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La vida en Burgui en el siglo XVI

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Feb
11

En el siglo XVI la villa roncalesa de Burgui contaba con unos 120 vecinos -cabezas de familia-, cifra similar a las de Roncal y Uztárroz, por debajo de los 240 de Isaba y por encima de los 80 de Vidángoz, Urzainqui y Garde (Florencio Idoate, ‘La Comunidad del valle de Roncal’). El periodo estuvo marcado por las guerras en 1512 y 1516 alrededor del castillo en la colina llamada Kukula, derribado en 1519 tras una petición vecinal, posiblemente para aprovechar materiales en la reconstrucción de las casas tras el incendio sufrido con el primer asedio.

Del periodo el Archivo General de Navarra conserva un número importante de pleitos que ofrecen datos sobre cómo transcurría la vida. Así, el señorío de Burdaspal, emplazado en la margen izquierda del Esca frente al actual kilómetro 18 de la carretera a Isaba, contaba con palacio e iglesia, su señor disponía de vecindad forana -hoy se dice foránea- en Liédena con hato de cabras y derecho a pastos y viñas en propiedad en ‘El Pontillo’, y estaban emparentados con el señor de Racas por el Almiradío de Navascués.

 La vida cotidiana

 El pueblo albergaba dos herrerías y un molino, en la parroquia se ejercían los cargos de campanero y clavero -tesorero responsable de las llaves en los lugares de culto y el llamado hórreo decimal-, la comercialización de trigo y vino eran asuntos de subsistencia y motivo en ocasiones de contrabando o venta a precios abusivos, eran comunes los oficios de mulero y trajinero -acarreo de géneros-, se alquilaban animales de carga y no faltaron diferencias vecinales por injurias. Las misas por los difuntos de la familia se celebraban de manera regular y generalizada, el alcalde era juez ordinario de la villa y tenía la facultad de apresar en la cárcel municipal, de donde se produjeron fugas sonadas como las de Martín Gorri (1565) y Pedro de Ederra (1587).

Los pueblos del valle disponían de médico conducido, quien atendía a los vecinos cuya localidad hubiera abonado los honorarios establecidos, al modo actual de una iguala o seguro sanitario colectivo.

 Apellidos vigentes y perdidos

 Comienza a ser común contar con nombre y apellido propios, aunque algún matrimonio los comparte al modo anglosajón (Juan y Catalina Alcazan, 1535) y también se dan casos en los que los hijos llevan el apellido de la madre (Magdalena y Pedro Aroza, 1552); entra en desuso la denominación clásica de ser llamado Juan o Pedro de Burgui -tipo Francisco de Javier o Benjamín de Tudela-, cuya fórmula mantendrá vigencia hacia la Ribera en el tránsito de la Cañada de los roncaleses, particularmente en Carcastillo, y por las localidades limítrofes.

Entre los apellidos terminados en “ch”, característicos de la comarca, se reseñan los de Martich, con la variante de Martiech, y Galech. Baster y Bazter son dos transcripciones de una misma denominación y algún alias comienza a tomar carta de naturaleza como apellido. Es el caso de Pascual Sendoa, avecindado originalmente en Garde y a quien se le conoce de manera general como “Borro”, que terminará por convertirse en Pascual Borro para consolidar un apellido hoy vigente. Prosiguen hasta la actualidad los Sanz, Gárate, Glaría, Ezquer, Urzainqui, Bronte, Torrea, etc., y han declinado su presencia los Alcazan, Ledea, Acos, Argonz, Daria o Elverdin.

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El derribo del castillo (1519)

 Burgui contaba en su término con dos castillos de realengo, ambos emplazados sobre cuculas -montículos-, el primero en la ladera donde se asientan las casas y el segundo en la de Pintano, cerca de la muga con Garde y en la raya de Aragón. El castillo del pueblo fue ocupado en 1512 por una guarnición castellana, mandada por el capitán Valdés, que en octubre queda sitiado por los franco-navarros de La Palice, que tras su toma incendian las casas (Burgui sufrirá en agosto de 1809 de nuevo los rigores de la guerra con la quema de 127 edificios por el coronel napoleónico Plicque). Pero tras el episodio de 1512 aún les espera otro momento complicado, en 1516, cuando la guarnición castellana renovada vuelva a quedar cercada por la gente de guerra del mariscal Pedro de Navarra, quien con la hueste muy mermada caerá posteriormente prisionero del duque de Alba.

