Abordamos en este boletín de La Kukula el devenir de una familia de Burgui, los Labiano García, que aunque no es historia propiamente de interés público, sí lo es en la medida que es intrahistoria, es decir, es el día a día de una familia de Burgui que nos permite acercarnos a fenómenos como la emigración, las relaciones o la propiedad. Son muchos los aspectos que desconocemos, pero dejamos constancia de aquellos que, a través de diversos documentos, han permitido rescatar parte de su intrahistoria.
El apellido Labiano llega a Burgui el 19 de mayo del año 1816 al casarse Martín José Labiano Egea, natural de Arboniés, en el valle de Romanzado, con María Isabel Tolosana Armendáriz, de Burgui. De este matrimonio nacieron cinco hijos: Juana Bernarda, María Simona, José Fermín, Josefa Ramona y Agustín Labiano Tolosana.
Seguimos la pista a Agustín, quien el 25 de junio de 1855 se casa en Burgui con Eulalia Calvo Aisa, de cuyo matrimonio nacen siete hijos: María Felipa, Atanasio Cruz, Pablo, Paula Isabel, María Cruz, Gervasia y Nazario Labiano Calvo.
Vista antigua de Burgui. En el medio, dentro del recuadro, casa Molinas de los Labiano
Nazario, uno de nuestros protagonistas, nació en Burgui en el año 1874. Se casó con Bonifacia Mónica García Zabalza (nacida en Burgui el 5 de mayo de 1867 en casa Navarro, hija de Nicolás Pablo García Oset y de María Josefa Zabalza Urzainqui). Nazario y Bonifacia vivieron en casa Molinas y tuvieron cuatro hijos: Cresencio, Víctor, Asunción y Anastasia, tal y como figura en el Libro de Matrícula de la parroquia de Burgui.
Consta también viviendo con este matrimonio en 1908 Severiana García. Aunque no hemos podido confirmar este extremo, nuestra principal hipótesis es que Severiana era hija de Bonifacia, bien de un primer marido ya fallecido y también de apellido García (poco probable) o bien de padre desconocido, por lo que Bonifacia habría sido madre soltera y le habría dado su apellido García (opción más probable). Como veremos más adelante, en algunas cartas dirigidas a Severiana le reclaman la deuda “que dejó tu padre sin pagar” en alusión a la cuenta de Nazario y en otras ella misma expresa que “mis hermanos me dicen que yo haga lo que quiera (…) que ellos por el momento no piensan venir” pero hemos constatado que Severiana no era hija de Nazario, puesto que no lleva su apellido ni aparece como tal en los documentos de herederos para la venta de las propiedades del propio Nazario.
En el año 1911 Severiana ya no figura residiendo en Burgui. Sabemos que se trasladó a Francia, seguramente para trabajar como operaria en las fábricas de alpargatas de Mauleón, y que acabó casándose con alguien de apellido Bescós, cuya procedencia no hemos podido confirmar, y con quien al menos tuvo dos hijas, María y Mercedes. Severiana adopta desde entonces el apellido de su marido, firmando como Severiana Bescós en la diversa correspondencia que mantiene con sus primas de Burgui, de apellido García. Su hija María, sin embargo, consta viviendo en Burgui con sus abuelos Nazario y Bonifacia al menos en los años 1919 a 1921, con una edad de 7 años en 1919. Desconocemos el motivo de esta crianza en Burgui.
Sí que sabemos también que Severiana, junto con su marido, regentaron una tienda de frutas en Mauleón bajo el nombre de “Fruits et Primeurs, Comestibles, Bescos» (Mauléon-Soule, Basses-Pyrénées)” según reza en el membrete de varias cartas enviadas a Burgui, pasando a ser posteriormente “Veuve Bescos” al enviudar. Su hija Mercedes por lo visto es la que siguió el negocio de la tienda hasta su cierre final.
De los cuatro hijos del matrimonio entre Nazario y Bonifacia tenemos la siguiente información:
–Anastasia, la mayor de los hermanos, nace en Burgui hacia 1894 y en 1921 no consta ya en Burgui. Sabemos que emigró a Francia y por la época bien pudiera haberlo hecho para trabajar en las fábricas de alpargatas de Mauleón, si bien no tenemos constancia documental de su registro. Casada con M. Melgar, tuvo un único hijo, Mateo-Germain Melgar, nacido en Tarnos (Landes) el 17 de agosto de 1923.
–Cresencio (así consta en acta del Registro Civil, pero en otros documentos figura como Crescencio) nació en Burgui el 19 de abril de 1901 y en el año 1920, con 19 años de edad, emigra a Argentina junto con su hermano Víctor y un amigo, Cesáreo García, que bien pudiera ser familiar por parte de su madre Bonifacia. El primer destino de los tres fue en la Patagonia como pastores de ovejas. Se casó con Matilde Ida Marty y tuvo dos hijas: Belquis Mildred y Raquel Sara.
Cresencio Labiano García (Burgui, 19/04/1901 – Tres Lomas, Argentina, 18/04/1983)
–Víctor, nace en Burgui en 1903 y junto con su hermano Cresencio emigra a Argentina en 1920 con 17 años de edad. Allí se casó con Magdalena Cúneo y tuvieron cuatro hijos: Zulma (20/03/1934, casada con Horacio Osvaldo Recofsky), Nazario Jorge (03/11/1935, soltero, recibe el nombre de su abuelo), Mª Luisa (19/08/1938, casada con Ricardo Lucero) y Juan Víctor (01/08/1939, soltero).
Víctor Labiano García (Burgui, 1903 – Argentina)
–Asunción, nace en Burgui en 1904 y emigra también a Francia, seguramente bien joven junto con su hermana mayor Anastasia para trabajar en las fábricas de alpargatas de Mauleón, si bien en algún momento posterior se le sitúa viviendo en Bayona. Se casó con Xabier Lafitte (11/09/1907, Hendaye) y tuvieron una única hija, Jacqueline Noélle.
Nazario y Bonifacia, los padres, quedaron por lo tanto viviendo solos en Burgui, pues sus dos hijos emigran a Argentina en 1920 y sus dos hijas a Francia también en los años veinte. Pocos años más tarde, el 17 de julio de 1924, fallece Bonifacia a la edad de 57 años.
Nazario, viudo con 50 años, contrae segundo matrimonio con María Isabel Glaría López, nacida en Burgui el 2 de julio de 1877 y también viuda, de Ángel Bronte, de Burgui. De este matrimonio entre María Isabel y Ángel había nacido su única hija, Eusebia Bronte Glaría, en el año 1904. Tras quedar viuda María Isabel, figura viviendo con su hermano soltero Francisco durante unos años en casa Foroso.
María Isabel junto con su hija Eusebia, llamadas “las forosas”, se trasladan por lo tanto a vivir con Nazario Labiano a casa Molinas a partir de su matrimonio en 1926. A Eusebia, además, se le conocía como “la manca forosa” por haberse quedado curra de niña tras una caída desde el muro de la carretera al pedregal según nos ha llegado de testimonios orales recogidos en Burgui.
Nazario y María Isabel, junto con la hija de esta, convivieron por lo tanto en casa Molinas de Burgui durante una década aproximadamente, puesto que en el año 1936 fallecen ambos. Nazario muere el 14 de agosto de 1936 a la edad de 62 años y cuatro meses más tarde lo hace María Isabel, el 28 de diciembre de 1936 a los 59 años. Eusebia continúa por un tiempo viviendo sola en casa Molinas pero no siendo la heredera abandona el pueblo con 32 años de edad para trasladarse supuestamente a Pamplona donde fallece el 22 de septiembre de 1968.
Queda la vivienda de casa Molinas vacía y desocupada y no será hasta comienzos de los años 40 cuando se ocupe en régimen de alquiler por Donato Mendive Tolosana (viudo de Dominica Bertol Ayerdi) con sus cinco hijos Pepita, Iluminada, Florentina, Eladio y Fidelio. Será Pepita, la hija mayor, la que acabe residiendo en esta casa tras casarse con Inocencio Ayerra Garate y tras 50 años en régimen de alquiler, se adquiere en 1992 la propiedad de la casa, el pajar Molinas y varias fincas a los descendientes de los cuatro hijos herederos de Nazario Labiano (Anastasia, Cresencio, Víctor y Asunción).
Nazario Labiano:
Poco sabemos de la vida cotidiana de Nazario, más allá de que apenas recibió formación escolar (en algún documento se indica “por no saber firmar”) y que de profesión era “labrador” y, tal vez, almadiero. En el acta fundacional de la Hermandad de Nuestra Señora del Camino de fecha 8 de septiembre del año 1897 figura en el listado de los Hermanos de dicha cofradía en la unidad familiar número 44 junto con su padre Agustín Labiano y su esposa Bonifacia García. En el año 1902 continúa formando parte de la Hermandad con su mujer Bonifacia, entendemos que su padre ya habría fallecido. Sin embargo en el año 1903 consta pendiente de pago una multa “que hay que cobrar sin la cual no se puede continuar en la Cofradía”. La multa (de una vela de media libra en 1897 y actualizada a 4 pesetas en 1902) hace referencia a la “obligación de asistir por parte de los hombres a la ermita el día del aniversario de los cofrades difuntos, salvo enfermedad o ausencia del pueblo”.
Años más tarde, según acta de la sesión ordinaria de fecha 3 de noviembre de 1918 del Ayuntamiento de Burgui, se da cuenta de la “instancia presentada por don Nazario Labiano solicitando un trozo de terreno para la construcción de un pajar en el término de Izabarroba perteneciente a este municipio” acordándose que “poseyendo en dicho paraje este ayuntamiento un buen trozo de terreno, solicitar de la Exma. Diputación la autorización competente para que este ayuntamiento pueda enajenar cuantas parcelas se soliciten con destino exclusivamente para edificaciones por cuanto dicho terreno ni da ni puede dar otros productos al municipio. Figuran «ingresadas por D. Nazario Labiano por importe de una parcela comprada al ayuntamiento según recibo que le acompaña de 93 pesetas con 75 céntimos». Se trata del actual pajar conocido como el de Molinas en el término de Sitxea.
Sí que hemos localizado sin embargo diversos documentos, la mayor parte de ellos posteriores al fallecimiento de Nazario, relacionados con reclamaciones o reconocimientos de deudas. Los documentos fechados en vida de Nazario los firma en su nombre Eusebia Bronte (la hija de su segunda mujer) “por no saber firmar”. Tras su fallecimiento, algunas de las reclamaciones se dirigen a Severiana García en alusión a la deuda contraída por su padre (quien, como ya hemos indicado, no era su progenitor). Y en los últimos documentos las deudas las satisface inicialmente Úrsula García (sobrina de su mujer Bonifacia) y posteriormente el hijo de Úrsula, Juan Urzainqui. Serán Úrsula y Juan, como familiares más cercanos, quienes recauden la renta del alquiler de la casa y el pajar de Molinas, gestionen los aprovechamientos forestales, atiendan los pagos pendientes y mantengan el contacto con los herederos de Nazario Labiano.
Estos son algunos de los escritos relacionados con los reconocimientos y reclamaciones de pagos:
Yo, Juan Bernardo Mainz, he recibido de Nazario Labiano los intereses que improntan de la escritura que tiene contraída con fecha 29 de junio del año 1928. Son 19 pesetas.
Yo, Nazario Labiano, mayor de edad, casado, labrador y vecino de la villa de Burgui pagaré a Coronado Glaría, viudo y vecino de la misma villa, la cantidad de quinientas pesetas que le debo por una cuenta de trabajar para mi arrastrando madera del monte de Gabarre, en el término de Salvatierra provincia de Zaragoza, y por no poderle pagar en esta fecha, me conformo abonarle un rédito del seis y medio por ciento hasta hacer efectivo el pago. La cantidad de maderos arrastrados son 250 al precio de 2 pesetas. Y para que conste donde convenga lo firmamos en Burgui a 30 de octubre del año 1933. A ruego de Nazario Labiano por no saber firmar lo firma Eusebia Bronte de la villa de Burgui y de la misma familia.
Yo, Nazario Labiano, declaro que a Juan Bernardo Mainz, casado con Justa Pérez, vecinos de Burgui y ya difuntos, quedé adeudando al tiempo de su fallecimiento la cantidad de doscientas cincuenta pesetas y que no habiéndola pagado, sigo adeudando esa cantidad a quien resulte ser el dueño de ese crédito y tenga derecho a cobrarlo. Burgui, a 17 de junio de 1937. Firman Eusebia Bronte y, por orden, Pruden Alastuey. (Curiosamente, en esta fecha ya había fallecido también el propio Nazario).
Ha recibido la Sociedad La Burguiesa de Doña Úrsula García por una deuda que debía Don Nazario Labiano la cantidad de trescientas setenta y cinco pesetas. Para que conste, en Burgui a cuatro de enero de 1943. Por orden del Presidente, Juan Alastuey, cobra el Expendedor, Jorge Glaría.
