Archivos Mensuales / marzo 2017

Los dos escudos históricos del Valle de Roncal

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mar
28

La cabeza cercenada del moro sobre el puente, con el río y las montañas, surgió en el siglo VIII

El 13 de marzo de 1798 Carlos IV añadió el castillo y el lebrel, tras la guerra contra la Convención

A lo largo de su historia el valle de Roncal ha tenido dos escudos diferenciados para manifestar la condición de hidalguía colectiva. A diferencia de los títulos nobiliarios individuales, en los que cada señor representa sus armas de manera única y diferenciada, dicha hidalguía colectiva -propia sobre todo de la Navarra pirenaica-, establecía unos blasones comunes únicos para todos los habitantes del territorio.

El primer escudo, que representa la cabeza cercenada del moro sobre el puente de Yesa con el río y las montañas, es originario de finales del siglo VIII y fue obtenido tras la batalla de Olast u Ollate.

Batalla de Olast

Los roncaleses tienen a gala por tradición que la cabeza corresponde al emir cordobés Abderramán I (731-788) pero la afirmación no es rigurosa. La vida de Abderramán -“el que entra” o “el inmigrado”- estuvo llena de asesinatos, conjuras y traiciones pero él se murió en la cama tras nombrar heredero a su hijo Hisham.

¿A quien degollaron entonces los roncaleses? Pues no se sabe con certeza. Hay quien afirma que se trató del valí -gobernador provincial- Abderramán el Gafiqui en la retirada tras la derrota en la batalla de Poitiers (octubre del 732), pero también los hay que sostienen que en Ollate se combatió durante el reinado de Fortún Garcés (circa 845-905), de modo que el asunto se queda entre la nebulosa densa de las tradiciones y la historia.

Lo que sí es historiográfico es que el valle de Roncal constituyó un núcleo de resistencia frente al dominio musulmán y sus aceifas o expediciones militares para obtener trigo y tributos. En el prefacio del Fuero viejo de Sobrarbe se recoge que “ entonces se perdió España, entroa los puertos sino en Galicia, et las Asturias, et daca Alava, Bizcaya, et dotra part Bastan, et la Berrueza, Deyerri, et en Anso, et sobre Jaca, et encara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobrarbe, et en Anso”.

La resistencia a entregar el producto de su esfuerzo ganadero y labrador a gentes ajenas al valle fue una constante histórica, que va desde el dominio visigodo hasta la I guerra Carlista, cuando en agosto de 1834 y enero de 1836 el valle se declaró a favor de la jovencísima Isabel II.

La guerra contra la Convención

Hasta finales del siglo XVIII el escudo roncalés se mantuvo inalterado. Sin embargo, el lunes 20 de enero de 1793 se produjo un hecho con graves repercusiones internacionales: la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI. La Revolución francesa daba un paso más y constituía el régimen de la Convención, en cuyo desarrollo se dio el periodo de El Terror a cargo de Robespierre.

Carlos IV quedaba al frente de los intereses dinásticos de la casa de Borbón y Francia luchaba de manera activa contra todos sus enemigos terrestres. Inglaterra quedaba a la espera del desarrollo de los acontecimientos con la idea pragmática del “dejemos que se maten los demás entre sí”.

Para sorpresa general, los revolucionarios desharrapados batieron al ejército tradicional de Austria y en marzo de 1793 declaraban la guerra a España.

En el valle de Roncal se constituyó la Milicia provincial, mandada por el alcaide y capitán a guerra Pedro Vicente Gambra, destacado empresario ganadero y promotor del desarrollo almadiero. Carlos IV envió de refuerzo a los Tiradores de Sigüenza. Gambra recibió el grado de teniente coronel y va a ser la bisagra entre el frente aragonés, mandado por Pablo Sangro Merode -príncipe de Castelfranco-, y el teniente general Ventura Caro Fontes, responsable de la defensa navarra y de Guipúzcoa.

La movilización roncalesa fue unánime y eficaz y, como en el caso de Olast, las mujeres tomaron parte activa en la lucha formando una segunda línea de combate provistas de cuchillos y bayonetas.

Los franceses no pasaron más allá de incendiar la ermita de Arrako y robar su plata. Los hombres de Gambra les desalojaron del pico Bimbalet, incendiaron Santa Engracia y se apoderaron de un número importante de cabezas de ganado.

