopilar todos aquellos testimonios y recuerdos relacionados con el pueblo de Burgui con objeto de dejar constancia, principalmente, de aquellas vivencias de todos los que un día tuvieron que abandonar su casa para emprender una nueva vida, en muchos casos, a miles de kilómetros del lugar que les vio nacer.

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A finales del siglo XIX la villa de Burgui asistió, como muchas otras localidades, a un movimiento migratorio importante. La vida en el pueblo no era fácil y el continente americano fue el destino prioritario.

Medio siglo después, la Guerra Civil (1936-1939) hizo que el fenómeno de la emigración se repitiese de nuevo, en muchos casos por razones políticas ante el nuevo régimen, siendo en este caso Francia el principal destino.

También la posguerra, con toda su crudeza y miseria, favoreció la salida de vecinos del pueblo y del Valle de Roncal hacia otras tierras, hacia otros países, hacia otros continentes… emprendiendo una nueva vida lejos de su casa, a la que muchos de ellos ya no volverían más.

Nunca se ha hecho un estudio sobre este fenómeno, sin embargo a iniciativa de nuestra Asociación Cultural La Kukula hacemos un llamamiento a que familiares y descendientes de burguiarras que un día emigraron en busca de una vida mejor, se pongan ahora en contacto con nosotros para contarnos aquellos recuerdos y vivencias que sus mayores les contaron.

A su vez, asumimos el compromiso y el esfuerzo de intentar localizar datos sobre sus antepasados o, simplemente, de hacerles llegar imágenes de la casa de sus ascendientes.

Queremos por lo tanto abrir una vía de investigación sobre aquellas personas, nacidas principalmente en Burgui, que vivieron el trauma de tener que dejar aquí su casa, su familia, sus tierras, emigrando a países lejanos en los que forjar un nuevo futuro.

Y hoy, queremos que sus descendientes nos cuenten esos testimonios, recuerdos, emociones y vivencias que sus mayores les contaban. Toda la documentación recibida será tratada y volcada en este blog como punto de encuentro y recuerdo, con la intención de editar un boletín monográfico con todos los testimonios recibidos.

En homenaje y admiración a quienes tuvieron que abandonar un día Burgui para nunca más volver a él, conservando con nostalgia y con cariño los recuerdos de su tierra.

Monasterio de Burdaspal

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Dic
13

Conocido también con las grafías de Urdaspal, Urdaspar, o Burdaspar.

Lugar del municipio de Burgui, ubicado en la margen derecha del Ezka, muy cerca de la carretera que va de Burgui a Roncal, a unos tres kilómetros de Burgui.

Burdaspal es, o fue, una buena finca. Se extiende desde el barranco de Ajanda, al sur, hasta el de Ugañáin, al norte. Es una franja de aproximadamente un kilómetro de terreno llano, bueno para el cultivo teniendo en cuenta la calidad más bien precaria de las tierras de esta comarca. Al oeste confronta con el río Ezka, y al oeste con monte bajo y pinar.

“Los monjes fundadores –escribe Félix Sanz- tuvieron buen ojo para elegir el terreno de la primera abadía del valle… Hasta contaba con una hermosa fuente, la del “Caserío”, de la que los monjes podían abastecerse en el estío”.

En el centro de esta finca, a la altura de lo que hoy se denomina la “revuelta del Caserío” en la carretera hacia Roncal, a unos cien metros al este de una borda, hoy abandonada, se hallaba lo que primero fue el monasterio y después el palacio de Burdaspal.

Restos monasterio de BurdaspalMonasterio.- Acogió al monasterio benedictino de Urdaspal, que fue visitado a mediados del siglo IX por San Eulogio de Córdoba cuando era abad Dadilano, al que menciona en la carta que escribió a Guillesindo, obispo de Pamplona. Tuvo San Eulogio “ocasión de admirar el espíritu de humildad y obediencia que animaba a los monjes y también su cultura literaria”, según escribe Lacarra.

Todo hace indicar que el monasterio no debía de ser muy grande. Presumiblemente estaba formado por un pequeño grupo de monjes y por algunas familias de criados encargadas del ganado y de las labores agrícolas.

Poseían los monjes algún cubilar para el ganado, un molino, huerta y árboles frutales, incluso algo de viña que les servía para elaborar vino.

Conviene tener en cuenta que en aquella época la localidad de Burgui era tan sólo uno de los pequeños núcleos de población (Burgui, Segarra, Uli, Urgue, y Cortes) que hoy quedarían integrados dentro de su actual término municipal.

El monasterio se encargaba de cobrar los diezmos, primicias y oblaciones de las iglesias que había en estas cinco poblaciones.

El historiador local Félix Sanz, de Burgui, alude a que con posterioridad a la existencia de esos cinco pequeños núcleos de población, existió la iglesia de Santa María de la Cabeza, ubicada también dentro del actual término de Burgui. Y de esta iglesia nos cuenta este historiador que dicen las crónicas que en el año 1090 el abad de Urdaspal (Burdaspal), un tal Raimundo, “intentó crear, junto a este templo una nueva villa. Para ello el abad dio a un tal Gardelio y a su hijo, clérigo, dicha iglesia; pero parece que el abad trataba de imponer unas obligaciones económicas demasiado rigurosas para los posibles futuros colonos. A quienes fueron a poblar el lugar les otorgaba ‘todo lo que pudierais o pudieran labrar en esas tierras yermas o incultas, y que nos entregueis el diezmo de las mismas’. Pero a la vez exigía a los futuros súbditos otras servidumbres un tanto arbitrarias, como la de trabajar 15 días para el monasterio recibiendo durante la quincena solo pan y vino… Ante tales pretensiones parece que no hubo quien se presentara a solicitar la vecindad para esta futura nueva villa”.

El rey Sancho Ramírez hizo donación de este monasterio el 28 de enero de 1085 al de San Salvador de Leyre, por cuya cesión, después de extinguido y arruinado, se convirtió el lugar en señorío particular.

Es de suponer que desde su vinculación con Leire tuvo un templo dedicado a la advocación de San Salvador, que de alguna manera San Salvador representaba al Cristo triunfante y glorioso del Tabor y la Resurrección.

El monasterio tenía fuera del valle un par de decanías (fincas o iglesias rurales propiedad de un monasterio), que eran las iglesias de Santa María de Olaz, en el valle de Lónguida, y la de San Martín de Ologasti, en la Canal de Berdún, junto a Aso y Miramón.

Restos BurdaspalSeñorío.- Burdaspal fue también un señorío, con palacio de cabo de armería y de los de la nómina antigua, con llamamiento a Cortes.

Por lo general las relaciones del señorío de Burdaspal con Burgui no fueron muy buenas, pues la condición de señorío no encajaba con las ordenanzas del Valle de Roncal ni con la condición que gozan los roncaleses de hombres libres, no sujetos a señorío.

El linaje de los Burdaspal estuvo repartido fundamentalmente en las localidades de Burgui, Aoiz, y Peralta; vamos a centrarnos aquí en la rama que permaneció fiel a sus raíces, en el propio lugar de Burdaspal.

