En el siglo XVI la villa roncalesa de Burgui contaba con unos 120 vecinos -cabezas de familia-, cifra similar a las de Roncal y Uztárroz, por debajo de los 240 de Isaba y por encima de los 80 de Vidángoz, Urzainqui y Garde (Florencio Idoate, ‘La Comunidad del valle de Roncal’). El periodo estuvo marcado por las guerras en 1512 y 1516 alrededor del castillo en la colina llamada Kukula, derribado en 1519 tras una petición vecinal, posiblemente para aprovechar materiales en la reconstrucción de las casas tras el incendio sufrido con el primer asedio.
Del periodo el Archivo General de Navarra conserva un número importante de pleitos que ofrecen datos sobre cómo transcurría la vida. Así, el señorío de Burdaspal, emplazado en la margen izquierda del Esca frente al actual kilómetro 18 de la carretera a Isaba, contaba con palacio e iglesia, su señor disponía de vecindad forana -hoy se dice foránea- en Liédena con hato de cabras y derecho a pastos y viñas en propiedad en ‘El Pontillo’, y estaban emparentados con el señor de Racas por el Almiradío de Navascués.
La vida cotidiana
El pueblo albergaba dos herrerías y un molino, en la parroquia se ejercían los cargos de campanero y clavero -tesorero responsable de las llaves en los lugares de culto y el llamado hórreo decimal-, la comercialización de trigo y vino eran asuntos de subsistencia y motivo en ocasiones de contrabando o venta a precios abusivos, eran comunes los oficios de mulero y trajinero -acarreo de géneros-, se alquilaban animales de carga y no faltaron diferencias vecinales por injurias. Las misas por los difuntos de la familia se celebraban de manera regular y generalizada, el alcalde era juez ordinario de la villa y tenía la facultad de apresar en la cárcel municipal, de donde se produjeron fugas sonadas como las de Martín Gorri (1565) y Pedro de Ederra (1587).
Los pueblos del valle disponían de médico conducido, quien atendía a los vecinos cuya localidad hubiera abonado los honorarios establecidos, al modo actual de una iguala o seguro sanitario colectivo.
Apellidos vigentes y perdidos
Comienza a ser común contar con nombre y apellido propios, aunque algún matrimonio los comparte al modo anglosajón (Juan y Catalina Alcazan, 1535) y también se dan casos en los que los hijos llevan el apellido de la madre (Magdalena y Pedro Aroza, 1552); entra en desuso la denominación clásica de ser llamado Juan o Pedro de Burgui -tipo Francisco de Javier o Benjamín de Tudela-, cuya fórmula mantendrá vigencia hacia la Ribera en el tránsito de la Cañada de los roncaleses, particularmente en Carcastillo, y por las localidades limítrofes.
Entre los apellidos terminados en “ch”, característicos de la comarca, se reseñan los de Martich, con la variante de Martiech, y Galech. Baster y Bazter son dos transcripciones de una misma denominación y algún alias comienza a tomar carta de naturaleza como apellido. Es el caso de Pascual Sendoa, avecindado originalmente en Garde y a quien se le conoce de manera general como “Borro”, que terminará por convertirse en Pascual Borro para consolidar un apellido hoy vigente. Prosiguen hasta la actualidad los Sanz, Gárate, Glaría, Ezquer, Urzainqui, Bronte, Torrea, etc., y han declinado su presencia los Alcazan, Ledea, Acos, Argonz, Daria o Elverdin.

El derribo del castillo (1519)
Burgui contaba en su término con dos castillos de realengo, ambos emplazados sobre cuculas -montículos-, el primero en la ladera donde se asientan las casas y el segundo en la de Pintano, cerca de la muga con Garde y en la raya de Aragón. El castillo del pueblo fue ocupado en 1512 por una guarnición castellana, mandada por el capitán Valdés, que en octubre queda sitiado por los franco-navarros de La Palice, que tras su toma incendian las casas (Burgui sufrirá en agosto de 1809 de nuevo los rigores de la guerra con la quema de 127 edificios por el coronel napoleónico Plicque). Pero tras el episodio de 1512 aún les espera otro momento complicado, en 1516, cuando la guarnición castellana renovada vuelva a quedar cercada por la gente de guerra del mariscal Pedro de Navarra, quien con la hueste muy mermada caerá posteriormente prisionero del duque de Alba.