Por contra, los franceses arrasaron las Reales fábricas de armas de Eugui y Orbaiceta, incendiaron Ochagavía y ocuparon físicamente el valle de Baztán y toda la comarca del Bidasoa. En enero de 1795 Carlos IV consentía, tras peticiones reiteradas de la Diputación, convocar Cortes estamentales el 11 de enero de 1795 para que se llamase al apellido (decreto de movilización general) y aprobase una aportación económica de Navarra a la guerra por importe de 170.000 pesos, de los que al valle de Roncal correspondió pagar 12.896.

El valido Manuel Godoy había comenzado pocos meses antes unas negociaciones secretas con Francia que condujeron a la Paz de Basilea (22 de julio de 1795), en la que una Francia exhausta por el esfuerzo bélico abandonaba Guipúzcoa y la parte ocupada de Navarra y recibía como compensación territorial la mitad occidental de la isla de La Española, lo que en la actualidad es Haití.

Escudo Valle Roncal

La defensa eficaz del valle de Roncal por sus moradores mereció el agrado de Carlos IV, quien el 13 de marzo de 1798, desde Aranjuez, firmaba una real cédula que concedía a los roncaleses añadir a su escudo un castillo, símbolo de la fortaleza, y el lebrel, que representa la rapidez en la acción; elemento incorporados desde entonces al escudo del valle.

 

La cencerrada trágica de 1611

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mar
21

Durante siglos ha sido objeto de burla que un viudo contrajera nuevas nupcias, por ello los matrimonios muchas veces eran celebrados casi de manera clandestina para evitar la cencerrada, barullo ruidoso con el que los mozos del lugar hacían sonar por las calles instrumentos de percusión como esquilas, o de viento al soplar cuernos vacíos mientras recitaban versos chuscos. Es lo que ocurrió precisamente en Burgui la noche del domingo 24 de julio de 1611.

 

Amonestaciones y ronda

Aquel día en la misa mayor se leyeron las amonestaciones previas al matrimonio de Sebastián Pérez, viudo, de unos 37 años de edad, quien quería casarse con Graciana Íñiguez, también viuda y de 33. Enterados de ello, con la anochecida, siete mozos del pueblo formaron cuadrilla para dar una cencerrada que terminó con consecuencias trágicas, ya que el novio recibió una fuerte pedrada en la frente y falleció pocos días después, tras indisponerse durante el banquete de otra boda.

Los datos del suceso se guardan en un documento de la sección de Procesos judiciales en el Archivo General de Navarra y la causa fue instruida por el secretario Pedro Zunzarren.

Los implicados

En aquellas fechas Pedro Glaría era el alcalde, que entonces comportaba también ser juez local. De sus pesquisas se deduce que Pascual Baines (hijo de Bertol Baines), Juan Ledea (hijo de Miguel Ledea), Miguel Bronte (hijo de María Galech, viuda), Gregorio Camín (hijo de Juan Camín), José y Miguel Gorría (hijos de Juan Gorría) y Domingo Gorría estuvieron implicados en los hechos y en un primer momento fueron conducidos a la cárcel de Burgui. Por la época las dependencias municipales disponían de calabozo.

Las investigaciones las realizó el alcalde en persona, ayudado por el escribano Miguel Ros, dado que el fiscal sustituto del valle de Roncal, García Galech, presentó acusación formal ya que en un primer momento los hechos fueron calificados de “medio homicidio”, cuando hoy hablaríamos de un delito de lesiones.

La pedrada

En su declaración Sebastián Pérez manifestó no saber quienes habían sido los participantes en la cencerrada, ni el autor del que partió la pedrada.

Nuestro protagonista vivía en “una rinconada y fuera de las calles”. Al escuchar el barullo “le pareció ser afrenta y salió de la casa a la puerta para decirles, como les dijo, que se retirasen de la puerta y se fuesen por las calles con Dios de allí”.