El primer dueño y señor de Burdaspal que conocemos es Juan de Burdaspal, señor de los palacios y lugar de Burdaspal, de sus términos, y de los bienes agregados de Liédena y de Burgui, quien se preocupó de vincular en mayorazgo sus bienes y apellido al otorgar carta de testamento con fecha 20 de mayo de 1543 ante Juan Pérez de Navascués, notario público y jurado del Reino de Navarra. Este documento nos permite conocer que se casó con doña Grazia, con la que tuvo los siguientes hijos: Juan (su sucesor), Salvador, Cristóbal, Catalina, Blasco (rector del señorío), Marco (fallecido sin tomar estado), y Lucía (fallecida siendo niña).

Ya en el año 1545 nos encontramos con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, e hijo del anterior. En aquél momento encontramos al hijo pleiteando con Basilio Burdaspar, rector de la iglesia de Burdaspal y residente en Sangüesa, a causa de varias posesiones, entre ellas una casa en Burgui.

Era el año 1556 cuando Miguel de Andrés, colector del valle de Roncal, se mete en un pleito con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, a causa del impago de 4 ducados y medio de cuarteles y alcabalas.

Al año siguiente, 1557, el valle de Roncal inicia un largo y complicado proceso contra el señor del palacio de Burdaspal exigiéndole el pago de cuarteles y alcabalas como cualquier vecino del valle. Este proceso se alargó nada menos que hasta el año 1643, con el resultado negativo para las pretensiones de los roncaleses, pues la Cámara y Consejos Reales de Navarra, atendiendo a que “la casa de Burdaspal a sido Casa y Palazio de Cauo de Armería de tiempo prescripto e inmemorial, de cuio principio no ha hauido ni ai memoria de ombres en contrario, y en toda la dicha Valle,, por todos los de aquella, ha sido realmente tenido por Palazio y Casa de libertad y no por ottra, no en perjuicio de la dicha Valle sino en honrra della”, tal y como quedó sentenciado en los procesos de 1565 y 1570.

En el año 1560 nos encontramos a Pedro Pérez de Urzainqui, natural y vecino de Urzainqui, envuelto en un nuevo pleito contra Juan de Burdaspar, señor de Burdaspal, “sobre pago de 34 ducados y 12 tarjas de alcance de cuentas y, por vía de reconvención, pago de 8 florines de una obligación”.

Juan de Burdaspar, y su hermano Blas, protagonizan en 1570 un nuevo pleito contra Sancho Ledea y otros vecinos de Burgui, a quienes reclama que le paguen una indemnización por los daños que los ganados de estos han causado en sus piezas.

A Juan le sucede su hermano Blas de Burdaspal, que ocupó el cargo de señor durante muy pocos años, tiempo suficiente para pactar con el Valle los derechos de peaje, correspondientes a sus jurisdicciones.

Tras su fallecimiento le sucede en el cargo Domingo de Burdaspal, Señor de Burdaspal y de Liédena que se casó con doña Águeda de Garat, en cuya casa solariega de Urzainqui nació posteriormente el famoso capitán don Raimundo Necochea de Iñiguez, que pasó a la posteridad por haber sido la persona que capturó en el Perú al rebelde emperador inca Tupac Amaro.

En 1577 el señor de Burdaspal era Fernando de Burdaspar, de quien sabemos que era hijo de Águeda de Olleta, y que compartió el título con su hermano Miguel de Burdaspal y Garat, que casó con María Fernández de Urniza (hija de Miguel y de Ana Fernández de Ardanaz).

Una multa por desacato al juez de insaculación le pusieron en 1608 al vecino de Aoiz Miguel de Burdaspar, que en ese momento ostentaba los títulos de señor de los palacios de Burdaspal y de Liédena.

Le sucede su hijo José de Burdaspal y Fernández de Urniza, que fue Diputado de las Cortes celebradas en 1642.

Restos BurdaspalEn el año 1630 nos encontramos con un pleito que enfrenta a Ana María Fernández, viuda de Domingo de Burdaspal, y que se autotitula señora de Burdaspal, con la villa de Burgui “sobre ejecución por 830 ducados de venta de 830 robos de trigo”.

En 1643 José de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, pleitea contra Pedro de Vergara, vecino de Urzainqui, “sobre ejecución de un vedado por 28 ducados de réditos de un censo de 120 ducados de préstamo”. Tres años más tarde contrae matrimonio con Josefa de Acedo y Romeo, de Tiebas. Residen en Aoiz.

Es en el año 1651 cuando vemos a José de Burdaspar envuelto en un pleito contra el Fiscal del Reino a causa de la“información de cédula real relativa a solicitud de acostamiento de 50.000 maravedís”. En ese momento José de Burdaspar era señor del palacio de Burdaspal (término de Burgui), del palacio de Racas (término de Navascués), del palacio de Guesaleria (en Ochagavía), y de los palaciós de Ustés y de Liédena. Concretamente los palacios de Racas, de Ustés y de Guesaleria, así como las pechas de Cerréncano, con todas sus preeminencias, derecho de asiento en Cortes y acostamiento, las recibió José de Burdaspal tras morir su tío-abuelo, Juan de Racas, sin sucesión; patrimonio este que desde entonces queda incorporado al linaje de Burdaspal.

La cédula de José de Burdaspar, fechada en Madrid el 14 de septiembre de 1653, consignaba su calidad de hijo-dalgo, noble por todos sus abolorios, e informaba que en 1638 había servido, con una compañía de cien hombres, en la villa de Burguete “los cuales levantó en la villa de Aoiz, siendo Alcalde”, y también que había asistido al sitio de Fuenterrabía.

Pero José de Burdaspar no sólo pleiteaba contra los vecinos del valle o contra el Fiscal, ni tan siquiera su propia familia se libraba. En 1665 lleva a su propio hijo ante los tribunales, que se llamaba igual que él, y que además debiera de ser su sucesor; la razón no era otra que la de que su hijo quería tomar a cuenta 700 ducados de los bienes de su mayorazgo para pagar la dote de su hermana Josefa. Le negó a su hijo el derecho de sucesión, muriendo este hijo “sin tomar estado” después de asistir a las Cortes Generales de 1677.

Ese mismo año de 1665 los vemos pleiteando contra el abad de su iglesia, Francisco Girón, a la vez que exigía ser él quien eligiese al clérigo que ejerciese en su iglesia; y en 1666, y durante trece años, José de Burdaspar mete en un proceso a su propio hermano Joaquín a causa del permiso para tomar a censo 500 ducados en su mayorazgo.

En 1672, como una prolongación del pleito que hemos visto en 1643, volvemos a encontrar un pleito que enfrenta a Martín de Arles, presbítero beneficiado de la iglesia de Urzainqui, y cesionario del urzanquiar Pedro de Vergara, con José de Burdaspar, señor de los palacios de Burdaspal (Burgui) y de Racas (Navascués) “sobre ejecución de una heredad por réditos de un censo de 80 ducados de préstamo”.

Dos años más tarde, en 1674, José de Burdaspar, en calidad de señor de los palacios de Burdaspar y de Racas, casado con Josefa de Acedo, pleitea contra Juan Antonio de Acedo, de Tiebas, sobre el pago de 2.500 ducados de dote, ofrecidos en los contratos matrimoniales. Jose de Burdaspar y su mujer vivían entonces en Aoiz.