Carta que dirige Félix Avizanda con fecha 9 de octubre de 1949 y membrete de “Ultramarinos, tejidos, paquetería, ferretería, muebles y vinos” a Doña Severiana, indicando que “hace 22 años que está la cuenta que dejó tu padre sin pagar y en el documento reconoció la cuenta y se comprometió a pagar el 6% de interés al año, causa por la cual hoy asciende la cuenta a la nota última que se remitió. Como no estoy dispuesto a tener esta cuenta pendiente de cobro más tiempo, si seguidamente no remites su importe la pongo en el juzgado y entonces pagarás con creces lo que sea. Estoy de cuentas viejas tan aborrecido que ya no transijo más con nadie. Espero seguidamente tu resultado para obrar en consecuencia”. Tres meses más tarde, el 17 de enero de 1950 redacta documento indicando que “he recibido de Don Juan Urzainqui la cantidad de 1.339 ptas., importe de la cuenta de Don Nazario Labiano, incluidos los intereses desde el año 1928 hasta el día 17 de enero de 1950”.
El 28 de julio de 1950, Coronado Glaría firma que recibió de Juan Urzainqui, vecino de Burgui, la cantidad de mil pesetas por rastrar maderos del finado Nazario Labiano del término de Pintano.
En el año 1957 habiendo llegado a un acuerdo los propietarios de la casa que habitan Dña. Celedonia Pérez e hijos y los herederos de D. Nazario Labiano para el arreglo de la cubierta de dicha casa y después de efectuado el trabajo hacemos la lista del importe total de material y personal invertidos que son los siguientes: Celedonia Pérez: de madera 500 pts., de clavos 7 pts., de tejas 45 pts. y 4 peonadas 260 pts., total 812 pts.; Pablo Lacasia, albañil:de clavos 64 pts., de tejas 31,25 pts. y 2 ½ peonadas 162,5 pts., total 257,75 pts.; Juan Urzainqui, 2 ½ peonadas 162,5 pts. Importe total: 1.232, 25 pts. Y para que conste expiden el presente documento el 16 de septiembre de 1957 firmando Juan Urzainqui, Pablo Lacasia y Braulio Garate. Haciéndose cargo Dña. Ursula García de efectuar los pagos que quedan por la parte de herederos de D. Nazario Labiano. Quedan conformes y liquidados de dicha cuenta presentada ante su vista firmando seguidamente Celedonia Pérez Yriarte.
Aclaración: una parte de todas las plantas de casa Molinas se localizaban bajo las plantas superiores de casa Lupercio (propiedad de Celedonia Pérez) por lo que los gastos del tejado en común eran para sufragar por ambas familias. Desconocemos el momento en el que el edificio se separó en dos.
Anotaciones de otros pagos realizados por Úrsula García:
-Por arreglar la canal del pajar, cemento para la misma, entrego a Eusebio Tolosana 29 pts.; por arreglar el tejau que entraba el agua al pajar de el tejau por aber puesto mal las tejas, 47 pts. a Pablo Lacasia y tejas 29 pts.; por arreglar la chiminea, cemento para la misma, 49,90 pts.
-cuenta de Nazario Labiano que tiene pagada Ursula de retrasos de la contribución, 590,75 pts.
-pagadas “por migo” en la Cooperativa 375 pts.
También al recaudar, anotaba “Estas 200 pts. son para pagar a los de Molinas, cobradas del alquiler de la casa”.
Hay que recordar que los dos hijos de Nazario emigraron a Argentina y las dos hijas a Francia hacia los años 20. Sin embargo, en la correspondencia que en los años 50 mantiene Severiana con sus primas Ursula y Lorenza en Burgui (familiares directos por parte de su madre Bonifacia) es la propia Severiana la que, aun siendo hijastra de Nazario, da indicaciones para actuar en relación a las deudas que existen en el momento.
Así, por ejemplo, en carta remitida por Severiana desde Mauléon a su prima Ursula García con fecha 4 de noviembre de año desconocido, indica que “aze algunos días os mandé una carta el permiso para vender los pinos, no sé nada, por favor después que los bendais pagarle pronto Almazán” (en relación al requerimiento de Félix Avizanda, pues la casa y tienda se llamaba anteriormente Almazán). Añade “me diréis también quien bibe en la casa, darme notizias de todo, mis ermanos me dizen que yo aga lo que quiera de todo eso que ellos por el momento no piensan venir i si bienen sería solo para bernos a nosotras pero no será seguro”. Acaba diciendo, después de enviar saludos a toda la familia, que “de buena gana os mandaría azúcar para este inbierno pero no sé con quien” (a recordar que regentaban tienda en Mauleón).
En otra carta enviada también desde Mauleón con fecha 18 de noviembre de año no indicado, Severiana Bescós se dirige en este caso a su prima Lorenza y demás familia e indica “de lo que nos dizes que quieren embargar todo diles al que tiene el pajar que te pague. Con eso pagas las contribuciones, que nadie toque nada hasta que nosotras bayamos”.
Cresencio Labiano:
Poco sabemos sobre la formación escolar recibida por Cresencio (hijo mayor de Nazario y Bonificia) en Burgui pero era un hombre sumamente culto y de una grafía impecable. De acuerdo a sus relatos, en Burgui desempeñó el trabajo de almadiero, oficio que le causó fuertes dolores reumáticos en los años posteriores. Apenas tenía 19 años cuando embarcó en el puerto de Burdeos (Francia) a bordo del Aurigny, buque de pasajeros y carga de la compañía francesa Cie des Chargerus Reunis y construido en 1918. Cresencio abandonó Burgui junto con su hermano Víctor y su amigo Cesáreo García, posiblemente familiar por parte materna. Llegaron al puerto de Buenos Aires el 9 de septiembre de 1920.
Desconocemos si en Argentina tenían ya algún familiar o conocido que les acogiera y recomendara, lo cual era bastante habitual en aquella época y un aliciente para emprender el viaje. En cualquier caso, se trasladaron a la Patagonia argentina, a la provincia de Río Negro, donde ejercieron de pastores ovejeros al sur del río Salado. Tal vez el escenario de la Cordillera de los Andes les permitía recrear y recordar el majestuoso paisaje del Valle del Roncal y su querido Burgui natal.
Matrimonio de Cresencio Labiano García con Matilde Ida Marty (Argentina, 17/11/1934)
Posteriormente, Cresencio trabajó en un tambo (establecimiento ganadero destinado al ordeñe y comercialización de leche de vaca) en la zona de Curumalán, provincia de Buenos Aires. Con sus ahorros logró ser propietario de una finca en el pequeño pueblo de Arroyo Corto, donde contrajo matrimonio el 17 de noviembre de 1934 a la edad de 33 años con Matilde Ida Marty de 25 años, argentina, hija de padres franceses. En ese mismo año compró 170 hectáreas en la zona de Garré, provincia de Buenos Aires, que dedicaría a la explotación agropecuaria. El 21 de septiembre de 1935 nació su hija mayor, Bélquis Mildred y dos años más tarde su segunda hija, Raquel Sara. De sus hijas tuvo seis nietos.
En el campo de su propiedad construyó una confortable vivienda que habitó hasta 1973, año en que alquiló su propiedad rural al esposo de su hija menor y, ya jubilado, se trasladó a otra propiedad adquirida en el pueblo de Tres Lomas. A pesar de que sus días transcurrían en el campo no fue impedimento para desarrollar una rica vida social, siendo un vecino querido y respetado. Así, en el año 1953 junto a un grupo de chacareros (granjeros de la pampa argentina) fue miembro fundador de la Cooperativa justicialista agropecuaria de Bahía Blanca, filial Garré.
Cresencio falleció en Tres Lomas el 18 de abril de 1983, cuando ya tenía dos bisnietos. Hasta su muerte mantuvo contacto por correo con su hermana Asunción que también había emigrado de Burgui, en este caso a Francia. Nunca pudo volver a su querido Burgui, aunque siempre alimentó esa esperanza, y su pueblo natal permaneció vivo y presente en sus innumerables relatos.
Su bisnieto Federico García Buhlman, junto con otros familiares, posee actualmente una planta embotelladora de agua mineral natural que comercializa bajo la marca «Burgui» desde el sur de Buenos Aires hacia la Patagonia. El nombre rememora el origen de su bisabuelo Cresencio por razones afectivas, así como por la pureza de las aguas del río Esca. Federico es también el dueño de una escudería de coches de carreras de 6 cilindradas patrocinada por la marca Burgui, llevando el nombre del pueblo de su antepasado visible en sus coches.
Agua mineral natural Burgui, comercializada en Argentina por descendientes de CresencioCoche de carreras de 6 cilindradas patrocinado por la marca de agua Burgui, Argentina.
Las investigaciones y contactos realizados por La Kukula para la elaboración de este reportaje han permitido, caprichosa y sorprendentemente, que algunos de los descendientes de Cresencio y Víctor Labiano que ya se conocían por motivos profesionales hayan descubierto ahora que en realidad son familia.
Agradecemos a todas aquellas personas que nos han transmitido documentos, fotografías y testimonios que nos han permitido elaborar este reportaje en memoria de la familia Labiano García. Confiamos que con el paso del tiempo surjan nuevas aportaciones que nos permitan seguir conociendo su intrahistoria.
Figura documentado que ya a finales del siglo XIX existía en Burgui un hospedaje conocido como «Fonda Lampérez» en la casa del mismo nombre y que estuvo regentado por Antonio Lampérez. Con el paso del tiempo este establecimiento tuvo diferentes propietarios que cambiaron su nombre, siendo denominado después fonda Larequi y finalmente fonda Ayerra.
En este boletín vamos a centrarnos principalmente en los orígenes de la fonda, más inciertos y menos documentados, y en su etapa como fonda Larequi, dados los numerosos documentos, fotografías y testimonios a los que hemos tenido acceso. Dejamos para un boletín posterior la última etapa como fonda Ayerra, de la que también disponemos de numeroso material.
Casa Lamperez comprendía en aquella época los edificios que actualmente ocupan la antigua fonda Ayerra con su patio y las viviendas de los hermanos Sanz Zabalza con su huerto. Era por lo tanto una casa de grandes dimensiones con amplios espacios que concedían servicios adicionales al establecimiento.
Vista del pueblo de Burgui con casa Lampérez en el centro con patio y huerto hacia años 30
Sabemos que el tal Antonio Lampérez, cuyo apellido familiar da nombre a la casa y a la fonda inicial, nació hacia 1840 y que se casó en segundas nupcias con María Alastuey el 14 de julio de 1891. Ya viudo, falleció en 1920 a los 80 años de edad. Ya en 1886 figura regentando una abacería, una especie de tienda donde se venden al por menor productos no perecederos como aceite, vinagre, legumbres secas, bacalao…Con mucha seguridad existiría también ya el negocio de la fonda en la vivienda, desconociendo su origen. En 1908 gestionaba también con otros el molino harinero, así como una de las cuatro tiendas de comestibles.
En el Libro de Matrícula de la Parroquia de Burgui del año 1908 figuran viviendo Antonio Lampérez (unos 70 años, ya viudo de María Alastuey) con Sebastiana Urzainqui Recari (23 años), Cándida como «criada» y Pascual Ramón Alastuey (posiblemente familiar de María). Y un año más tarde en 1909 se añade al censo de casa Lampérez un nuevo miembro, Guillermo Larequi (33 años). De Guillermo y Sebastiana sí que tenemos más información si bien desconocemos qué relación les unía con Antonio Lampérez. Tal vez siendo viudo y sin descendencia, con un comercio de tienda y seguramente ya de fonda, era práctica habitual en aquella época que donaran sus bienes a una persona o matrimonio a cambio de que se hicieran cargo de él hasta su muerte, e incluso podría haber algún vínculo familiar entre ellos que desconocemos.
Guillermo Larequi Hualde, nació en Burgui en 1876 posiblemente en casa Larequi o Bidangoztar, falleciendo en Burgui el 24 de septiembre de 1929 a los 53 años de edad. En 1916 figura como alcalde. Sabemos también que emigró durante unos años a Chile y Venezuela, regresando con cierta fortuna.
Sebastiana Urzainqui Recari, nació en Burgui en 1885 en casa Mastuzarra, hija de Domingo Urzainqui Garate y Sebastiana Rosalía Recari Glaría, falleciendo el 17 de mayo de 1955 a los 70 años de edad.
Sebastiana Urzainqui Recari y Guillermo Larequi Hualde
Guillermo y Sebastiana regentaron por lo tanto los negocios de la tienda y fonda de casa Lampérez, conviviendo con el propio Antonio Lampérez hasta su fallecimiento en 1920. A lo largo de los años tuvieron siete hijos: Eugenio; dos niñas gemelas, María de Sancho Abarca y María Antonia de Sancho Abarca, que fallecieron en los primeros años de vida; Mario; Máxima; Antonio y María Socorro.
Hay que indicar que la Virgen de Sancho Abarca se encuentra en Tauste y que era muy venerada por los pastores trashumantes roncaleses. Sebastiana, la madre, era nacida en casa Mastuzarra, con una importante tradición ganadera y trashumante, muy relacionada por lo tanto con dicha advocación.
Hermanos Larequi Urzainqui: Eugenio con gafas, Máxima, Mario, Antonio y María.
