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Primeras obras de abastecimiento de agua a Burgui

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Mar
21

Actualmente es difícil imaginar que en nuestras casas no hubiera agua corriente para el consumo, el lavado de ropa o la higiene personal, pero no hace tantos años que nuestros antepasados debían acudir a por agua a la fuente del Batán, al río Esca o al barranco de Txares para poder satisfacer estas necesidades básicas en sus viviendas. El agua era transportada en radas o herradas, la mayor parte de las veces portadas sobre las cabezas de las mujeres. Tan solo se libraban de este trabajo diario las cuatro casas que disponían de un pozo en propiedad: Ganare, Gambra, Laspidea y Txinko, este último procedente de agua de lluvia.

Fechada en Pamplona un 20 de agosto de 1943, Pascual Arellano, Ingeniero de Caminos, redactó una memoria planteando el abastecimiento de agua para el pueblo de Burgui. Ante el habitual consumo de agua procedente del propio río, indicaba que «las aguas del río Esca bajan turbias durante mucha parte del año, tienen desagradable aspecto, mal sabor y un posible riesgo sobre todo en estiaje de hallarse contaminadas. Su temperatura varía con la del ambiente, siendo ello un grave inconveniente en los días cálidos«. Además de lo expuesto, argumenta que en caso de recurrir a estas aguas para abastecer al pueblo «sería preciso depurarlas y elevarlas a unos cuarenta metros para poder abastecer la parte alta del pueblo».

Los citados inconvenientes obligaron por lo tanto a pensar en otra solución que «aunque costosa, es la que siempre reúne más ventajas». Indica Pascual que «la existencia de dos manantiales a unos tres y medio kilómetros del pueblo que permiten un abastecimiento en inmejorables condiciones higiénicas nos ha decidido a proyectar la utilización de sus aguas por conducción forzada». Añade que «las aguas bajo el punto de vista de pureza son excelentes, a la vista del certificado de análisis, estando situados los manantiales en terreno comunal. en los sitios denominados Miscala y Aguyo».

Depósito de captación de aguas construido en el manantial de Miscala

Ambos manantiales se localizan próximos a la carretera en dirección al puerto de Las Coronas y desembocan en el de Txares. Actualmente el abastecimiento se realiza solo desde el barranco de Miscala, el otro debió destruirse tras una riada. Los aforos calculados para un mes de octubre de la época eran de 0,555 litros por segundo para el manantial de Miscala y de 0,310 para el de Aguyo. La tubería proyectada para la conducción hasta el depósito regulador fue de fundición de 50 milímetros de diámetro y se calculó un consumo de caudal máximo diario de 66,605 metros cúbicos para una población de 770 habitantes, lo que nos da el dato del número de vecinos existentes en Burgui en ese año.

Un depósito regulador recibía las aguas de la conducción, con dos departamentos diferenciados y una capacidad total de 216 metros cúbicos. Se proyectó con una cubierta de hormigón en masa con objeto de «acatar de este modo las disposiciones vigentes sobre la restricción del empleo de hierro«. Es de suponer que por la Segunda Guerra Mundial y el aislamiento sometido al país, el escaso hierro disponible iría destinado a otros usos regulados por normativa.

Imagen actual del exterior del depósito de aguas construido en 1952

Se ubicó bajo el trazado de la carretera, muy próximo a la ermita de la Virgen del Castillo, y sus restos, ya sin uso actual, aun pueden contemplarse a día de hoy. Sobre la puerta de este depósito figura la fecha de 1952, que entendemos se trata de la fecha de finalización de los trabajos.

Imagen actual del interior del depósito de aguas construido en 1952

En esta memoria de 1943 se incluía la colocación en la red de 24 hidrantes o tomas de agua diseñadas para proporcionar un caudal considerable en caso de incendio. En cuanto a su emplazamiento se indicó «que no los separa una distancia constante porque la urbanización de estos pueblos aconseja dentro de la economía, la elección de puntos adecuados para su ubicación».

Se fijaron asimismo diferentes llaves de paso «necesarias para la localización de averías y la no interrupción del servicio más que en corto espacio de la red«. El presupuesto de ejecución material del abastecimiento ascendía a 213.231,86 pesetas (incluía arquetas, zanja, tubería de conducción, depósito de carga, tubería de distribución y registros para acometidas a las casas) y el presupuesto de contrata a 247.348,96 pesetas.

En el anejo a la memoria se suponía una subvención del Estado para la realización de estas obras de 150.000 pesetas, por lo que «el capital que habrá que amortizar es de 97.348,96 pesetas». Planteando una amortización en 25 años con un interés del 4%, «proponemos la tarifa de 0,65 pesetas al consumo del metro cúbico durante los 25 primeros años y la de 0,25 pesetas para años sucesivos». Curiosamente, el consumo de litros por habitante y día se repartía en bebida (2 litros), preparación de alimentos (3), aseo personal diario (20), limpieza de casa y vajilla (12), lavado de ropa (13) y uso de water (10), dando un total de 60 litros al día.

Y si se abastecía de agua a las casas de Burgui… consideraron «de absoluta necesidad el redactar también un proyecto de saneamiento que recoge las aguas negras y las pluviales en la misma tubería». Y es que en aquella época no existían baños en las viviendas por lo que las aguas fecales se lanzaban muchas veces al grito de «¡Agua vaaa!» y para la mayores existían diferentes soluciones en cada casa o zonas del pueblo comunes a las que se acudía.

Se proyectó una tubería de hormigón, diferentes registros y sumideros, así como un pozo séptico calculado «para que las aguas negras en estiaje permanezcan en él durante diez y seis horas», entendiendo que después «por el aliviadero evacuará directamente al río Esca«. Esta poza séptica se construyó a la salida del pueblo en dirección a Salvatierra de Esca, en un pequeño huerto que hasta entonces era de casa Moreno.

El presupuesto de ejecución material del saneamiento y alcantarillado ascendía a 81.087,36 pesetas (incluía alcantarillado, 15 arquetas de registro, 20 sumideros y un pozo séptico) y el presupuesto de contrata a 94.061,34 pesetas.

Borda y barranco de Miscala, lugar desde donde se realizó la captación de aguas

Sin embargo, ambos proyectos no se realizaron en el corto plazo porque 3 años después, con fecha 24 de agosto de 1946 y firmado en Zaragoza, el ingeniero Francisco Fernández presenta la justificación y descripción del «Proyecto de replanteo de abastecimiento de aguas de Burgui». En su memoria se trata de redactar de nuevo el proyecto anterior presentado por el Ayuntamiento de Burgui según lo dispuesto en Orden Ministerial de 1944 en base a la cual se solicitaba reducir el depósito a la capacidad subvencionable, justificar los precios asignados a las unidades de obra, desglosar las obras subvencionables y calcular las tarifas de consumo al vecindario teniendo en cuenta las normas dadas por el Reglamento vigente.

Respecto a la primera de las prescripciones impuestas se acuerda «reducir la capacidad del depósito regulador a 88 metros cúbicos«. Si bien en el proyecto de 1943 se planteaba un depósito con una capacidad total de 216 metros cúbicos, nuevos cálculos daban un consumo normal diario de 84,70 metros cúbicos con una pequeña reserva para caso de incendios, razón por la cual el depósito estaba sobredimensionado y por lo tanto no era subvencionable en la capacidad inicial establecida. El depósito fue proyectado de planta cuadrada de 620 metros de lado dividido en dos compartimentos y con una altura de 2,65 metros de lámina de agua y cubierto por una losa de hormigón armado con nervios centrales. Una cámara de llaves aneja «alojará todas las llaves de aducción, alimentación de la distribución y desagüe, y permite el acceso y ventilación de los depósito, con el debido aislamiento del exterior».

En cuanto a la justificación de los precios, resulta muy interesante el detallado desglose realizado por el ingeniero en cuanto a días de trabajo efectivos, jornal diario, gratificaciones (de Navidad y del 18 de julio), seguros sociales (accidentes, seguro de vejez, subsidio familiar, cuota sindical y seguro de enfermedad), plus de cargas familiares, montepío y otros. Continúa la justificación con el cálculo del jornal por hora trabajada según clases de obreros (capataz, entibador, barrenero, oficial, ayudante y peón) y diversas partidas como tonelada de cemento en fábrica y a pie de obra (calculando el transporte por ferrocarril hasta la estación de Liédena y después por carretera), excavación, relleno de zanjas, grava, arena, hierro, piedra y tubería de fibrocemento, entre otras muchas.

Con la base de todos estos precios, «calculados en la forma reglamentaria, asciende el presupuesto a 326.608,68 pesetas por el sistema de administración y a 371.437,29 pesetas por el de contrata«, lejos por lo tanto de las 247.348 pesetas proyectadas tres años antes, y a pesar de haber reducido la capacidad del depósito regulador de 216 a 88 metros cúbicos.

Finalmente, en cuanto a las tarifas de consumo a aplicar a los vecinos, se establecía que «el Ayuntamiento de Burgui ha renunciado expresamente a la aplicación de tarifas por el suministro de agua a domicilio«, lo cual se presentó al menos sobre el papel como un servicio sin cargo al vecindario.

Las obras de ejecución del proyecto de abastecimiento de agua debieron finalizarse en el año 1952 y fueron adjudicadas al contratista Bautista Martínez Urbiola, casado con Fermina López Andreu, vecino de Burguete. Bautista, junto con sus hijos César, Andrés y Victorino, así como con los hijastros de este último, Angel y Luis Garrido Lapuente, se desplazaron a vivir a Burgui durante el periodo de ejecución de las obras, residiendo temporalmente en casa Labari. Curiosamente, César Martínez López, uno de los hijos de Bautista, acabó casándose en Burgui con Mari Carmen Recari, de casa Txinko, entonces maestra del pueblo junto con Pascuala Abad.

Derecha, Bautista Martínez Urbiola, contratista de las obras de abastecimiento. Izquierda, su hijo César, que participó en las obras y que se casó con Mari Carmen Recari, de casa Txinko.

El Ayuntamiento de Burgui debió financiar la parte no subvencionada de la obra mediante venta de abetos procedentes del abetar de Basari. Las tuberías de conducción se trasladaron en camión desde la calle Jarauta de Pamplona en un camión de gasógeno de casa Ramón que conducía Cleto Esparza Lacasia, de casa León. Aunque sobre la puerta del depósito figura su año de construcción en 1952, la inauguración de los trabajos tuvo lugar a comienzos del mes de abril de 1953 siendo alcalde y también maestro Julián Maldonado, natural de Navascués, y con tal motivo se organizaron tres días de fiestas.