Cuatro años después, en 1678, vemos todavía a Josefa Acedo, en calidad de viuda de José de Burdaspar, acudir a los tribunales a causa de la demanda interpuesta por su hermano, Juan Antonio Acedo, vecino de Enériz en ese momento y señor del palacio de Iriberri (Leoz); en esta ocasión el pleito era por culpa de 900 ducados de la dote.

Del matrimonio formado por José de Burdaspal y Josefa de Acedo nacieron el ya mencionado José (desheredado) y Teresa.

Así pues, doña Teresa de Burdaspal y Acedo pasa a ser la nueva señora de Burdaspal, y titular de todas las propiedades y mayorazgos que le venían por herencia. Se tiene constancia de que en 1719 hubo un proceso de doña Teresa Burdaspal y Acedo, vecina de Pamplona, dueña del palacio y señorío de Burdaspal, contra el Fiscal y Patrimonial y los jurados, vecinos y concejo de Burgui, para que estos le devolviesen cinco robos y medio de trigo que le exigieron para el pago del cuartel correspondiente a dicho palacio y señorío, por ser libres y exentos de esa contribución desde muy antiguo.

Teresa se casó con Esteban de Echeverría, capitán de Marina, de la casa de Olano, por cuyo matrimonio agregó a los suyos el mayorazgo fundado por él mismo en Pamplona.

Una vez que Teresa de Burdaspal quedó viuda hizo la distribución de sus bienes tal y como había quedado dispuesto por testamento otorgado en 1726 en la ciudad de Pamplona; y esta distribución la hizo entre los siguientes hijos: María, Fermín, y María Bernarda.

Merced a ese testamento el nuevo titular de los palacios y mayorazgos pasa a ser Fermín de Echeverría y Burdaspal(desaparece Burdaspal como primer apellido). Fermín fue Capitán de Dragones con el Marqués de Caylus, asistiendo entre otras a las acciones de Almansa, Lérida y Villaviciosa. Posteriormente, en 1738, fue nombrado Alcalde de Pamplona, en cuya fecha visitó la capital la Reina doña María Ana de Neoburg.

Se casó con Dionisia de Azpilcueta, hija del muy ilustre señor D. Antonio, Consejero de Su Majestad, y de doña Felicia de Iriarte.

De Fermín y de Dionisia nació Antonio de Echeverría-Burdaspal y Azpilcueta.

En el año 1744 nos encontramos con que Antonio de Echeverría y Azpilcueta (obsérvese que ya no utiliza el apellido Burdaspal, al menos en esta ocasión) en calidad de descendiente de la casa de Echeverría en el lugar de Olano (Valle de Ulzama) solicita de las Cortes del Reino que se acredite su nobleza; Antonio de Echeverría era en aquél momento señor de Urdaspal y de los palacios de Racax Alto, Liédena y Ustés. Desde el año anterior venía pleiteando sobre su derecho de asiento en las Cortes Generales.

Antonio de Echeverría asistió a las Cortes de 1757 y 1780; litigó con el valle de Roncal la titulación de su solar (por muerte sin sucesión de doña María Isabel de Acedo), lo que creó una situación anómala e irregular en la que llegó a perder temporalmente la propiedad.

Dentro de la segunda mitad del siglo XVIII figuraba como casero y arrendador del caserío de Burdaspal don Juan Ibañez, quien había dejado este lugar, en alquiler, al mencionado don Antonio de Echeverría y Azpilcueta, vecino este último de Pamplona y de Tafalla.

Lo cierto es que Antonio de Echeverría, tan preocupado por acreditar su nobleza, se las tuvo que ver con la Junta del Valle de Roncal en un pleitó que duró desde 1761 hasta 1798 acausa de la pretendida denominación de “palacio” a la casa de Burdaspal.

En el año 1802 todavía se mantenía como señorío.

Sobre las ruinas del monasterio se levantó una iglesia dedicada a San Salvador, que hacía las veces de abadía rural. Se sabe que a mediados del siglo XIX estaba en ruinas y que del monasterio todavía quedaban algunos vestigios.

Durante buena parte del siglo XX los lugareños conocían a Burdaspal como El Caserío, quizás –según apunta Félix Sanz en su libro “Burgui, un pueblo con historia” (2001)- en recuerdo de las casas de criados y menestrales que debío haber alrededor de este señorío.

Escudo BurdaspalEscudo.- Las armas del palacio y apellido de Burdaspal son: escudo de oro, fajado de cuatro de azur que, con este color, o esmaltadas de sinople, se han usado indistintamente por las diferentes familias originarias de esta casa.

Año 1809, incendio de Burgui por los franceses

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Dic
13

El día 28 de agosto de 1809 que fue quemada la villa de Burgui por los franceses. Sucedió en plena guerra dela Independencia. Nuestros padres y abuelos aún recordaban este aciago día, uno de los más tristes de la historia de nuestro pueblo, en una sencilla copla popular:

El día San Agustín

¡qué día tan desgraciado!

toda la villa de Burgui

los gabachos la quemaron.

Desde La Kukula ofrecemos a los actuales vecinos de Burgui un breve recordatorio histórico de ese día ‘tan desgraciado’: los antecedentes que lo determinaron, el incendio mismo, y las fatales consecuencias que acarreó para nuestros antecesores.

4 CARTEL

Antecedentes

Situémonos en 1808, año en que tiene lugar la ocupación de España por las tropas napoleónicas. Ese mismo año se sucede en toda España una cadena de sublevaciones populares contra el invasor. También en nuestro valle de Roncal, que es de la que aquí se trata.

Entre quienes defendían la capital aragonesa –recordar los ‘sitios de Zaragoza’- se encontraban Mariano Renovales, mariscal de Campo, y dos hijos de Pedro Vicente Gambra, el famoso empresario maderero roncalés. Los hijos de Gambra se llamaban Francisco y Sebastián, que, a la sazón, estudiaban allí. Una vez rendida Zaragoza, los dos estudiantes roncaleses y Renovales fueron hechos prisioneros, como tantos otros. Las autoridades galas decidieron llevar a Francia a los tres insurrectos, posiblemente para poder canjearlos después con prisioneros franceses. Pero, cuando eran conducidos, fueron liberados en Caparroso por pastores roncaleses, que estaban al tanto del traslado.

Libres ya, Renovales, los Gambra y otros cabecillas del valle Roncal, Salazar y Ansó formaron, con los voluntarios de estas tierras, un pequeño ejército, pobre en armamento, pero valiente y disciplinado. Las huestes de Renovales –él era su jefe indiscutible- dieron batalla en varias ocasiones a las tropas invasoras, y obtuvieron triunfos señalados.

Los franceses no podían permitir semejante afrenta. Así que, al cabo, decidieron meter en cintura, de una vez por todas, a los levantiscos roncaleses y ansotanos. Para ello prepararon un ejército numeroso y bien pertrechado, al que se unirían en su avance otros contingentes de Pamplona y Jaca. Al fin, el comandante en Jefe de la plaza de Zaragoza, Plicque, partió de esta ciudad hacia el Pirineo el 21 de agosto de 1809 con 5.000 hombres.