A lo largo de los años figuran varias criadas en el censo de casa Lampérez, personal por lo tanto al servicio del negocio viviendo de forma habitual en la propia casa. Así, nos encontramos a Cándida (1908), Nicolasa Turrillas e Inocencia Espiga (1912), Ursula Castillo (1913), Isidora López (1915), Lucía Miano y Bernardina Arrese (1917) o Margarita Bueno (1918).
La fama de Sebastiana como cocinera era muy reconocida y apreciada. Hay constancia de que hacia los años 20 Guillermo y Sebastiana alquilaron la fonda a una familia de Isaba y se trasladaron todos a Pamplona, donde regentaron el conocido restaurante Europa. Sin embargo, Guillermo enfermó y regresaron de nuevo a regentar su propio negocio de tienda, fonda y restaurante en Burgui.
Guillermo fallece en el año 1929 y al frente de los negocios se queda Sebastiana con la ayuda de los hijos y las sirvientas que va contratando a lo largo de los años.
El documento más antiguo relacionado con esta nueva época está datado en Burgui el 7 de junio del año 1941 pero sin embargo nos da información de años anteriores. En él, Sebastiana Urzainqui como propietaria de la fonda instalada en la calle Mayor nº 44 y en cumplimento de la orden del Ministerio de la Gobernación de abril de 1939 declara bajo juramento que desde el año 1900 funciona la expresada fonda y que en el año 1939 se dio cumplimiento a la referida orden en solicitud de ser incluida en la categoría que le corresponda y que los precios en pesetas que regían el 16 de febrero de 1936 eran los siguientes:
Imagen de la fonda de casa Lampérez en su fachada hacia la plaza del pueblo de Burgui
Unos años más tarde, el 6 de febrero de 1948 se le concede autorización a Sebastiana Urzainqui para ejercer la industria de hospedería como «posada» disponiendo de 15 habitaciones, una capacidad de 25 personas y siendo los precios de 4 pesetas por habitación, 12 pensión completa, desayuno 1,5, almuerzo 8,00, comida 8,00, garaje 3,00. En otros documentos de esta época se hace referencia a «Posada Urzainqui» y no ya Lampérez.
El 17 de mayo de 1955 fallece Sebastiana Urzainqui Recari, a la edad de 70 años.
El 26 de junio de 1957 ante José Gabriel Erdozain Gaztelu, abogado y notario del Ilustre Colegio de Pamplona con residencia en Sangüesa, compareció Máxima Larequi Urzainqui, mayor de edad y soltera, sin profesión oficial y vecina de Burgui, para otorgar escritura de aceptación y manifestación de herencia. Expone que su madre Sebastiana falleció en Burgui el 17 de mayo de 1955 bajo su último testamento otorgado con fecha 18 de marzo de 1955 en el que «instituye heredera a su hija Máxima a quien impone la obligación de tener en la casa a sus hermanos Antonio y María Socorro, proporcionándoles alimento siempre que trabajen en su beneficio lo que les permitan sus fuerzas, dotándoles cuando tomen estado o salgan de casa voluntariamente y de un modo definitivo según las posibilidades de la misma». Expone también que los bienes objeto de tal testamento constan de «una casa sin número cuya fachada principal da a la calle Mayor, consta de planta baja y dos pisos, con un pajar, patio y un huerto, todo lo cual mide en una superficie de cuatrocientos setenta metros y cincuenta centímetros cuadrados. Linda por la derecha saliendo con paso público; por izquierda con plaza de la villa; y por su espalda con era de Juan Melchor Elizalde.
El 16 mayo de 1958 Máxima Larequi Urzainqui presenta solicitud ante la Junta de Catastro de Burgui para que si es conforme se le de de alta en el ejercicio de «café público» ocupando para ello un local de la casa número 44 de la calle Mayor del pueblo de Burgui.
De izquierda a derecha, Máxima, María, ¿? y Antonio Larequi Urzainqui en balcón, 1958.
El 16 de febrero de 1960 Teodosio Iglesias Alvarez, Inspector Secretario de la Junta Municipal de Sanidad de Burgui, certifica haber sido requerido por la señorita Larequi para hacer una visita de inspección, resultando que dicha posada se encuentra en perfectas condiciones higiénico sanitarias para seguir dedicándose a la industria que posee.
El 22 de febrero de 1960, Máxima Larequi solicita al Director General de Turismo que habiendo fallecido su madre Sebastiana propietaria de una industria de hospedaje sita en la casa nº 44 de la calle Mayor de Burgui y calificada como posada y teniendo el proyecto de continuar con el ejercicio de la misma, ruega se sirva concederle la oportuna autorización clasificando al efecto su industria en una de las categorías establecidas en la Orden Ministerial de 14/06/1957. En otros documentos de esta época se hace ya referencia a «Posada Larequi» adoptando el apellido familiar.
El 16 de marzo de 1960 el Gobernador Civil de Navarra dirige escrito al Delegado de Información y Turismo por el que «de conformidad con lo interesado en su atento escrito de 29 de febrero pasado tengo el honor de participarle que Dña. Máxima Larequi Urzainqui, a quien se refiere en el mismo, según me informa la Guardia Civil, es persona de buena conducta en todos los aspectos, carece de antecedentes político-sociales y está considerada como adicta al actual Régimen, dedicándose en la actualidad, en unión de una hermana y un hermano, a la explotación de una industria de hospedería en Burgui».
El 18 de marzo de 1960 se redacta por la Dirección General de Turismo, dependiente del Ministerio de Información y Turismo, un informe técnico sobre el hospedaje denominado «Posada Larequi», sito en el número 44 de la calle Mayor de Burgui, a petición de Máxima Larequi Urzainqui, propietaria del hospedaje. Indica que se trata de un emplazamiento céntrico, al pie de la carretera general a Pamplona. Funciona a régimen de pensión completa, con entrada y vestíbulo ancho, con pasillos de un metro de anchura y recepción situada en la primera planta. Añade que dispone de tres comedores: dos de una mesa extensible capaces cada uno para nueve personas y el otro de tres mesas para cuatro personas. Disponen los comedores de sillas y mesas de madera, suelos de baldosa, paredes a la cal los dos primeros y al óleo color ocre el tercero. Todos en la planta primera y con luz eléctrica corriente. En dicho informe se indicaba que «es una de las casas acreditadas en la región por su buena mesa».
No dispone de «salón» como tal pero sí de un «patio y huerta con arbolado y flores, de unos 290 metros cuadrados cada uno». El hospedaje cuenta con diez habitaciones todas exteriores y muy amplias, con camas, mesillas, armarios y sillas de madera, modernas. Suelos de madera lustrada, paredes y techos a la cal, luz eléctrica y sin agua corriente. Existe un baño en la planta primera con water y lavabo.
Dispone el establecimiento de un teléfono general con el número 7. El informe recoge también la calidad del mobiliario como corriente en buen estado; cubertería, abundante y plateada; alfombras, corrientes; cristalería, corriente; lencería, de algodón y crepe; buenos colchones de lana del país; visillos, corrientes; camas de madera modernas; somieres metálicos; muebles armarios de luna y en buen estado.
Mario Larequi Urzainqui con motocicleta en patio de casa Lampérez, ya posada Larequi.
Respecto a la cocina, se encuentra en la planta primera, es muy amplia y bien ventilada. Dispone de fregadera y cocina adosada del tipo de las «económicas». Suelo de baldosa, zócalo de azulejo blanco hasta una altura de 1,20 metros, el resto de las paredes y el techo a la cal blanca. Cuenta con batería abundante de porcelana y aluminio reforzado. Se indica también que existe una bodega en el sótano.
La calidad de la limpieza general es buena, con suelos encerados y bien fregados. La calidad de los servicios se cataloga como «muy buenos», siendo dos hermanas las que prestan los servicios en el hospedaje de forma habitual toda la jornada y con experiencia hotelera. El alojamiento permanece abierto todo el año y utilizan principalmente el hospedaje transportistas y viajantes de comercio. En tiempos de almadías Burgui era parada de etapa por lo que trabajaban también mucho con los almadieros. Es sabido además que al menos desde el año 1931 estuvo alojado un huésped del propio pueblo, José Recari Pérez, de casa Txinko, hasta que falleció de forma repentina en 1954.
El inspector diplomado hace constar como otras características a señalar «patio y huerta amplísimos» y finaliza el informe describiendo la clasificación que merece este hospedaje como «casa de huéspedes» a juicio de quien suscribe el informe, de firma ilegible.
María Larequi Urzainqui posando con traje de roncalesa junto con un vehículo Ford
El 3 de junio de 1960 se recibe informe técnico del delegado provincial del Ministerio de Información y Turismo, Jaime del Burgo, por el que se concede al establecimiento la categoría de «casa de huéspedes».
El 23 de febrero de 1961 se produce la venta de una parte del edificio y el patio por parte de Máxima Larequi Urzainqui a los compradores Petra y Gregoria Salvador Ustés, hermanas, y a José Ayerra Gárate, marido de Gregoria, a partes iguales, que continuarán con el negocio de fonda y restaurante, a la vez que abrirán el Bar La Alegría en los bajos de la casa. La otra parte del edificio, junto con el huerto, fue adquirida por los hermanos Sanz Zabalza, de casa Larrambe, para su conversión en viviendas.
Las hermanas Máxima y María Socorro, ambas solteras, se trasladaron tras la venta a Zaragoza y abrieron la fonda La Navarra, en la zona del Portillo, alcanzando también en la capital aragonesa una fama de cocineras de categoría. En dicha fonda, como recuerdo a sus orígenes, lucía una vidriera con el escudo del Valle de Roncal.
Del resto de hijos, Antonio permaneció en Burgui al casarse con Leonila, de casa Gambra. Por su parte, Eugenio (tocaba el piano y era organista de la iglesia de Burgui) se casó con María Gárate, de casa Portalatín, y fijaron su residencia en Pamplona. Y finalmente Mario, se casó con Angelita Echeverría Mezquíriz, maestra que estaba destinada en Burgui y hospedada en la propia fonda, lugar donde se conocieron si bien acabaron viviendo en Barcelona.
Agradecemos la documentación e información facilitada por Antonio María y Mayte Larequi, descendientes de la familia, así como a todas aquellas personas que nos han compartido sus recuerdos para poder elaborar este reportaje. Del mismo modo, nuestro agradecimiento al Archivo Contemporáneo de Navarra por facilitarnos el acceso a los diferentes documentos que conforman el expediente de este alojamiento.
Inauguración de los trabajos de abastecimiento de agua a Burgui en abril del año 1953
Actualmente es difícil imaginar que en nuestras casas no hubiera agua corriente para el consumo, el lavado de ropa o la higiene personal, pero no hace tantos años que nuestros antepasados debían acudir a por agua a la fuente del Batán, al río Esca o al barranco de Txares para poder satisfacer estas necesidades básicas en sus viviendas. El agua era transportada en radas o herradas, la mayor parte de las veces portadas sobre las cabezas de las mujeres. Tan solo se libraban de este trabajo diario las cuatro casas que disponían de un pozo en propiedad: Ganare, Gambra, Laspidea y Txinko, este último procedente de agua de lluvia.
Fechada en Pamplona un 20 de agosto de 1943, Pascual Arellano, Ingeniero de Caminos, redactó una memoria planteando el abastecimiento de agua para el pueblo de Burgui. Ante el habitual consumo de agua procedente del propio río, indicaba que «las aguas del río Esca bajan turbias durante mucha parte del año, tienen desagradable aspecto, mal sabor y un posible riesgo sobre todo en estiaje de hallarse contaminadas. Su temperatura varía con la del ambiente, siendo ello un grave inconveniente en los días cálidos«. Además de lo expuesto, argumenta que en caso de recurrir a estas aguas para abastecer al pueblo «sería preciso depurarlas y elevarlas a unos cuarenta metros para poder abastecer la parte alta del pueblo».
Los citados inconvenientes obligaron por lo tanto a pensar en otra solución que «aunque costosa, es la que siempre reúne más ventajas». Indica Pascual que «la existencia de dos manantiales a unos tres y medio kilómetros del pueblo que permiten un abastecimiento en inmejorables condiciones higiénicas nos ha decidido a proyectar la utilización de sus aguas por conducción forzada». Añade que «las aguas bajo el punto de vista de pureza son excelentes, a la vista del certificado de análisis, estando situados los manantiales en terreno comunal. en los sitios denominados Miscala y Aguyo».
Depósito de captación de aguas construido en el manantial de Miscala
Ambos manantiales se localizan próximos a la carretera en dirección al puerto de Las Coronas y desembocan en el de Txares. Actualmente el abastecimiento se realiza solo desde el barranco de Miscala, el otro debió destruirse tras una riada. Los aforos calculados para un mes de octubre de la época eran de 0,555 litros por segundo para el manantial de Miscala y de 0,310 para el de Aguyo. La tubería proyectada para la conducción hasta el depósito regulador fue de fundición de 50 milímetros de diámetro y se calculó un consumo de caudal máximo diario de 66,605 metros cúbicos para una población de 770 habitantes, lo que nos da el dato del número de vecinos existentes en Burgui en ese año.