El Diario de Navarra del 7 de abril del año 1953 recogía esta completa crónica titulada «Bendición e inauguración de las obras de traída de aguas en Burgui»:

«El pueblo roncalés de Burgui celebró con la alegría natural propia del acontecimiento el cumplimiento de una antigua aspiración con la bendición e inauguración de las obras que habrán de llevar a todos los hogares el agua, aspiración satisfecha sobre todo gracias al esfuerzo y colaboración que con todo entusiasmo ha aportado el vecindario.

Ya de víspera comenzó a desbordarse la alegría, con música y cohetes. En el campo de Zabalea se jugó un partido de fútbol entre el «Roncal F.C.» y el equipo local «C.A. Burgui», siendo este último el que se adjudicó la copa donada por el Ayuntamiento, que le fue entregada personalmente por el Alcalde D. Julián Maldonado. (Nota: era también maestro del pueblo)

Para el acto solemne de la bendición acudieron a Burgui el Gobernador Civil Sr. Valero (Nota: Luis Valero Bermejo), el Diputado Foral don Amadeo Marco (Nota: Amadeo Marco Ilincheta, natural de Navascués), que fueron recibidos entre los aplausos del vecindario, mientras en el aire sonaba el estampido de los cohetes. Se hallaban también presentes el ingeniero director del proyecto D. José Erice y su ayudante D. Nicolás Olaverri, así como el contratista de las obras D. Bautista Martínez, el alcalde de Burgui D. Julián Maldonado, el Secretario municipal D. José Villanueva, el jefe de la guardia civil allí destacada D. Miguel Marco, el párroco D. Manuel Urzainqui (Nota: natural de Vidángoz) al que acompañaba el joven P. capuchino Fray Alberto de Vidángoz, el jefe local D. José Recari (Nota: se refiere a la Falange Española Tradicionalista) y todos los señores concejales y los miembros de la Junta de Veintena. Allí estaban con los niños de las escuelas doña Pascuala Abad y señorita Carmen Recari, y muchas personas más de aquel vecindario.

Formose la comitiva con la Cruz parroquial al frente para trasladarse al punto en que se encuentran los depósitos de la nueva traída de aguas donde el Párroco, revestido con capa pluvial, bendijo las instalaciones con el ritual litúrgico en presencia de las autoridades y personalidades antes mencionadas y del vecindario en pleno.

Amadeo Marco, en una imagen de la misma época, inaugurando otra obra en la zona.

A continuación habló el Alcalde señor Maldonado que expresó su alegría por ver realizado el proyecto y agradeció a cuantos habían colaborado en el mismo. Le siguió en el uso de la palabra el Diputado señor Marco que elogió el esfuerzo y tenacidad de los vecinos de Burgui que les ha llevado a la feliz realización de un proyecto que tantos beneficios ha de reportar a la villa y felicitó a las autoridades y al vecindario en nombre propio y en nombre de la Diputación Foral y de su Vicepresidente, cuya representación ostentaba (Nota: la Presidencia de la Diputación Foral recaía en Franco por ser la máxima autoridad). Cerró el acto el Gobernador Civil que, después de elogiar y felicitar a todos, les pidió que siguieran trabajando por laboriosidad y firmeza, en la seguridad de que no les había de faltar el apoyo de las autoridades que, bajo el mando de Franco, se preocupan por el bienestar de todos los pueblos de España.

Las autoridades pasaron a ver las instalaciones y escucharon las explicaciones que sobre las mismas tanto el ingeniero director de las obras, señor Erice, como su ayudante el señor Olaverri les daban. He aquí algunos datos interesantes sobre dichas obras: Proceden las aguas de los manantiales propios: el Miscala y el Aguyo. Hay un caudal disponible de 1.150 litros por segundo siendo la dotación por día de 99.360 litros; dotación por habitante y día corresponde de 150 litros. La longitud de la tubería de conducción es de 2.968 metros con un diámetro de tubería de 50 mm. La capacidad del depósito regulador es de 200.000 litros (Nota: de ser cierta esta información, parece ser que no se redujo la capacidad del proyecto inicial de 1943 fijada en 216 metros cúbicos). La longitud de la tubería de distribución abarca 1.883 m. La tubería es de uralita. Las bocas de riego públicas son 31. Las acometidas a domicilio 151. Tiene la red de saneamiento 2.052 metros.

A las dos de la tarde en la Casa municipal se sirvió una comida oficial para las autoridades e invitados. Servían la mesa, que estaba presidida por el Gobernador Civil y el diputado señor Marco, Alcalde y Párroco de Burgui, dos bellas muchachas ataviadas con el típico traje de roncalesas. Terminado el banquete, el Gobernador Civil y don Amadeo Marco, acompañados por las restantes autoridades, hicieron un breve recorrido por el pueblo, emprendiendo a continuación el regreso, siendo despedidos con las mismas muestras de entusiasmo que a su llegada.

Para que también los niños participaran del júbilo general, hubo un reparto de bolsas de caramelos a todos los niños de las escuelas y a la gente joven, y a cuantos quisieron participar en la fiesta obsequió el Ayuntamiento en la plaza, por la tarde, con pan, queso y vino, continuando la animación y la música hasta el anochecer«.

Otros personajes de la época: Pascualita Abad (maestra), Julián Maldonado (alcalde), Mari Carmen Recari (maestra) y Manuel Urzainqui (párroco).

Casi veinte años después de esta traída de aguas, el 19 de julio del año 1972. figura un escrito del entonces alcalde del Ayuntamiento de Burgui, Martín Urzainqui, a la Comisaría de Aguas del Ebro en el que indica que «este Ayuntamiento ha decidido proceder a la ampliación de la red de abastecimiento pública ya que el caudal que actualmente se disfruta es insuficiente en la época de estiaje, o sea, meses de julio a octubre aproximadamente«.  En el escrito se indica que «estudiadas las posibilidades de obtener un mayor caudal de agua no se encuentra otra solución que tomar agua del río Biniés que baja desde Vidángoz y confluye en el Esca unos cien metros aguas arriba de la población de Burgui». Se solicita un caudal de 100 metros cúbicos diarios con un caudal continuo de 1,15 litros por segundo y un caudal instantáneo de 3,47 litros por segundo. Suplica el alcalde «sírvase conceder a este municipio de Burgui el aprovechamiento de los caudales de agua de que hace mérito procedentes del río Biniés, los cuales serán captados en la desembocadura del mismo«.

Actualmente el depósito de aguas inaugurado en 1953 ya no se encuentra operativo, si bien se mantiene abandonado con las instalaciones de tuberías y llaves completamente oxidadas. En el año 2000 se inauguró un nuevo depósito de aguas de unos 300 metros cúbicos de capacidad en la zona de Las Coseras, sobre la carretera que accede al puerto de Las Coronas. El manantial de Miscala sigue abasteciendo al pueblo, además de la toma directa del río Biniés junto con otra toma de un pozo próximo al barranco de Sebince proyectado en el año 1998 para los momentos en los que el caudal de Miscala resulta insuficiente para abastecer la demanda de consumo de agua de los vecinos de Burgui.

Agradecemos a Josetxo Redín Fayanás la cesión de los documentos técnicos que nos han permitido resumir estos proyectos de abastecimiento de agua, así como a todas aquellas personas a las que hemos recurrido para solicitar información o fotografías, sin cuya colaboración este reportaje no hubiera podido realizarse con tanta precisión y detalle.

Dalmacio Lacasta Glaría, un burguiar desconocido…

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Dic
22

Dalmacio nació en Burgui un 25 de septiembre del año 1915 en casa Juanito, hoy ya desaparecida. Hijo de Martín Eusebio Lacasta Tolosana, de Castillonuevo, y Mercedes Glaría Domínguez, de Burgui. Sus abuelos paternos eran Juan Lacasta Larraz y Josefa Eleuteria Tolosana Domínguez. Sus abuelos maternos, Pedro Glaría Garate y María Francisca Domínguez Ezquer, ambos de Burgui.

Con 20 años de edad y siendo el cabrero municipal del pueblo de Burgui se produjo el inicio de la Guerra Civil. Por ser simpatizante y afiliado a UGT, al igual que sus hermanos mayores Florencio y Fidel, abandonaron el pueblo para integrarse en el bando republicano.

Dalmacio Lacasta  y su mujer Paulette

Dalmacio luchó activamente en el frente. Al inicio de la Guerra Civil formó parte de un batallón del ejército vasco siendo herido el 10 de septiembre de 1936 en el brazo izquierdo. En la primera retirada pasó a Francia, desde donde entraría a Cataluña para seguir combatiendo.

Al igual que Justo Domínguez Pascualena, también vecino de Burgui, sería ascendido de cabo a sargento en la misma brigada, la 178 Brigada Mixta de Infantería, que estaba formada con milicianos de sindicatos y partidos, milicianos voluntarios vascos, carabineros, cuerpos de seguridad y miembros del ejército regular de la II República anteriores al 18 de julio de 1936. El ascenso fue firmado el 27 de agosto de 1938 aunque con efecto desde el 22 de abril de 1938 como premio a sus distinguidos comportamientos en distintas operaciones de guerra desde el inicio de las hostilidades en defensa de la II República.

Dalmacio fue uno de los más de 60.000 refugiados republicanos que a partir del 29 de enero de 1939, tras la retirada huyendo del fascismo, llegarían a la localidad francesa de Saint Laurent-de-Cerdans, donde se improvisó un campo de refugiados mediante tiendas de campaña donde los refugiados eran mantenidos gracias a la solidaridad de los obreros.

La primera semana de marzo de 1939 el campo de refugiados fue vaciado siendo llevados por los gendarmes a campos de internamiento. Dalmacio fue obligado a abandonar el campo el 4 de marzo siendo llevado a diferentes campos. Primeramente, el campo de Judes, en Septfonds, en el que entró el 1 de abril de 1939. Ese mismo mes sería llevado al campo de Gurs, lugar donde sería asignado al islote D, barraca 13, uno de los cuatro islotes destinados a los “vascos”. Allí consta que salió a trabajar como agricultor temporalmente del 18 al 28 de junio de 1939. Sus hermanos mayores, Florencio y Fidel, habían estado previamente en Saint Cyprien, en los campos 10 y 11 respectivamente, siendo llevados después también a Gurs.

Campo concentración Judes 1939

Dalmacio volvería a salir de Gurs para trabajar como leñador a la localidad de Saint Justin, donde había un campo de tránsito. Contrajo matrimonio con una joven de la localidad llamada Paulette, con la que tuvo dos hijos mellizos, Carlos y Carmen, nacidos en esa localidad el 6 de diciembre del año 1943.

