Burgui renueva dos campanas en 1790

Publicado Publicado por gotzon en HISTORIA     Comentarios Escribe un comentario
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  • Fundidas en Pamplona por José Marcout, grande y pequeña, se aprovechó el metal de dos anteriores
  • El precio total del bronce fue de 2.042,5 reales de vellón y la manufactura costó 61 ducados
  • Su peso conjunto era de 61 arrobas y 25 libras, frente a las 39 arrobas de las campanas viejas

La ‘Relación’ del valle de Roncal del año 1817, donde se recogen los principales acontecimientos ocurridos en la Guerra de la Independencia (1808-14), reseña el dato de que durante el incendio de Burgui (28 agosto de 1809) el fuego provocó la caída de las campanas en la torre de la parroquia de San Pedro. Hoy en día es observable desde la plaza de la Villa cómo las hiladas superiores del campanario se rehicieron con cantos rodados sacados del lecho del río Esca.

campana1Un proceso unos años anterior del Archivo Diocesano de Pamplona relata cómo aquellas campanas que acabaron maltrechas en la Francesada llevaban 19 años repicado. Eran dos, llamadas por sus tamaños ‘grande’ y ’pequeña’, y comenzaron a tañerse en 1790. Su artífice fue el campanero pamplonés José Marcout y valían a peso 2.042,5 reales de vellón en total, con el metal original de las dos campanas viejas vueltas a fundir más el nuevo bronce añadido. Por la mano de obra el coste fue de otros 61 ducados y un tercio. La falta de liquidez de la parroquia de Burgui, que había entendido en la negociación verbal disponer de dos años para pagarlas, dio lugar a la reclamación del campanero.

Así, Nicolás Munárriz, procurador de José Marcout, advirtiendo de la pena de excomunión mayor y otorgando un término de quince días, solicitaba ante el Tribunal diocesano que a su representado se le pagaran los 2.042,5 reales que importó el metal ya que tuvo que poner bronce de más en la fundición de las campanas para aquella parroquia, de cuya suma debían deducirse 336 reales de vellón y 28 maravedís por el metal de las dos campanas viejas reaprovechadas, quedando consiguientemente un saldo deudor de 1.705 reales y 26 maravedíes. Además tenía que cobrar los otros 61 ducados más un tercio correspondientes a la mano de obra.

En poder del administrador y primiciero secular de Burgui, Francisco José Sanz, solo había disponibles 1.703 reales de vellón, cuando el mismo patronato para facilitar la licencia de la fundición había manifestado que las rentas eclesiásticas contaban con un remanente de 5.000 reales sobrantes, que luego no estuvieron disponibles porque se dedicaron a pagar otras deudas. La causa pasó a manos del provisor y vicario general de la diócesis Juan Pascual de Churruca, durante el mandato del obispo Esteban Antonio Aguado de Rojas.

Por los datos contenidos en el proceso diocesano sabemos que las dos campanas nuevas pesaron 61 arrobas y 25 libras. El fundidor Marcout había obtenido de las campanas viejas 39 arrobas, con lo que el artífice puso de su cuenta 22 arrobas y 25 libras de metal. El valor del bronce por aquellas fechas estaba en dos reales y medio por libra, por lo que el precio total del metal de las dos campanas importó los 2.042,5 reales. A ello había que añadir el coste de la manufactura.

campana2Burgui se había comprometido a pagar para el 15 de enero y el documento de Churruca está fechado el 17 de mayo de 1790. El 18 de junio el escribano Pedro Antonio Ros notificó la resolución del obispado a Pedro Uztárroz, vicario de Burgui, y a Pablo Bronte, alcalde y juez ordinario.

Así las cosas, en la villa de Burgui y dentro de la sacristía de la iglesia parroquial, el 19 de junio de 1790 se reunieron juntos y congregados los señores vicario, beneficiados, alcalde y regidores de la villa, siendo quienes componían el patronato de su iglesia. Era vicario Pedro Uztárroz; presbíteros beneficiados Román Ustés, Pedro Juan Aznárez, y Francisco Domínguez; alcalde Pablo Bronte y regidores Pedro Francisco Glaría y Ramón Glaría.

A la hora de la contratación verbal con el campanero Marcout los representantes de Burgui habían entendido que tenían dos años para el pago de las campanas pero ese era el periodo de garantía que daba el artífice para saber si salían o no buenas.

Por su parte el escribano Pedro Antonio Ros, residente en la villa de Roncal, tuvo que desplazarse a Burgui, con una distancia de cuatro leguas con ida y vuelta, sin otro motivo que efectuar cuatro notificaciones y la espera durante más de medio día a que se juntase el Patronato. Obtuvo por su servicio un pago de dos pesos fuertes.

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