Un depósito regulador recibía las aguas de la conducción, con dos departamentos diferenciados y una capacidad total de 216 metros cúbicos. Se proyectó con una cubierta de hormigón en masa con objeto de «acatar de este modo las disposiciones vigentes sobre la restricción del empleo de hierro«. Es de suponer que por la Segunda Guerra Mundial y el aislamiento sometido al país, el escaso hierro disponible iría destinado a otros usos regulados por normativa.
Imagen actual del exterior del depósito de aguas construido en 1952
Se ubicó bajo el trazado de la carretera, muy próximo a la ermita de la Virgen del Castillo, y sus restos, ya sin uso actual, aun pueden contemplarse a día de hoy. Sobre la puerta de este depósito figura la fecha de 1952, que entendemos se trata de la fecha de finalización de los trabajos.
Imagen actual del interior del depósito de aguas construido en 1952
En esta memoria de 1943 se incluía la colocación en la red de 24 hidrantes o tomas de agua diseñadas para proporcionar un caudal considerable en caso de incendio. En cuanto a su emplazamiento se indicó «que no los separa una distancia constante porque la urbanización de estos pueblos aconseja dentro de la economía, la elección de puntos adecuados para su ubicación».
Se fijaron asimismo diferentes llaves de paso «necesarias para la localización de averías y la no interrupción del servicio más que en corto espacio de la red«. El presupuesto de ejecución material del abastecimiento ascendía a 213.231,86 pesetas (incluía arquetas, zanja, tubería de conducción, depósito de carga, tubería de distribución y registros para acometidas a las casas) y el presupuesto de contrata a 247.348,96 pesetas.
En el anejo a la memoria se suponía una subvención del Estado para la realización de estas obras de 150.000 pesetas, por lo que «el capital que habrá que amortizar es de 97.348,96 pesetas». Planteando una amortización en 25 años con un interés del 4%, «proponemos la tarifa de 0,65 pesetas al consumo del metro cúbico durante los 25 primeros años y la de 0,25 pesetas para años sucesivos». Curiosamente, el consumo de litros por habitante y día se repartía en bebida (2 litros), preparación de alimentos (3), aseo personal diario (20), limpieza de casa y vajilla (12), lavado de ropa (13) y uso de water (10), dando un total de 60 litros al día.
Y si se abastecía de agua a las casas de Burgui… consideraron «de absoluta necesidad el redactar también un proyecto de saneamiento que recoge las aguas negras y las pluviales en la misma tubería». Y es que en aquella época no existían baños en las viviendas por lo que las aguas fecales se lanzaban muchas veces al grito de «¡Agua vaaa!» y para la mayores existían diferentes soluciones en cada casa o zonas del pueblo comunes a las que se acudía.
Se proyectó una tubería de hormigón, diferentes registros y sumideros, así como un pozo séptico calculado «para que las aguas negras en estiaje permanezcan en él durante diez y seis horas», entendiendo que después «por el aliviadero evacuará directamente al río Esca«. Esta poza séptica se construyó a la salida del pueblo en dirección a Salvatierra de Esca, en un pequeño huerto que hasta entonces era de casa Moreno.
El presupuesto de ejecución material del saneamiento y alcantarillado ascendía a 81.087,36 pesetas (incluía alcantarillado, 15 arquetas de registro, 20 sumideros y un pozo séptico) y el presupuesto de contrata a 94.061,34 pesetas.
Borda y barranco de Miscala, lugar desde donde se realizó la captación de aguas
Sin embargo, ambos proyectos no se realizaron en el corto plazo porque 3 años después, con fecha 24 de agosto de 1946 y firmado en Zaragoza, el ingeniero Francisco Fernández presenta la justificación y descripción del «Proyecto de replanteo de abastecimiento de aguas de Burgui». En su memoria se trata de redactar de nuevo el proyecto anterior presentado por el Ayuntamiento de Burgui según lo dispuesto en Orden Ministerial de 1944 en base a la cual se solicitaba reducir el depósito a la capacidad subvencionable, justificar los precios asignados a las unidades de obra, desglosar las obras subvencionables y calcular las tarifas de consumo al vecindario teniendo en cuenta las normas dadas por el Reglamento vigente.
Respecto a la primera de las prescripciones impuestas se acuerda «reducir la capacidad del depósito regulador a 88 metros cúbicos«. Si bien en el proyecto de 1943 se planteaba un depósito con una capacidad total de 216 metros cúbicos, nuevos cálculos daban un consumo normal diario de 84,70 metros cúbicos con una pequeña reserva para caso de incendios, razón por la cual el depósito estaba sobredimensionado y por lo tanto no era subvencionable en la capacidad inicial establecida. El depósito fue proyectado de planta cuadrada de 620 metros de lado dividido en dos compartimentos y con una altura de 2,65 metros de lámina de agua y cubierto por una losa de hormigón armado con nervios centrales. Una cámara de llaves aneja «alojará todas las llaves de aducción, alimentación de la distribución y desagüe, y permite el acceso y ventilación de los depósito, con el debido aislamiento del exterior».
En cuanto a la justificación de los precios, resulta muy interesante el detallado desglose realizado por el ingeniero en cuanto a días de trabajo efectivos, jornal diario, gratificaciones (de Navidad y del 18 de julio), seguros sociales (accidentes, seguro de vejez, subsidio familiar, cuota sindical y seguro de enfermedad), plus de cargas familiares, montepío y otros. Continúa la justificación con el cálculo del jornal por hora trabajada según clases de obreros (capataz, entibador, barrenero, oficial, ayudante y peón) y diversas partidas como tonelada de cemento en fábrica y a pie de obra (calculando el transporte por ferrocarril hasta la estación de Liédena y después por carretera), excavación, relleno de zanjas, grava, arena, hierro, piedra y tubería de fibrocemento, entre otras muchas.
Con la base de todos estos precios, «calculados en la forma reglamentaria, asciende el presupuesto a 326.608,68 pesetas por el sistema de administración y a 371.437,29 pesetas por el de contrata«, lejos por lo tanto de las 247.348 pesetas proyectadas tres años antes, y a pesar de haber reducido la capacidad del depósito regulador de 216 a 88 metros cúbicos.
Finalmente, en cuanto a las tarifas de consumo a aplicar a los vecinos, se establecía que «el Ayuntamiento de Burgui ha renunciado expresamente a la aplicación de tarifas por el suministro de agua a domicilio«, lo cual se presentó al menos sobre el papel como un servicio sin cargo al vecindario.
Las obras de ejecución del proyecto de abastecimiento de agua debieron finalizarse en el año 1952 y fueron adjudicadas al contratista Bautista Martínez Urbiola, casado con Fermina López Andreu, vecino de Burguete. Bautista, junto con sus hijos César, Andrés y Victorino, así como con los hijastros de este último, Angel y Luis Garrido Lapuente, se desplazaron a vivir a Burgui durante el periodo de ejecución de las obras, residiendo temporalmente en casa Labari. Curiosamente, César Martínez López, uno de los hijos de Bautista, acabó casándose en Burgui con Mari Carmen Recari, de casa Txinko, entonces maestra del pueblo junto con Pascuala Abad.
Derecha, Bautista Martínez Urbiola, contratista de las obras de abastecimiento. Izquierda, su hijo César, que participó en las obras y que se casó con Mari Carmen Recari, de casa Txinko.
El Ayuntamiento de Burgui debió financiar la parte no subvencionada de la obra mediante venta de abetos procedentes del abetar de Basari. Las tuberías de conducción se trasladaron en camión desde la calle Jarauta de Pamplona en un camión de gasógeno de casa Ramón que conducía Cleto Esparza Lacasia, de casa León. Aunque sobre la puerta del depósito figura su año de construcción en 1952, la inauguración de los trabajos tuvo lugar a comienzos del mes de abril de 1953 siendo alcalde y también maestro Julián Maldonado, natural de Navascués, y con tal motivo se organizaron tres días de fiestas.
El Diario de Navarra del 7 de abril del año 1953 recogía esta completa crónica titulada «Bendición e inauguración de las obras de traída de aguas en Burgui»:
«El pueblo roncalés de Burgui celebró con la alegría natural propia del acontecimiento el cumplimiento de una antigua aspiración con la bendición e inauguración de las obras que habrán de llevar a todos los hogares el agua, aspiración satisfecha sobre todo gracias al esfuerzo y colaboración que con todo entusiasmo ha aportado el vecindario.
Ya de víspera comenzó a desbordarse la alegría, con música y cohetes. En el campo de Zabalea se jugó un partido de fútbol entre el «Roncal F.C.» y el equipo local «C.A. Burgui», siendo este último el que se adjudicó la copa donada por el Ayuntamiento, que le fue entregada personalmente por el Alcalde D. Julián Maldonado. (Nota: era también maestro del pueblo)
Para el acto solemne de la bendición acudieron a Burgui el Gobernador Civil Sr. Valero (Nota: Luis Valero Bermejo), el Diputado Foral don Amadeo Marco (Nota: Amadeo Marco Ilincheta, natural de Navascués), que fueron recibidos entre los aplausos del vecindario, mientras en el aire sonaba el estampido de los cohetes. Se hallaban también presentes el ingeniero director del proyecto D. José Erice y su ayudante D. Nicolás Olaverri, así como el contratista de las obras D. Bautista Martínez, el alcalde de Burgui D. Julián Maldonado, el Secretario municipal D. José Villanueva, el jefe de la guardia civil allí destacada D. Miguel Marco, el párroco D. Manuel Urzainqui (Nota: natural de Vidángoz) al que acompañaba el joven P. capuchino Fray Alberto de Vidángoz, el jefe local D. José Recari (Nota: se refiere a la Falange Española Tradicionalista) y todos los señores concejales y los miembros de la Junta de Veintena. Allí estaban con los niños de las escuelas doña Pascuala Abad y señorita Carmen Recari, y muchas personas más de aquel vecindario.
Formose la comitiva con la Cruz parroquial al frente para trasladarse al punto en que se encuentran los depósitos de la nueva traída de aguas donde el Párroco, revestido con capa pluvial, bendijo las instalaciones con el ritual litúrgico en presencia de las autoridades y personalidades antes mencionadas y del vecindario en pleno.
Amadeo Marco, en una imagen de la misma época, inaugurando otra obra en la zona.
A continuación habló el Alcalde señor Maldonado que expresó su alegría por ver realizado el proyecto y agradeció a cuantos habían colaborado en el mismo. Le siguió en el uso de la palabra el Diputado señor Marco que elogió el esfuerzo y tenacidad de los vecinos de Burgui que les ha llevado a la feliz realización de un proyecto que tantos beneficios ha de reportar a la villa y felicitó a las autoridades y al vecindario en nombre propio y en nombre de la Diputación Foral y de su Vicepresidente, cuya representación ostentaba (Nota: la Presidencia de la Diputación Foral recaía en Franco por ser la máxima autoridad). Cerró el acto el Gobernador Civil que, después de elogiar y felicitar a todos, les pidió que siguieran trabajando por laboriosidad y firmeza, en la seguridad de que no les había de faltar el apoyo de las autoridades que, bajo el mando de Franco, se preocupan por el bienestar de todos los pueblos de España.
Las autoridades pasaron a ver las instalaciones y escucharon las explicaciones que sobre las mismas tanto el ingeniero director de las obras, señor Erice, como su ayudante el señor Olaverri les daban. He aquí algunos datos interesantes sobre dichas obras: Proceden las aguas de los manantiales propios: el Miscala y el Aguyo. Hay un caudal disponible de 1.150 litros por segundo siendo la dotación por día de 99.360 litros; dotación por habitante y día corresponde de 150 litros. La longitud de la tubería de conducción es de 2.968 metros con un diámetro de tubería de 50 mm. La capacidad del depósito regulador es de 200.000 litros (Nota: de ser cierta esta información, parece ser que no se redujo la capacidad del proyecto inicial de 1943 fijada en 216 metros cúbicos). La longitud de la tubería de distribución abarca 1.883 m. La tubería es de uralita. Las bocas de riego públicas son 31. Las acometidas a domicilio 151. Tiene la red de saneamiento 2.052 metros.
A las dos de la tarde en la Casa municipal se sirvió una comida oficial para las autoridades e invitados. Servían la mesa, que estaba presidida por el Gobernador Civil y el diputado señor Marco, Alcalde y Párroco de Burgui, dos bellas muchachas ataviadas con el típico traje de roncalesas. Terminado el banquete, el Gobernador Civil y don Amadeo Marco, acompañados por las restantes autoridades, hicieron un breve recorrido por el pueblo, emprendiendo a continuación el regreso, siendo despedidos con las mismas muestras de entusiasmo que a su llegada.
Para que también los niños participaran del júbilo general, hubo un reparto de bolsas de caramelos a todos los niños de las escuelas y a la gente joven, y a cuantos quisieron participar en la fiesta obsequió el Ayuntamiento en la plaza, por la tarde, con pan, queso y vino, continuando la animación y la música hasta el anochecer«.
Otros personajes de la época: Pascualita Abad (maestra), Julián Maldonado (alcalde), Mari Carmen Recari (maestra) y Manuel Urzainqui (párroco).