El 21 de abril de 1944, a raíz de los diversos atentados llevados a cabo por parte de la resistencia, más de 200 soldados alemanes acompañados por una veintena de hombres que llevaban brazaletes amarillos con la inscripción “Deutsche Wehrmacht” (franceses auxiliares de la Gestapo) llevaron a cabo una redada muy violenta con el objetivo de encontrar a los responsables que se encontraban en la región. En dicha redada fue detenido Dalmacio y fue llevado preso a la Caserna Boudet, en Bordeaux.

El 10 de mayo de 1944 fue conducido al campo de tránsito de Royallieu-Compiègne donde llegaría el 12 de mayo matriculado con el número 35742. El 21 de mayo fueron llevados a la estación de Compiègne, desde donde fue deportado en el convoy 1214 al campo de concentración de Neuengamme, en Alemania, donde llegaría el 24 de mayo de 1944.

El convoy partió con 2004 hombres. Dos  categorías  de  prisioneros  se destacan  en este  convoy. Algunos son militantes comunistas  de la  región parisina  y de otros departamentos detenidos entre 1941 y 1942, otros  son detenidos tan solo  tres  meses antes de su deportación. La mayor parte son republicanos, entre ellos una  decena de navarros. 

Ficha de Dalmacio en campo de concentración de Neuengamme

En Neuengamme sería matriculado con el número 31082 aunque unos días más tarde, el 27 de mayo, fue transferido a uno de los numerosos subcampos dependientes del campo de concentración de Neuengamme, el situado en Braunsweichg, de la empresa Büssing Nag, empresa fabricante de camiones y vehículos que formaba parte de la industria de guerra armamentística del III Reich. Esta empresa utilizaría miles de deportados de varios campos de concentración como mano de obra esclava. Estuvo en funcionamiento hasta marzo de 1945 que fue bombardeada. Dicha empresa, después de la guerra, fue reconstruida y reanudó la producción de camiones. En 1971 fue adquirida por la empresa de camiones MAN, hoy en día propiedad del grupo Volkswagen.

El 6 de abril de 1945 Dalmacio fue evacuado en un convoy al campo de concentración alemán de Ravensbrück al que llegaría una semana después, siendo destinado el 28 de abril al subcampo de Malchow, una planta de municiones donde se utilizaba mano de obra esclava. Este campo y todos sus presos serían liberados el 2 de mayo de 1945 por el ejército ruso.

Una vez libre, Dalmacio volvió a Saint Justin, el lugar de residencia donde vivían su mujer e hijos. Allí volvería a trabajar de leñador, sin embargo las duras condiciones económicas de la postguerra le harían solicitar la ayuda económica que el gobierno de Euzkadi en el exilio ofrecía a los refugiados vascos según el anuncio publicado en “Eusko Deya” edición de París.  Si bien la ayuda le fue concedida, el 3 de mayo de 1949 le fue anulada ya que el gobierno vasco en el exilio tenía que hacer frente “a la obligación de atender a compatriotas necesitados” y los recursos que disponían se iban agotando.

Dalmacio Lacasta en Holanda 1964

Sabemos que Dalmacio siguió trabajando en la madera y residiendo en Saint-Justin, y que incluso se desplazó temporalmente a Holanda a trabajar. Ocasionalmente cruzaba la frontera por la noche para llegar al pueblo, accediendo a su casa natal por la trasera y permaneciendo oculto varios días, ante la complicidad y pacto de silencio de los vecinos. Su madre, tía Mercedes, repartía días después caramelos franceses entre los niños de las casas próximas…

Años más adelante Dalmacio acudió en varias ocasiones a la celebración del Tributo de las Tres Vacas, el 13 de julio, en el mojón fronterizo entre España y Francia para poder reunirse ese día con su hermano Florencio que se trasladaba desde Burgui. No fue hasta la muerte de Franco cuando Dalmacio pudo volver libremente al pueblo que le vio nacer y donde recordaba felizmente las vivencias de su infancia y juventud.

Dalmacio falleció en la localidad de Mont-de-Marsan, cerca de Saint Justin, el 2 de junio de 2003 a los 87 años de edad.

Colaboración especial: Ana García Santamaría, Asociación Antzinako

Agradecemos las aportaciones de Adelina Lacasta y de otros vecinos de Burgui.

Caja Rural Católica de Burgui, Sociedad La Burguiesa y Cooperativa de Consumo de Burgui

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Abr
11

Cooperativa de Consumo de Burgui en la plaza del pueblo

El nacimiento del cooperativismo

     “El hombre está hecho de carne y alma, y a ambas partes hay que atender al mismo tiempo”. Esta frase, pronunciada desde un púlpito hace más de un siglo, salió de la boca del sacerdote navarro Victoriano Flamarique, de familia campesina y con una vida comprometida a atender las almas y a defender de forma práctica a los más desfavorecidos en base a un profundo sentido de la justicia social. Predicó con el ejemplo para incomodidad de los más pudientes de aquel Olite de principios del siglo XX. Le acusaron de socialista por denunciar la usura y la explotación, pero de su lado tuvo un buen aliado: el propio obispo Fray José López de Mendoza. La doctrina social de la Iglesia estaba para defenderla y junto con otro sacerdote, Antonino Yoldi, extendieron la obra católico-social entre el campesinado navarro.

     Fue así como empezó el origen de la creación, durante los primeros años del siglo XX, de organizaciones agrarias confesionales, en concreto Cajas Rurales Católicas. Las bases esenciales de una Caja Rural eran la defensa y amejoramiento de los intereses de sus asociados por medio del crédito; se circunscribían a un único municipio; sus cargos debían ser gratuitos, con excepción del cajero; todos los socios eran responsables solidaria e ilimitadamente; los préstamos solo se hacían a sus asociados y los beneficios de la Caja no podían repartirse entre los socios. Estas ideas básicas figuraban en los estatutos de las Cajas, cuyo modelo se elaboró para facilitar la creación de cajas rurales en todos los pueblos.

     Su desarrollo en Navarra fue fulgurante a partir del año 1906. En 1910 la creación de Cajas Rurales había superado ya la mitad de los municipios navarros y en la merindad de Sangüesa estaban implantadas en el 61% de sus municipios. Fueron surgiendo, de la mano de muchos otros párrocos, cooperativas y cajas rurales en muchas localidades de Navarra que, bajo el lema “Unos por otros y Dios por todos” dieron al traste con los abusos que venían padeciendo siempre los agricultores.

Sello Caja Rural Católica de Burgui

Caja Rural Católica de Burgui

     Burgui, como otros pueblos del valle, también vivió esta revolución agraria gracias a la fundación en esta localidad de una Caja Rural Católica. En un documento a modo de recibo fechado en Burgui el 28 de diciembre de 1915 y sellado por la Caja Rural Católica de Burgui se da cuenta del siguiente apercibimiento haciendo referencia ya al año de 1912:

     «Habiendo de dar sus cuentas anuales esta Caja Rural de Burgui tiene el honor esta Junta de comunicarle tenga la bondad de hacer entrega al cajero de la misma de la cantidad que adeuda que por los conceptos que se especifican es la siguiente: por 40 kilos de nitrato llevados en 1912, capital e intereses 17,87 pesetas. Dios guarde a usted muchos años«, figurando el recibí con la firma de B. Zabalza.

Cartilla de Sociedad La Burguiesa a favor del socio Paulino Ara

Sociedad La Burguiesa

     Comprobamos que en el año 1942 existía ya la Sociedad La Burguiesa a través de una libreta expedida a favor del socio Paulino Ara. También en el Anuario General de España del año 1950 figuraba la Sociedad La Burguiesa como titular de un negocio de comestibles y como «sociedad» existía todavía  la Caja Rural. Sin embargo en la Guía de Navarra de Julián Rubio López de los años 1952-1953 aparece únicamente la Cooperativa como titular de tienda de comestibles  y como sociedad agrícola. Es de suponer que con el paso del tiempo  la propia entidad de la Caja Rural Católica habría desaparecido, cogiendo su testigo la Sociedad «La Burguiesa», encargada de la gestión de la Cooperativa de Consumo de Burgui. Dicha sociedad se regía por una Junta general -con sus cargos de presidente, secretario y tesorero- y contrataban con periodicidad anual a un vecino del pueblo como «cooperativero» para desempeñar las tareas de gestión, venta y atención al público en la propia tienda.

     Esta tienda de la cooperativa estuvo ubicada inicialmente en un pequeño edificio junto a casa Onromán y  que años más tarde ocupó el bar La Bikoka (regentado inicialmente por Eulogio Laspidea y posteriormente por Juan Urzainqui). Algunos de los vecinos que estuvieron al frente de la tienda de la cooperativa en este primer emplazamiento fueron José Fayanás, Angel Esparza, Jorge Glaría, Florencia Elizalde, Fermín Fuertes y Gracián Glaría.

     Otras tiendas o comercios que cohabitaron simultáneamente con la Cooperativa a lo largo de estos años fueron los de casa Avizanda, casa Torrea y casa Gardar, así como la tienda y bar de Simeón Lampérez, la panadería de Rumbo y, más tarde, la tienda de Paulino Ara.

Cartilla de la cooperativa

     Hacia los años 50, la sociedad adquirió casa Navarro, en la plaza del pueblo (actual edificio del Hostal rural El Almadiero), para trasladar ahí la tienda y almacén de la Cooperativa. Dicha casa era de los descendientes de Nicolás García Oset y Juana Zabalza, si bien vivían de alquiler Justo Alastuey Mainz y Francisca López Orduna. Cuando estos la desocuparon la casa se quedó deshabitada y fue adquirida por la sociedad La Burguiesa para albergar ahí la cooperativa. En esta época otras tiendas de comestibles eran las de Félix Avizanda, Eulogio Laspidea y María Elizalde.

     Al frente de la tienda en esta nueva ubicación estuvieron Leonila Recari, Nati Glaría, Ana Mari Zabalza y Charo Laspidea. Los socios de la Cooperativa disponían de unas cartillas o libretas donde se iban anotando los diferentes productos adquiridos junto con su importe, de tal forma que los socios iban saldando las deudas conforme la disponibilidad de cada uno. Para el resto de vecinos que no eran socios las ventas se realizaban generalmente al contado con el pago efectivo en el mostrador.