Renovales y sus tropas se enfrentaron a la columna de Plicque en San Juan de la Peña, pero fueron obligados a retroceder. De San Juan de la Peña, una columna francesa se dirigió a Ansó –este pueblo, como Burgui, también sufrió un terrible castigo- y otra al Roncal.

La columna con dirección al Roncal intentó atravesar la foz de Burgui-Salvatierra, pero, gracias a lo escarpado del terreno –los roncaleses lanzarían grandes piedras rodando hacia el camino real-, fueron rechazados por tres veces. Entonces el mando francés decidió tomar un rumbo más seguro, aunque tuvieran que dar un rodeo. Las tropas napoleónicas se dirigieron hacia la Virgen de la Peña y Sasi. Los sublevados no pudieron resistir el avance francés, por lo que las tropas de Plicque bajaron hasta Burgui, dispuestas a dar un terrible escarmiento.

Incendio

Y ¡vaya si lo dieron! Antes que nada, se permitió a los soldados el saqueo, algo muy común en las guerras de entonces. Aunque los burguiarres, enterados del avance de los franceses, habrían tratado de llevarse lo más valioso, tuvieron que dejar en el pueblo ropas, alimentos, grano (trigo, cebada), hasta objetos de la iglesia que no pudieron salvarse… Los soldados cogieron de las casas todo lo que tenía algún valor, y, acto seguido, prendieron fuego a todos los edificios. ¡Obra completa, misión cumplida!

El pueblo ardió por los cuatro costados: casas, molino, ayuntamiento, iglesias, todo. Aún verano, con casas con su interior de madera, con paja recogida hacía poco, todo contribuyó a que pronto se formara una hoguera de inmensas proporciones. Como escribe B. Estornés Lasa: Algunos ancianos y enfermos que no se pudieron salvar fueron entonces víctimas inocentes… todo el pueblo quedó en un momento reducido a cenizas, sin que un solo edificio fuese salvado del incendio devorador. En efecto, consta que, aparte de los destrozos materiales, murieron abrasados un sacerdote y varios vecinos muy enfermos.

A Burgui, que no se había significado, como otros pueblos roncaleses, en la rebelión le tocó pagarla con sus vidas y haciendas. ¿Y qué fue de las tropas de Renovales? Que recularon para intentar cortar el paso a los franceses en La Bochuela. Pero los galos, tras la amarga experiencia de la foz de Burgui, ya no cayeron en la trampa de pasar por el camino que bordea el Esca. Las tropas de Renovales tuvieron que enfrentarse a los franceses arriba, en las altiplanicies de Odieta o Mendibelza. Allí los roncaleses fueron vencidos y Renovales se vio obligado a capitular.

placaAlcance del siniestro.

El incendio fue devastador. Burgui perdió una parte muy importante de su población, casi la mitad, porque muchos, sin casa ni pertenencias, se vieron obligados a emigrar huyendo del hambre y la miseria. Con la salida de la gente se abandonaron muchos terrenos de cultivo por no haber brazos para trabajarlos, se malvendieron muchos ganados. Los burguiarres no tenían ahora ni siquiera molino, y el ayuntamiento se vio obligado a celebrar sus juntas a la intemperie, junto a la iglesia, por haber ardido la casa consistorial.

También fueron pasto de las llamas la iglesia parroquial y la ermita de la Virgen del Castillo. Solo pudieron salvarse, llevándolos a Ustés o Uscarrés, los libros de sacramentos, la custodia, la escultura de la Virgen del Castillo y alguna otra talla u objeto sagrado. Ardieron altares, órgano, ornamentos. Años más tarde, cuando la desamortización, se trasladaron a la parroquia de Burgui altares, órgano y sillería del monasterio de Leire, pero eso es otra historia.

Hubo que habilitar rápidamente la ermita de la Virgen del Castillo para celebrar allí el culto hasta que se arreglara la iglesia parroquial. Se tardó bastante tiempo en la restauración por carencia de fondos. ¡Hasta tuvieron que salir dos delegados a pedir limosna en especie por los pueblos de Navarra para la reconstrucción de la iglesia parroquial! Ni la diócesis, ni los pueblos del valle se mostraron generosos. En todas partes se cocían habas… En fin, Burgui tardó muchos años a recuperarse, y muchas cosas de valor artístico, relacionadas sobre todo con la iglesia, se perdieron para siempre. Día nefasto, pues, para Burgui el 28 de Agosto de 1809, día de San Agustín, fiestas en Vidángoz.

La conquista de Navarra en Burgui

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Dic
12

Un pueblo tan pequeño como Burgui tuvo su protagonismo, como sujeto paciente más que nada, en la conquista de Navarra. Así que creemos que bien se merece unas líneas. Trataremos de ceñirnos a lo acaecido en el pueblo, aunque nos referiremos también al marco general, para encuadrar los acontecimientos que afectaron al pueblo.

El 19 de julio el ejército castellano salió de Vitoria, y el 21 cruzó la frontera por la Barranca-Burunda. El duque de Alba apenas encontró resistencia, salvo un grupo de roncaleses en Oskía. El rey de Navarra, Juan III de Albret, y su esposa, Catalina, huyeron a Francia.

castillo

Conquistada la Navarra peninsular, las tropas del duque de Alba pasaron a la Baja Navarra, a la que sometieron sin encontrar apenas resistencia. El duque realizó obras de cierta envergadura en San Juan de Pie de Puerto para convertir esta villa en plaza fuerte, y en ella se estableció. Pero pronto la estancia comenzó a volverse harto difícil para el duque y sus tropas: estaban mal comunicados con el reino de España, con un ejército debilitado por las privaciones y las enfermedades, escaseaba la intendencia, el tiempo no acompañaba, la salud se resentía…

Si entre los castellanos de ultrapuertos la situación era tan apurada, todo lo contrario sucedía en el bando del legítimo rey de Navarra. Las tropas francesas de Luis XII,aliado por el tratado de Blois, le podían prestar ayuda. Además los ingleses –aliados de España por la Liga Santa- se habían retirado de Guipúzcoa. Era el momento de intentar la reconquista.

Bien pronto se ideó un plan de invasión y reconquista. De las tres alas, nos centramos sobre todo en el ala izquierda del ejército, dotada de 2.000 lansquenetes, 4.000 gascones, 1.000 hombres de armas y 7.000 aventureros. En total, unos 15.000 hombres. Al mando de este cuerpo iba Juan III de Albret (rey de Navarra) y el general francés La Palice. Debían ocupar rápidamente el valle de Roncal y cortar el paso al duque de Alba en Roncesvalles en su presumible retirada desde la Baja Navarra hacia Pamplona.

El 15 de octubre de 1512 salían las huestes de don Juan y La Palice de Sauveterre, en la Baja Navarra, hacia el valle Roncal. En el puerto de Ochagavía encontraron una banda de 500 beamonteses que les hizo perder un tiempo precioso. Mientras, en Lumbier las tropas del capitán castellano Valdés, sabedoras del plan de don Juan y La Palice, ocuparon el castillo de Burgui para detener a los que ellos llamaban los ‘franceses’. El 19 de octubre La Palice inició el asalto al castillo de Burgui defendido por la guarnición mandada por Valdés, quien contaba con un millar de hombres. Valdés se defendió valientemente y resistió dos días a un ejército quince veces más numeroso, hiriendo o matando a cuatrocientos hombres, y muriendo finalmente en el empeño.