Casi veinte años después de esta traída de aguas, el 19 de julio del año 1972. figura un escrito del entonces alcalde del Ayuntamiento de Burgui, Martín Urzainqui, a la Comisaría de Aguas del Ebro en el que indica que «este Ayuntamiento ha decidido proceder a la ampliación de la red de abastecimiento pública ya que el caudal que actualmente se disfruta es insuficiente en la época de estiaje, o sea, meses de julio a octubre aproximadamente«. En el escrito se indica que «estudiadas las posibilidades de obtener un mayor caudal de agua no se encuentra otra solución que tomar agua del río Biniés que baja desde Vidángoz y confluye en el Esca unos cien metros aguas arriba de la población de Burgui». Se solicita un caudal de 100 metros cúbicos diarios con un caudal continuo de 1,15 litros por segundo y un caudal instantáneo de 3,47 litros por segundo. Suplica el alcalde «sírvase conceder a este municipio de Burgui el aprovechamiento de los caudales de agua de que hace mérito procedentes del río Biniés, los cuales serán captados en la desembocadura del mismo«.
Actualmente el depósito de aguas inaugurado en 1953 ya no se encuentra operativo, si bien se mantiene abandonado con las instalaciones de tuberías y llaves completamente oxidadas. En el año 2000 se inauguró un nuevo depósito de aguas de unos 300 metros cúbicos de capacidad en la zona de Las Coseras, sobre la carretera que accede al puerto de Las Coronas. El manantial de Miscala sigue abasteciendo al pueblo, además de la toma directa del río Biniés junto con otra toma de un pozo próximo al barranco de Sebince proyectado en el año 1998 para los momentos en los que el caudal de Miscala resulta insuficiente para abastecer la demanda de consumo de agua de los vecinos de Burgui.
Agradecemos a Josetxo Redín Fayanás la cesión de los documentos técnicos que nos han permitido resumir estos proyectos de abastecimiento de agua, así como a todas aquellas personas a las que hemos recurrido para solicitar información o fotografías, sin cuya colaboración este reportaje no hubiera podido realizarse con tanta precisión y detalle.
Desde La Kukula hemos tenido acceso a un curioso documento fechado en Burgui en el año 1864 en el que un tal Melchor García relata cómo se produjo el incendio de casa Nabarro (actual edificio del Hostal El Almadiero). La descripción es muy minuciosa y nos permite conocer aspectos interesantes.
Vayamos por partes. En primer lugar, parece ser que este acontecimiento fue el motivo por el que Melchor decidió empezar un libro donde anotaría este trágico episodio así como otros listados y cuentas diversas del negocio que regentaba. Comienza por lo tanto situando el día y hora del triste suceso del incendio para a continuación cuantificar en más de 1.175 duros las pérdidas de los materiales y el propio edificio. Se transcribe literalmente el texto tal y como fue escrito por Melchor García en 1864.
«Libro de Melchor Garcia que dio principio en el año de 1864 por causa de aberse yncendiado la casa la noche del siete de julio del presente año de once y media a las doce de la noche sin aber podido sacar ninguna ropa ni papel alguno ni los dineros questaban en el cajon ni los que teniai en la bolsa de los calzones, de suerte que contando los dineros y demás que abia solo en mi quarto paso y resulto la perdida pasados de doscientos duros y en toda la casa ascendió la pérdida de los ajuares a quatro cientos setenta y cinco duros, sin contar la perdida del hedificio que no se hara con quinientos duros que jamas podra olbidarse semejante desgracia».
Nos revela por lo tanto Melchor que los dineros los guardaba en un cajón de su cuarto así como en la bolsa de los calzones, y deja constancia de cuál fue la magnitud del incendio pues «jamas podra olbidarse semejante desgracia» así como la finalidad de su relato: «para que los herederos sean mas quidadosos del andar por la casa con el fuego».
Deja caer ya Melchor de forma sutil que alguien no fue lo suficientemente cuidadoso con el fuego… Y cita además a continuación que la familia entera acordó que la causa del incendio estaba clara. Veamos…
«…pongo este aquerdo que segun la relacion de la familia fue yncendiada por aberse subido la dueña Maria Josefa Zabalza la jobena a qortar tocino para cenar». Vaya, ya tenemos a la culpable del suceso. María Josefa Zabalza «lajobena«, lo cual nos hace pensar que era la moza joven de la casa…
Cuartico donde se dejaban los productos elaborados tras la matanza del cuto
Total, que la tal María Josefa se subió a cortar tocino para la cena y la lió. El relato continúa con todo detalle explicando, supuestamente, qué ocurrió:
«…y se la abria caido alguna purna de fuego de la tieda adencima de unas quantas camisicas que tenia en el quartico questaba destinado para tocinos y no para camisas, de aqui bino la desgracia».
Interesante párrafo el escrito por Melchor. Por un parte, vemos que emplea los vocablos de purna, tieda y adencima. «Purnas» son partes diminutas de alguna cosa. Aquí claramente se refiere a las pequeñas chispas que saltan del fuego. Otra acepción son también los copos muy pequeños de nieve (es habitual la expresión «se escapanpurnicas de nieve», utilizando el diminutivo para darle todavía menor tamaño a los copos). «Tieda» se refiere a la tea, astillas obtenidas de la raíz de los pinos muy ricas en resina y que se empleaban para encender el fuego o para alumbrar colocándolas sobre los tederos. Finalmente, «adencima» se trata de un curioso adverbio de lugar, equivalente a «encima».
Tea encendida colocada sobre un tedero. Fotografía cedida por Bearreguin Adoain.
Total, que una chispa de fuego de la tea cayó encima de unas camisas que había en el cuarto de los tocinos. Y no pierde ocasión Melchor para dejar constancia de que ese cuartico estaba destinado a los tocinos, y no para dejar ahí las camisas. Clara alusión a la culpable de haber dejado ahí esas ropas…
A continuación Melchor hace un detallado inventario de las existencias que albergaba dicho cuartico de los tocinos, a saber:
«… despues que tomo fuego la grasa de cinco perniles de tocino, dos saines (mantecas) enteros y tres o quatro carnizeras de sebo, quatro o cinco quesos y una porción de longanizas».
El control de Melchor sobre el género almacenado en ese cuartico era total y absoluto.
La dimensión del fuego fue tal que «tuvimos que brincar con la camisa que teniamos al hombro, los que estabamos en el segundo piso y dando gracias a Dios que salimos con salud». Interpretamos que saltaron con lo puesto, sin tiempo a recoger nada de lo existente en la casa, si bien no hubo daños personales.
Y no menos importantes que las pérdidas materiales en aquella época eran los diferentes documentos, principalmente contratos, que otorgaban las propiedades familiares por herencias, matrimonio o compra ventas. De ahí que el buen Melchor hiciera al menos y de memoria una relación de dichos documentos perdidos también como consecuencia del fuego:
«A continuacion anotare los documentos que me aquerdo que se quemaron si Dios me da la Salud y Gracia:
Contratos de Simón Urzainqui de su hesposa, no tengo presente mas antiguos
Contratos de Francisco Bronte y Maria Juana Nabarro
Contratos de Francisco Oset y Maria Francisca Bronte
Contratos de Melchor Garcia y Manuela Oset
Contratos de Melchor Garcia y Miguela Aznarez ultimos
Contratos del cambio de Nicolas Garcia y Maria Josefa Zabalza y de Mateo Zabalza y Maria Garcia, estos ultimos son del año 53 (1853) se podran sacar caso de necesidad de la Escrivania debantados por D. Cahetano Martinez Escribano del Balle».
Investigando en diferentes archivos hemos sabido que Melchor García Erlanz nació el 9 de enero de 1808, hijo de Pablo García y María Isabel Erlanz.
Se casó con su primera esposa Manuela Oset Bronte el 17 de enero de 1826 y tuvieron dos hijos, Nicolás Pablo y Pedro Miguel.
En segundas nupcias se casó el 19 de enero de 1835 con Miguela Aznárez Glaría y tuvieron varios hijos: María Josefa, Gregoria, Romualdo, Bonifacia y María Patrocinio.
Su primogénito, Nicolás García Oset, nació en 1830 y se casó el 17 de noviembre de 1853 con María Josefa Zabalza Urzainqui, la culpable del incendio de casa Navarro el 7 de julio de 1867.
Tuvieron varios hijos (Pascuala Dionisia en 1855, Francisco en 1857, Valentín en 1861, Juan en 1863 y Agustina y Bonifacia, tal vez gemelas, en 1867). Todos estarían por lo tanto en la casa en el momento del fatídico incendio de 1867.
Queda claro por lo tanto que fue su nuera, la mujer de su hijo Nicolás, la que provocó el incendio por subir a cortar tocino para la cena…
Cooperativa de Consumo de Burgui en la plaza del pueblo
El nacimiento del cooperativismo
“El hombre está hecho de carne y alma, y a ambas partes hay que atender al mismo tiempo”. Esta frase, pronunciada desde un púlpito hace más de un siglo, salió de la boca del sacerdote navarro Victoriano Flamarique, de familia campesina y con una vida comprometida a atender las almas y a defender de forma práctica a los más desfavorecidos en base a un profundo sentido de la justicia social. Predicó con el ejemplo para incomodidad de los más pudientes de aquel Olite de principios del siglo XX. Le acusaron de socialista por denunciar la usura y la explotación, pero de su lado tuvo un buen aliado: el propio obispo Fray José López de Mendoza. La doctrina social de la Iglesia estaba para defenderla y junto con otro sacerdote, Antonino Yoldi, extendieron la obra católico-social entre el campesinado navarro.
Fue así como empezó el origen de la creación, durante los primeros años del siglo XX, de organizaciones agrarias confesionales, en concreto Cajas Rurales Católicas. Las bases esenciales de una Caja Rural eran la defensa y amejoramiento de los intereses de sus asociados por medio del crédito; se circunscribían a un único municipio; sus cargos debían ser gratuitos, con excepción del cajero; todos los socios eran responsables solidaria e ilimitadamente; los préstamos solo se hacían a sus asociados y los beneficios de la Caja no podían repartirse entre los socios. Estas ideas básicas figuraban en los estatutos de las Cajas, cuyo modelo se elaboró para facilitar la creación de cajas rurales en todos los pueblos.
Su desarrollo en Navarra fue fulgurante a partir del año 1906. En 1910 la creación de Cajas Rurales había superado ya la mitad de los municipios navarros y en la merindad de Sangüesa estaban implantadas en el 61% de sus municipios. Fueron surgiendo, de la mano de muchos otros párrocos, cooperativas y cajas rurales en muchas localidades de Navarra que, bajo el lema “Unos por otros y Dios por todos” dieron al traste con los abusos que venían padeciendo siempre los agricultores.
Sello Caja Rural Católica de Burgui
Caja Rural Católica de Burgui
Burgui, como otros pueblos del valle, también vivió esta revolución agraria gracias a la fundación en esta localidad de una Caja Rural Católica. En un documento a modo de recibo fechado en Burgui el 28 de diciembre de 1915 y sellado por la Caja Rural Católica de Burgui se da cuenta del siguiente apercibimiento haciendo referencia ya al año de 1912:
«Habiendo de dar sus cuentas anuales esta Caja Rural de Burgui tiene el honor esta Junta de comunicarle tenga la bondad de hacer entrega al cajero de la misma de la cantidad que adeuda que por los conceptos que se especifican es la siguiente: por 40 kilos de nitrato llevados en 1912, capital e intereses 17,87 pesetas. Dios guarde a usted muchos años«, figurando el recibí con la firma de B. Zabalza.
Cartilla de Sociedad La Burguiesa a favor del socio Paulino Ara
Sociedad La Burguiesa
Comprobamos que en el año 1942 existía ya la Sociedad La Burguiesa a través de una libreta expedida a favor del socio Paulino Ara. También en el Anuario General de España del año 1950 figuraba la Sociedad La Burguiesa como titular de un negocio de comestibles y como «sociedad» existía todavía la Caja Rural. Sin embargo en la Guía de Navarra de Julián Rubio López de los años 1952-1953 aparece únicamente la Cooperativa como titular de tienda de comestibles y como sociedad agrícola. Es de suponer que con el paso del tiempo la propia entidad de la Caja Rural Católica habría desaparecido, cogiendo su testigo la Sociedad «La Burguiesa», encargada de la gestión de la Cooperativa de Consumo de Burgui. Dicha sociedad se regía por una Junta general -con sus cargos de presidente, secretario y tesorero- y contrataban con periodicidad anual a un vecino del pueblo como «cooperativero» para desempeñar las tareas de gestión, venta y atención al público en la propia tienda.
Esta tienda de la cooperativa estuvo ubicada inicialmente en un pequeño edificio junto a casa Onromán y que años más tarde ocupó el bar La Bikoka (regentado inicialmente por Eulogio Laspidea y posteriormente por Juan Urzainqui). Algunos de los vecinos que estuvieron al frente de la tienda de la cooperativa en este primer emplazamiento fueron José Fayanás, Angel Esparza, Jorge Glaría, Florencia Elizalde, Fermín Fuertes y Gracián Glaría.