     La Cooperativa se mantuvo en servicio hasta aproximadamente los años 80, en los que ya apenas se vendía nada debido a una mayor falta de población, a que la mayor parte del género se había quedado obsoleto y a la remodelación de la tienda Ara ya existente que vendía también a los vecinos. Tras muchas dificultades para la venta del edificio y la liquidación del negocio, se saldaron las deudas existentes por la sociedad y, con el escaso dinero sobrante, se colocaron dos hermosas fuentes de piedra en ambas plazas del pueblo y se pintó el cementerio.

Cooperativa de Consumo de Burgui

La cooperativa de Burgui en 1951

     Un inventario de la Cooperativa de Burgui  del año 1951 realizado por Fermín Fuertes refleja con detalle la situación económica a esa fecha identificando los importes de las libretas de crédito y el valor de los géneros o mercancías.

     El total del valor de las mercancías suponía 103.186,10 pesetas y el de las libretas de crédito 18.589,50, lo cual hacía un inventario total de 121.775,60 pesetas.

     En dicha fecha de 1951 las libretas de crédito figuraban abiertas a nombre de los siguientes socios como cabezas de familia de Burgui: Simón Urrutia, Gil Urzainqui, Balbino Urzainqui, Florencio Zabalza, Jerónimo Urzainqui, Hilarión Petroch, Isidro Sanz, Pilar Sanz, Antonia Pérez, Isidro Pérez, Florencio Lacasta, Mauricio Sanz, Eusebio Tolosana, Vicente Larrea, Lorenzo Salvador, Gil Sanz, Lorenzo Fuertes, Francisco Aznárez, Félix Alastuey, Andresa Fuertes, Esteban Erlanz, Jesús Glaría, Tomás Glaría, Aurelio Glaría, Ursula García, Eusebio Lacasta, Gabriel Urzainqui, Carlos Zabalza, Francisco Fuertes, Baldomero Gárate, María Elizalde, Angel Glaría, Sebastián Fayanás, Ignacio Erlanz, Santiago Elizalde, Vicenta Larequi, Ramón Glaría, Martín Sanz, Eulogio Lapetra, Antonio Salvador, Pedro Lapetra, Jesús Lapetra, Braulio Recari, José María Recari, Pascual Sanz, Valentín Lacasta, Pablo Laspidea, Andresa Lamperez Uztarroz , Antonio Aizcorbe, Rafael Calvo, Quintín Ayerra, Felipa Mainz, Victor Mainz, Andresa Lamperez Bronte y Juan Alastuey.

     El inventario del género, detallado por unidades, precio unitario y total, es un reflejo fiel de las necesidades de artículos relacionadas con actividades agrícolas y ganaderas, menaje del hogar, vestimenta, alimentación, limpieza y aseo, entre otros.

     Por su relevante valor informativo de la época, se enumeran a continuación los principales géneros comercializados por la Cooperativa y de los que figuraba inventario en dicho año de 1951:

Extracto del inventario de la Cooperativa de Burgui en 1951

Utiles para labores agrícolas, ganaderas y otras tareas:

Horcas de madera y de hierro, palas de hierro, rastrillos y palas de madera, horcas de madera 2 pugas (púas), azadas, cuñas, mazas, mangos dalla o guadaña, cubre bastes, esteras (tejido grueso de esparto), mangos azada, hoces, piedras marcar, leznas, abrazadoras guadaña, manguillos, pestillos, pasadores ventana, algüazas, cerrojos, cerrajas, manilleras, limas, alicates, llaves inglesas, azadas, tenazas, capachas, ramales, cuerdas cincha, látigos, pozales, zoquetas, martillos, piedras dalla güadaña, talegas, sogas, juñideras, tiraderas, ganchos, clavos, tornillos, grapas, tachuelas, brochas, botes pintura, candados, cadenas, hachas, espulverizadores, barras grasa de carro, tubos estaño, correas, cinchas, corchos, pesos, botes arseniato (herbicida), fajos esparto, mazos cáñamo, cajas «Argentol» (aceite lubricante), pliegos lija, barzones.

Productos de higiene y limpieza:

Trozos y barras de jabón, maquinillas de afeitar, tubos «Tamisol» y «La Toja», jabón de afeitar, sobres fijador de pelo, tubos crema cutánea, tubos «Profiden», El Torero», «Perladen», jaboncillos, esponjas, chupetes, palillos, papeletas champú,  lendreras, colonia «Luqui», «Elefante», «Galatea» y «Vieja Labanda», frascos masaje, brillantina, rollos papel higiénico, polvos Lagarto, estropajos, cepillos para pelo,  hojas de afeitar, cepillos, azulete, frascos «Cruz Verde», cajas vaselina, cepillos de dientes, botellas agua oxigenada, algodón, Nivea, frascos insecticida, botellas lejía, vendas serpentinas, pastillas y botes de cera, cajas polvos, cajas coloretes, polveras, jaboneras, matarratas, cintas matamoscas, frascos «Zotal», bolas polilla, crema zapato, frascos ronquina, tintes «Temis», papeletas «Nogat» (raticida), frascos «Nettosol» (quitamanchas), tubos aceite inglés (antiparásitos), pastillas almidón, bolas y papeletas azulete (blanquear ropa), bigudis (tipo rulos), cajas y tubos «Servus» (abrillantador de zapatos), bolas Maravillosas (antiparásitos), tubos «Cuchol» (insecticida).

Antiguos productos de desinfección

Alimentación y bebidas:

Latas de sardina, sardinas rancias, latas de anchoa, latas de melocotón,  mazapanillos, pastillas chocolate, cacao, barras turrón, botes tomate, chocolatines, papeletas pimiento, azafrán y canela, especias anís, guirlaches, paquetes  galletas «María», surtido y vainilla; botellas sidra, nueces, cacahuetes, esparceta, sal en bola, pala para la sal, capaza, sal, bacalao, caramelos, peladillas, piñones, simiente alfalfa, castañas,  orejones, ciruelas, higos, carne membrillo, rosquillas, bicarbonato, pasta cristal, liza, fideo, mecha, pimentón, vino tinto, anís, aguardiente, vermohut, vinagre, botes de pimiento, botellas agua Carabaña, botellas vino Quina, botes achicoria El Arbol, paquetes malta Muller, pastillas fideo, latas de atún, botes de leche, latas de almejas, calamares, guisantes, espárragos, bacalao, botes sal fina, botes achicoria, latas tomate, oliva,  mermeladas, botellas anís Cadenas, frascos de Ceregumil, botellas de Ojen, sidra, coñac Veterano, papeletas tomate, horcas de ajo, cabezas de ajo, «Armisen» (gaseosas refrescantes), latas calamares, papeletas simiente, gaseosas, bicarbonato, puros dulces, botes «Tapioca».

Productos antiguos de alimentación

Ropa de hogar, vestimenta y calzado:

Sábanas, zapatillas, zapatos, alpargatas, sandalias niño, zapatos goma, chanclas goma, albarqueras, playeros, zapato de bebé, zapato inglés, bufanda, camisas, faja niño y señorita, delantales, paños cocina, pañuelos, sostenes de mamás, bragas, escarpidores, medias, cazadoras, pantalones, bombachos, calcetines, pares albarcas goma, camisas niño, calzoncillos, camisetas, boinas, mantillas, sombreros, «tohallas» felpa, paraguas, bolsos, morrales, tabardos.

Menaje y utensilios del hogar:

Pozales, bañera, porrones, porrones de hojalata, lecheras, mondongueras, «horinales», tazones, regadores, porrones de cristal, tarteras, pucheros, cacerolas porcelana, terreras, barreños, soperos, platos, jarras, bacinillas de cuna, sartenes, lamparillas, lecheras, cazos,  cacerolas, fiambreras, espumadoras, coladores, cuchillos, vasos, escobas de brezo y de palma, navajas, envasadores, bombillas, pilas eléctricas, termo, termómetros, espejos, fuelles, perchas, portalámparas, velas, pinzas para ropa, carteras bici, petacas, peras (interruptor), enchufes, pelotas, frascos barniz, ganchos puerta, libretas, carpetas papel, postales, papeles aparador, cartas «Avión», plumas , tinteros, pliegos papel de barba.

Diversos productos de la época

Tareas de costura:

Madejas de hilvanar, medias, cordones zapato, rollos de plomo, calzadores, carretes de hilo, bobinas, madejas bordar, cremalleras, cuerdas de guitarra, madejas Ancora, estrellas hilo, dalias, tijeras, alfileteros, botones, madejas algodón y lana, puntillas, cintas, trencilla, cordones, trencilla goma y piquillo, juegos agujas, dedales, alfileres, hebillas, ovillos zurcir, ovillos liza, canutillos, remaches, mazos trencilla.

 

Desde el colectivo La Kukula agradecemos a todas aquellas personas que nos han compartido sus testimonios y recuerdos así como documentos y fotografías para poder elaborar este reportaje.

Operación Golondrina

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Nov
15

Llevamos ya varios años en Burgui y en el valle de Roncal teniendo gestos de reconocimiento y homenaje a nuestras golondrinas (alpargateras) por diferentes entidades y colectivos. Se les han hecho homenajes, rutas montañeras, recreaciones teatralizadas, colocación de paneles, etc. Es nuestro homenaje a ellas.

A su vez estos años nos han servido para comprobar que tenemos una asignatura pendiente en torno a aquellas antepasadas nuestras. Necesitamos poner nombre y apellidos a todas ellas, y recomponer sus historias personales hasta donde podamos. Y esos datos sólo los pueden aportar ya sus descendientes.

Dicen que más vale tarde que nunca; por eso, antes de que sea más tarde, desde el colectivo La Kukula (Burgui) en colaboración con la asociación la Kurruskla (Isaba), Bidankozarte (Vidángoz) y la productora Maluta Films proyecto Ainarak), nos lanzamos a partir de este mes a sacar adelante una nueva y ambiciosa iniciativa a la que hemos denominado “Operación Golondrina”.

Queremos recoger y salvaguardar la memoria de aquellas mujeres roncalesas que en la segunda mitad del siglo XIX y en las primeras décadas del XX se desplazaron al otro lado del Pirineo a trabajar en las fábricas de alpargatas de Xuberoa y del Alto Bearn.

Queremos ponerles nombre y apellidos, saber de qué casa eran, ubicarlas en el tiempo.

Queremos saber qué recuerdan de ellas sus descendientes, qué es lo que ellas contaron.

Queremos saber si se conservan fotos de ellas, o correspondencia, o tal vez objetos que ellas trajeron de allá. Queremos escanearlo o fotografiarlo.

Y para conseguir todo eso necesitamos tu ayuda, que rebusques en el sabaiao, que mires por tus cajones, que preguntes a tus mayores, que las saques del olvido.