En 1519 Juan García, almirante de la villa, en nombre de sus vecinos pide a Martín Hernández de Viedma, veedor de fortalezas del reino, el derribo del castillo. Los detalles del episodio los publicó Juan José Martinena Ruiz en el nº 16 de la revista Zangotzarra (diciembre de 2012), dentro de un estudio amplio sobre la fortaleza, donde consigna que los burguiarres ofrecieron 300 ducados de oro viejos que luego se negaron a pagar. Recoge que el castillo había sido asolado en tres ocasiones.

Los asuntos judiciales relativos al recinto defensivo colearán largo tiempo. En 1550 Sancho Pomar, señor de Sigüés (Zaragoza), pleitea ante la Corte Mayor contra Inés de Mayorga, viuda de Dionisio de Lasarte y Beraiz, exregente de la tesorería del reino, y Miguel de Beraiz, su hijo, vecinos de Tudela, sobre la entrega de 192 ducados de una libranza expedida por Dionisio de Lasarte y Beraiz y no pagada por el recibidor de abastos en favor de Carlos Pomar, alcaide del castillo de Burgui. En opinión de Martinena, medievalista con tesis doctoral sobre fortalezas, esta referencia tardía lo es con relación a una deuda insatisfecha. Sancho es hijo de Carlos Pomar, último alcaide durante la conquista castellana, y el pago a su padre no se ha hecho efectivo en treintaiún años.

 Abanico de pleitos

 El 18 de noviembre de 1528, ante la Corte Mayor, el fiscal actúa contra Juan de Ledea, vecino de Burgui, preso, a propósito de haber arrebatado con fuerza un potro de María Mayo a Juan de Echandi, nuncio -alguacil y también encargado de trasladar un aviso-, e intento de agresión al alcalde. Es el primer pleito del XVI con constancia documental.

Los siguientes son de 1535 y los hay de naturaleza administrativa y malquerencias. En mayo Burgui actúa contra el fiscal, sobre despacho de información relativa a una cédula de exención de cuarteles y alcabalas otorgada por veinte años desde el 1 de enero de 1513. Tema hacendístico porque ‘cuarteles’ eran las contribuciones trimestrales que pagaba un pueblo a los gastos generales del reino y ‘alcabalas’ los impuestos del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta.

En mayo y junio de 1535 se presentan dos querellas por injurias. Juan Miguel de Burgui y Juliana de Ezquer, su mujer, pleitean contra María Pérez, mujer de Íñigo Sanz, y por otra parte Juan Alcazan y Catalina de Alcazan, su mujer, lo hacen contra Graciana Pérez, esposa de Íñigo Sanz. Lo más probable es que la esposa de Íñigo Sanz tuviera por nombre María Graciana y que en las instrucciones judiciales se le llame de dos maneras diferentes.

En 1538 Juan Miguel de Ezquer demanda a Nicolás de Echandi sobre indemnización de once ducados por muerte de un macho alquilado.

 FotoPuente

Líos en los oficios

 En agosto de 1567 Juan de Gárate, herrero, pleitea ante el Consejo Real contra la villa y Domingo Blázquez, también herrero, sobre derecho a ejercer el oficio, y por vía de reconvención, monipodio y soborno para aumento de salario. La ‘vía de reconvención’ es una demanda que al contestar entabla el demandado contra quien se promovió el juicio y por ‘monipodio’ se entiende el convenio de personas que se asocian y confabulan para fines ilícitos; por lo visto no reinaba la cordialidad en la profesión.

Por su parte, Juan de Urzainqui, molinero, demanda a la villa en mayo de 1547 sobre el pago de 89 florines adeudados del salario, en tanto que dos años después Íñigo Portaz reclama a Miguel de Lecumberri, campanero, sobre el pago de 30 robos de trigo del cargo de la tabla y peaje en cumplimiento de convenio.