  1. Correa, cronista de la campaña, del bando del rey católico, precisa la causa de la muerte de Valdés: “Y otro día tornólos a combatir (a los defensores del castillo), y dio el combate por tres partes (lados), donde Valdés, peleando por su honra, y para mostrar a sus infantes (soldados)lo que habían de hacer, fue traspasado por dos saetas y muerto”. Herido de dos saetas y muerto el jefe, el ejército de don Juan tomó el castillo, en tanto que los castellanos que aún quedaban con vida se rindieron.

Conquistado el castillo de Burgui, el ejército de don Juan emprendió la marcha hacia Pamplona, pero avanzaba con una lentitud exasperante. Tanto que el duque de Alba, logró salir de la Baja Navarra y se adelantó, de modo que estaba ya en Pamplona cuando las tropas de don Juan llegaron a sus murallas. Sólo diremos, como es sabido, que el intento de conquistar la capital del reino terminó en rotundo fracaso.

¿Cómo quedó Burgui tras el paso de las tropas de don Juan? Completamente asolado y arruinado. Hay que recordar que las tropas de la época estaban compuestas en gran parte por mercenarios procedentes de distintos puntos (alemanes, gascones, albaneses…). Tales tropas de suyo debían percibir un sueldo (la soldada), pero con frecuencia, los reyes y capitanes no les abonaban su sueldo, y, como compensación, hacían la vista gorda, o incluso, les animaban a los saqueos y pillajes.

Así no extrañará que Burgui quedara arrasado: cantidad de cadáveres de ambos bandos y de no pocos vecinos sin enterrar, las casas expoliadas de ropas, alimentos, dinero, y de todo lo que podía tener algún valor, el pueblo quemado parcialmente, muchas mujeres violadas, hombres maltratados o linchados…

Tan desolado quedó el pueblo, que el propio Fernando el Católico, a quien Burgui y el Roncal no le despertaban simpatía alguna por ser mayoritariamente partidarios del bando enemigo de los agramonteses, se interesó por la situación del pueblo. Desde Valladolid mandó diversas misivas. El 18 de Enero de 1513 comunica al Marqués de Pomares de Sigüés que se preocupe de que les sea restituida la ropa, ganados y hacienda a los vecinos de Burgui y Urzainqui, perdidos en la guerra. También ordena que sea reconstruida a expensas de las personas que en el Reino de Navarra fueron hostiles al Rey Católico. El 11 de Julio de 1513 ordena que a los de Burgui se les entreguen 800 ducados de oro en la persona de Pedro de Uztárroz, alcaide que fue de la fortaleza de Burgui. El 11 de septiembre de 1514 dice en una carta a los alcaldes y jurados del valle en la que les ordena que, no habiendo hecho gran cosa después de un año (largo, casi dos) para la reedificación del pueblo de Burgui, el importe de las hierbas del valle se destine para la reconstrucción del pueblo.

A propósito del castillo de Burgui, diremos que no fue mandado derribar por Cisneros, sino al contrario, mandado reparar y reponerlo de pertrechos. De hecho fue reparado y contó durante algunos años con alcalde y una pequeña dotación de soldados. Pero poco después de 1520 sería abandonado porque había perdido su valor estratégico para el rey de España, Carlos I. Sus piedras sillares se emplearían en la nueva iglesia que, a la sazón, se estaba levantando de nueva planta.

Pero, a pesar de este primer revés de 1512, el rey de Navarra seguía empeñado en reconquistar su reino. Cuatro años más tarde de nuevo parecían soplar los vientos a su favor. Entre los partidarios de don Juan en la Alta y Baja Navarra se respiraba un ambiente prebélico, que aumentó con la muerte de Fernando el Católico el 23 de enero de 1516. Los agramonteses creían que ahora la reconquista sería pronta y definitiva. Francia también prometía mucho a don Juan de Albret, aunque a la hora de la verdad todo se redujo a buenas palabras y ánimos. Al final el rey de Navarra solo pudo reunir un pequeño ejército, compuesto por bearneses y gascones, vascos y agramonteses exiliados.

De nuevo nos vamos a fijar solo en el ala del ejército que guarda relación con Burgui. Nos referimos a las tropas del mariscal de Navarra, don Pedro, cuya inmediata misión era entrar en el valle Roncal. Las huestes del mariscal se pusieron en marcha hacia el Roncal al inicio de la Semana Santa 17 ó 18 de marzo de 1516.

¿Qué ocurrió con este cuerpo del ejército? Preferimos que lo cuente el propio mariscal don Pedro, preso en Atienza en mayo de 1516: …dijo que en ciertos días del mes de Marzo de este año (1516) entraron en el reino de Navarra por el val del Roncal con cierta gente, con intención y fin, que, visto que era muerto el señor rey don Fernando (el Católico), con cuya persona expiró si alguna obligación se tuvo…., vino a tomar el dicho reino de Navarra o la parte que pudiese y restituirle al rey don Juan y a la reina doña Catalina, sus señores, a quienes les parece que pertenece el dicho reino, y porque expresamente se lo mandaron y encargaron. Y que cuando movió este confesante de Salvatierra de Bearne, que traía mil y doscientos hombres a su pensar (mando); y que cuando pasó el puerto de val de Roncal no venían con él más de seiscientos hombres, pocos más o menos, porque los otros se volvieron escondidamente sin su sabiduría (sin su conocimiento), los cuales eran vascos, bearneses y franceses y navarros…. dijo que, viniendo por el val de Roncal, le vinieron a obedecer y ofrecer obediencia a este confesante (el mariscal) en nombre del rey don Juan los del val de Roncal, y ofrecieron dar doscientos hombres y dieron ciento veinte; y val de Salazar vino allí a dar obediencia y ofrecieron trescientos hombres y después no le dieron ninguno; y los del val de Aézcoa vinieron a ofrecer gente, otros trescientos hombres, y cuando vieron que el coronel Villalba y los otros capitanes (castellanos) que con él estaban habían ganado la casa (la colegiata y fortaleza) de Roncesvalles (aquí adelanta acontecimientos), juntáronse todos con él (con el coronel Villalba) y vinieron en seguimiento (persecución) de este confesante y de los que con él venían…

Abandonado por sus propias tropas y traicionado por quienes se consideraban defensores acérrimos de don Juan. ¡Miseria humana…!

Y ya, más en concreto, en relación a Burgui, prosigue el mariscal: Y tanto por este inconveniente como por cobrar (recuperar) cierta gente (tropa) que había enviado a cercar el castillo de Burgui, hubo de volver al val de Roncal, donde fue atajado. Y vístose atajado de los puertos y que su gente le iba dejando, tuvo necesidad de tomar asiento con el coronel Villalba que su persona y de don Antonio y don Pedro fuesen prisioneros del señor príncipe y que la otra gente (resto del ejército) se fuese sin daño alguno.