¿Sabes que tenemos ya identificadas 30 alpargateras del pueblo de Burgui…?

Para facilitar todo esto exponemos seguidamente un pequeño cuestionario cuyas respuestas van a ser tu ayuda. Entre todos y todas vamos a reconstruir esta parcela de nuestra intrahistoria local. No dejes que te venza la pereza y ponte ya a responder.

Las propias respuestas puedes pasárnosla por mensaje directo o por correo electrónico a info@lakukula.com

CUESTIONARIO:

1.- ¿Ha habido en tu familia alguna antepasada que fuese alpargatera, y que fuese a trabajar al otro lado del Pirineo?. Procura identificarla con nombre, apellidos, nombre de la casa, año de nacimiento y año de defunción… si fuera posible.

2.- ¿Sabes durante qué años estuvo trabajando allí?

3.- ¿Sabes exactamente en qué localidad y en qué fábrica estuvo trabajando?

4.- ¿Qué más sabes de su paso por aquellas tierras? (anécdotas de viaje, anécdotas de estancia, salario, tipo de trabajo que hacía allí, mercancías que traía, etc…)

5.- ¿Conserváis de ella en casa alguna fotografía, carta, salvoconducto, contrato… o algún objeto que ella hubiese traído de allá?

6.- ¿Sabes de otras personas de Burgui o de otros pueblos que también hubiesen sido alpargateras? Procura facilitar toda la información posible de ellas.

-Nombre y apellidos de la persona informante

-Relación de parentesco con la alpargatera

Gracias anticipadas por este esfuerzo que seguro vais a hacer. Esperamos vuestras noticias.

Burgui por San Pedro

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Jun
26

La vida religiosa y social de Burgui ha girado durante siglos en torno a la figura de San Pedro Apóstol, primer representante de Cristo en la tierra. Su iglesia, una antigua y extinguida cofradía, sus fiestas patronales… todo tiene una referencia eclesiástica en la que el apóstol Pedro, Petrus, ocupa un papel relevante. La tradición ha hecho también que los burguiarras aprovechasen el día de San Pedro para honrar al Sagrado Corazón de Jesús.

Es sobradamente conocido que el patrimonio histórico y etnológico de nuestro pueblo es especialmente rico, y en las páginas de este boletín poco a poco, número a número, artículo a artículo, lo vamos visibilizando para que se conozca, para que no se olvide, para que se tenga en cuenta, y para que ahora y en un futuro luchemos por su conservación. Y dentro de todo ese patrimonio brilla con luz propia nuestra historia, nuestra lengua milenaria, nuestras tradiciones, nuestra indumentaria, nuestros oficios extinguidos, nuestras formas de vida, nuestro patrimonio arquitectónico, nuestra memoria… El conjunto de todo ello, y mucho más, es nuestro gran tesoro.

Y llegado el mes de junio, resulta obligado tener una referencia desde estas páginas a lo que en la religiosidad popular de nuestros antepasados supuso la figura del apóstol Pedro, nuestro patrón desde hace muchos siglos.

vista burgui estornés lasa

Iglesia parroquial

Bastaría con acercarnos a nuestro archivo municipal o al archivo de la Junta del Valle del Roncal para ver cómo durante siglos abundaban abrumadoramente en esta localidad los varones bautizados con el nombre de Pedro, lo cual es una buena muestra de la devoción que en esta villa se ha profesado siempre al patrón.

Como no podía ser de otra manera la iglesia parroquial de Burgui está bajo la advocación de San Pedro; pero… ¿ha estado dedicada siempre a este santo?, parece que no fue así. De hecho la villa de Burgui llegó a tener dos iglesias; una de ellas era la dependiente del castillo, situada en las inmediaciones del recinto amurallado de este, y que es la que hoy conocemos como la ermita de la Virgen del Castillo; y la otra iglesia estuvo dedicada a San Sebastián, que todavía hoy se le considera segundo patrón de la villa, y ocupaba la sacristía de la actual parroquia.

Para que nos entendamos mejor, es importante aclarar que cuando en el siglo XVI se levantó la actual iglesia parroquial ésta se edificó anexa a la antigua iglesia, de tal manera que aquella iglesia de San Sebastián pasó a convertirse en la sacristía de la que desde entonces fue iglesia de San Pedro.

Como detalle curioso podemos observar, todavía hoy, que en el dintel de la portada de aquella primitiva iglesia aparece una flecha inclinada tallada en la piedra, que muy bien pudiera simbolizar el martirio de San Sebastián, pues no hay que olvidar que murió asaeteado. Y si curioso es este detalle, más curioso es que si trazásemos una línea recta imaginaria siguiendo la dirección de la flecha nos encontraríamos que lo que esta nos señala es una pequeña cruz, también tallada en la piedra, en el interior del lateral de la portada.

Pero curiosidades a un lado, lo que aquí nos interesa es el hecho de que en Burgui, al menos desde el siglo XVI, existe una iglesia parroquial dedicada a honrar a San Pedro.

Félix Sanz, en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), nos desvela que en un inventario de 1787 se consignaba que en la parroquia entre otros muchos objetos de culto existía un relicario de San Pedro. De lo que ya no tenemos detalles es de la importancia que pudo llegar a tener en su momento aquella reliquia del santo, o si esta influyó en algo, o determinó, su patronazgo. En aquellas épocas una reliquia podía revolucionar la vida de un pueblo o de toda una comarca, como ya sucedió no muy lejos de la frontera roncalesa, al otro lado de la muga, con la aparición de las reliquias de Santa Engracia.

En cualquier caso lo que sí es claro es que San Pedro es el patrón de Burgui desde hace varios siglos. Un documento municipal del siglo XVIII que trata sobre los “oficios divinos” incluye entre sus párrafos la siguiente frase: “Para que haya memoria a perpetuidad en la iglesia parroquial del señor San Pedro de la dicha villa, nuestro patrón siempre desde tiempo inmemorial…”, lo cual nos da una idea de que ya en aquella época se había perdido la memoria de la antigüedad de su patronazgo.

Lamentablemente, como sabemos, la villa de Burgui padeció un terrible incendio el 28 de agosto de 1809 por obra y gracia de las huestes francesas en aquella Guerra de la Independencia que tanto daño y tantos estragos provocaron en el valle del Roncal. Aquel incendio devoró, entre otros edificios, la iglesia parroquial, y en ella la parte del archivo que no se pudo salvar. Presumiblemente entre las pérdidas documentales de aquella triste jornada se encontraba toda la documentación de la antigua Cofradía de San Pedro. Hoy, más de dos siglos después, solo nos queda dejar constancia de que aquella cofradía existió.

Otra de las pérdidas que se produjo en aquel incendio fue la de la imagen titular de la parroquia, es decir, la figura de San Pedro que presidía el altar mayor. Nuevamente nos encontramos que la quema del archivo parroquial también se llevó consigo cualquier dato referido a aquella imagen.

Procesión Viernes Santo, 25-03-16 (59)

Tras la pérdida de esta figura los burguiarras se apresuraron a subsanar su ausencia encargando una nueva. Recoge Félix Sanz el dato de que en 1811 se abonaron 370 reales al maestro escultor del pueblo de Biel por una nueva imagen de San Pedro; fue necesario pagar 37 reales más por el transporte de la figura desde Biel (Zaragoza) hasta Burgui. En 1823 se hizo una nueva inversión de 204 reales, que es lo que se pagó al dorador Pedro Echeverría, también de Biel, por pintar y dorar esta imagen de San Pedro.

Fiestas patronales

Lógicamente, las fiestas principales, y patronales, se celebraban en honor a San Pedro, igual que hoy se sigue haciendo. Antaño eran unas fiestas con un importante componente religioso; en las mismas nunca faltaba la procesión solemne con la figura del Sagrado Corazón de Jesús. Sería imposible hacer un repaso a todas las ediciones festivas, pero vamos a citar aquí algunas para refrescar la memoria histórica de nuestro pueblo:

fiestas2

Crónicas de fiestas patronales:

1924.- Destacó en las fiestas de este año la entronización, en las escuelas, de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; este acto se celebró el 30 de junio.

1929.- El día de San Pedro hubo misa oficiada por el M.I. señor don Olegario Martínez, canónigo magistral de la Catedral de Jaca, ayudado por el padre Ruperto de Arizaleta, superior de los capuchinos de Sangüesa, y por el párroco de Burgui, don Joaquín Eslava. La parte musical de esta ceremonia corrió a cargo del organista Jesús Berro.

El domingo siguiendo la costumbre de años anteriores se celebró la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús con misa y procesión, hallándose engalanadas las calles del recorrido; dentro de la comitiva religiosa acompañaban a la imagen del Sagrado Corazón el quinteto musical La Armonía.

Al margen del aspecto religioso fue destacable el importante número de forasteros. Los músicos de La Armonía amenizaron al vecindario con sus alegres músicas.

Se da la circunstancia de que en el primer día de fiestas, al recibirse en la villa la noticia de que se habían salvado los aviadores tripulantes del Dornier 16 “Plus Ultra” (todo el país estaba pendiente de esta noticia en la que un avión español se había lanzado a cruzar el océano Atlántico), el alcalde don Casimiro Vistuez convocó a los vecinos a la plaza consistorial desde donde se lanzaron cohetes y hubo música de La Armonía para celebrar el feliz acontecimiento en el que estuvo implicado el aviador navarro Julio Ruiz de Alda, de Caparroso.

1954.- La prensa provincial destacó este año la gran animación y asistencia que tuvieron los actos religiosos, especialmente la procesión del Sagrado Corazón de Jesús.

El día de San Pedro se inauguró el campo de deportes, denominado “Zaltúa”, que fue bendecido por el párroco de la localidad don Manuel Urzainqui. Tras la bendición el C.D. Burgui se enfrentó al Erronkari, que era algo así como la selección del valle del Roncal, con el que empató a 1. Fue una señorita la que hizo el saque de honor, y la banda de música la que amenizó el encuentro.

Al día siguiente, día 30 de junio, se celebró un nuevo partido de fútbol entre las juventudes de Burgui y las viejas glorias del pueblo. Lo que se jugaban era una merienda. Ganó el equipo veterano, y la merienda fue en la Fonda Larequi.

Los demás días hubo carreras de sacos, de cintas, animados bailes por la tarde y por la noche, así como otros festejos.

1955.- Comenzaron el día 28 de junio con un chupinazo lanzado al mediodía en la plaza principal. Ese mismo día la orquesta Fox, de Larraga, recorrió las calles.