No pudo determinar si eran cinco o seis los participantes y él “estaba arrimado a las paredes y por ser tan noche no los pudo conocer quienes eran, mas solo les dijo que se fueran de ahí y sin otra ocasión ninguna le comenzaron a arrojar de pedradas y le acertaron con una en la cabeza y como se vio herido y de la mucha sangre fue tras ellos un poco y como iban los unos por una parte y los otros por otra corriendo por ello volvió a su casa y se echó en la cama sintiéndose malherido”, manifestó. Por la mañana le atendió el barbero Juan Pérez (por la época eran también sangradores y sacamuelas) y Sebastián sufrió un desmayo.

Edades de los acusados

En las declaraciones consta que Gregorio Camín tenía 15 años de edad, Juan Ledea 16 (quien añade que el primero en tirar una piedra fue Sebastián Pérez), Pascual Baines contaba 21, Domingo Gorría 20, Miguel Bronte 22, en tanto que José y Miguel Gorría tenían 16 años.

El alcalde condenó a Pascual Baines y Domingo Gorría con pena de “medio homicidio” y además, junto con Miguel Bronte, José Gorría, Miguel Gorría, Juan Ledea y Gregorio Camín “en todas las costas que se han hecho por causa de la dicha herida por haber sido todos ellos cómplices y camaradas y las paguen igualmente”, firmado el 28 de julio de 1611.

Fallecimiento el 17 de agosto

Cuando el asunto parecía resuelto desde el punto de vista judicial, el 7 de agosto sufrió un giro al indisponerse repentinamente Sebastián Pérez. El desfallecimiento previo a la muerte, que tuvo lugar diez días después, ocurrió durante el banquete de la boda de un cuñado.

Tras el desmayo, para mayor averiguación, el alcalde pidió declaración a dos cirujanos famosos, llamados Pedro García y Domingo San Martín, “para que viesen y reconociesen a Sebastián, que ratifican que la cura iba bien y la herida está situada en la frente, junto a los cabellos y que no tiene calentura y que el desmayo no procede de la herida sino de humores fríos en la cabeza y que a su parecer es de mal de gota porque le ha llegado dos veces con temblores”.

En el lecho de muerte acompañaron a Sebastián Pérez los vecinos Martín Sanz, de 50 años y Domingo Urdaspal, de 54, quien se encontraba “ trillando en las eras” cuando fue avisado.

Presos y hambrientos

Ante la posibilidad de que la muerte se hubiese debido a la pedrada, pese a los informes cirujanos, parte de los encausados fueron trasladados presos a las cárceles reales de Pamplona.

En concreto, “por la información que se envió a la Corte Mayor del reino van presos a las cárceles reales Pascual Baines, Juan Ledea, Miguel Bronte y Domingo Gorría”, mientras que “están ausentados Gregorio Camín y Miguel Gorría” -se habían ido del pueblo-, en tanto que “José Gorría está retirado en la iglesia parroquial”, lo que significa que se acogió a sagrado y mientras permaneciese allí no podía ser detenido por la autoridad civil. Fueron asignados como sus fiadores Juan Camín, Domingo Pérez, Pascual Ustés y Juan Gorría.

Los presos lo pasaron bastante mal dado que “Domingo y Miguel Gorría, hermanos, dicen que están padeciendo de hambre por no tener padres y ser las madres tan pobres que viven de limosna, de que siendo necesario darán información, y de que el tiempo que están presos se han sustentado de limosna que buena gente les han dado y si no se les da de comer como a pobres de solemnidad, han de morir de hambre”. Terminaban por suplicar al rey “que el receptor de penas les dé de comer como a pobres de solemnidad”.

El proceso, que quedó finalmente pendiente sin sentencia, no cuenta cuanto tiempo permanecieron encarcelados. Triste fin de una noche que pretendió ser divertida a costa de un viudo.

Burgui, 1916. Mucho más que una fotografía…

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mar
14
Estampa de Burgui en julio de 1916.

Pinchar sobre la fotografía para visualizarla en tamaño completo

Nos complace presentar esta preciosa fotografía realizada en Burgui en el año 1916 que nos ha cedido nuestro buen amigo y asiduo seguidor José Ignacio Riezu Boj. Se trata de una instantánea inédita que podríamos considerar como una auténtica joya por los diferentes aspectos que a continuación vamos a ir detallando. Son varias las estampas antiguas que se conservan con diferentes vistas de nuestro pueblo pero ninguna como esta aporta tan valiosa información gráfica a nivel etnográfico, histórico o de indumentaria. Un tesoro que estamos encantados de compartir y de interpretar.