En 1519 Juan García, almirante de la villa, en nombre de sus vecinos pide a Martín Hernández de Viedma, veedor de fortalezas del reino, el derribo del castillo. Los detalles del episodio los publicó Juan José Martinena Ruiz en el nº 16 de la revista Zangotzarra (diciembre de 2012), dentro de un estudio amplio sobre la fortaleza, donde consigna que los burguiarres ofrecieron 300 ducados de oro viejos que luego se negaron a pagar. Recoge que el castillo había sido asolado en tres ocasiones.
Los asuntos judiciales relativos al recinto defensivo colearán largo tiempo. En 1550 Sancho Pomar, señor de Sigüés (Zaragoza), pleitea ante la Corte Mayor contra Inés de Mayorga, viuda de Dionisio de Lasarte y Beraiz, exregente de la tesorería del reino, y Miguel de Beraiz, su hijo, vecinos de Tudela, sobre la entrega de 192 ducados de una libranza expedida por Dionisio de Lasarte y Beraiz y no pagada por el recibidor de abastos en favor de Carlos Pomar, alcaide del castillo de Burgui. En opinión de Martinena, medievalista con tesis doctoral sobre fortalezas, esta referencia tardía lo es con relación a una deuda insatisfecha. Sancho es hijo de Carlos Pomar, último alcaide durante la conquista castellana, y el pago a su padre no se ha hecho efectivo en treintaiún años.
Abanico de pleitos
El 18 de noviembre de 1528, ante la Corte Mayor, el fiscal actúa contra Juan de Ledea, vecino de Burgui, preso, a propósito de haber arrebatado con fuerza un potro de María Mayo a Juan de Echandi, nuncio -alguacil y también encargado de trasladar un aviso-, e intento de agresión al alcalde. Es el primer pleito del XVI con constancia documental.
Los siguientes son de 1535 y los hay de naturaleza administrativa y malquerencias. En mayo Burgui actúa contra el fiscal, sobre despacho de información relativa a una cédula de exención de cuarteles y alcabalas otorgada por veinte años desde el 1 de enero de 1513. Tema hacendístico porque ‘cuarteles’ eran las contribuciones trimestrales que pagaba un pueblo a los gastos generales del reino y ‘alcabalas’ los impuestos del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta.
En mayo y junio de 1535 se presentan dos querellas por injurias. Juan Miguel de Burgui y Juliana de Ezquer, su mujer, pleitean contra María Pérez, mujer de Íñigo Sanz, y por otra parte Juan Alcazan y Catalina de Alcazan, su mujer, lo hacen contra Graciana Pérez, esposa de Íñigo Sanz. Lo más probable es que la esposa de Íñigo Sanz tuviera por nombre María Graciana y que en las instrucciones judiciales se le llame de dos maneras diferentes.
En 1538 Juan Miguel de Ezquer demanda a Nicolás de Echandi sobre indemnización de once ducados por muerte de un macho alquilado.

Líos en los oficios
En agosto de 1567 Juan de Gárate, herrero, pleitea ante el Consejo Real contra la villa y Domingo Blázquez, también herrero, sobre derecho a ejercer el oficio, y por vía de reconvención, monipodio y soborno para aumento de salario. La ‘vía de reconvención’ es una demanda que al contestar entabla el demandado contra quien se promovió el juicio y por ‘monipodio’ se entiende el convenio de personas que se asocian y confabulan para fines ilícitos; por lo visto no reinaba la cordialidad en la profesión.
Por su parte, Juan de Urzainqui, molinero, demanda a la villa en mayo de 1547 sobre el pago de 89 florines adeudados del salario, en tanto que dos años después Íñigo Portaz reclama a Miguel de Lecumberri, campanero, sobre el pago de 30 robos de trigo del cargo de la tabla y peaje en cumplimiento de convenio.
Quien parece que tenía la mano larga era el cantero Antón o Antonio Íñiguez. En 1553 Vicente de Navascués, vecino de Yesa, pleitea contra él sobre hurto de ropa y dinero de su casa y al año siguiente lo hace el lugar de Ayesa (Ezprogui) sobre el hurto de una yegua.