El día 29, festividad del patrono, hubo pasacalles a primera hora de la mañana a cargo de la mencionada orquesta. Seguidamente se celebró la misa. Por la tarde en el campo de fútbol “Zaltúa” jugaron el C.D. Burgui y el Sangüesa F.C., arbitrando el jugador osasunista Marzá; asistieron a este encuentro espectadores de todo el valle y de los pueblos aragoneses limítrofes; la señorita Mª Luisa Villanueva, vestida de roncalesa, fue la madrina de honor. Amenizó el partido la orquesta Fox; y el resultado fue de 1-2 a favor de Sangüesa. Se obsequió al equipo visitante con una buena merienda.

El día 30 hubo dianas por las calles de la villa; a las 10 misa mayor, y a continuación procesión con el Sagrado Corazón de Jesús, con los estandartes de las Hijas de María, Acción Católica, y Apostolado de la Oración. Los balcones y ventanas permanecieron engalanados durante el acto religioso. Al mediodía hubo en la plaza diversos actos populares: carreras de sacos, de cintas, rompimiento de pucheros, carreras pedestres, cucañas, etcétera; se pudieron seguir estos actos a través de la megafonía. Por la tarde hubo partido de fútbol entre el equipo juvenil y el veterano, con triunfo de los primeros, y merienda final en la Fonda Larequi. Hubo también otros festejos como carreras de burros, carrera ciclista, y la gran chocolatada.

Los forasteros que acudieron a disfrutar de estas fiestas pudieron ver cómo estaban quedando las calles después de cementarlas y arreglarlas, con un presupuesto de medio millón de pesetas.

 

Burgui y San Pedro, un binomio que hace historia.

El administrador de la Real Hacienda en 1799

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Jun
26

Juan Joseph Zavalza (sic) ocupaba el cargo por tener Burgui aduana con Aragón

 

real hacienda

En 1799 el impresor Pedro Pereyra, a cargo de la Imprenta de Cámara del rey Carlos IV, publicó la obra Estado General de la Real Hacienda correspondiente a aquel año. En la relación detallada de los administradores, recogida por localidades, por la villa de Burgui figuraba como responsable del cargo Juan Joseph Zavalza (sic).

Por entonces el antiguo reino de Navarra mantenía aduanas con Francia, Castilla y Aragón, de modo que en el valle de Roncal ocupaban puestos análogos Valero Garcés (Isaba) y Juan Vicente Martín (Uztárroz), dado que el puesto de Garde se encontraba vacante. Ejercía el cargo de sobrecogedor (recaudador) Joseph Tapia -apellido frecuente en Isaba-, quien coordinaba las catorce localidades merindanas donde había administradores: Sangüesa, Burguete, Isaba, Ochagavía, Uztárroz, Lumbier, Garde, Orbaiceta, Cáseda, Yesa, Eugui, Burgui e Izalzu.

Lo más probable es que el puesto aduanero de Burgui estuviese establecido en la margen izquierda del Esca, junto al puente medieval, para controlar el tránsito de mercancías tanto por el Camino Real desde Salvatierra como las que quisieran salvar el cauce del río.

Estructura hacendística

La obra de Pereyra detalla, a lo largo de 280 páginas, toda la estructura hacendística de la Corona de  España y de las Indias, para la que trabajaba una nómina muy amplia de funcionarios ya que toda la contabilidad se realizaba a mano, con pliegos, cálamo y tinta. Mantenía a a su cargo un total de 62 departamentos, algunos de los cuales resultan hoy curiosos como los relativos a las Rentas de Naypes (sic) en el que las barajas de cartas pagaban impuestos, la del Papel Sellado y Bulas o el Azogue -mercurio- y sus compuestos, material necesario para separar la plata en los procesos de minería.

Por supuesto que Tabaco, Pólvora, Azufre y Plomo tenían sus respectivos órganos fiscalizadores. Había casas de moneda -cecas para acuñar- en Madrid, Sevilla y Segovia y, por supuesto, eran esenciales departamentos como el Tribunal de la Contaduría Mayor, la Tesorería Mayor de Su Majestad, la Renovación de Vales Reales, los Empréstitos y la Caja de Amortización, dado que ya por entonces la Hacienda estaba aquejada de un déficit tan crónico como galopante.

Ocupaba la Secretaria de Estado el mallorquín Miguel Cayetano Soler pero las directrices políticas las marcaba el favorito de los reyes Manuel Godoy, duque de Alcudia conocido como Príncipe de la Paz tras haber concluido con la Francia revolucionaria el Tratado de Basilea, que dio fin a la Guerra contra la Convención (1793-95) en la que los roncaleses combatieron agrupados en Milicia Provincial a las órdenes de Pedro Vicente Gambra, destacado empresario almadiero y “capitán a guerra” por ser alcalde de la villa de Roncal.

Colaboración de Germán Ulzurrun Zabalza

Los dos escudos históricos del Valle de Roncal

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Mar
28

La cabeza cercenada del moro sobre el puente, con el río y las montañas, surgió en el siglo VIII

El 13 de marzo de 1798 Carlos IV añadió el castillo y el lebrel, tras la guerra contra la Convención

A lo largo de su historia el valle de Roncal ha tenido dos escudos diferenciados para manifestar la condición de hidalguía colectiva. A diferencia de los títulos nobiliarios individuales, en los que cada señor representa sus armas de manera única y diferenciada, dicha hidalguía colectiva -propia sobre todo de la Navarra pirenaica-, establecía unos blasones comunes únicos para todos los habitantes del territorio.

El primer escudo, que representa la cabeza cercenada del moro sobre el puente de Yesa con el río y las montañas, es originario de finales del siglo VIII y fue obtenido tras la batalla de Olast u Ollate.

Batalla de Olast

Los roncaleses tienen a gala por tradición que la cabeza corresponde al emir cordobés Abderramán I (731-788) pero la afirmación no es rigurosa. La vida de Abderramán -“el que entra” o “el inmigrado”- estuvo llena de asesinatos, conjuras y traiciones pero él se murió en la cama tras nombrar heredero a su hijo Hisham.

¿A quien degollaron entonces los roncaleses? Pues no se sabe con certeza. Hay quien afirma que se trató del valí -gobernador provincial- Abderramán el Gafiqui en la retirada tras la derrota en la batalla de Poitiers (octubre del 732), pero también los hay que sostienen que en Ollate se combatió durante el reinado de Fortún Garcés (circa 845-905), de modo que el asunto se queda entre la nebulosa densa de las tradiciones y la historia.

Lo que sí es historiográfico es que el valle de Roncal constituyó un núcleo de resistencia frente al dominio musulmán y sus aceifas o expediciones militares para obtener trigo y tributos. En el prefacio del Fuero viejo de Sobrarbe se recoge que “ entonces se perdió España, entroa los puertos sino en Galicia, et las Asturias, et daca Alava, Bizcaya, et dotra part Bastan, et la Berrueza, Deyerri, et en Anso, et sobre Jaca, et encara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobrarbe, et en Anso”.

La resistencia a entregar el producto de su esfuerzo ganadero y labrador a gentes ajenas al valle fue una constante histórica, que va desde el dominio visigodo hasta la I guerra Carlista, cuando en agosto de 1834 y enero de 1836 el valle se declaró a favor de la jovencísima Isabel II.

La guerra contra la Convención

Hasta finales del siglo XVIII el escudo roncalés se mantuvo inalterado. Sin embargo, el lunes 20 de enero de 1793 se produjo un hecho con graves repercusiones internacionales: la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI. La Revolución francesa daba un paso más y constituía el régimen de la Convención, en cuyo desarrollo se dio el periodo de El Terror a cargo de Robespierre.

Carlos IV quedaba al frente de los intereses dinásticos de la casa de Borbón y Francia luchaba de manera activa contra todos sus enemigos terrestres. Inglaterra quedaba a la espera del desarrollo de los acontecimientos con la idea pragmática del “dejemos que se maten los demás entre sí”.

Para sorpresa general, los revolucionarios desharrapados batieron al ejército tradicional de Austria y en marzo de 1793 declaraban la guerra a España.

En el valle de Roncal se constituyó la Milicia provincial, mandada por el alcaide y capitán a guerra Pedro Vicente Gambra, destacado empresario ganadero y promotor del desarrollo almadiero. Carlos IV envió de refuerzo a los Tiradores de Sigüenza. Gambra recibió el grado de teniente coronel y va a ser la bisagra entre el frente aragonés, mandado por Pablo Sangro Merode -príncipe de Castelfranco-, y el teniente general Ventura Caro Fontes, responsable de la defensa navarra y de Guipúzcoa.

La movilización roncalesa fue unánime y eficaz y, como en el caso de Olast, las mujeres tomaron parte activa en la lucha formando una segunda línea de combate provistas de cuchillos y bayonetas.

Los franceses no pasaron más allá de incendiar la ermita de Arrako y robar su plata. Los hombres de Gambra les desalojaron del pico Bimbalet, incendiaron Santa Engracia y se apoderaron de un número importante de cabezas de ganado.

Por contra, los franceses arrasaron las Reales fábricas de armas de Eugui y Orbaiceta, incendiaron Ochagavía y ocuparon físicamente el valle de Baztán y toda la comarca del Bidasoa. En enero de 1795 Carlos IV consentía, tras peticiones reiteradas de la Diputación, convocar Cortes estamentales el 11 de enero de 1795 para que se llamase al apellido (decreto de movilización general) y aprobase una aportación económica de Navarra a la guerra por importe de 170.000 pesos, de los que al valle de Roncal correspondió pagar 12.896.

El valido Manuel Godoy había comenzado pocos meses antes unas negociaciones secretas con Francia que condujeron a la Paz de Basilea (22 de julio de 1795), en la que una Francia exhausta por el esfuerzo bélico abandonaba Guipúzcoa y la parte ocupada de Navarra y recibía como compensación territorial la mitad occidental de la isla de La Española, lo que en la actualidad es Haití.

Escudo Valle Roncal

La defensa eficaz del valle de Roncal por sus moradores mereció el agrado de Carlos IV, quien el 13 de marzo de 1798, desde Aranjuez, firmaba una real cédula que concedía a los roncaleses añadir a su escudo un castillo, símbolo de la fortaleza, y el lebrel, que representa la rapidez en la acción; elemento incorporados desde entonces al escudo del valle.

