Así titulaba Moisés Valencia Calvo la crónica que a continuación transcribimos y que fue publicada en Diario de Navarra en julio del año 1971. No se reproduce la fotografía original por su escasa calidad.
Como es costumbre por San Pedro, hacía un calor fuerte. Fuimos por Igal y Vidángoz (aquí, excursionistas, no hay fonda) en un recorrido muy bello y cuya cima de enlace de los dos valles de Roncal y Salazar no es muy elevada. Recomendamos este discurrir que va paralelo a los regachos de Igal y de Biniés en Vidángoz, afluente del Esca.
Estrenaban en Burgui las fiestas en honor de San Pedro Apóstol, con una misa solemne en la hermosa parroquia, bien cantada la misa por el pueblo, sermón adecuado a las fiestas; muchas comuniones; dicha misa por el Párroco aezcoano, don Marcelino Laurenz. Bien sonaban allí las notas del órgano adquirido en Leyre que data del siglo XVII. Vimos, y lo consignamos con agrado, que el pueblo acude en masa bien, y muy bien vestido, y atiende la función con una compostura admirable en el tiempo con semejante limpieza que delataba, además, que es norma de todo el año.
Después de la misa y por razones excepcionales nos agregamos a la Comitiva Oficial y tomamos el aperitivo con las Autoridades. Charla agradable y almadiera con sus Bochuelas y Rusos, sobre el Esca.
Teníamos deseos de fotografiar despacio este bonito puente romano de Burgui. Diversas publicaciones del Ministerio de Información y Turismo lo situaban con el pie de Arive. Ni aquel pueblo de Aézcoa, tan fotogénico, precisa de apropiarse de bellezas ajenas, ni era justo no figurara el verdadero pueblo de tan bella estampa. Ya hemos visto este año que dicha propaganda figura bien emplazada la foto y texto de Arive. Aquí admiramos sus montes, su río Esca, su puente, su presa, su pueblo situado en un plano inclinado bien para que en aquella foz le pegue de recio el matacabras en invierno.
Charlamos con aquella simpática gente, a la sombra en dicho lugar, de un pueblo con sus extensos pinares, muchos de ellos particulares, de madera excepcional, haya y roble; con 5.000 ovejas y 200 vacas; que hace 60 años tenía 700 habitantes; terreno muy montañoso y accidentado; Olate y Zazia (¿Sasi?); Larra; Ajanda; ríos Esca y Biniés; cruce de carreteras del valle a Navascués, a Venta Carrica, a Vidángoz y Salazar; romerías a la Virgen de la Peña en terreno de Salvatierra y a la del Camino; dos serrerías y una granja de cerdos; médico, teléfono (pronto automático); dos maestros; demasiado lejos la farmacia, que precisa un botiquín; 73 kms. a Pamplona por el alto de las Tres Coronas (¿?). Estamos en un pueblo típico del Valle de Roncal. Mucho jabalí. No hay alcalde desde hace algún tiempo por dimisión del mismo, propietario. Oficialmente ejerce el primer Teniente Alcalde, hombre de la nueva hornada (nos referimos a su edad), joven, dinámico, activo y entusiasta defensor de los problemas locales que esperan solución con más o menos urgencia.
Resulta que la enfermedad de moda, la tensión, afecta grandemente en cuanto al alumbrado de la localidad. Entendemos que en la Jefatura de Industria de Navarra van a encontrar fácil y muy atenta solución.
Por las consecuencias de higiene y salubridad más los inconvenientes que ello acarrea con disgustos diarios por el verano es urgente afrontar, nos decía el Sr. Alcalde, el problema de la escasez de agua potable durante el estío en este pueblo. Nos contaba también que el pueblo, para su desenvolvimiento agrícola y ganadero, precisa la construcción de nuevos caminos.
Así están bien resumidos los candentes y presentes problemas de un pueblo. Si las arcas están vacías, como es normal en tantísimos pueblos, búsquese las ayudas precisas y justas, y el resto, sin pereza, hallar el dinero para completar el total de los presupuestos porque esas preocupaciones deben desaparecer realizando los trabajos que con interés nos dijo dicha Autoridad. Verá qué contento se queda el pueblo una vez acabados estos trabajos.
No nos contó el Sr. Alcalde, pero sabemos que el término de Sasi precisa la construcción de una pista forestal que con ello daría al suelo el ciento por uno, porque así el trabajo será rentable. Todo sea por el bien general. Estamos seguros que con el dinamismo del Sr. Alcalde, bien ayudado por los compañeros de la Corporación, otro año tendremos olvidados estos importantes problemas.