Otras tiendas o comercios que cohabitaron simultáneamente con la Cooperativa a lo largo de estos años fueron los de casa Avizanda, casa Torrea y casa Gardar, así como la tienda y bar de Simeón Lampérez, la panadería de Rumbo y, más tarde, la tienda de Paulino Ara.
Cartilla de la cooperativa
Hacia los años 50, la sociedad adquirió casa Navarro, en la plaza del pueblo (actual edificio del Hostal rural El Almadiero), para trasladar ahí la tienda y almacén de la Cooperativa. Dicha casa era de los descendientes de Nicolás García Oset y Juana Zabalza, si bien vivían de alquiler Justo Alastuey Mainz y Francisca López Orduna. Cuando estos la desocuparon la casa se quedó deshabitada y fue adquirida por la sociedad La Burguiesa para albergar ahí la cooperativa. En esta época otras tiendas de comestibles eran las de Félix Avizanda, Eulogio Laspidea y María Elizalde.
Al frente de la tienda en esta nueva ubicación estuvieron Leonila Recari, Nati Glaría, Ana Mari Zabalza y Charo Laspidea. Los socios de la Cooperativa disponían de unas cartillas o libretas donde se iban anotando los diferentes productos adquiridos junto con su importe, de tal forma que los socios iban saldando las deudas conforme la disponibilidad de cada uno. Para el resto de vecinos que no eran socios las ventas se realizaban generalmente al contado con el pago efectivo en el mostrador.
La Cooperativa se mantuvo en servicio hasta aproximadamente los años 80, en los que ya apenas se vendía nada debido a una mayor falta de población, a que la mayor parte del género se había quedado obsoleto y a la remodelación de la tienda Ara ya existente que vendía también a los vecinos. Tras muchas dificultades para la venta del edificio y la liquidación del negocio, se saldaron las deudas existentes por la sociedad y, con el escaso dinero sobrante, se colocaron dos hermosas fuentes de piedra en ambas plazas del pueblo y se pintó el cementerio.
Cooperativa de Consumo de Burgui
La cooperativa de Burgui en 1951
Un inventario de la Cooperativa de Burgui del año 1951 realizado por Fermín Fuertes refleja con detalle la situación económica a esa fecha identificando los importes de las libretas de crédito y el valor de los géneros o mercancías.
El total del valor de las mercancías suponía 103.186,10 pesetas y el de las libretas de crédito 18.589,50, lo cual hacía un inventario total de 121.775,60 pesetas.
En dicha fecha de 1951 las libretas de crédito figuraban abiertas a nombre de los siguientes socios como cabezas de familia de Burgui: Simón Urrutia, Gil Urzainqui, Balbino Urzainqui, Florencio Zabalza, Jerónimo Urzainqui, Hilarión Petroch, Isidro Sanz, Pilar Sanz, Antonia Pérez, Isidro Pérez, Florencio Lacasta, Mauricio Sanz, Eusebio Tolosana, Vicente Larrea, Lorenzo Salvador, Gil Sanz, Lorenzo Fuertes, Francisco Aznárez, Félix Alastuey, Andresa Fuertes, Esteban Erlanz, Jesús Glaría, Tomás Glaría, Aurelio Glaría, Ursula García, Eusebio Lacasta, Gabriel Urzainqui, Carlos Zabalza, Francisco Fuertes, Baldomero Gárate, María Elizalde, Angel Glaría, Sebastián Fayanás, Ignacio Erlanz, Santiago Elizalde, Vicenta Larequi, Ramón Glaría, Martín Sanz, Eulogio Lapetra, Antonio Salvador, Pedro Lapetra, Jesús Lapetra, Braulio Recari, José María Recari, Pascual Sanz, Valentín Lacasta, Pablo Laspidea, Andresa Lamperez Uztarroz , Antonio Aizcorbe, Rafael Calvo, Quintín Ayerra, Felipa Mainz, Victor Mainz, Andresa Lamperez Bronte y Juan Alastuey.
El inventario del género, detallado por unidades, precio unitario y total, es un reflejo fiel de las necesidades de artículos relacionadas con actividades agrícolas y ganaderas, menaje del hogar, vestimenta, alimentación, limpieza y aseo, entre otros.
Por su relevante valor informativo de la época, se enumeran a continuación los principales géneros comercializados por la Cooperativa y de los que figuraba inventario en dicho año de 1951:
Extracto del inventario de la Cooperativa de Burgui en 1951
Utiles para labores agrícolas, ganaderas y otras tareas:
Horcas de madera y de hierro, palas de hierro, rastrillos y palas de madera, horcas de madera 2 pugas (púas), azadas, cuñas, mazas, mangos dalla o guadaña, cubre bastes, esteras (tejido grueso de esparto), mangos azada, hoces, piedras marcar, leznas, abrazadoras guadaña, manguillos, pestillos, pasadores ventana, algüazas, cerrojos, cerrajas, manilleras, limas, alicates, llaves inglesas, azadas, tenazas, capachas, ramales, cuerdas cincha, látigos, pozales, zoquetas, martillos, piedras dalla güadaña, talegas, sogas, juñideras, tiraderas, ganchos, clavos, tornillos, grapas, tachuelas, brochas, botes pintura, candados, cadenas, hachas, espulverizadores, barras grasa de carro, tubos estaño, correas, cinchas, corchos, pesos, botes arseniato (herbicida), fajos esparto, mazos cáñamo, cajas «Argentol» (aceite lubricante), pliegos lija, barzones.
Productos de higiene y limpieza:
Trozos y barras de jabón, maquinillas de afeitar, tubos «Tamisol» y «La Toja», jabón de afeitar, sobres fijador de pelo, tubos crema cutánea, tubos «Profiden», El Torero», «Perladen», jaboncillos, esponjas, chupetes, palillos, papeletas champú, lendreras, colonia «Luqui», «Elefante», «Galatea» y «Vieja Labanda», frascos masaje, brillantina, rollos papel higiénico, polvos Lagarto, estropajos, cepillos para pelo, hojas de afeitar, cepillos, azulete, frascos «Cruz Verde», cajas vaselina, cepillos de dientes, botellas agua oxigenada, algodón, Nivea, frascos insecticida, botellas lejía, vendas serpentinas, pastillas y botes de cera, cajas polvos, cajas coloretes, polveras, jaboneras, matarratas, cintas matamoscas, frascos «Zotal», bolas polilla, crema zapato, frascos ronquina, tintes «Temis», papeletas «Nogat» (raticida), frascos «Nettosol» (quitamanchas), tubos aceite inglés (antiparásitos), pastillas almidón, bolas y papeletas azulete (blanquear ropa), bigudis (tipo rulos), cajas y tubos «Servus» (abrillantador de zapatos), bolas Maravillosas (antiparásitos), tubos «Cuchol» (insecticida).
Antiguos productos de desinfección
Alimentación y bebidas:
Latas de sardina, sardinas rancias, latas de anchoa, latas de melocotón, mazapanillos, pastillas chocolate, cacao, barras turrón, botes tomate, chocolatines, papeletas pimiento, azafrán y canela, especias anís, guirlaches, paquetes galletas «María», surtido y vainilla; botellas sidra, nueces, cacahuetes, esparceta, sal en bola, pala para la sal, capaza, sal, bacalao, caramelos, peladillas, piñones, simiente alfalfa, castañas, orejones, ciruelas, higos, carne membrillo, rosquillas, bicarbonato, pasta cristal, liza, fideo, mecha, pimentón, vino tinto, anís, aguardiente, vermohut, vinagre, botes de pimiento, botellas agua Carabaña, botellas vino Quina, botes achicoria El Arbol, paquetes malta Muller, pastillas fideo, latas de atún, botes de leche, latas de almejas, calamares, guisantes, espárragos, bacalao, botes sal fina, botes achicoria, latas tomate, oliva, mermeladas, botellas anís Cadenas, frascos de Ceregumil, botellas de Ojen, sidra, coñac Veterano, papeletas tomate, horcas de ajo, cabezas de ajo, «Armisen» (gaseosas refrescantes), latas calamares, papeletas simiente, gaseosas, bicarbonato, puros dulces, botes «Tapioca».
Pozales, bañera, porrones, porrones de hojalata, lecheras, mondongueras, «horinales», tazones, regadores, porrones de cristal, tarteras, pucheros, cacerolas porcelana, terreras, barreños, soperos, platos, jarras, bacinillas de cuna, sartenes, lamparillas, lecheras, cazos, cacerolas, fiambreras, espumadoras, coladores, cuchillos, vasos, escobas de brezo y de palma, navajas, envasadores, bombillas, pilas eléctricas, termo, termómetros, espejos, fuelles, perchas, portalámparas, velas, pinzas para ropa, carteras bici, petacas, peras (interruptor), enchufes, pelotas, frascos barniz, ganchos puerta, libretas, carpetas papel, postales, papeles aparador, cartas «Avión», plumas , tinteros, pliegos papel de barba.
Diversos productos de la época
Tareas de costura:
Madejas de hilvanar, medias, cordones zapato, rollos de plomo, calzadores, carretes de hilo, bobinas, madejas bordar, cremalleras, cuerdas de guitarra, madejas Ancora, estrellas hilo, dalias, tijeras, alfileteros, botones, madejas algodón y lana, puntillas, cintas, trencilla, cordones, trencilla goma y piquillo, juegos agujas, dedales, alfileres, hebillas, ovillos zurcir, ovillos liza, canutillos, remaches, mazos trencilla.
Desde el colectivo La Kukula agradecemos a todas aquellas personas que nos han compartido sus testimonios y recuerdos así como documentos y fotografías para poder elaborar este reportaje.
Hay fotografías que ensanchan corazones y que te trasladan a otras épocas donde admirar el coraje y el esfuerzo de nuestros antepasados. Son imágenes que reflejan la intrahistoria de un pueblo y que constituyen un verdadero tesoro para el patrimonio, en este caso, del colectivo almadiero de Burgui. Pincha sobre la propia fotografía para poder observarla a tamaño completo.
Es el caso de esta fotografía que presentamos a continuación, depositada en el Archivo General de Navarra y a la que hemos tenido acceso a través de la gentileza de Jose Castells Archanco. Figura documentada como fotografía de 12 x 17 cms. con técnica de «gelatina de revelado químico» y en papel baritado. Sobre el original de la fotografía figura la anotación mecanografiada «Transporte de almadías por el río Aragón», lo cual es un error porque claramente se trata del río Esca. Se encuentra adhesivada a una memoria de la Diputación Foral fechada el 20-08-1938, si bien la fotografía es anterior a 1921 como explicaremos más adelante.
La fotografía aparece incluida también en la «Guía Turística de Navarra» editada en el año 1929 bajo el patrocinio de la «Excma. Diputación Foral y Provincial de Navarra y el Excmo. Ayuntamiento de Pamplona».
No figura el autor de la fotografía, si bien podemos aventurarnos a atribuírsela a José Roldán Bidaburu, quien entonces trabajaba para Litografía Roisin, autores de las fotografías que acompañaban las guías turísticas de Navarra en esos años.
Trataremos a continuación de aportar y poner en valor diversos aspectos de los que aparecen en esta fantástica fotografía:
Se trata de una instantánea en la que el fotógrafo recoge el momento del salto de una almadía por el puerto de la presa de Burgui. La almadía se compone de cuatro tramos y está conducida por dos únicos almadieros, un puntero delante y un codero detrás. La longitud de los troncos del último tramo es proporcionalmente mayor que la de los troncos de los otros tres tramos. En el tramo segundo se encuentra el ropero donde se aprecia la alforja y ropa de repuesto o espalderos.
Observando el extremo derecho de la fotografía se aprecia perfectamente una segunda almadía aproximándose también al salto de la presa. Se compone de tres o cuatro tramos y está conducida por dos únicos almadieros, uno delantero y otro trasero. A diferencia de los de la primera, la indumentaria de estos dos almadieros es camisa blanca y chaleco negro. Lástima que los cuatro almadieros permanezcan en el más absoluto de los anonimatos.
El edificio de la izquierda se trata del molino del pueblo y presenta la estampa habitual de un molino harinero y batán (máquina hidráulica compuesta de gruesas mazas de madera movidas por un eje para golpear, desengrasar y encurtir los paños). Posteriormente sería remodelado abriéndose diversos ventanales y se reconvirtió para generar también electricidad, perdiendo ya la utilidad del batán, si bien la fuente existente junto a él sigue denominándose «fuente del batán». En la parte trasera del molino habría una tajadera para regular el agua de entrada y el batán tenía otra más para cerrar su salida y así poder retener agua en su interior. Bajo el arco del molino se aprecian los ejes o estructuras para encajar el ascenso y descenso de la compuerta que regulaba la salida del agua del batán. A destacar que todavía no existía la actual tajadera ni el muro para la canalización de la salida del agua del molino.