 

La cencerrada trágica de 1611

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Mar
21

Durante siglos ha sido objeto de burla que un viudo contrajera nuevas nupcias, por ello los matrimonios muchas veces eran celebrados casi de manera clandestina para evitar la cencerrada, barullo ruidoso con el que los mozos del lugar hacían sonar por las calles instrumentos de percusión como esquilas, o de viento al soplar cuernos vacíos mientras recitaban versos chuscos. Es lo que ocurrió precisamente en Burgui la noche del domingo 24 de julio de 1611.

 

Amonestaciones y ronda

Aquel día en la misa mayor se leyeron las amonestaciones previas al matrimonio de Sebastián Pérez, viudo, de unos 37 años de edad, quien quería casarse con Graciana Íñiguez, también viuda y de 33. Enterados de ello, con la anochecida, siete mozos del pueblo formaron cuadrilla para dar una cencerrada que terminó con consecuencias trágicas, ya que el novio recibió una fuerte pedrada en la frente y falleció pocos días después, tras indisponerse durante el banquete de otra boda.

Los datos del suceso se guardan en un documento de la sección de Procesos judiciales en el Archivo General de Navarra y la causa fue instruida por el secretario Pedro Zunzarren.

Los implicados

En aquellas fechas Pedro Glaría era el alcalde, que entonces comportaba también ser juez local. De sus pesquisas se deduce que Pascual Baines (hijo de Bertol Baines), Juan Ledea (hijo de Miguel Ledea), Miguel Bronte (hijo de María Galech, viuda), Gregorio Camín (hijo de Juan Camín), José y Miguel Gorría (hijos de Juan Gorría) y Domingo Gorría estuvieron implicados en los hechos y en un primer momento fueron conducidos a la cárcel de Burgui. Por la época las dependencias municipales disponían de calabozo.

Las investigaciones las realizó el alcalde en persona, ayudado por el escribano Miguel Ros, dado que el fiscal sustituto del valle de Roncal, García Galech, presentó acusación formal ya que en un primer momento los hechos fueron calificados de “medio homicidio”, cuando hoy hablaríamos de un delito de lesiones.

La pedrada

En su declaración Sebastián Pérez manifestó no saber quienes habían sido los participantes en la cencerrada, ni el autor del que partió la pedrada.

Nuestro protagonista vivía en “una rinconada y fuera de las calles”. Al escuchar el barullo “le pareció ser afrenta y salió de la casa a la puerta para decirles, como les dijo, que se retirasen de la puerta y se fuesen por las calles con Dios de allí”.

No pudo determinar si eran cinco o seis los participantes y él “estaba arrimado a las paredes y por ser tan noche no los pudo conocer quienes eran, mas solo les dijo que se fueran de ahí y sin otra ocasión ninguna le comenzaron a arrojar de pedradas y le acertaron con una en la cabeza y como se vio herido y de la mucha sangre fue tras ellos un poco y como iban los unos por una parte y los otros por otra corriendo por ello volvió a su casa y se echó en la cama sintiéndose malherido”, manifestó. Por la mañana le atendió el barbero Juan Pérez (por la época eran también sangradores y sacamuelas) y Sebastián sufrió un desmayo.

Edades de los acusados

En las declaraciones consta que Gregorio Camín tenía 15 años de edad, Juan Ledea 16 (quien añade que el primero en tirar una piedra fue Sebastián Pérez), Pascual Baines contaba 21, Domingo Gorría 20, Miguel Bronte 22, en tanto que José y Miguel Gorría tenían 16 años.

El alcalde condenó a Pascual Baines y Domingo Gorría con pena de “medio homicidio” y además, junto con Miguel Bronte, José Gorría, Miguel Gorría, Juan Ledea y Gregorio Camín “en todas las costas que se han hecho por causa de la dicha herida por haber sido todos ellos cómplices y camaradas y las paguen igualmente”, firmado el 28 de julio de 1611.

Fallecimiento el 17 de agosto

Cuando el asunto parecía resuelto desde el punto de vista judicial, el 7 de agosto sufrió un giro al indisponerse repentinamente Sebastián Pérez. El desfallecimiento previo a la muerte, que tuvo lugar diez días después, ocurrió durante el banquete de la boda de un cuñado.

Tras el desmayo, para mayor averiguación, el alcalde pidió declaración a dos cirujanos famosos, llamados Pedro García y Domingo San Martín, “para que viesen y reconociesen a Sebastián, que ratifican que la cura iba bien y la herida está situada en la frente, junto a los cabellos y que no tiene calentura y que el desmayo no procede de la herida sino de humores fríos en la cabeza y que a su parecer es de mal de gota porque le ha llegado dos veces con temblores”.

En el lecho de muerte acompañaron a Sebastián Pérez los vecinos Martín Sanz, de 50 años y Domingo Urdaspal, de 54, quien se encontraba “ trillando en las eras” cuando fue avisado.

Presos y hambrientos

Ante la posibilidad de que la muerte se hubiese debido a la pedrada, pese a los informes cirujanos, parte de los encausados fueron trasladados presos a las cárceles reales de Pamplona.

En concreto, “por la información que se envió a la Corte Mayor del reino van presos a las cárceles reales Pascual Baines, Juan Ledea, Miguel Bronte y Domingo Gorría”, mientras que “están ausentados Gregorio Camín y Miguel Gorría” -se habían ido del pueblo-, en tanto que “José Gorría está retirado en la iglesia parroquial”, lo que significa que se acogió a sagrado y mientras permaneciese allí no podía ser detenido por la autoridad civil. Fueron asignados como sus fiadores Juan Camín, Domingo Pérez, Pascual Ustés y Juan Gorría.

Los presos lo pasaron bastante mal dado que “Domingo y Miguel Gorría, hermanos, dicen que están padeciendo de hambre por no tener padres y ser las madres tan pobres que viven de limosna, de que siendo necesario darán información, y de que el tiempo que están presos se han sustentado de limosna que buena gente les han dado y si no se les da de comer como a pobres de solemnidad, han de morir de hambre”. Terminaban por suplicar al rey “que el receptor de penas les dé de comer como a pobres de solemnidad”.

El proceso, que quedó finalmente pendiente sin sentencia, no cuenta cuanto tiempo permanecieron encarcelados. Triste fin de una noche que pretendió ser divertida a costa de un viudo.

Golondrinas, del Rosario a la alpargata

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Sep
22

Cinco misterios desgranados cuenta a cuenta, y las letanías rematadas cada una de ellas con la cantinela repetitiva del ora pro nobis; eso era, y es, el rezo del rosario, una oración que el 7 de octubre, festividad de la Virgen del Rosario, adquiría en la iglesia parroquial de Burgui una solemnidad especial. Finalizaba esta oración con el rezo de la Salve, recitada unas veces, cantada otras, preferiblemente en latín, con todas las vecinas y vecinos mirando fijamente a la imagen mariana que, bajo la advocación del Rosario, ese día presidía esta oración colectiva.

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Finalizado este solemne momento, en los bancos ocupados por las niñas, se daba paso a otro momento no tan solemne, pero tremendamente emotivo. Era el momento de iniciar las despedidas. Sí, las despedidas. Ese día, ¡ese momento!, finalizado el rosario, era el elegido por las niñas adolescentes de Burgui para salir valle arriba con el objetivo de pasar al otro lado del Pirineo para ganarse allí la vida, durante el invierno, en la fabricación de alpargatas. Atrás quedaba la época estival, las semanas de trabajo en Sasi o los Sotos, las tareas de las hierbas, la ayuda doméstica en casa… atrás quedaba una etapa de trabajo, y otra por delante.

Los equipajes habían quedado preparados; algo liviano, cuatro ropas de abrigo, algo de calzado y la consabida foto de unos padres, debidamente enmarcada, a los que querían tener bien presentes en sus recuerdos. Y el invierno por delante, tan duro a un lado como al otro. El invierno del Pirineo.

En la plaza esperaban algunos hombres con las caballerías preparadas, bien cargadas con los hatillos sobre los bastes, dispuestos a acompañar su marcha hasta la muga, hasta el “cerro de las latas” en Arrakogoiti. A partir de allí no procedía aventurarse ellos sin un salvoconducto que justificase su paso por la frontera.

GRUPO DE GOLONDRINAS EN UNA FABRICA DE ALPARGATAS DE MAULE (MAULEON) A PRINCIPIOS DE SIGLO. CEDIDA POR LA ASOCIACION TXURI BELTZEAN

Se atiborraba la plaza. Burgui era pueblo pequeño, es decir, todos eran parientes, o al menos esa era la sensación. Allí estaban para decirles adiós. Algunas veces se incorporaban aquí algunas mozas de Salvatierra, incluso de Sigüés, hijas también de la necesidad. Allí estaban madres y hermanas, también los hombres, pero mucho menos dados a exteriorizar su angustia y sus emociones. Ellas, risueñas, exhibiendo juventud, todas amigas, vestidas de negro con saya y corpiño, dispuestas a ganarse el jornal, aun sabiendo que a su regreso no podían pasar divisas, que tendrían que convertirlas en telas, bordados, mantelerías, bisutería… con la obligatoriedad de declarar todo ello en la aduana; o, en algunos casos, pasar las mercancías o las divisas de forma clandestina a través de sus parientes que, haciendo de la noche su cómplice, cargaban las mulas para conducirlas desde el otro lado por caminos no vigilados, anticipando y anunciando así la llegada de ellas en su regreso primaveral.

Y las caballerías, con ellas sobre su lomo, iniciaban su marcha por el Camino Real mientras unos y otros agitaban los pañuelos como mejor forma de decirse adiós. Lágrimas escondidas, emociones ocultas, incertidumbre… y ellas alejándose valle arriba mientras los cascos herrados pasaban a convertirse en el único hilo musical. Sin volver la vista atrás. Las campanas de la iglesia eran su última referencia sonora de Burgui. Tenían horas por delante para ir rumiando en su cabeza los consejos de la madre: Escríbenos unas letras para hacernos saber que has llegado con bien… ¡Abrígate los pies!… No os separéis las del pueblo… Que vean que sois trabajadoras… Vete haciéndole allí un hueco a tu hermana… No dejéis de ir a la iglesia… Sabían que iban a añorar a la familia, que el paso de las semanas daría paso a la nostalgia. En algunas familias, como en casa Lupercio, todas sus hijas (Gerónima, Aleja, Eugenia y María) llegaron a partir hacia Mauleón para trabajar en fábricas de alpargatas.