Quien parece que tenía la mano larga era el cantero Antón o Antonio Íñiguez. En 1553 Vicente de Navascués, vecino de Yesa, pleitea contra él sobre hurto de ropa y dinero de su casa y al año siguiente lo hace el lugar de Ayesa (Ezprogui) sobre el hurto de una yegua.

La falsificación de moneda también tiene presencia y el fiscal actúa contra Pedro Echandi en pleito ante la Corte Mayor el 27 de mayo de 1560.

Como se aprecia, la vida en Burgui no estuvo precisamente exenta de incidencias y actuaciones judiciales.

Autor del reportaje: Germán Ulzurrun Zabalza, colaborador de La Kukula

La conquista de Navarra en Burgui

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Dic
12

Un pueblo tan pequeño como Burgui tuvo su protagonismo, como sujeto paciente más que nada, en la conquista de Navarra. Así que creemos que bien se merece unas líneas. Trataremos de ceñirnos a lo acaecido en el pueblo, aunque nos referiremos también al marco general, para encuadrar los acontecimientos que afectaron al pueblo.

El 19 de julio el ejército castellano salió de Vitoria, y el 21 cruzó la frontera por la Barranca-Burunda. El duque de Alba apenas encontró resistencia, salvo un grupo de roncaleses en Oskía. El rey de Navarra, Juan III de Albret, y su esposa, Catalina, huyeron a Francia.

castillo

Conquistada la Navarra peninsular, las tropas del duque de Alba pasaron a la Baja Navarra, a la que sometieron sin encontrar apenas resistencia. El duque realizó obras de cierta envergadura en San Juan de Pie de Puerto para convertir esta villa en plaza fuerte, y en ella se estableció. Pero pronto la estancia comenzó a volverse harto difícil para el duque y sus tropas: estaban mal comunicados con el reino de España, con un ejército debilitado por las privaciones y las enfermedades, escaseaba la intendencia, el tiempo no acompañaba, la salud se resentía…

Si entre los castellanos de ultrapuertos la situación era tan apurada, todo lo contrario sucedía en el bando del legítimo rey de Navarra. Las tropas francesas de Luis XII,aliado por el tratado de Blois, le podían prestar ayuda. Además los ingleses –aliados de España por la Liga Santa- se habían retirado de Guipúzcoa. Era el momento de intentar la reconquista.

Bien pronto se ideó un plan de invasión y reconquista. De las tres alas, nos centramos sobre todo en el ala izquierda del ejército, dotada de 2.000 lansquenetes, 4.000 gascones, 1.000 hombres de armas y 7.000 aventureros. En total, unos 15.000 hombres. Al mando de este cuerpo iba Juan III de Albret (rey de Navarra) y el general francés La Palice. Debían ocupar rápidamente el valle de Roncal y cortar el paso al duque de Alba en Roncesvalles en su presumible retirada desde la Baja Navarra hacia Pamplona.

El 15 de octubre de 1512 salían las huestes de don Juan y La Palice de Sauveterre, en la Baja Navarra, hacia el valle Roncal. En el puerto de Ochagavía encontraron una banda de 500 beamonteses que les hizo perder un tiempo precioso. Mientras, en Lumbier las tropas del capitán castellano Valdés, sabedoras del plan de don Juan y La Palice, ocuparon el castillo de Burgui para detener a los que ellos llamaban los ‘franceses’. El 19 de octubre La Palice inició el asalto al castillo de Burgui defendido por la guarnición mandada por Valdés, quien contaba con un millar de hombres. Valdés se defendió valientemente y resistió dos días a un ejército quince veces más numeroso, hiriendo o matando a cuatrocientos hombres, y muriendo finalmente en el empeño.

  1. Correa, cronista de la campaña, del bando del rey católico, precisa la causa de la muerte de Valdés: “Y otro día tornólos a combatir (a los defensores del castillo), y dio el combate por tres partes (lados), donde Valdés, peleando por su honra, y para mostrar a sus infantes (soldados)lo que habían de hacer, fue traspasado por dos saetas y muerto”. Herido de dos saetas y muerto el jefe, el ejército de don Juan tomó el castillo, en tanto que los castellanos que aún quedaban con vida se rindieron.