La falsificación de moneda también tiene presencia y el fiscal actúa contra Pedro Echandi en pleito ante la Corte Mayor el 27 de mayo de 1560.
Como se aprecia, la vida en Burgui no estuvo precisamente exenta de incidencias y actuaciones judiciales.
Autor del reportaje: Germán Ulzurrun Zabalza, colaborador de La Kukula
Conocido también con las grafías de Urdaspal, Urdaspar, o Burdaspar.
Lugar del municipio de Burgui, ubicado en la margen derecha del Ezka, muy cerca de la carretera que va de Burgui a Roncal, a unos tres kilómetros de Burgui.
Burdaspal es, o fue, una buena finca. Se extiende desde el barranco de Ajanda, al sur, hasta el de Ugañáin, al norte. Es una franja de aproximadamente un kilómetro de terreno llano, bueno para el cultivo teniendo en cuenta la calidad más bien precaria de las tierras de esta comarca. Al oeste confronta con el río Ezka, y al oeste con monte bajo y pinar.
“Los monjes fundadores –escribe Félix Sanz- tuvieron buen ojo para elegir el terreno de la primera abadía del valle… Hasta contaba con una hermosa fuente, la del “Caserío”, de la que los monjes podían abastecerse en el estío”.
En el centro de esta finca, a la altura de lo que hoy se denomina la “revuelta del Caserío” en la carretera hacia Roncal, a unos cien metros al este de una borda, hoy abandonada, se hallaba lo que primero fue el monasterio y después el palacio de Burdaspal.
Monasterio.- Acogió al monasterio benedictino de Urdaspal, que fue visitado a mediados del siglo IX por San Eulogio de Córdoba cuando era abad Dadilano, al que menciona en la carta que escribió a Guillesindo, obispo de Pamplona. Tuvo San Eulogio “ocasión de admirar el espíritu de humildad y obediencia que animaba a los monjes y también su cultura literaria”, según escribe Lacarra.
Todo hace indicar que el monasterio no debía de ser muy grande. Presumiblemente estaba formado por un pequeño grupo de monjes y por algunas familias de criados encargadas del ganado y de las labores agrícolas.
Poseían los monjes algún cubilar para el ganado, un molino, huerta y árboles frutales, incluso algo de viña que les servía para elaborar vino.
Conviene tener en cuenta que en aquella época la localidad de Burgui era tan sólo uno de los pequeños núcleos de población (Burgui, Segarra, Uli, Urgue, y Cortes) que hoy quedarían integrados dentro de su actual término municipal.
El monasterio se encargaba de cobrar los diezmos, primicias y oblaciones de las iglesias que había en estas cinco poblaciones.
El historiador local Félix Sanz, de Burgui, alude a que con posterioridad a la existencia de esos cinco pequeños núcleos de población, existió la iglesia de Santa María de la Cabeza, ubicada también dentro del actual término de Burgui. Y de esta iglesia nos cuenta este historiador que dicen las crónicas que en el año 1090 el abad de Urdaspal (Burdaspal), un tal Raimundo, “intentó crear, junto a este templo una nueva villa. Para ello el abad dio a un tal Gardelio y a su hijo, clérigo, dicha iglesia; pero parece que el abad trataba de imponer unas obligaciones económicas demasiado rigurosas para los posibles futuros colonos. A quienes fueron a poblar el lugar les otorgaba ‘todo lo que pudierais o pudieran labrar en esas tierras yermas o incultas, y que nos entregueis el diezmo de las mismas’. Pero a la vez exigía a los futuros súbditos otras servidumbres un tanto arbitrarias, como la de trabajar 15 días para el monasterio recibiendo durante la quincena solo pan y vino… Ante tales pretensiones parece que no hubo quien se presentara a solicitar la vecindad para esta futura nueva villa”.
El rey Sancho Ramírez hizo donación de este monasterio el 28 de enero de 1085 al de San Salvador de Leyre, por cuya cesión, después de extinguido y arruinado, se convirtió el lugar en señorío particular.
Es de suponer que desde su vinculación con Leire tuvo un templo dedicado a la advocación de San Salvador, que de alguna manera San Salvador representaba al Cristo triunfante y glorioso del Tabor y la Resurrección.