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En el cruce de Vidángoz se sumaba alguna más. Lo mismo en el de Garde, y en Roncal, Urzainqui… Desde Isaba era una larga caravana la que partía hacia Belagua con destino a la Venta de Arrako, primera noche fuera de casa. Allí se juntaban con las ansotanas y con las de Fago, que habían tenido una travesía bastante más dura, subiendo desde Ansó hasta Punta Idoya, y por Berrueta a coger el paso entre la primera y segunda peña de Ezkaurre, Ezkaurri que decían ellas; y por ese angosto paso, también llamado “Paso del Oso”, bajaban a Belabarce, atravesando ese valle buscando la línea recta hacia Arrako, forzando así la salida a Belagua por Maze.

Eran sus últimas horas de estar juntas, allí, al calor del fuego de la cocina de la venta. Era también, para las roncalesas, su despedida del valle. Alumbradas por algún candil de aceite tratarían de robarle horas al sueño a pesar del cansancio, no había otra oportunidad de estar juntas, de ponerse al día de dimes y diretes, de escuchar confidencias amorosas… Y al amanecer, después de un buen desayuno, después de despedirse de Nuestra Señora de Arrako en la misma ermita que a algunas de ellas les había servido de cobijo esa noche, iniciaban el verdadero ascenso, ¡eso sí que era subir!, ¡y contentas de que no hubiesen caído ya las primeras nieves!. La larga caravana enfilaba hacia Juan Pito, y desde allí hacia Arrakogoiti. Era el momento de separarse. Las menos, por la falda de Lákora y el collado de Eraiz, buscaban el collado de Ernaz para bajar desde la Piedra de San Martín hacia Arette, Olorón… Las más, por el propio collado de Arrakogoiti, entre Lakartxela y Bimbalet, iniciaban su descenso hacia Santa Engracia, no sin antes haber despedido a sus familiares y a las caballerías que en ese mismo punto saldrían a su encuentro en la primavera. Y ellas solas, con sus largos faldones, con su hatillo en la mano, por Venta Dominica, por la Caserna, bajaban hasta Santa Engracia y enfilaban hacia Mauleón, o hacia donde le tocase a cada una. Mayoritariamente iban a las fábricas de Mauleón. Por aquellos caminos, o ya en el propio destino, las roncalesas y las ansotanas se juntaban con las salacencas que habían empleado los caminos tradicionales que el Salazar tiene con Zuberoa.

Las calles de Maule (Mauleón) vivían esos días una animación especial. Se notaba en las tabernas, en las tiendas, en las calles. Lo primero era asegurarse el alojamiento, ya apalabrado de antemano. Y lo segundo era dar vida y producción a aquellas florecientes fábricas de alpargatas. Unas más modernas que otras, en unas se trabajaba en serie sobre una larga mesa, y en otras se mantenía el sistema tradicional de antaño, es decir, el trabajo individual sobre banco de alpargatero. Había que manejar el cáñamo, el yute, la lona, aguja y lezna… había que hacer y coser las suelas, montar empeines y taloneras de lona, coser con arte y con rapidez, sin apenas tiempo al ocio… Eran seis meses de duro trabajo, seis meses manteniendo en su cota más alta a las afamadas espardiñas de Mauleón.

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Buscaban tiempo para escribir a casa y contarles como les iba; buscaban tiempo para el paseo, ocasionalmente para el cortejo con algún mozo, imposible olvidar el ambiente navideño, todas juntas, lejos de sus familias, constituyendo ellas una gran familia especialmente en esas fechas. Y trabajar, y trabajar, y trabajar… Entre puntada y puntada dejaban volar muchas veces la imaginación y se veían paseando por la calle Mayor de Burgui, o asomadas al pretil del puente, o por Karkarutxea, o jugando en los Cuatro Arbolicos, o viendo pasar al “obispo” con toda su comitiva de pedigüeños… Pero su realidad estaba allí, entre aquellas paredes, entre aquellas familias que les acogían, entre aquellos mozos que les rondaban.

Finalmente llegaba la primavera, era el momento de las últimas puntadas, del final de la temporada. Era el momento de cobrar un buen puñado de francos, predestinados a ser requisados en la aduana si no los convertían en productos y mercancías. Era el momento de comprarse buenas telas, buena pasamanería para sus trajes de roncalesas, buenos relojes, chocolate… “Salimos el día 30” habían anunciado discretamente en una carta; y padres y hermanos pasaban de noche la muga y les aguardaban en el bosque para hacerse cargo de todas las mercancías, dejándoles únicamente un pequeño equipaje. Y era así como dejaban atrás Mauleón, y a sus amigas, y a sus familias adoptivas, y arriban les aguardaban los guardias que revisaban sus equipajes y se asombraban de lo poco que tenían para declarar. “Ha sido mal año”, se justificaban, y mientras tanto, por la peña de los Buitres, por la falda de Lakartxela, a veces por Roizu o por Mintxaturrea, por Ardibidegainea, la noche era testigo de aquellas caravanas de mulas que evadían aduanas y tricornios, para que el dinero ganado por hijas y hermanas no mermase en beneficio del Estado o de no se sabe quien.

Y allá, al final del valle, o al principio, según se mire, estaba Burgui. Aquellas campanas que meses antes habían sido el último sonido que de su pueblo habían escuchado, eran ahora el primero. Las hermanas pequeñas, los novios, los más impacientes, salían ya a su encuentro hacia el molino de Roncal. De nuevo en casa, de nuevo a las hierbas, de nuevo al ganado… Era la vida del Pirineo, la vida de las mujeres que fueron niñas, la vida de quienes aquí y allí, con los de aquí y con los de allí, hablaban una misma lengua vascongada.

Las alpargatas se ponían en el pie, y de un lado y del otro subían las cintas por la pantorrilla entrecruzándose para quedar bien amarradas, unidas en fuerte lazo. Así ha quedado la sangre del Pirineo, entrecruzada, atada con fuerte lazo, gracias a aquellas muchachas que desde mediados del XIX hasta los años cuarenta del XX ejercían de golondrinas: de negro, marchándose en el otoño, y regresando en la primavera.

Pronto llegará de nuevo la fiesta de la Virgen del Rosario, el 7 de octubre, momento de recordar a nuestras últimas alpargateras de Burgui. Entre otras muchas: Servanda Aznárez Solanilla (casa Fayanás), Evarista Mainz Lampérez (casa Martineta), Cirila y Trini Gárate Ustés (casa Aso), Micaela Fayanás Mainz (casa Juan Babil), Felipa Ezquer Andreu (casa Juan Grande), María Pérez Pérez (casa Lupercio), Juliana Mina Iriarte (casa Mendive). Y en especial a todas aquellas otras que nunca más regresaron al pueblo que les vio nacer.

 

Cinco lustros…

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Mar
21

Almadías varias

Dicen, y es verdad, que el oficio agonizaba cuando aquél año de 1952 los obreros recibieron la orden de cerrar ya ese pequeño hueco que habían dejado en la presa que, en el término municipal de Yesa, cierra desde entonces el paso, y lo regula, al cauce del río Aragón. Aguantaron sin cerrarla hasta el último momento precisamente para facilitar el paso a las últimas almadías roncalesas. No medía más aquel angosto paso que lo que tenía de ancho un tramo de almadía. A partir de ese momento, y después de tantos y tantos siglos dando vida a los ríos, el oficio de almadiero en el Pirineo navarro pasaba a la historia. Se extinguía para siempre de forma irreversible.

A partir de entonces no faltaron esporádicas ocasiones para que los últimos almadieros roncaleses, de vez en cuando pudiesen desquitarse de su obligada inactividad. Le tenían ganas al río.

Un día los hermanos Caro Baroja les pusieron la escusa perfecta para volver a almadiar, en esta ocasión cosechando aplausos a su paso; aplausos que venían a confirmar que aquellas balsas eran ya una seña de identidad. Volvieron a coger los remos en Urzainqui, en Sangüesa, en la foz de Lumbier… con sano orgullo, sintiendo la admiración y el reconocimiento de sus descendientes. La única pega era que aquella última generación de almadieros, herederos y depositarios de unos conocimientos y de unas técnicas, iba poco a poco desapareciendo. Desaparecido el oficio, desaparecido el tráfico fluvial de la madera, y rota ya la cadena del relevo generacional, la memoria de aquél oficio tenía los días contados.

Fueron ellos mismos, pinchados en su orgullo por Javier Beúnza, quienes en la sobremesa de una comida celebrada en el Hotel Isaba tomaron la iniciativa de constituir una asociación sobre la que proyectar y apoyar un futuro, no el futuro de un oficio, sino el de mantener viva la llama de la memoria de ese oficio. Se arrimó la gente joven a aquellas fuentes del conocimiento, y escucharon, y aprendieron… y entre una generación y otra, conjuntamente, organizaron en 1992 un descenso de almadías en Burgui con vocación anual. Nacía así, hace ahora 25 años, el Día de la Almadía – Almadiaren Eguna.

almadía

Cinco lustros después dirigimos una mirada retrospectiva a toda esta trayectoria. Burgui sale ahora en el mapa festivo peninsular; a nuestro pueblo se acercan cada año miles de visitantes que se admiran ante el trabajo y la destreza de nuestros antepasados vista en el espejo de los descendientes de aquellos. El descenso fluvial de la madera vuelve a generar riqueza. Son 25 años en los que los mayores han pasado el testigo recogido por manos juveniles que avistan ya un nuevo relevo.

Se nos esfuman los testimonios vivientes de aquellas almadías que navegaron río abajo en busca de compradores; se nos van las manos experimentadas, se han soltado las amarras… y a partir de ahora toca agarrar bien el remo, toca saludar y dirigir la mirada a lo alto, toca encomendarse, y embocar el puerto de la presa con la mirada puesta en el futuro.

Foto almadía Navarra Cuatro Estaciones

Son 25 ediciones, un cuarto de siglo de sinsabores y gloria, homenajes y reconocimientos, piel rugosa y piel tersa, lluvia y sol, tensas esperas y ovaciones, experiencia y novedad, voluntariado y emoción. Y son muchas las personas que, en una u otra faceta, han aportado su trabajo, esfuerzo e ilusión, ¡mucha ilusión! a lo largo de estos 25 años para contribuir de forma voluntaria y desinteresada a mantener vivo el recuerdo y la memoria.

Cinco lustros en los que podemos decir que el oficio de almadiero ha sido puesto en valor como nunca se hubiese soñado; cinco lustros tras los que dejamos recogida, salvaguardada y difundida la memoria de este oficio y la de quienes le dieron vida; cinco lustros en los que casi ha desaparecido para siempre la última generación de almadieros, pero que lo ha hecho dejando aquí sus conocimientos, sus recuerdos, y una fiesta que a partir de ahora es más homenaje que nunca.