En cuanto a la presa y el puerto por el que descendían las almadías nos atrevemos a asegurar que no se trata de la construcción actual, sino que está construida con maderos dispuestos longitudinalmente y entrecruzados. El elevado caudal no permite distinguir tal estructura compleja de troncos salvo, observando con detalle, en la propia rampa del puerto, a la derecha del tercer tramo de la almadía, donde se distinguen al menos cuatro o cinco troncos dispuestos de forma paralela formando la rampa. Y es que no fue hasta el año 1921, siendo alcalde Coronado Glaría Salvador de casa Onpedro, cuando se llevó a cabo la construcción de la presa y puerto con piedras y cemento que existe actualmente. Por ese motivo no figura en esta fotografía la actual tajadera existente al lado del puerto que permite regular el cauce del río en caso de riadas. Concluimos por lo tanto que esta fotografía es anterior al año 1921.
Otros detalles que llaman la atención son los muretes que delimitaban la zona de huertos en la parte superior de la presa, el amplio pedregal existente también aguas arriba que dirige al cauce del río a la margen izquierda y el monte del fondo, Batxa, completamente limpio de arbolado y arbustos ya que en aquella época se utilizaba para la siembra mediante «quiñones» (pequeñas parcelas de titularidad municipal que eran sorteadas entre los vecinos para su cultivo, generalmente de cereal). También apreciamos a la izquierda dos tipos de chimeneas, una antigua y otra más moderna: la primera corresponde a un fogón tradicional mientras que la segunda sería, a buen seguro, de una cocina económica, el gran adelanto de aquellos años.
En definitiva, estamos ante una nueva joya para la interpretación del patrimonio y la historia de Burgui, así como de la memoria de nuestros antepasados almadieros, verdaderos marineros de agua dulce a los que una vez más volvemos a rendir nuestro más sincero homenaje y reconocimiento.
Llevamos ya varios años en Burgui y en el valle de Roncal teniendo gestos de reconocimiento y homenaje a nuestras golondrinas (alpargateras) por diferentes entidades y colectivos. Se les han hecho homenajes, rutas montañeras, recreaciones teatralizadas, colocación de paneles, etc. Es nuestro homenaje a ellas.
A su vez estos años nos han servido para comprobar que tenemos una asignatura pendiente en torno a aquellas antepasadas nuestras. Necesitamos poner nombre y apellidos a todas ellas, y recomponer sus historias personales hasta donde podamos. Y esos datos sólo los pueden aportar ya sus descendientes.
Dicen que más vale tarde que nunca; por eso, antes de que sea más tarde, desde el colectivo La Kukula (Burgui) en colaboración con la asociación la Kurruskla (Isaba), Bidankozarte (Vidángoz) y la productora Maluta Films proyecto Ainarak), nos lanzamos a partir de este mes a sacar adelante una nueva y ambiciosa iniciativa a la que hemos denominado “Operación Golondrina”.
Queremos recoger y salvaguardar la memoria de aquellas mujeres roncalesas que en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del XX se desplazaron al otro lado del Pirineo a trabajar en las fábricas de alpargatas de Xuberoa y del Alto Bearn.
Queremos ponerles nombre y apellidos, saber de qué casa eran, ubicarlas en el tiempo.
Queremos saber qué recuerdan de ellas sus descendientes, qué es lo que ellas contaron.
Queremos saber si se conservan fotos de ellas, o correspondencia, o tal vez objetos que ellas trajeron de allá. Queremos escanearlo o fotografiarlo.
Y para conseguir todo eso necesitamos tu ayuda, que rebusques en el sabaiao, que mires por tus cajones, que preguntes a tus mayores, que las saques del olvido.
¿Sabes que tenemos ya identificadas 30 alpargateras del pueblo de Burgui…?
Para facilitar todo esto exponemos seguidamente un pequeño cuestionario cuyas respuestas van a ser tu ayuda. Entre todos y todas vamos a reconstruir esta parcela de nuestra intrahistoria local. No dejes que te venza la pereza y ponte ya a responder.
Las propias respuestas puedes pasárnosla por mensaje directo o por correo electrónico a info@lakukula.com
CUESTIONARIO:
1.- ¿Ha habido en tu familia alguna antepasada que fuese alpargatera, y que fuese a trabajar al otro lado del Pirineo?. Procura identificarla con nombre, apellidos, nombre de la casa, año de nacimiento y año de defunción… si fuera posible.
2.- ¿Sabes durante qué años estuvo trabajando allí?
3.- ¿Sabes exactamente en qué localidad y en qué fábrica estuvo trabajando?
4.- ¿Qué más sabes de su paso por aquellas tierras? (anécdotas de viaje, anécdotas de estancia, salario, tipo de trabajo que hacía allí, mercancías que traía, etc…)
5.- ¿Conserváis de ella en casa alguna fotografía, carta, salvoconducto, contrato… o algún objeto que ella hubiese traído de allá?
6.- ¿Sabes de otras personas de Burgui o de otros pueblos que también hubiesen sido alpargateras? Procura facilitar toda la información posible de ellas.
-Nombre y apellidos de la persona informante
-Relación de parentesco con la alpargatera
Gracias anticipadas por este esfuerzo que seguro vais a hacer. Esperamos vuestras noticias.
A los 14 años de edad, siendo todavía un niño que corría por las empedradas calles de Burgui, mis padres me embarcaron hacia Chile. Así fue como, de repente, tuve que abandonar el pueblo que me vio nacer y en el que transcurrieron los años felices de mi infancia.
Mi padre era Pedro Angel Glaría Aisa, de casa Zarrajero, y mi madre Josefa Mainz Marracos, de casa Juan Babil. Y en casa éramos ochos hermanos: Santiago, Félix, Antonia, Encarca, Isidro, Policarpo, Pilar y, servidor, Benito. Benito Glaría Mainz, nacido en Burgui un 12 de enero del año 1908.
Familia Glaría Mainz hacia 1918 en Burgui. De izquierda a derecha: Benito, Isidro, Josefa con Encarna en brazos, Santiago y delante Policarpo, Pedro Angel con Félix entre sus rodillas y Antonia.
Mi tío materno, José María, ya había emigrado unos años antes a Chile, donde se casó con Tomasa Amiama, natural de Oñate. Una vez jubilados regresaron a Burgui y se construyeron una casita, a la que bautizaron como “Gure Txoko”, en la que disfrutar del merecido descanso. Fue en uno de los viajes que hicieron a Chile para gestionar rentas pendientes cuando yo viajé con ellos, siendo el año 1922. Aunque ellos vivían en Santiago de Chile yo me instalé en la ciudad de Concepción, donde empecé a trabajar como empleado de un tal Don Pablo Pablo.
Dicen que uno es de donde pace, no de donde nace. Pero yo siempre tuve a mi Burgui querido tanto en el pensamiento como en el corazón. Y no fue hasta 1935, transcurridos ya 13 años, cuando regresé por primera vez a Burgui avisado del grave estado de salud de mi padre.
Contaba ya con 27 años de edad y a pesar de la larga travesía en barco llegué a tiempo de despedirme del padre en sus últimos momentos de la vida. Fue entonces cuando conocí a Manuela. Manuela había nacido en Bariloche, Argentina, un 17 de junio de 1915 pues sus padres León Bronte -de casa Ganare- y Mª Francisca Mainz -natural de Urzainqui- habían emigrado a Argentina desde Burgui. Tras quedar viuda, madre e hija regresaron a Burgui, contando Manuela con tan solo año y medio de edad. Mª Francisca -que venía en cinta de su segunda hija- se casó con su cuñado Angel y tuvieron otros cinco hijos más en Burgui.
Manuela y yo nos conocimos por primera vez en 1935, ella tenía 20 años y yo 27. Ese mismo año nos casamos en Burgui y emprendimos viaje de vuelta hacia Chile. Mis hermanos Isidro y Policarpo también estaban allá, yo les había hecho llamar unos años antes. Isidro en un viaje a Burgui conoció a Carmen, hija de Pedro Baines, se casaron y viajaron a Chile. Poli sin embargo se casó en Concepción con Milagros Bengoechea, natural de Lekeitio.
En mi matrimonio con Manuela tuvimos cinco hijos: José Angel (que falleció a los 18 años), Tomás, Marianela, Benito y Amaya.
Familia Glaría Bronte en Concepción, Chile, en 1955. Detrás, Tomás, Marianela, Amaya y Benito. Delante, José, Manuela y Benito.
Mi talante emprendedor y aventurero siempre me mantuvo ocupado -y algo preocupado- pero con iniciativa, riesgo y decisión emprendí diversos proyectos y negocios a lo largo de mi vida. Primeramente, junto con mis hermanos Isidro y Policarpo, fundé un negocio textil para la venta de telas a modistas en la ciudad de Concepción al que llamamos “La Puerta del Sol”, en clara alusión a nuestro país de origen del que tanta distancia nos separaba.
En el año 1939 tuvo lugar un fuerte terremoto en Concepción, pero no supuso daños materiales ni personales a nuestra familia puesto que residíamos en Chiguayante, a unos 15 kilómetros, por ser el clima más benigno para la delicada salud de José Angel.
Abandoné al tiempo el negocio familiar y nos trasladamos a Santiago de Chile donde abrí una nueva tienda para venta de telas, “La Navarra”. El recuerdo de mi tierra era constante y una forma de tenerla más cerca era recordarla continuamente con el nombre de la tienda. El negocio prosperó y pronto acabó convertido en una fábrica de sedas a las afueras de la ciudad.
Sin embargo, en el año 1948 decidimos venir toda la familia a España -con los hijos ya entre los 8 y los 10 años- y nos asentamos en Pamplona. Intenté crear varios negocios pero debido al gran capital necesario y a la difícil situación de la postguerra decidí regresar a Chile, donde descubrí el engaño de mi apoderado de confianza al que había dejado al cargo de la gestión de las rentas del negocio.
Vuelta a empezar de nuevo, esta vez como empleado en el negocio “La Puerta del Sol” que seguían regentando mis hermanos Isidro y Policarpo. Mientras tanto, poco a poco, fui montando unas máquinas para tejer en el propio garaje de mi vivienda y en el año 1951 toda la familia se trasladó de nuevo de vuelta desde Pamplona hasta Concepción.
El negocio de las tejedoras funcionaba, y después de comprar un par de máquinas de tejer inglesa y suiza y alquilar un local para la producción, empezamos a comercializar prendas por todo Chile contando ya con varios distribuidores. Principalmente se confeccionaban jerseys y chombas, chaquetas. Además de toda la familia, llegamos a tener unos 50 empleados. A este nuevo negocio le llamé “Tejidos Iruña” y su escudo era el mismo que el de Osasuna pero con mis propias iniciales, B – G – M . La familia al completo atendía el negocio en las tareas de fábrica, tienda, descarga de lana, máquinas tejedoras y ojaladoras. Un pequeño gran imperio.
El recuerdo de mi pueblo, Burgui, siempre estuvo presente en mi casa, en mi familia y en mi corazón. Tal es así que, a partir de una fotografía con la imagen de su bello puente, encargué a un reconocido pintor de Chile un óleo con dicha vista que decoraba el salón de nuestra casa. El cuadro regresará a España en mi último viaje, resultando algo dañado por el agua del barco.
Marianela con traje de roncalesa posando en Chile con cuadro de Burgui
En el fatídico año de 1960 tuvo lugar en Concepción el mayor terremoto registrado por los sismógrafos en la historia causando más de 3.000 muertos y desaparecidos, así como cuantiosos daños materiales en viviendas e infraestructuras. Fueron en realidad una sucesión de tres seísmos que ocurrieron entre el 21 y el 22 de mayo en la zona centro-sur de Chile. Nuestra familia, a Dios gracias, no tuvo que soportar pérdidas humanas ni materiales.
Al año siguiente mi hijo Benito acudió a Suiza a formarse en el funcionamiento de maquinaria textil y al pasar por España para saludar a la familia decidió asentarse aquí, animándonos al resto de la familia a regresar desde Chile. Acudí al poco tiempo a comprar unas máquinas de tejer en Barcelona y decidí mandarlas a Pamplona, adquiriendo para ello un local situado en el Paseo de Sarasate que posteriormente será el inicio de un nuevo negocio, “Confecciones Chile”. Regresé de nuevo a Chile y, poco a poco, toda la familia empiezó su regreso a España.
En el año 1962 vino Tomás; en mayo de 1963 regresaron Marianela y Amaya; y en octubre de ese mismo año volvimos Manuela y yo. Un poco antes había venido también mi tía Tomasa Amiamo, con setenta y pico años y ya viuda de José María Mainz, que vivía con nosotros y a quienes mis hijos le llamaban cariñosamente abuelita por haberse criado con ella. Así pues, toda la familia nos encontramos ya reunida y asentada en Pamplona, con visitas ocasionales a nuestra casa oriunda en Burgui, casa Zarrajero, donde visitábamos a nuestros familiares. Con el tiempo nos hicimos una casa familiar en el pueblo, la que se conoció como “Los chilenos”.
Bolsa publicitaria de las tiendas Chile
El negocio del Paseo de Sarasate, Confecciones Chile, se encontraba funcionando como tienda a pleno rendimiento y se construyó un pabellón en Cizur Mayor para fábrica de jerseys. Con el paso del tiempo debido a la mayor rentabilidad que aportaba comprar género ya confeccionado se decidió cerrar la fábrica y centrar todo el esfuerzo en la venta directa en tienda y en mercados. Se amplió la tienda con otro local contiguo y comenzó un proceso de expansión abriendo nuevos locales en la calle Mercaderes, en Martín Azpilicueta y en Burlada. Incluso, durante un breve periodo de tiempo, llegamos a tener dos tiendas en Barcelona.