De nuevo, pues, el castillo de Burgui sufrió cerco durante algunos días. No parece que fueran muchos los atacantes, y, por tanto, cabe suponer que no se produjeran grandes estragos. El mariscal volvió a Burgui a recoger estos soldados, con la intención de pasar el puerto (Pirineo) y llegar a la Baja Navarra. Pero las diezmadas tropas lo abandonaban y el coronel Villalba le pisaba los talones. Al fin se produjo el choque entre los dos ejércitos, y el mariscal se vio obligado a capitular. Esto sucedía el 23 de marzo de 1516. Hubo en este encuentro un centenar de muertos; 800 hombres fueron obligados a entregarse con sus capitanes, aunque luego fueron liberados… Solamente los jefes quedaron en manos del enemigo y fueron encerrados en el castillo de Atienza en el reino de Valencia.

¿Dónde se llevaría a cabo la rendición del mariscal y sus tropas? Algunos historiadores creen que en algún lugar de Isaba, posiblemente basados en que don Pedro confiesa vístose atajado de los puertos Sin embargo F. Idoate señala a Burgui y su castillo como el lugar de la rendición: Sobre este mismo terreno (Burgui ) fue batido y preso el Mariscal de Navarra en la intentona de este año (1516). Que cada cual se quede con la opinión que crea más convincente. Triste y desolador fracaso pues, el segundo intento de reconquista en 1516.

Estos son en definitiva los principales hechos acaecidos en Burgui y su castillo en 1512 y 1516 a propósito de la conquista de Navarra. Una buena parte del fracaso del primer intento se debe en gran medida a la apatía del general La Palice y la inexperiencia y falta de coraje de don Juan. En el segundo intento, en cambio, hay que resaltar la valentía y arrojo del mariscal, que, sin embargo, no encontró respuesta en quien pensaba que lo apoyarían con toda el alma. Y, en fin, como en todas las guerras, las gentes humildes, a pagar con sus vidas y haciendas el ansia de grandeza de los poderosos.

Juramento fidelidad al rey José Bonaparte, 1809

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Dic
12

JURAMENTO DE FIDELIDAD DE LOS VECINOS DE BURGUI AL REY JOSE BONAPARTE, 20 DE MARZO DE 1809 (Transcripción literal del documento)

En la Villa de Burgui, y sala de su Ayuntamiento a veinte de marzo de mil ochocientos y nuebe: el Señor Pedro Thomas Glaria Alcalde dijo que la Lista precedente la ha arreglado con toda legalidad acordando que el acto del Juramento se celebre el día veinte y cuatro del corriente mes, y hora de las ocho de la mañana, para con los presentes, y con los ausentes arreglado a la capitula quarta de la orden del Excelentísimo Señor Virrey y para que conste firmo, y en fe de ello yo el escribano Pedro Thomas Glaria: ante mi Xavier Fermin Ros escribano

Testimonio que acredita el Juramento de fidelidad prestado a Nuestro Catholico Monarca el Sr. Dn. Josef Napoleon primero Rey de España, y de las Indias por los Vecinos de Burgui:

En la Villa de Burgui, y sala de su Ayuntamiento a Veinte, y quatro de Marzo de mil ochocientos, y nuebe. Haviendosen congregado los Sres. Pedro Thomas Glaria Alcalde, Isidoro Urzainqui, Miguel Angel Bronte, Francisco Ramon Urzainqui, y Josef Dominguez Regidores de esta Villa a consequencia de la Orden recevida del Excmo. Señor Duque de Mahón Virrey de este Reyno, fecha diez de febrero proximo pasado, dichos Señores Alcalde, y Regidores dieron principio al acto de Juramento con arreglo al capitulo de dicha Orden impresa de su Excelencia que a la letra dice Asi:

Juro fidelidad, y obediencia al Rey a la Constitución, y a las Leyes: Pedro Thomas Glaria = Isidoro Urzainqui. Miguel Angel Bronte: Francisco Ramon Urzainqui: Josef Dominguez: Carlos Ustes: Antonio Ayerra: Domingo Garate: Josef Erlanz: Angel de Nicolao: Pedro Francisco Glaria: Francisco Martin Garate: Josef Ramon Bronte: Pasqual Rodrigo: Josef Ramon Erlanz: Sebastian Ezquer: Phelipe Perez: Estevan Armendariz: Mathias de Ayerdi: Francisco Mariano Ustes: Manuel Garate: Juan Domingo Dominguez: Miguel Francisco Esparza: Josef Ramon Palacios: Mathias Arozarena: Roman Larequi: Josef Ramon Calvo: Sebastian Bertol: Vicente Mancho: Josef Sanz: Juan Josef Aroza: Geronimo Solanilla: Miguel Angel Lapetra: Josef Lapetra: Pedro Glaria: Josef Ramon Glaria: Mariano Urzainqui: Ramon Garate: Pedro Marcelo Armendariz: Justo Garate: Ramon Lopez: Pedro Antonio Mainz: Pedro Josef Urzainqui: Francisco Eseverri: Josef Gregorio Glaria: Francisco Solanilla: Lucas Elizalde: Paqual Aznarez: Pedro Francisco Dominguez: Francisco Perez: Miguel Francisco Sanz: Miguel Garate: Vicente Julian Recari: Bautista Sanz: Francisco Lorca: Marco Solanilla: Gerónimo Labari: Pablo Burdaspal: Agustin Lorca: Sebastian Urzainqui: Antonio Lacasia: Vicente Cavodevilla:

Por Josef Ramón Biesa, y los quatro siguientes por no saber escribir: Leon Bronte: Francisco Rodrigo: Domingo Artica y Miguel Cavodevilla firme yo el Escribano Xavier Fermin Ros

Certifico Yo el Escribano Real Infraescrito que la Acta, y diligencias que preceden son referentes al Juramento de fidelidad que han prestado los Vecinos de esta Villa de Burgui que actualmente se allan en ella como da a entender la lista que va por principio: Y por lo que toca de los ausentes queda pendente la diligencia del Juramento sin poderse concluir porque segun costumbre de este Pais son muchas las familias, o vecinos que en la estacion del Ymbierno se hallan ausentes en las Riveras de este Reyno, y el de Aragon empleados en el Pastorio sin saber de algunos de ellos en que Pueblos, ni con que Amos estan sirviendo, y mediante la misma Costumbrehiran regresando a sus casas para todo el mes de Abril proximo, y por consiguiente se verificará la diligencia, y concluida su remisión con la devida puntualidad a la Secretaría del Excelentísimo Señor Virrey y en fei de ello firme a veinte, y seis de marzo de mil ochocientos y nuebe. Xavier Fermín Ros Escribano

Día del Obispo. 6 de diciembre, San Nicolás

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Dic
1

Con motivo de la festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre los niños y niñas de Burgui recorren las calles del pueblo bendiciendo las casas y entonando alegres coplas a cambio de aportaciones de viandas de los vecinos con las que después celebran un buen festín. obispo3

Este nutrido grupo de niños y niñas está formado por un séquito encabezado por el «obispo» y dos diáconos a los que acompañan el «alcalde» (lleva una vara de mando y es el encargado de recoger los donativos en metálico en un zacuto), los «cesteros» (transportan las cestas donde se recogen las viandas como patatas, huevos o dulces), y los «espederos» (quienes en unos espedos ensartan las chulas, longanizas o embutidos).