El monasterio tenía fuera del valle un par de decanías (fincas o iglesias rurales propiedad de un monasterio), que eran las iglesias de Santa María de Olaz, en el valle de Lónguida, y la de San Martín de Ologasti, en la Canal de Berdún, junto a Aso y Miramón.
Señorío.- Burdaspal fue también un señorío, con palacio de cabo de armería y de los de la nómina antigua, con llamamiento a Cortes.
Por lo general las relaciones del señorío de Burdaspal con Burgui no fueron muy buenas, pues la condición de señorío no encajaba con las ordenanzas del Valle de Roncal ni con la condición que gozan los roncaleses de hombres libres, no sujetos a señorío.
El linaje de los Burdaspal estuvo repartido fundamentalmente en las localidades de Burgui, Aoiz, y Peralta; vamos a centrarnos aquí en la rama que permaneció fiel a sus raíces, en el propio lugar de Burdaspal.
El primer dueño y señor de Burdaspal que conocemos es Juan de Burdaspal, señor de los palacios y lugar de Burdaspal, de sus términos, y de los bienes agregados de Liédena y de Burgui, quien se preocupó de vincular en mayorazgo sus bienes y apellido al otorgar carta de testamento con fecha 20 de mayo de 1543 ante Juan Pérez de Navascués, notario público y jurado del Reino de Navarra. Este documento nos permite conocer que se casó con doña Grazia, con la que tuvo los siguientes hijos: Juan (su sucesor), Salvador, Cristóbal, Catalina, Blasco (rector del señorío), Marco (fallecido sin tomar estado), y Lucía (fallecida siendo niña).
Ya en el año 1545 nos encontramos con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, e hijo del anterior. En aquél momento encontramos al hijo pleiteando con Basilio Burdaspar, rector de la iglesia de Burdaspal y residente en Sangüesa, a causa de varias posesiones, entre ellas una casa en Burgui.
Era el año 1556 cuando Miguel de Andrés, colector del valle de Roncal, se mete en un pleito con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, a causa del impago de 4 ducados y medio de cuarteles y alcabalas.
Al año siguiente, 1557, el valle de Roncal inicia un largo y complicado proceso contra el señor del palacio de Burdaspal exigiéndole el pago de cuarteles y alcabalas como cualquier vecino del valle. Este proceso se alargó nada menos que hasta el año 1643, con el resultado negativo para las pretensiones de los roncaleses, pues la Cámara y Consejos Reales de Navarra, atendiendo a que “la casa de Burdaspal a sido Casa y Palazio de Cauo de Armería de tiempo prescripto e inmemorial, de cuio principio no ha hauido ni ai memoria de ombres en contrario, y en toda la dicha Valle,, por todos los de aquella, ha sido realmente tenido por Palazio y Casa de libertad y no por ottra, no en perjuicio de la dicha Valle sino en honrra della”, tal y como quedó sentenciado en los procesos de 1565 y 1570.
En el año 1560 nos encontramos a Pedro Pérez de Urzainqui, natural y vecino de Urzainqui, envuelto en un nuevo pleito contra Juan de Burdaspar, señor de Burdaspal, “sobre pago de 34 ducados y 12 tarjas de alcance de cuentas y, por vía de reconvención, pago de 8 florines de una obligación”.
Juan de Burdaspar, y su hermano Blas, protagonizan en 1570 un nuevo pleito contra Sancho Ledea y otros vecinos de Burgui, a quienes reclama que le paguen una indemnización por los daños que los ganados de estos han causado en sus piezas.
A Juan le sucede su hermano Blas de Burdaspal, que ocupó el cargo de señor durante muy pocos años, tiempo suficiente para pactar con el Valle los derechos de peaje, correspondientes a sus jurisdicciones.
Tras su fallecimiento le sucede en el cargo Domingo de Burdaspal, Señor de Burdaspal y de Liédena que se casó con doña Águeda de Garat, en cuya casa solariega de Urzainqui nació posteriormente el famoso capitán don Raimundo Necochea de Iñiguez, que pasó a la posteridad por haber sido la persona que capturó en el Perú al rebelde emperador inca Tupac Amaro.
En 1577 el señor de Burdaspal era Fernando de Burdaspar, de quien sabemos que era hijo de Águeda de Olleta, y que compartió el título con su hermano Miguel de Burdaspal y Garat, que casó con María Fernández de Urniza (hija de Miguel y de Ana Fernández de Ardanaz).
