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Tres proyectos mineros en Burgui

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Mar
21

Entre octubre de 1899 y agosto de 1901 se presentaron ante el Gobierno civil tres registros de minas en el término de Burgui, dos para explotación de hierro a cargo del promotor pamplonés Francisco Martínez y una tercera de carbón inscrita por el burguiar Felipe Ezquer Cabodevilla. Los nombres dados fueron ‘La Pilarita’ y ‘Los Tres Amigos’ en las de hierro y ‘Felipe’ para la de carbón. ‘La Pilarita’ estuvo localizada en término de Larringorrea, entre los barrancos de Arandari Bajo y Txares, en tanto que las de ‘Los Tres Amigos’ y Felipe’ se situaban en la Foz por la margen izquierda del Esca y junto al viejo camino real a Salvatierra. Ninguna de dichas explotaciones llegó a entrar en actividad.

Burgui desde Kukula Pintano

El Distrito Minero de Guipúzcoa:

Por la época Navarra, junto con Álava, dependían administrativamente del Distrito Minero de Guipúzcoa (hasta 1968), con jefatura radicada en San Sebastián. El primer paso para autorizar la explotación de una mina era presentar ante el Gobierno civil la correspondiente solicitud de registro, en la sección de Minas del Negociado de Fomento. Era preciso determinar con exactitud un punto de partida y establecer el número de ‘pertenencias’, con sus límites, para que se le diera publicidad en el Boletín Oficial de la Provincia y en la tablilla del Ayuntamiento, por si se producían reclamaciones o peticiones de indemnización por los dueños de los terrenos.

La ‘pertenencia’ era una antigua unidad minera de superficie, con forma cuadrada y de cien metros de lado (equivalente a la hectárea) bajo cuyo subsuelo se podía extraer el mineral. El registro había que acompañarlo de un depósito pecuniario, en principio en torno a 75 pesetas, para que un ingeniero de San Sebastián acudiera al lugar exacto y levantara acta. Si el informe técnico final era favorable, tras los periodos de exposición pública y alegaciones, el titular de la concesión minera debía hacer un depósito financiero en papel de pagos al Estado para comenzar con la extracción.

Dos minas de hierro en 1899:

El 16 de octubre de 1899 Jenaro Pérez Moso, gobernador civil, firmaba sendos documentos oficiales en los que se daba a conocer que a las once de la mañana se habían presentado en nombre de Francisco Martínez, vecino de Pamplona, dos solicitudes de registro con los números 701 y 702 para la demarcación de sendas minas de hierro en Burgui. Era la primera vez en la historia, tanto de la villa como del valle, que se planteaba desarrollar la actividad en la zona. Con posterioridad, entrada la década de los 60 en el siglo XX, se llegó a realizar alguna prospección petrolífera sin resultado práctico.

En ambas solicitudes se demandaba ocupar doce pertenencias cada una. El 20 de diciembre de 1899 el secretario de Burgui, Valentín Vicente, cursaba las diligencias por orden del alcalde para informar que en la tablilla del Ayuntamiento los edictos gubernativos habían estado expuesto los sesenta días que prescribía la ley y lo acompañaba con impresión del sello de ‘Ayuntamiento constitucional’ en el que figuraba la representación esquemática de la cabeza del moro.

 ‘La Pilarita’:

El lugar exacto de la ubicación se describía así: “se tendrá por punto de partida la esquina Norte de la casa de don José Mª Domínguez, desde él se medirán 30 metros al Norte y se colocará la primera estaca”. El perímetro iba a estar delimitado por un cierre con ocho estacas.

FotoBurgui1925El 4 de diciembre de 1899 Lorenzo Urzainqui, mayor de edad, casado y labrador propietario, manifestaba por escrito al gobernador haber sabido del proyecto por el Boletín Oficial de la Provincia nº 126, correspondiente al 26 de octubre, y dado que “como dicha mina se halla en una propiedad de mi pertenencia como se justificará en su día” solicita que “se digne ordenar se me indemnice el terreno con arreglo a la ley de minas vigente”. Entra en el Registro el 13 de diciembre a las doce y cuarto del mediodía. Otra solicitud en el mismo sentido la firma José Mª Domínguez Lacasia, también mayor de edad, casado y labrador propietario. Es idéntica en su redacción a la anterior, está fechada a 7 de diciembre y entra en el Registro el día 9.

Es el 20 de diciembre de 1900 cuando el ingeniero jefe del Distrito minero de Guipúzcoa da traslado del expediente completo. Acompañan al acta dos planos con el emplazamiento de las pertenencias. Manifiesta que no encuentra motivo alguno de tipo industrial, científico o de salubridad por lo que deba imponerse a la concesión ninguna condición particular, ya que es suficiente con que el propietario cumpla las prescripciones de la ley y su reglamento.