DSC04528La víspera de la celebración de este festejo, el «alcalde» que forma parte de esta comitiva es el encargado de comunicarlo a los vecinos mediante este curioso bando anunciado por el pueblo mediante corneta:

De orden del señor alcalde, hago saber, que durante el día de mañana, día de San Nicolás guarden bien sus animales domésticos, especialmente las aves. En caso de encontrar alguna de ellas por las calles, será llevada a casa del obispo, donde seguidamente será sacrificada.

De esta manera se advertía al vecindario del riesgo de que se apropiaran de las gallinas que antiguamente se encontraban por las calles. También tenían derecho para entrar en las huertas y recoger los escasos productos que por estas fechas se encontraran, principalmente cardos.

DA_DEL~1El propio día 6 se realiza el recorrido por las calles del pueblo entonando estas tradicionales coplas y canciones:

Hoy es el día de San Nicolás, todos los niños de fiesta están, en esta casa todos esperan la limosnica que nos alegra, ¡el señor obispo les bendecirá!

Vengan vengan los huevos, las chulas y los cuartos y alguna otra cosica que si no, no nos vamos. Si nos dan, no nos dan, las gallinas cantarán.

La señora de esta casa es una santa mujer, pero más santa sería si nos diera de beber. Compadézcanse señores, de estos pobres estudiantes, que celebramos la fiesta muy contentos y galantes.

DA_OBI~1Una vez recibidas las viandas y aportaciones en cada casa, el obispo realiza la siguiente bendición frente a ella antes de proseguir la marcha:

La bendición de Dios Padre, la bendición de Dios Hijo, la bendición de Dios Espíritu Santo, que baje Dios a esta casa y la bendiga, por los siglos de los siglos, amén.

 

Juegos infantiles de antaño

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Dic
12

Reproducimos a continuación de la mano de Manuel Sanz Zabalza algunos de los juegos de antaño que, de pequeños, se realizaban durante los años escolares, que en aquellos tiempos acababan a los catorce años.

JUEGOS
Para seleccionar los jugadores
(una, pa, burri, chiqui, ni pi)
En primer lugar había un sistema de selección antes de empezar a jugar. Se formaba una cuadrilla de 15 ó 20, o más chicos, poniéndonos en corro o círculo para contar, y así formar dos bandos.
Era el sistema de una, pa, burri, chiqui, ni pi. A cada palabra, por ejemplo una, correspondía un niño, a pa otro…, y así a las cinco palabras mágicas. Un niño, puesto en medio del círculo, hacía de contable.
Comenzaba por su derecha. Al que le tocaba la palabra quinta, ni pi, salía del corro e iba para un bando. Se repetía la operación y al nuevo que le tocaba pi, para el otro bando. Y así sucesivamente. De este modo quedaban repartidos los miembros de los dos bandos.  Esta fórmula se empleaba cuando había un buen número de chicos.
Se desarrolla a continuación algunos de los juegos y cómo se desarrollaba:
1.- CATUCIL
Se disponía de un palo, a poder ser de boj, de unos 60 cms de largo, de grueso como el mango de una escoba. Junto a él, el llamado catucil, del grueso del palo anterior y de 15 a 18 cms de largo, pero con una punta en cada extremo.
Se marcaba en el suelo la largura del palo grande. Si el sitio era de tierra, se escarbaba para poner el palo en la ranura del suelo. En caso de que el suelo fuera de piedra, se marcaba con una tiza la línea sobre la que colocar el palo largo.
Jugaban de cuatro a seis chicos. El que empezaba el juego lanzaba el catucil, pegándole con el palo largo, lo más lejos que podía. Los contrarios (del otro bando) podían cogerlo al vuelo. Para ello algunas veces utilizaban alguna prenda de vestir, ya fuera chaqueta o jerseys. Si conseguían atraparlo al vuelo, se ganaba la partida al bando contrario.
Pero ocurría que, si no se cogía al vuelo, en el sitio que estaba el catucil, el «sacador», que así se llamaba al golpeador, podía pegar con el palo largo en una de las puntas del catucil y lanzarlo lejos. Pero si el sacador en lugar de pegar en la punta del catucil, pegaba en el suelo, el contrario tenía una tirada con el pie para acercar el catucil al lugar de donde había salido disparado.
Si tenía dos o tres veces con el pie, dos o tres veces que el contrario podía beneficiarse. ¿Cómo se lanzaba con el pie?; se ponía el catucil sobre el empeine y se lanzaba hacia el lugar donde estaba el palo largo, el de salida. Cuando se veía que era fácil tocar el palo largo empujando el catucil con el pie, se solía decir «con una con el pie, tocatis», palabra que en latín macarrónico venía a significar «tocais», pero que quería decir que el catucil tocaría el palo largo y se ganaría la partida.
Si el catucil quedaba cerca del palo y se podía tirar otra vez, se cogía con la mano y con toda facilidad se tocaba el palo largo y se ganaba.
Pero sucedía a veces que no se cogía el catucil al vuelo ni se tenía para lanzar ninguna con el pie. Entonces el sacador miraba la distancia que había desde el lugar a donde había sido lanzado el catucil hasta donde se colocaba el palo largo, y echaba sus cálculos. Y decía al contrario lo que creía: por ejemplo, «100 medidas del palo largo».
Si el contrario no estaba de acuerdo porque el cálculo le parecía una exageración, entonces el lanzador ordenaba «a medir». Y el chico lanzador, curvado de espalda, medía con el palo largo el trecho que había entre donde había ido a parar el catucil y la raya donde se colocaba el palo largo.
Si, al medir, salían menos medidas del palo largo de lo que había dicho el sacador, éste perdía.2.- LA VIAVÁEn este juego intervenía un grupo bastante numeroso. Se necesitaba un sitio amplio, como podía ser la plaza del Ayuntamiento. Se empezaba con una persona, y esta pillaba a otra y así sucesivamente. Así se formaba una gran cadena hasta terminar de pillar al último niño. Así se acababa el juego, y a empezar de nuevo.

3.- EL ‘TÚ LA LLEVAS’

Este juego también era de grupo grande, pero, digamos, más individual. Empezaba un chico o chica, por lo general del mismo sexo, y tocaba a otra persona diciendo tú la llevas. Esta, seguidamente tocaba a otra, y esta a otra diciendo tú la llevas, hasta que pasaba una por una al total del grupo. Era un juego muy rápido.

4.- EL HINCADOR

Solía ser de cuatro a seis chicos. La herramienta que se usaba consistía en un palo, preferentemente de boj, porque era más fuerte y pesado, de unos 70 cms de largo y una punta bien hecha en el lado más grueso. Este juego se desarrollaba cuando había mucha humedad y en tierra frondosa, para que, al actuar, se clavara lo más posible.

Se tiraba a clavar, pero al mismo tiempo procurando tirar el palo del contrario, que ya lo tenía bien clavado. Esto es, había que rozarlo al mismo tiempo de resbalón con la intención de tumbarle el palo del contrario. Y así varias veces. Vencía el que tumbaba al contrario o contrarios.