Conquistado el castillo de Burgui, el ejército de don Juan emprendió la marcha hacia Pamplona, pero avanzaba con una lentitud exasperante. Tanto que el duque de Alba, logró salir de la Baja Navarra y se adelantó, de modo que estaba ya en Pamplona cuando las tropas de don Juan llegaron a sus murallas. Sólo diremos, como es sabido, que el intento de conquistar la capital del reino terminó en rotundo fracaso.

¿Cómo quedó Burgui tras el paso de las tropas de don Juan? Completamente asolado y arruinado. Hay que recordar que las tropas de la época estaban compuestas en gran parte por mercenarios procedentes de distintos puntos (alemanes, gascones, albaneses…). Tales tropas de suyo debían percibir un sueldo (la soldada), pero con frecuencia, los reyes y capitanes no les abonaban su sueldo, y, como compensación, hacían la vista gorda, o incluso, les animaban a los saqueos y pillajes.

Así no extrañará que Burgui quedara arrasado: cantidad de cadáveres de ambos bandos y de no pocos vecinos sin enterrar, las casas expoliadas de ropas, alimentos, dinero, y de todo lo que podía tener algún valor, el pueblo quemado parcialmente, muchas mujeres violadas, hombres maltratados o linchados…

Tan desolado quedó el pueblo, que el propio Fernando el Católico, a quien Burgui y el Roncal no le despertaban simpatía alguna por ser mayoritariamente partidarios del bando enemigo de los agramonteses, se interesó por la situación del pueblo. Desde Valladolid mandó diversas misivas. El 18 de Enero de 1513 comunica al Marqués de Pomares de Sigüés que se preocupe de que les sea restituida la ropa, ganados y hacienda a los vecinos de Burgui y Urzainqui, perdidos en la guerra. También ordena que sea reconstruida a expensas de las personas que en el Reino de Navarra fueron hostiles al Rey Católico. El 11 de Julio de 1513 ordena que a los de Burgui se les entreguen 800 ducados de oro en la persona de Pedro de Uztárroz, alcaide que fue de la fortaleza de Burgui. El 11 de septiembre de 1514 dice en una carta a los alcaldes y jurados del valle en la que les ordena que, no habiendo hecho gran cosa después de un año (largo, casi dos) para la reedificación del pueblo de Burgui, el importe de las hierbas del valle se destine para la reconstrucción del pueblo.

A propósito del castillo de Burgui, diremos que no fue mandado derribar por Cisneros, sino al contrario, mandado reparar y reponerlo de pertrechos. De hecho fue reparado y contó durante algunos años con alcalde y una pequeña dotación de soldados. Pero poco después de 1520 sería abandonado porque había perdido su valor estratégico para el rey de España, Carlos I. Sus piedras sillares se emplearían en la nueva iglesia que, a la sazón, se estaba levantando de nueva planta.

Pero, a pesar de este primer revés de 1512, el rey de Navarra seguía empeñado en reconquistar su reino. Cuatro años más tarde de nuevo parecían soplar los vientos a su favor. Entre los partidarios de don Juan en la Alta y Baja Navarra se respiraba un ambiente prebélico, que aumentó con la muerte de Fernando el Católico el 23 de enero de 1516. Los agramonteses creían que ahora la reconquista sería pronta y definitiva. Francia también prometía mucho a don Juan de Albret, aunque a la hora de la verdad todo se redujo a buenas palabras y ánimos. Al final el rey de Navarra solo pudo reunir un pequeño ejército, compuesto por bearneses y gascones, vascos y agramonteses exiliados.

De nuevo nos vamos a fijar solo en el ala del ejército que guarda relación con Burgui. Nos referimos a las tropas del mariscal de Navarra, don Pedro, cuya inmediata misión era entrar en el valle Roncal. Las huestes del mariscal se pusieron en marcha hacia el Roncal al inicio de la Semana Santa 17 ó 18 de marzo de 1516.