Una multa por desacato al juez de insaculación le pusieron en 1608 al vecino de Aoiz Miguel de Burdaspar, que en ese momento ostentaba los títulos de señor de los palacios de Burdaspal y de Liédena.
Le sucede su hijo José de Burdaspal y Fernández de Urniza, que fue Diputado de las Cortes celebradas en 1642.
En el año 1630 nos encontramos con un pleito que enfrenta a Ana María Fernández, viuda de Domingo de Burdaspal, y que se autotitula señora de Burdaspal, con la villa de Burgui “sobre ejecución por 830 ducados de venta de 830 robos de trigo”.
En 1643 José de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, pleitea contra Pedro de Vergara, vecino de Urzainqui, “sobre ejecución de un vedado por 28 ducados de réditos de un censo de 120 ducados de préstamo”. Tres años más tarde contrae matrimonio con Josefa de Acedo y Romeo, de Tiebas. Residen en Aoiz.
Es en el año 1651 cuando vemos a José de Burdaspar envuelto en un pleito contra el Fiscal del Reino a causa de la“información de cédula real relativa a solicitud de acostamiento de 50.000 maravedís”. En ese momento José de Burdaspar era señor del palacio de Burdaspal (término de Burgui), del palacio de Racas (término de Navascués), del palacio de Guesaleria (en Ochagavía), y de los palaciós de Ustés y de Liédena. Concretamente los palacios de Racas, de Ustés y de Guesaleria, así como las pechas de Cerréncano, con todas sus preeminencias, derecho de asiento en Cortes y acostamiento, las recibió José de Burdaspal tras morir su tío-abuelo, Juan de Racas, sin sucesión; patrimonio este que desde entonces queda incorporado al linaje de Burdaspal.
La cédula de José de Burdaspar, fechada en Madrid el 14 de septiembre de 1653, consignaba su calidad de hijo-dalgo, noble por todos sus abolorios, e informaba que en 1638 había servido, con una compañía de cien hombres, en la villa de Burguete “los cuales levantó en la villa de Aoiz, siendo Alcalde”, y también que había asistido al sitio de Fuenterrabía.
Pero José de Burdaspar no sólo pleiteaba contra los vecinos del valle o contra el Fiscal, ni tan siquiera su propia familia se libraba. En 1665 lleva a su propio hijo ante los tribunales, que se llamaba igual que él, y que además debiera de ser su sucesor; la razón no era otra que la de que su hijo quería tomar a cuenta 700 ducados de los bienes de su mayorazgo para pagar la dote de su hermana Josefa. Le negó a su hijo el derecho de sucesión, muriendo este hijo “sin tomar estado” después de asistir a las Cortes Generales de 1677.
Ese mismo año de 1665 los vemos pleiteando contra el abad de su iglesia, Francisco Girón, a la vez que exigía ser él quien eligiese al clérigo que ejerciese en su iglesia; y en 1666, y durante trece años, José de Burdaspar mete en un proceso a su propio hermano Joaquín a causa del permiso para tomar a censo 500 ducados en su mayorazgo.
En 1672, como una prolongación del pleito que hemos visto en 1643, volvemos a encontrar un pleito que enfrenta a Martín de Arles, presbítero beneficiado de la iglesia de Urzainqui, y cesionario del urzanquiar Pedro de Vergara, con José de Burdaspar, señor de los palacios de Burdaspal (Burgui) y de Racas (Navascués) “sobre ejecución de una heredad por réditos de un censo de 80 ducados de préstamo”.
Dos años más tarde, en 1674, José de Burdaspar, en calidad de señor de los palacios de Burdaspar y de Racas, casado con Josefa de Acedo, pleitea contra Juan Antonio de Acedo, de Tiebas, sobre el pago de 2.500 ducados de dote, ofrecidos en los contratos matrimoniales. Jose de Burdaspar y su mujer vivían entonces en Aoiz.
Cuatro años después, en 1678, vemos todavía a Josefa Acedo, en calidad de viuda de José de Burdaspar, acudir a los tribunales a causa de la demanda interpuesta por su hermano, Juan Antonio Acedo, vecino de Enériz en ese momento y señor del palacio de Iriberri (Leoz); en esta ocasión el pleito era por culpa de 900 ducados de la dote.