Desapareció hace años el atuendo típico del hombre roncalés. De la gran misa el día de la fiesta del pueblo, San Pedro, vimos salir solamente a una respetable señora, con la mantilla negra, roncalesa, que la pudimos fotografiar gracias al Sr. Párroco, ya que aquella buena roncalesa estaba reacia a la máquina. Era nuestra ilusión el poseer el retrato de la última mantilla típica de este pueblo que se exhibe por sus calles, porque cuando por circunstancias de la vida se retire definitivamente a su domicilio, la iglesia de Burgui ya no verá más este atuendo que antaño usaron todas las mujeres en este pueblo roncalés.
Finalizamos este escrito sobre la mantilla con unas palabras de Garcilaso, aquel director de este periódico: “Las mujeres llevan todo el vestido negro, y sus rostros serenos, graves y prudentes asoman por el hueco sombrío de las recias mantillas, de cuyas puntas cuelgan dos trozos de paño como dos higas misteriosas que tuvieran ignoto poder de exorcismo. Tienen los rostros de aquellas mujeres una luz suave y serena de atardecer montañés; una luz pálida y melancólica como la luz que hay en sus barrancos en la hora crepuscular. Tienen una mirada reposada y tranquila… Están como recogidas en una meditación y su caminar es un caminar ligero de palomas. Tienen la gracia de la humildad y la virtud de la obediencia”.
El último fin de semana de agosto, de viernes a domingo y con romería popular de cierre, los cofradres de San José vecinos de Salvatierra de Esca y de Burgui renovaron su subida a la ermita de la Virgen de la Peña, que se levanta al borde un precipicio que preside la foz. El paisaje es tan amplio y espectacular como la historia de la que hoy son herederos 25 salvaterranos y burguiarres, en una tradición que hunde sus raíces en el año 1521 y surge para mediar en los conflictos por los pastos.
Pedro Aznárez, párroco de Ansó que se ocupa de la atención espiritual y las celebraciones litúrgicas, a través de los libros parroquiales ha seguido la historia de las dos cofradías de origen medieval compartidas por miembros de Salvatierra y Burgui, aunque los vecinos de Lorbés (Zaragoza) y Castillonuevo cuentan con fechas propias de peregrinación al santuario.
Aznárez sitúa el origen de la Cofradía de la Virgen de la Peña en 1521, como iniciativa de la Iglesia para poner paz entre las comunidades de los pastores aragoneses y navarros que llevaron sus discrepancias a las peleas por el monte con varios hombres muertos. Al modo del conflicto del que surgió el ‘Tributo de las tres vacas’, van a ser los clérigos los que logren acordar la paz. El párroco subraya que cerca de la ermita se mantiene la denominación de un término llamado ‘Campo de las fuesas’, donde se debió enterrar a los muertos habidos en los enfrentamientos.

“La tierra salva” aragonesa
En 1208 el rey aragonés Pedro II hace un llamamiento para poblar “la tierra salva”, o libre de impuestos, al sur del valle de Roncal. Surge así Salvatierra de Esca, a la que se dotará con el Fuero de Ejea. El asentamiento se realizará sobre una colina (tozal en el decir aragonés) circundada por el río Esca, aguas abajo del viejo monasterio de Santa María de Fonfría que es de fundación navarra en el 850 por García Íñiguez, rey de Pamplona, en la época en la que Wilesindo es obispo.
Toda la comarca lo es de monasterios y castillos. En la visita de Eulogio de Córdoba ese mismo año destacará la existencia de comunidades monacales pujantes que va a encontrar en Urdaspal (Burgui), luego derivado a Burdaspal, y San Vicente de Igal (Salazar) en su camino desde Leire hasta San Pedro de Siresa (Hecho).
Burgui acogió en su término dos castillos de realengo (vinculados directamente al monarca, no a un señor feudal dependiente) en las cuculas del propio pueblo y de Pintano, en el límite con Garde y como puesto avanzado sobre la raya de Aragón. El término cucula procede del latino ‘cuculla’, hace referencia a un vestido talar amplio que vestían los libertos romanos y tenía una caperuza puntiaguda abatible. Es el mismo étimo que da lugar a la voz ‘cogulla’, el hábito monacal.

‘El Ceremonioso’ y ‘El Malo’
En 1338 Pedro IV de Aragón, ‘El Ceremonioso’, casa con la infanta María de Navarra -de la que luego enviudará-, hermana del futuro rey Carlos II, conocido como ‘El Malo’ y que por las fechas era un niño. La dote no se paga en efectivo por los reyes Felipe III y su esposa Juana II y hay una serie de poblaciones navarras que pasan a depender del aragonés como garantía hipotecaria. Es preciso realizar un proceso de “desnaturalización” en junio de 1338 ya que el monarca era el “señor natural de sus súbditos”, que le debían vasallaje y el pago de pechas -impuestos- a cambio de la protección real y el cumplimiento de sus fueros. Son los alcaides de los castillos de Burgui, Santacara, Gallipienzo, Murillo el Fruto, La Estaca y Arguedas los que realizan el acto.
