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Cinco lustros…

Posted Posted by La Kukula in HISTORIA     Comentarios 1 Comment
Mar
21
Almadías varias

Dicen, y es verdad, que el oficio agonizaba cuando aquél año de 1952 los obreros recibieron la orden de cerrar ya ese pequeño hueco que habían dejado en la presa que, en el término municipal de Yesa, cierra desde entonces el paso, y lo regula, al cauce del río Aragón. Aguantaron sin cerrarla hasta el último momento precisamente para facilitar el paso a las últimas almadías roncalesas. No medía más aquel angosto paso que lo que tenía de ancho un tramo de almadía. A partir de ese momento, y después de tantos y tantos siglos dando vida a los ríos, el oficio de almadiero en el Pirineo navarro pasaba a la historia. Se extinguía para siempre de forma irreversible.

A partir de entonces no faltaron esporádicas ocasiones para que los últimos almadieros roncaleses, de vez en cuando pudiesen desquitarse de su obligada inactividad. Le tenían ganas al río.

Un día los hermanos Caro Baroja les pusieron la escusa perfecta para volver a almadiar, en esta ocasión cosechando aplausos a su paso; aplausos que venían a confirmar que aquellas balsas eran ya una seña de identidad. Volvieron a coger los remos en Urzainqui, en Sangüesa, en la foz de Lumbier… con sano orgullo, sintiendo la admiración y el reconocimiento de sus descendientes. La única pega era que aquella última generación de almadieros, herederos y depositarios de unos conocimientos y de unas técnicas, iba poco a poco desapareciendo. Desaparecido el oficio, desaparecido el tráfico fluvial de la madera, y rota ya la cadena del relevo generacional, la memoria de aquél oficio tenía los días contados.

Fueron ellos mismos, pinchados en su orgullo por Javier Beúnza, quienes en la sobremesa de una comida celebrada en el Hotel Isaba tomaron la iniciativa de constituir una asociación sobre la que proyectar y apoyar un futuro, no el futuro de un oficio, sino el de mantener viva la llama de la memoria de ese oficio. Se arrimó la gente joven a aquellas fuentes del conocimiento, y escucharon, y aprendieron… y entre una generación y otra, conjuntamente, organizaron en 1992 un descenso de almadías en Burgui con vocación anual. Nacía así, hace ahora 25 años, el Día de la Almadía – Almadiaren Eguna.

almadía

Cinco lustros después dirigimos una mirada retrospectiva a toda esta trayectoria. Burgui sale ahora en el mapa festivo peninsular; a nuestro pueblo se acercan cada año miles de visitantes que se admiran ante el trabajo y la destreza de nuestros antepasados vista en el espejo de los descendientes de aquellos. El descenso fluvial de la madera vuelve a generar riqueza. Son 25 años en los que los mayores han pasado el testigo recogido por manos juveniles que avistan ya un nuevo relevo.

Se nos esfuman los testimonios vivientes de aquellas almadías que navegaron río abajo en busca de compradores; se nos van las manos experimentadas, se han soltado las amarras… y a partir de ahora toca agarrar bien el remo, toca saludar y dirigir la mirada a lo alto, toca encomendarse, y embocar el puerto de la presa con la mirada puesta en el futuro.

Foto almadía Navarra Cuatro Estaciones

Son 25 ediciones, un cuarto de siglo de sinsabores y gloria, homenajes y reconocimientos, piel rugosa y piel tersa, lluvia y sol, tensas esperas y ovaciones, experiencia y novedad, voluntariado y emoción. Y son muchas las personas que, en una u otra faceta, han aportado su trabajo, esfuerzo e ilusión, ¡mucha ilusión! a lo largo de estos 25 años para contribuir de forma voluntaria y desinteresada a mantener vivo el recuerdo y la memoria.

Cinco lustros en los que podemos decir que el oficio de almadiero ha sido puesto en valor como nunca se hubiese soñado; cinco lustros tras los que dejamos recogida, salvaguardada y difundida la memoria de este oficio y la de quienes le dieron vida; cinco lustros en los que casi ha desaparecido para siempre la última generación de almadieros, pero que lo ha hecho dejando aquí sus conocimientos, sus recuerdos, y una fiesta que a partir de ahora es más homenaje que nunca.

Qué es una almadía

Posted Posted by La Kukula in PATRIMONIO     Comentarios No Comments
Dic
12

Una almadía es una balsa de madera, hecha con troncos iguales debidamente alineados y enlazados entre sí y repartidos por varios tramos unidos también entre sí que, conducida por los almadieros, discurre a flote y río abajo. Normalmente estos troncos eran de pino, abeto y ocasionalmente haya. Las almadías tenían como objetivo dar salida por vía fluvial a toda la riqueza forestal de los valles pirenaicos navarros, dado que en estos valles no había otra vía de comunicación que estrechos y escarpados caminos y el río.

Día de la Almadía, Burgui

Arrastrar los troncos por estos caminos con caballerías era prácticamente inviable. La solución más rápida y lógica, aunque también la más arriesgada, era por lo tanto a través del río. Los almadieros, montados sobre ellas, las conducían río abajo desde los valles de Roncal, Salazar y Aézcoa a través de los ríos Aragón y Ebro hasta Zaragoza e incluso Tortosa.

Se desconoce por completo desde cuándo se utilizaban las almadías, si bien la propia palabra es de origen árabe (balsa ligera). Es en el siglo XIV cuando encontramos los primeros documentos que hacen referencia en Navarra a la navegación de las almadías por las aguas del río Aragón provenientes de los valles aragoneses de Echo y Ansó. Es a mediados del siglo XVIII cuando el pirenaico Valle de Roncal entra en directa competencia con los valles alto aragoneses.

2Los reinados de Fernando VI y de Carlos III se caracterizaron por el gran impulso que le dieron a las grandes obras públicas. En este periodo hay que situar la construcción de buques para la Real Armada y las obras del Canal Imperial, para las que el famoso Pignatelli empleó las masas forestales de los valles navarros de Roncal y del Irati.

Es precisamente durante el último cuarto del siglo XVIII cuando se produce el apogeo del tráfico almadiero en los valles del Pirineo navarro. Sirva como dato que entre 1.764 y 1.774 salieron del valle de Roncal más de 50.000 troncos.

El tráfico almadiero se fue perdiendo paulatinamente en el Pirineo navarro a lo largo de la primera mitad del siglo XX. El valle de Roncal fue el último enclave en perder este oficio. La construcción de las carreteras y la aparición de los primeros camiones como medio de transporte favorecieron la extinción de este oficio y de este medio de transportar la madera. La construcción del pantano de Yesa en 1.952 en el cauce del río Aragón supuso el punto final y definitivo del tráfico almadiero.