5.- EL ‘CATA, CATA-PLÚN’

También este juego solía jugarse en tiempo de lluvias, cuando había buen barro. Se jugaba entre dos chicos. Cada uno cogía un puñado de barro y lo adomaba (palabra textual). Y cuando estaba bien a punto, formaba con las manos una especie de pequeña cazuela, con las paredes un poco gruesas y la tapa más delgada. Se hacía así con el fin de que, al tirar al suelo, las paredes de la cazuela aguantaran el golpe, y la tapa delgada se hundiera, y quedara un pequeño hueco. Entonces el contrario procuraba hacerlo lo mejor posible, pero, como en todas las cosas, hay mejores y peores artesanos.

Si al tirar la cazueleta boca abajo, solo se rompía la tapa fina del barro, y al otro se le aplastaba todo el barro, éste tenía que pagar al primero con su barro para tapar. Y así, en varios cataplunes se quedaba sin barro y perdía.

6.- LA CALVA

En este juego podían jugar seis o más personas. Solía jugarse en aquellos tiempos en la carretera, porque el tráfico era muy escaso: poco más de media docena al día entre coches y camiones.

Se ponía en el centro de la carretera un bote, que solía ser una lata de tomate vacía. Junto al bote, la persona que había sido clasificada. los demás jugadores, con una piedra como de medio kilo o un kilo, se ponía a una distancia como de 25 ó 30 metros. Tiraban la piedra uno por uno. Si no pegaban en el bote, las piedras quedaban en el suelo, y los que tenían las piedras ya tiradas, podían ir a recogerlas. Pero estaba el del bote vigilante, y si alguno pasaba a recoger su piedra, el del bote podía tocarlo diciendo marro.

Si alguno le pegaba al bote, entonces todos corrían a recoger sus piedras, porque el del bote tenía que recoger el bote y ponerlo en su sitio.
Cuando el del bote tocaba a uno al recoger la piedra, ése se hacía cargo del bote, cosa que, por cierto, no era muy apetecible.

7.- EL BANDIADOR

En mi época, a la edad de 10 a 14 años, el bandiar no era como ahora, en los columpios. Entonces nosotros nos encargábamos del montaje y desmontaje del mismo.
En el patio que hay en la trasera de casa Calvo en aquellos tiempos solía haber madera que se sacaba del barranco de Sevince para cargar algún camión. Si quedaban algunos maderos, poníamos como tres o cuatro para que levantaran del suelo unos 80 cms. más o menos.
Con un madero como de seis metros, o más, teníamos solucionado el columpio. Nos poníamos de uno a tres chicos en cada punta y, arriba y abajo, y de costado, lo pasábamos en grande… Pero ocurría que entre tanto alguno con los pies tocaba el suelo y hacía un viraje con el madero, y algunos de los bandiadores caían al suelo.

8.- A REDONCHAR

Con este juego se disfrutaba mucho. Era un juego individual. Había dos o tres tipos de redonchos. Unos eran del círculo (aro) que llevaba la base del caldero; unos eran más grandes que otros, según el diámetro del caldero, eran poco consistentes, y los utilizaban los chicos más jóvenes.

Otros eran de la llanta de alguna bici vieja, a la que se quitaban los radios. Se hacía un guiador que consistía en un alambre grueso, curvado de una punta, que encajaba en el hueco de la llanta.

Los más expertos manejaban otro sistema, que consistía en un aro de unos 80 cms. de diámetro, de hierro macizo. Este tipo de hierro mazico tenía el guiador lo mismo que el que usaban los más jóvenes, el guiador de alambre torcido de una punta en forma de «u» para encajar en la medida del redoncho.

9.- A LA NAVAJA

Este juego lo desarrollaban más mayores y solía ser más frecuente después de los 14 años, cuando ya marchabas a trabajar al monte, y, más bien, cuidando vacas u ovejas.
Si te juntabas dos o más personas… se empezaba cogiendo la navaja por el filo y se tiraba dando una vuelta para que se clavara en el suelo hasta tres veces. Después se cogía en la palma de la mano las mismas veces para volver a clavarla sin darle la vuelta. Por último, se volvía a coger por el filo dándole dos vueltas, y, si se quedaba clavada, partida ganada. Esta última operación se hacía una sola vez, y se llamaba pampellón.

Luego se preparaba un palito delgado de unos 6 cms. de largo con una punta en un lado, y había que meterlo en tierra o tasca. Con el canto de la navaja se pegaba al palito tres veces procurando hincarlo lo más profundo posible. Si había suerte y el palo quedaba poco metido, el contrario lo sacaba con facilidad con la boca o dientes.
Si el compañero le daba bien tres veces y lo metía a fondo, el contrario no podía coger y sacarlo con los dientes. Al no poder sacarlo, pedía nariz y barba, que es hacer en la tierra con la navaja dos hoyos, hasta que por fin podía sacarlo con los dientes.

Qué es una almadía

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Dic
12

Una almadía es una balsa de madera, hecha con troncos iguales debidamente alineados y enlazados entre sí y repartidos por varios tramos unidos también entre sí que, conducida por los almadieros, discurre a flote y río abajo. Normalmente estos troncos eran de pino, abeto y ocasionalmente haya. Las almadías tenían como objetivo dar salida por vía fluvial a toda la riqueza forestal de los valles pirenaicos navarros, dado que en estos valles no había otra vía de comunicación que estrechos y escarpados caminos y el río.

Día de la Almadía, Burgui

Arrastrar los troncos por estos caminos con caballerías era prácticamente inviable. La solución más rápida y lógica, aunque también la más arriesgada, era por lo tanto a través del río. Los almadieros, montados sobre ellas, las conducían río abajo desde los valles de Roncal, Salazar y Aézcoa a través de los ríos Aragón y Ebro hasta Zaragoza e incluso Tortosa.

Se desconoce por completo desde cuándo se utilizaban las almadías, si bien la propia palabra es de origen árabe (balsa ligera). Es en el siglo XIV cuando encontramos los primeros documentos que hacen referencia en Navarra a la navegación de las almadías por las aguas del río Aragón provenientes de los valles aragoneses de Echo y Ansó. Es a mediados del siglo XVIII cuando el pirenaico Valle de Roncal entra en directa competencia con los valles alto aragoneses.

2Los reinados de Fernando VI y de Carlos III se caracterizaron por el gran impulso que le dieron a las grandes obras públicas. En este periodo hay que situar la construcción de buques para la Real Armada y las obras del Canal Imperial, para las que el famoso Pignatelli empleó las masas forestales de los valles navarros de Roncal y del Irati.

Es precisamente durante el último cuarto del siglo XVIII cuando se produce el apogeo del tráfico almadiero en los valles del Pirineo navarro. Sirva como dato que entre 1.764 y 1.774 salieron del valle de Roncal más de 50.000 troncos.

El tráfico almadiero se fue perdiendo paulatinamente en el Pirineo navarro a lo largo de la primera mitad del siglo XX. El valle de Roncal fue el último enclave en perder este oficio. La construcción de las carreteras y la aparición de los primeros camiones como medio de transporte favorecieron la extinción de este oficio y de este medio de transportar la madera. La construcción del pantano de Yesa en 1.952 en el cauce del río Aragón supuso el punto final y definitivo del tráfico almadiero.