Muchos recordaréis el eslogan publicitario de las tiendas con el famoso estribillo de la canción de Albert Hammond, “Me voy pa’ Chile, caminando, caminando”. En este enlace puedes escucharlo:
Y así transcurrió la vida de Benito, de Burgui a Chile, de Chile a Burgui, hasta un 5 de agosto del año 1999 en el que falleció a los 91 años de edad en Pamplona después de una vida de esfuerzos, contratiempos, aventuras y desventuras, y que ahora desde La Kukula hemos querido rescatar del olvido, al menos un poquito, en homenaje y reconocimiento a su persona. Nuestro agradecimiento a sus familiares, especialmente a Tomás, Marianela, Benito y Amaya, por su inestimable colaboración y cariñosa acogida.
Desde el colectivo cultural La Kukula nos satisface comunicar la presentación del libro “La Kukula. Recopilación del patrimonio cultural e histórico de la villa de Burgui. Boletines 1 a 50”.
Bajo el formato de libro se presenta en esta nueva obra una recopilación y reproducción de los primeros cincuenta números del boletín local “La Kukula”, que viene editándose y distribuyéndose en Burgui desde el mes de agosto de 2004 con una periodicidad trimestral. Con esta iniciativa editorial nuestro colectivo pretende dar respuesta a la demanda de ejemplares atrasados que desde diferentes entidades y particulares se venían solicitando, sirviendo a la vez para hacer que los contenidos del boletín, en su totalidad, puedan ser más accesibles a cuantas personas lo deseen.
Durante los últimos catorce años este boletín ha estado presente en las casas de Burgui incidiendo de lleno en una labor de recuperación, salvaguarda y difusión del patrimonio histórico cultural de esta villa roncalesa. Una labor, esta, que ha servido y está sirviendo para sacar del olvido muchas parcelas desconocidas de la historia local, y para poner en valor todo el patrimonio burguiar en su conjunto.
El boletín “La Kukula” son, en definitiva, cuatro páginas trimestrales que se ocupan de acercar al vecindario a su intrahistoria como colectivo humano y a su propia historia como pueblo. Desde la Asociación Cultural “La Kukula”, además de elaborar y editar este boletín, complementamos nuestro trabajo con la edición de cuadernos culturales, conferencias, grabación de entrevistas a las personas mayores, organización de actos culturales, difusión cultural a través de las redes sociales, apoyo en campañas turísticas y culturales (almadías, ruta de los oficios…) etc.
Accede a los siguientes enlaces relacionados con este libro:
La vida religiosa y social de Burgui ha girado durante siglos en torno a la figura de San Pedro Apóstol, primer representante de Cristo en la tierra. Su iglesia, una antigua y extinguida cofradía, sus fiestas patronales… todo tiene una referencia eclesiástica en la que el apóstol Pedro, Petrus, ocupa un papel relevante. La tradición ha hecho también que los burguiarras aprovechasen el día de San Pedro para honrar al Sagrado Corazón de Jesús.
Es sobradamente conocido que el patrimonio histórico y etnológico de nuestro pueblo es especialmente rico, y en las páginas de este boletín poco a poco, número a número, artículo a artículo, lo vamos visibilizando para que se conozca, para que no se olvide, para que se tenga en cuenta, y para que ahora y en un futuro luchemos por su conservación. Y dentro de todo ese patrimonio brilla con luz propia nuestra historia, nuestra lengua milenaria, nuestras tradiciones, nuestra indumentaria, nuestros oficios extinguidos, nuestras formas de vida, nuestro patrimonio arquitectónico, nuestra memoria… El conjunto de todo ello, y mucho más, es nuestro gran tesoro.
Y llegado el mes de junio, resulta obligado tener una referencia desde estas páginas a lo que en la religiosidad popular de nuestros antepasados supuso la figura del apóstol Pedro, nuestro patrón desde hace muchos siglos.
Iglesia parroquial
Bastaría con acercarnos a nuestro archivo municipal o al archivo de la Junta del Valle del Roncal para ver cómo durante siglos abundaban abrumadoramente en esta localidad los varones bautizados con el nombre de Pedro, lo cual es una buena muestra de la devoción que en esta villa se ha profesado siempre al patrón.
Como no podía ser de otra manera la iglesia parroquial de Burgui está bajo la advocación de San Pedro; pero… ¿ha estado dedicada siempre a este santo?, parece que no fue así. De hecho la villa de Burgui llegó a tener dos iglesias; una de ellas era la dependiente del castillo, situada en las inmediaciones del recinto amurallado de este, y que es la que hoy conocemos como la ermita de la Virgen del Castillo; y la otra iglesia estuvo dedicada a San Sebastián, que todavía hoy se le considera segundo patrón de la villa, y ocupaba la sacristía de la actual parroquia.
Para que nos entendamos mejor, es importante aclarar que cuando en el siglo XVI se levantó la actual iglesia parroquial ésta se edificó anexa a la antigua iglesia, de tal manera que aquella iglesia de San Sebastián pasó a convertirse en la sacristía de la que desde entonces fue iglesia de San Pedro.
Como detalle curioso podemos observar, todavía hoy, que en el dintel de la portada de aquella primitiva iglesia aparece una flecha inclinada tallada en la piedra, que muy bien pudiera simbolizar el martirio de San Sebastián, pues no hay que olvidar que murió asaeteado. Y si curioso es este detalle, más curioso es que si trazásemos una línea recta imaginaria siguiendo la dirección de la flecha nos encontraríamos que lo que esta nos señala es una pequeña cruz, también tallada en la piedra, en el interior del lateral de la portada.
Pero curiosidades a un lado, lo que aquí nos interesa es el hecho de que en Burgui, al menos desde el siglo XVI, existe una iglesia parroquial dedicada a honrar a San Pedro.
Félix Sanz, en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), nos desvela que en un inventario de 1787 se consignaba que en la parroquia entre otros muchos objetos de culto existía un relicario de San Pedro. De lo que ya no tenemos detalles es de la importancia que pudo llegar a tener en su momento aquella reliquia del santo, o si esta influyó en algo, o determinó, su patronazgo. En aquellas épocas una reliquia podía revolucionar la vida de un pueblo o de toda una comarca, como ya sucedió no muy lejos de la frontera roncalesa, al otro lado de la muga, con la aparición de las reliquias de Santa Engracia.
En cualquier caso lo que sí es claro es que San Pedro es el patrón de Burgui desde hace varios siglos. Un documento municipal del siglo XVIII que trata sobre los “oficios divinos” incluye entre sus párrafos la siguiente frase: “Para que haya memoria a perpetuidad en la iglesia parroquial del señor San Pedro de la dicha villa, nuestro patrón siempre desde tiempo inmemorial…”, lo cual nos da una idea de que ya en aquella época se había perdido la memoria de la antigüedad de su patronazgo.
Lamentablemente, como sabemos, la villa de Burgui padeció un terrible incendio el 28 de agosto de 1809 por obra y gracia de las huestes francesas en aquella Guerra de la Independencia que tanto daño y tantos estragos provocaron en el valle del Roncal. Aquel incendio devoró, entre otros edificios, la iglesia parroquial, y en ella la parte del archivo que no se pudo salvar. Presumiblemente entre las pérdidas documentales de aquella triste jornada se encontraba toda la documentación de la antigua Cofradía de San Pedro. Hoy, más de dos siglos después, solo nos queda dejar constancia de que aquella cofradía existió.
Otra de las pérdidas que se produjo en aquel incendio fue la de la imagen titular de la parroquia, es decir, la figura de San Pedro que presidía el altar mayor. Nuevamente nos encontramos que la quema del archivo parroquial también se llevó consigo cualquier dato referido a aquella imagen.
Tras la pérdida de esta figura los burguiarras se apresuraron a subsanar su ausencia encargando una nueva. Recoge Félix Sanz el dato de que en 1811 se abonaron 370 reales al maestro escultor del pueblo de Biel por una nueva imagen de San Pedro; fue necesario pagar 37 reales más por el transporte de la figura desde Biel (Zaragoza) hasta Burgui. En 1823 se hizo una nueva inversión de 204 reales, que es lo que se pagó al dorador Pedro Echeverría, también de Biel, por pintar y dorar esta imagen de San Pedro.
Fiestas patronales
Lógicamente, las fiestas principales, y patronales, se celebraban en honor a San Pedro, igual que hoy se sigue haciendo. Antaño eran unas fiestas con un importante componente religioso; en las mismas nunca faltaba la procesión solemne con la figura del Sagrado Corazón de Jesús. Sería imposible hacer un repaso a todas las ediciones festivas, pero vamos a citar aquí algunas para refrescar la memoria histórica de nuestro pueblo:
Crónicas de fiestas patronales:
1924.- Destacó en las fiestas de este año la entronización, en las escuelas, de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; este acto se celebró el 30 de junio.
1929.- El día de San Pedro hubo misa oficiada por el M.I. señor don Olegario Martínez, canónigo magistral de la Catedral de Jaca, ayudado por el padre Ruperto de Arizaleta, superior de los capuchinos de Sangüesa, y por el párroco de Burgui, don Joaquín Eslava. La parte musical de esta ceremonia corrió a cargo del organista Jesús Berro.
El domingo siguiendo la costumbre de años anteriores se celebró la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús con misa y procesión, hallándose engalanadas las calles del recorrido; dentro de la comitiva religiosa acompañaban a la imagen del Sagrado Corazón el quinteto musical La Armonía.
Al margen del aspecto religioso fue destacable el importante número de forasteros. Los músicos de La Armonía amenizaron al vecindario con sus alegres músicas.
Se da la circunstancia de que en el primer día de fiestas, al recibirse en la villa la noticia de que se habían salvado los aviadores tripulantes del Dornier 16 “Plus Ultra” (todo el país estaba pendiente de esta noticia en la que un avión español se había lanzado a cruzar el océano Atlántico), el alcalde don Casimiro Vistuez convocó a los vecinos a la plaza consistorial desde donde se lanzaron cohetes y hubo música de La Armonía para celebrar el feliz acontecimiento en el que estuvo implicado el aviador navarro Julio Ruiz de Alda, de Caparroso.
1954.- La prensa provincial destacó este año la gran animación y asistencia que tuvieron los actos religiosos, especialmente la procesión del Sagrado Corazón de Jesús.
El día de San Pedro se inauguró el campo de deportes, denominado “Zaltúa”, que fue bendecido por el párroco de la localidad don Manuel Urzainqui. Tras la bendición el C.D. Burgui se enfrentó al Erronkari, que era algo así como la selección del valle del Roncal, con el que empató a 1. Fue una señorita la que hizo el saque de honor, y la banda de música la que amenizó el encuentro.
Al día siguiente, día 30 de junio, se celebró un nuevo partido de fútbol entre las juventudes de Burgui y las viejas glorias del pueblo. Lo que se jugaban era una merienda. Ganó el equipo veterano, y la merienda fue en la Fonda Larequi.
Los demás días hubo carreras de sacos, de cintas, animados bailes por la tarde y por la noche, así como otros festejos.
1955.- Comenzaron el día 28 de junio con un chupinazo lanzado al mediodía en la plaza principal. Ese mismo día la orquesta Fox, de Larraga, recorrió las calles.
El día 29, festividad del patrono, hubo pasacalles a primera hora de la mañana a cargo de la mencionada orquesta. Seguidamente se celebró la misa. Por la tarde en el campo de fútbol “Zaltúa” jugaron el C.D. Burgui y el Sangüesa F.C., arbitrando el jugador osasunista Marzá; asistieron a este encuentro espectadores de todo el valle y de los pueblos aragoneses limítrofes; la señorita Mª Luisa Villanueva, vestida de roncalesa, fue la madrina de honor. Amenizó el partido la orquesta Fox; y el resultado fue de 1-2 a favor de Sangüesa. Se obsequió al equipo visitante con una buena merienda.
El día 30 hubo dianas por las calles de la villa; a las 10 misa mayor, y a continuación procesión con el Sagrado Corazón de Jesús, con los estandartes de las Hijas de María, Acción Católica, y Apostolado de la Oración. Los balcones y ventanas permanecieron engalanados durante el acto religioso. Al mediodía hubo en la plaza diversos actos populares: carreras de sacos, de cintas, rompimiento de pucheros, carreras pedestres, cucañas, etcétera; se pudieron seguir estos actos a través de la megafonía. Por la tarde hubo partido de fútbol entre el equipo juvenil y el veterano, con triunfo de los primeros, y merienda final en la Fonda Larequi. Hubo también otros festejos como carreras de burros, carrera ciclista, y la gran chocolatada.
Los forasteros que acudieron a disfrutar de estas fiestas pudieron ver cómo estaban quedando las calles después de cementarlas y arreglarlas, con un presupuesto de medio millón de pesetas.