¿Qué ocurrió con este cuerpo del ejército? Preferimos que lo cuente el propio mariscal don Pedro, preso en Atienza en mayo de 1516: …dijo que en ciertos días del mes de Marzo de este año (1516) entraron en el reino de Navarra por el val del Roncal con cierta gente, con intención y fin, que, visto que era muerto el señor rey don Fernando (el Católico), con cuya persona expiró si alguna obligación se tuvo…., vino a tomar el dicho reino de Navarra o la parte que pudiese y restituirle al rey don Juan y a la reina doña Catalina, sus señores, a quienes les parece que pertenece el dicho reino, y porque expresamente se lo mandaron y encargaron. Y que cuando movió este confesante de Salvatierra de Bearne, que traía mil y doscientos hombres a su pensar (mando); y que cuando pasó el puerto de val de Roncal no venían con él más de seiscientos hombres, pocos más o menos, porque los otros se volvieron escondidamente sin su sabiduría (sin su conocimiento), los cuales eran vascos, bearneses y franceses y navarros…. dijo que, viniendo por el val de Roncal, le vinieron a obedecer y ofrecer obediencia a este confesante (el mariscal) en nombre del rey don Juan los del val de Roncal, y ofrecieron dar doscientos hombres y dieron ciento veinte; y val de Salazar vino allí a dar obediencia y ofrecieron trescientos hombres y después no le dieron ninguno; y los del val de Aézcoa vinieron a ofrecer gente, otros trescientos hombres, y cuando vieron que el coronel Villalba y los otros capitanes (castellanos) que con él estaban habían ganado la casa (la colegiata y fortaleza) de Roncesvalles (aquí adelanta acontecimientos), juntáronse todos con él (con el coronel Villalba) y vinieron en seguimiento (persecución) de este confesante y de los que con él venían…

Abandonado por sus propias tropas y traicionado por quienes se consideraban defensores acérrimos de don Juan. ¡Miseria humana…!

Y ya, más en concreto, en relación a Burgui, prosigue el mariscal: Y tanto por este inconveniente como por cobrar (recuperar) cierta gente (tropa) que había enviado a cercar el castillo de Burgui, hubo de volver al val de Roncal, donde fue atajado. Y vístose atajado de los puertos y que su gente le iba dejando, tuvo necesidad de tomar asiento con el coronel Villalba que su persona y de don Antonio y don Pedro fuesen prisioneros del señor príncipe y que la otra gente (resto del ejército) se fuese sin daño alguno.

De nuevo, pues, el castillo de Burgui sufrió cerco durante algunos días. No parece que fueran muchos los atacantes, y, por tanto, cabe suponer que no se produjeran grandes estragos. El mariscal volvió a Burgui a recoger estos soldados, con la intención de pasar el puerto (Pirineo) y llegar a la Baja Navarra. Pero las diezmadas tropas lo abandonaban y el coronel Villalba le pisaba los talones. Al fin se produjo el choque entre los dos ejércitos, y el mariscal se vio obligado a capitular. Esto sucedía el 23 de marzo de 1516. Hubo en este encuentro un centenar de muertos; 800 hombres fueron obligados a entregarse con sus capitanes, aunque luego fueron liberados… Solamente los jefes quedaron en manos del enemigo y fueron encerrados en el castillo de Atienza en el reino de Valencia.

¿Dónde se llevaría a cabo la rendición del mariscal y sus tropas? Algunos historiadores creen que en algún lugar de Isaba, posiblemente basados en que don Pedro confiesa vístose atajado de los puertos Sin embargo F. Idoate señala a Burgui y su castillo como el lugar de la rendición: Sobre este mismo terreno (Burgui ) fue batido y preso el Mariscal de Navarra en la intentona de este año (1516). Que cada cual se quede con la opinión que crea más convincente. Triste y desolador fracaso pues, el segundo intento de reconquista en 1516.

Estos son en definitiva los principales hechos acaecidos en Burgui y su castillo en 1512 y 1516 a propósito de la conquista de Navarra. Una buena parte del fracaso del primer intento se debe en gran medida a la apatía del general La Palice y la inexperiencia y falta de coraje de don Juan. En el segundo intento, en cambio, hay que resaltar la valentía y arrojo del mariscal, que, sin embargo, no encontró respuesta en quien pensaba que lo apoyarían con toda el alma. Y, en fin, como en todas las guerras, las gentes humildes, a pagar con sus vidas y haciendas el ansia de grandeza de los poderosos.