Con Carlos II de Navarra en el trono se declara la guerra contra Pedro IV. Los hechos de armas son favorables a los navarros. Así, del 18 al 26 de julio de 1362, hay una extensa documentación emitida por el rey navarro desde Salvatierra de Esca con casi una veintena de órdenes reales. En una de ellas manda a Guillermo de Auvre, tesorero del reino, que pague a Alí Alhudalí, moro ballestero de Tudela, cuanto se le deba por causa de sus gajes por el tiempo que ha servido a dicho rey en la guerra contra Aragón. El 11 de agosto, desde Roncesvalles, el rey ordena a García Miguel de Elcarte, guarda de la tesorería, que pague a Juan Testador, maestre de su Escudería, 10 libras que le correspondían por poner el pendón real de Navarra en el castillo de Salvatierra de Esca, y otras 10 por ponerlo en el de Ruesta, ambos conquistados en el reino de Aragón.

Orígenes cofrades
Tras las riñas por los pastos entre navarros y aragoneses el clero de la zona busca una salida pacífica y deciden constituir en 1521 una cofradía llamada de la Virgen de la Peña que admita 20 miembros de Salvatierra y 10 de Burgui. En 1628 surge una segunda agrupación, también con integrantes de ambas localidades, que suben al santuario pero que centran su devoción en san José. La dedicada estrictamente a la Virgen de la Peña decae en el siglo XX y se extingue en 1950, según Pedro Aznárez. Es entonces cuando la de san José se hace sucesora y llegado el día de hoy cuenta con 25 miembros. La cifra máxima que puede admitir es de 30 y está regida por un prior -turno rotatorio por antigüedad-, que cuenta con el apoyo de un sirviente que aprende cómo organizar actos y avituallamientos, ya que el fin de semana de convivencia comporta un celebración penitencial conjunta con rezo del ángelus y rosario y los cofrades pernoctan en el pequeño complejo de edificios que rodean el santuario. Históricamente han sido gentes de buen comer y beber, solían incluso acarrear una porción de nieve -preservada en verano en las ‘niveras’- para refrescar viandas y botellas. Como curiosidad Pedro Aznárez destaca que en las cuentas de los años 40 del siglo pasado se pagaba más caro el tocino que la carne o el aceite.
En la actualidad la peregrinación más importante a la Virgen de la Peña, la de los cofrades de San José, está condicionada por la celebración de las fiestas de Salvatierra de Esca que se acomodan al fin de semana más próximo al 8 de septiembre, fecha tradicional cuyo domingo anterior establecía la romería.
Los pueblos de los alrededores tienen días propios de subida. Salvatierra acude el lunes después de Pentecostés -el Ayuntamiento pone pan y vino-, el 2 de agosto por el jubileo de la porciúncula (indulgencia ganada por san Francisco de Asís para sus frailes) y el domingo anterior a las fiestas patronales. Burgui sube la víspera de la Asunción y el 2 de agosto con los de Salvatierra. Castillonuevo lo hacía el 20 de junio y ahora con la despoblación lo programa el sábado más cercano a esa fecha. Los de Lorbés acuden una semana antes que los de Castillonuevo, la tarde de la festividad de San Antonio; pernoctan y regresan al día siguiente tras la comida.

Prodigio de las herramientas
Los ‘Gozos a Nuestra Señora de la Virgen de la Peña’, que se cantan en la celebración, recogen del segundo al quinto -con rima que horrorizaría a Quevedo- retazos de un asunto tenido por prodigioso. Los de Salvatierra quisieron en su origen honrar a la Virgen en un lugar más acomodado y cercano al pueblo. Pero lo que construían durante el día era misteriosamente derribado por la noche, y así varias jornadas hasta que finalmente desaparecieron las herramientas de trabajo. Poco después se hallaron en lo más alto de la roca y aquello fue interpretado como un prodigio mediante el cual la Virgen señalaba a los fieles cuál era el lugar elegido para su culto.
Tras la misa dominical, en la que el celebrante dio el agua bendita a cada cofrade, los miembros desfilaron hasta un pequeño monumento presidido por una cruz para la salutación final. Visten en la ceremonia capa negra amplia sobre pantalón oscuro con camisa blanca a cuyo cuello se anuda un pañuelo también blanco. Los zapatos son negros y los cofrades tienen a gala lustrarlos a fondo.
Dentro de seis años la Cofradía de san José cumplirá 393 años de peregrinación propia y serán cinco siglos justos como heredera de la Virgen de la Peña. Quinientos años de concordia entre Salvatierra y Burgui con una tradición que se mantiene viva.