Técnica fotográfica:

La  fotografía que presentamos está realizada con la técnica de la “estereofotografía”. En este caso, una cámara de fotos hace dos tomas simultáneas pero separadas 7 cms. entre sí, la misma distancia de separación de los ojos del ser humano. Esto permite, al verla a través de un visor estereoscópico, observar la escena tridimensionalmente. Es una técnica fotográfica que se utilizó mucho en el siglo XIX y principios del siglo XX y que posteriormente cayó en desuso. La que mostramos está realizada sobre una placa de vidrio con emulsión de gelatina y en positivo, lo que hace que sea el original y probablemente sin copias. La placa de vidrio tiene unas dimensiones de 16,9 x 8,4 cms. y el par fotográfico de 7×7 cms.

Espacio y tiempo:

Se trata de una estampa costumbrista realizada en la localidad de Burgui (Valle de Roncal, Navarra) en el mes de julio del año 1916. Recoge un paisaje del casco urbano del pueblo con el puente medieval y tres personajes en primer plano.

Origen de la fotografía:

La fotografía perteneció a la colección de la familia de Teodoro Ruiz de Galarreta que fue vendida a un anticuario de Valencia hace unos años. La fotografía se adquirió por José Ignacio Riezu Boj en el año 2010 y está fechada en el mes de julio de 1916 (hace ya por lo tanto 101 años). En ella aparecen retratados, según la nota de la fotografía, el propio Teodoro, su cuñado José Alfonso y una paisana de Burgui.

Los personajes:

Teodoro Ruiz de Galarreta Maestu (primer personaje por la izquierda) fue un rico propietario nacido en 1884 en Pamplona, casado con la donostiarra María Felisa Mocoroa Durán en 1921 y gran aficionado a la fotografía. A lo largo de su vida -falleció a los 70 años el 14 de julio de 1954- reunió una ingente colección principalmente de fotografías estereoscópicas, muchas de las cuales las realizó tras sus viajes por diferentes pueblos navarros.

El siguiente personaje (en el centro) es José Alfonso Zarranz, que ejerció como médico en Burgui -al menos- entre 1907 y 1912. Casado en esta última fecha con una hermana de Teodoro, llamada María Pilar, se desplazó a vivir y ejercer la profesión a Pamplona, donde adquirió gran fama. De hecho, una de las calles del barrio de San Jorge en Pamplona recibe seguramente su nombre, “José Alfonso, médico”, en relación a este mismo personaje.

La escena nos muestra por lo tanto una excursión por el valle de Roncal de Teodoro y José Alfonso. De hecho, hay varias fotografías más de este viaje por los pueblos roncaleses. En su parada en Burgui se fotografiaron también con otro lugareño con indumentaria roncalesa y en este caso se retrataron con esta paisana de la derecha.

Pero… ¿quién podría ser esta buena mujer?. Partimos de varias consideraciones previas para realizar una hipótesis que nos permita aventurar su identidad: La fotografía está obtenida desde el trazado del Camino Real que conducía hacia Salvatierra de Esca y que daba acceso a su vez a varios pajares en el término de Sitxea, también conocido como Izabarroa. Partimos de la base de que la señora porta sobre su brazo izquierdo una cesta que, ampliando la imagen, intuimos que contiene huevos. La mayor parte de los actuales pajares existentes en Sitxea no se construyeron hasta después  del año 1918 (momento en el que el vecino Nazario Labiano, de casa Molinas, solicita al Ayuntamiento de Burgui la posibilidad de adquirir un trozo de terreno para edificar un pajar y ante lo cual el ayuntamiento inicia un proceso de subasta de terrenos para atender esta y otras solicitudes). Existían por lo tanto en 1916, año de la fotografía, únicamente dos pajares en esa zona: el de Zarrajero, destinado seguramente al ganado vacuno por las características del edificio, y el de Lupercio, del que hay constancia que en la planta baja tenían las gallinas y el cerdo. La fotografía está realizada precisamente a escasos metros de la puerta de acceso a este último pajar. Consultando el libro de Matrícula de la Iglesia de Burgui para ver quiénes componían la unidad familiar de casa Lupercio en esa fecha, nos atrevemos a asegurar que la identidad de esta mujer podría corresponder a Celedonia Pérez Iriarte, nacida en 1863 y que falleció el 19 de febrero de 1963 unos pocos días antes de llegar a centenaria. Por lo tanto, suponiendo con estas premisas que fuera ella, tendría una edad de 53 años en el momento de realizar esta fotografía.