Del matrimonio formado por José de Burdaspal y Josefa de Acedo nacieron el ya mencionado José (desheredado) y Teresa.
Así pues, doña Teresa de Burdaspal y Acedo pasa a ser la nueva señora de Burdaspal, y titular de todas las propiedades y mayorazgos que le venían por herencia. Se tiene constancia de que en 1719 hubo un proceso de doña Teresa Burdaspal y Acedo, vecina de Pamplona, dueña del palacio y señorío de Burdaspal, contra el Fiscal y Patrimonial y los jurados, vecinos y concejo de Burgui, para que estos le devolviesen cinco robos y medio de trigo que le exigieron para el pago del cuartel correspondiente a dicho palacio y señorío, por ser libres y exentos de esa contribución desde muy antiguo.
Teresa se casó con Esteban de Echeverría, capitán de Marina, de la casa de Olano, por cuyo matrimonio agregó a los suyos el mayorazgo fundado por él mismo en Pamplona.
Una vez que Teresa de Burdaspal quedó viuda hizo la distribución de sus bienes tal y como había quedado dispuesto por testamento otorgado en 1726 en la ciudad de Pamplona; y esta distribución la hizo entre los siguientes hijos: María, Fermín, y María Bernarda.
Merced a ese testamento el nuevo titular de los palacios y mayorazgos pasa a ser Fermín de Echeverría y Burdaspal(desaparece Burdaspal como primer apellido). Fermín fue Capitán de Dragones con el Marqués de Caylus, asistiendo entre otras a las acciones de Almansa, Lérida y Villaviciosa. Posteriormente, en 1738, fue nombrado Alcalde de Pamplona, en cuya fecha visitó la capital la Reina doña María Ana de Neoburg.
Se casó con Dionisia de Azpilcueta, hija del muy ilustre señor D. Antonio, Consejero de Su Majestad, y de doña Felicia de Iriarte.
De Fermín y de Dionisia nació Antonio de Echeverría-Burdaspal y Azpilcueta.
En el año 1744 nos encontramos con que Antonio de Echeverría y Azpilcueta (obsérvese que ya no utiliza el apellido Burdaspal, al menos en esta ocasión) en calidad de descendiente de la casa de Echeverría en el lugar de Olano (Valle de Ulzama) solicita de las Cortes del Reino que se acredite su nobleza; Antonio de Echeverría era en aquél momento señor de Urdaspal y de los palacios de Racax Alto, Liédena y Ustés. Desde el año anterior venía pleiteando sobre su derecho de asiento en las Cortes Generales.
Antonio de Echeverría asistió a las Cortes de 1757 y 1780; litigó con el valle de Roncal la titulación de su solar (por muerte sin sucesión de doña María Isabel de Acedo), lo que creó una situación anómala e irregular en la que llegó a perder temporalmente la propiedad.
Dentro de la segunda mitad del siglo XVIII figuraba como casero y arrendador del caserío de Burdaspal don Juan Ibañez, quien había dejado este lugar, en alquiler, al mencionado don Antonio de Echeverría y Azpilcueta, vecino este último de Pamplona y de Tafalla.
Lo cierto es que Antonio de Echeverría, tan preocupado por acreditar su nobleza, se las tuvo que ver con la Junta del Valle de Roncal en un pleitó que duró desde 1761 hasta 1798 acausa de la pretendida denominación de “palacio” a la casa de Burdaspal.
En el año 1802 todavía se mantenía como señorío.
Sobre las ruinas del monasterio se levantó una iglesia dedicada a San Salvador, que hacía las veces de abadía rural. Se sabe que a mediados del siglo XIX estaba en ruinas y que del monasterio todavía quedaban algunos vestigios.
Durante buena parte del siglo XX los lugareños conocían a Burdaspal como El Caserío, quizás –según apunta Félix Sanz en su libro “Burgui, un pueblo con historia” (2001)- en recuerdo de las casas de criados y menestrales que debío haber alrededor de este señorío.
Escudo.- Las armas del palacio y apellido de Burdaspal son: escudo de oro, fajado de cuatro de azur que, con este color, o esmaltadas de sinople, se han usado indistintamente por las diferentes familias originarias de esta casa.