Valor artístico:

Consideramos la instantánea estéticamente perfecta. El autor ha sabido componer la imagen colocando, en la parte superior izquierda y al fondo, el pueblo; en la parte inferior derecha y en primer plano, a los tres individuos; y a modo de diagonal de izquierda a derecha y de atrás a adelante, el magnífico puente de Burgui que parece señalarnos, como una flecha, a los tres protagonistas.

Valor indumentaria:

Pero por lo que consideramos que esta fotografía es única es por la indumentaria que usa esta mujer. A diferencia de los dos turistas, ella porta la indumentaria roncalesa. Lleva pañuelo en la cabeza, blusa de largas y huecas mangas, corpiño o justillo y larga falda.

La falda encimera la lleva caída, en su posición natural; normalmente la falda encimera cumplía el papel de bolso (se subían la parte delantera y se la amarraban a la cintura por detrás, de tal forma que allí metían cosas, muy especialmente cuando recogían productos en la huerta).

La mujer viste un corpiño típicamente roncalés, de uso ordinario, muy sencillo. Unas simples cintas bordeando el escote. Se trataría de lo que puede ser el único testimonio de un corpiño de diario, ya que no se conoce otra fotografía en todo el valle con esta indumentaria.

Nos atrevemos por lo tanto a decir que estamos ante el único testimonio de la indumentaria femenina roncalesa de diario. No puede tratarse de la indumentaria de gala o de fiesta, ya que viene de recoger huevos en un cesto y unos turistas le han “pillado” para fotografiarse con una lugareña.

Valor histórico y etnográfico:

Aparte de su notable valor anterior, la instantánea presenta también un importante valor etnográfico e histórico ya que nos muestra diferentes elementos significativos de la época:

  • Las mayor parte de las casas del pueblo aparecen mostrando desnudas sus fachadas con negras piedras. Solamente se distinguen dos o tres casas enlucidas totalmente.
  • Algunas de las casas presentan encalados los alrededores de alguna ventana o balconada. El blanqueado del contorno de puertas y ventanas con cal además de servir para sanear los vanos de los edificios, servía también para poder identificar de noche la puerta y las ventanas cuando no existía la luz eléctrica.
  • Sobre la mayor parte de los tejados sobresalen grandes chimeneas, muchas de ellas troncocónicas, antaño tan típicas del valle y en la actualidad ya desaparecidas, salvo merecidas reconstrucciones que vuelven a recuperar la estructura antigua de estas chimeneas. Obsérvese la preciosa chimenea que existía en la casa que actualmente, pero no en 1916, alberga la panadería Ezker.
  • En muchos de los tejados se observan también las llamadas “palomeras”, pequeñas ventanas salientes con tejadillo que permitían el acceso al tejado desde el sabaiao.
  • No existe en la fotografía, por haberse construido a mediados de los años 20, la actual casa Juana Mayo edificada junto al puente. En su lugar se aprecia una escollera de piedras a modo de talud para sostener el trazado de la carretera que discurre por la parte superior.
  • Se observa por el contrario una edificación ya desaparecida que se encontraba en la actual zona de aparcamiento junto a la panadería, prolongando el trazado de la calle Mayor. Se trataba del pajar de Calvo, que fue demolido para el ensanche y acondicionamiento de la actual carretera.
  • El edificio del molino fue también posteriormente remodelado, abriéndose diversos ventanales que no existen en el momento de esta fotografía. Presenta aquí la estampa habitual de un molino harinero, pues todavía no generaría electricidad.
  • Se distingue, detrás de casa Molinas con su esbelta chimenea, otra casa algo más alta que tras incendiarse fue comprado su solar para ampliar la entonces casa Almazán, dando lugar a lo que actualmente conocemos como casa Avizanda.
  • En la casa conocida como Juan Rosildo se aprecia claramente en su fachada bajo la chimenea un pequeño saliente a modo de cajón. Recibía el nombre de “sucaparre” o “socaparre” y era un espacio interior en el fogón de la cocina que sobresalía hacia el exterior para permitir la colocación de leñas largas. Hoy en día no se conserva ya ninguna de estas estructuras salientes en la localidad.
  • Podemos afirmar, tras un proceso de ampliación digital, que la presa se encuentra construida por maderos entrecruzados. Incluso el puerto para las almadías parece estar construido mediante largos maderos. Y es que no fue hasta 1921, siendo alcalde Coronado Glaría Salvador de casa Onpedro, cuando se construyó la presa y el puerto que conocemos actualmente. Se trata por lo tanto de la única fotografía conocida de esta presa construida mediante maderos.
  • Excepcional es también, ubicada en la esquina del inicio del puente desde el pueblo, la existencia de una columna de piedra que formaba el crucero que delimitaba la entrada al casco urbano del pueblo. A pesar de las ampliaciones no se consigue apreciar si existe la cruz, también en piedra, que debió presidir el alto del crucero, y de la que hay constancia documental a través de un grabado realizado hacia el año 1874. De no existir ya la cruz en 1916, bien podría tratarse también de la base para colocar la imagen de la Virgen de la Peña con motivo de las romerías que desde este punto se iniciaba hacia su ermita. De hecho, al construirse la casa Juana Mayo junto al puente está confirmado que se hizo una pequeña hornacina en su fachada para albergar esta imagen.
  • En la carretera, junto a casa Onromán, se aprecia aparcada una carreta o carromato para ser tirado por caballerías y cubierto por una capota.
  • Junto al inicio del puente, a la derecha de los tres personajes, se localizan varios maderos ya pelados y trabajados que dudábamos si se estaban preparando para una almadía. Pero más bien parece ser que llegaron formando parte de una almadía por su distribución desordenada y porque se aprecian algunas escarbas y agujeros por los que fueron amarrados al barrel. Podría tratarse por lo tanto de madera bajada en almadía desde aguas arriba para su uso en la construcción o reforma de alguna casa o pajar del pueblo…
  • Aunque indirectamente, aparecen retratados también otros personajes en esta fotografía. Vamos a descubrirlos:

-En la ventana de casa Iglesias (actualmente casa rural Urandi) se observa perfectamente a una mujer asomada que se encuentra sacudiendo una gran tela, posiblemente una sábana. En el balcón superior tiene tendida al sol la colada.

– A la izquierda, en la orilla del río, a la sombra del puente (era el mes de julio…) se encuentra un grupo de lavanderas formado por tres o cuatro mujeres vestidas de negro haciendo la colada. Incluso parece que algunas prendas blancas están tendidas o elevadas con algún soporte que no se llega a apreciar.

-Bajo el arco del molino, también en el pedregal, se aprecian varios bultos que no adivinamos a distinguir si se trata también de lavanderas colocadas junto a la salida del agua de la fuente del batán. No parece en cualquier caso que existiera entonces el actual murete que encauza hacia el río la salida del canal del molino.

-Subiendo el puente en dirección al pueblo se observan dos machos cargados con grandes fardos de hierba envueltos en sábanas. Guiando a la primera de las caballerías se distingue, ampliando la imagen, a un niño con camisa blanca y boina, mientras que al segundo macho le conduce un lugareño con camisa blanca. Siendo el mes de julio, era también momento de acarrear al sabaio las hierbas para alimentar durante el año a los animales después de haber sido cortadas en los campos.

En definitiva, por todo lo expuesto, nos permitimos considerar esta fotografía como una de las más bellas estampas antiguas de Burgui de las que se tiene constancia, no solo por su perfección y calidad estética sino también por los elementos humanos, etnográficos e históricos que a través de su detallada observación se pueden interpretar, siendo algunos de ellos totalmente insólitos y desconocidos fotográficamente hasta la fecha.

Un auténtico placer para quien sepa disfrutarla y saborearla como lo hemos hecho nosotros. Colectivo Cultural La Kukula, Burgui.

 

Si has detectado algún error o dispones de información complementaria, contacta con nosotros en info@lakukula.com