El 14 de noviembre de 1900 el ingeniero José Ureña, acompañado por el auxiliar Rodrigo Varo habían acudido a Larringorrea para precisar la demarcación. Concurrieron al acto los testigos Nicolás Domínguez y Fernando Campos, vecinos de Burgui “no habiendo comparecido el registrador ni ninguna persona que le representara”. Tras recorrer los límites el acta señala que “esta mina debe considerarse como de hierro, por verse algunas muestras dentro del perímetro demarcado, no viéndose ningún otro mineral de mayor tipo tributario”. Concluye señalando que “terminada la operación sin protesta ni reclamación alguna, se extendió la presente acta, que firman conmigo” y rubrican ingeniero, técnico auxiliar y los dos testigos.

‘La Pilarita’ está en disposición de comenzar a ser explotada a partir del 27 de diciembre de 1900 con la aprobación del ingeniero jefe del Distrito. Es el 8 de febrero de 1901 cuando el gobernador civil indica al promotor que una vez practicada la demarcación dispone de quince días para que “presente un papel de pagos al Estado en equivalencia de los derechos de pertenencia y del título de propiedad”. Es en este punto donde fracasa la iniciativa. “En virtud de lo que decreta la Ley de minas, queda cancelado el expediente de la mina”, dado que no se ha “presentado el papel de pagos al Estado para el reintegro de pertenencias y el título de propiedad de la misma”. Queda franco y registrable el terreno que había sido demarcado y firma el gobernador interino Damián Escudero.

 ‘Los tres amigos’:

 Tuvo el número de registro 702, se situaba en el paraje de la Foz y los límites señalados eran al Este con el camino, mientras que Norte, Sur y Oeste lo hacían con terrenos comunales. La descripción del lugar fue tan peculiar como imprecisa y decía así: “se tomará por punto de partida el Río Burgui que va a Aragón, desde él se medirán 4 metros al Oeste y se colocará la primera estaca; de la primera a la segunda 400 metros al Norte, de la segunda a la tercera 300 metros al Oeste, de la tercera a la cuarta 100 metros al Sur y de la cuarta a la primera 200 metros al Este quedando así cerrado el perímetro solicitado”.

Es también el 14 de noviembre de 1900 es cuando los mismos ingeniero, auxiliar y testigos que en ‘La Pilarita’ intentan levantar acta y plano de la demarcación y, como en el caso anterior, no comparece el registrador ni persona que le represente y “resultando que de los datos apuntados en la instancia de registro no puede deducirse cual sea el punto que quiere el registrador sea el punto de partida, existiendo por tanto indeterminación, suspendí la operación levantándose la presente acta”, reseñó el ingeniero Ureña. El Distrito Minero decidió informar al Gobernador que procedía la cancelación del expediente de registro, como se realizó.

 El carbón de Felipe Ezquer:

felipeEl 1 de agosto de 1901 Felipe Ezquer Cabodevilla, vecino de Burgui, solicitaba diez pertenencias mineras en el paraje de la Foz “en terreno comunal que linda al Norte con con la peña llamada las Paletazas, al Sur con el primer peñón que se encuentra bajando por el camino real en dirección a Salvatierra (Aragón), al Este con la muga de Salvatierra y al Oeste con la peña de las Paletazas”.

La ubicación exacta la refería así: “se tendrá por punto de partida la peña de las Paletazas en el camino donde se clavará la primera estaca, de esta al Norte se medirán 600 metros y se colocará la segunda, de esta al Sur 400 metros la tercera, de esta al Este 400 metros la cuarta y de esta con 600 metros se vendrá a parar al punto de partida”. La documentación entró en el registro al día siguiente a las diez y veinte de la mañana con el número de expediente 1.519.

Días después Ezquer realizaba una rectificación para indicar que al Oeste limitaba con el río Esca y no con la peña de las Paletazas.

felipe 17-08-1901

Fernando Laspidea, alcalde constitucional de la villa de Burgui, certifica que desde el 10 de agosto el edicto de registro ha estado expuesto al público en la tablilla del Ayuntamiento por espacio de sesenta días y lo diligencia el 2 de diciembre de 1901. Sigue de secretario en la villa Valentín Vicente en tanto que el gobernador civil es Luis Polanco.

Como depósito en los gastos de registro Felipe Ezquer había adelantado 71 pesetas con 25 céntimos y el ingeniero jefe del Distrito Minero, al planificar los viajes de demarcación, observa que es el único por la zona y dadas las dificultades de transporte y alojamiento en la época requiere un adelanto de 325 pesetas, que incluyen las dietas.

El 13 de enero de 1903 el ingeniero jefe del Distrito se dirige al Gobernador civil para indicar que no se puede mantener activo el expediente de manera indefinida sin que conste que se hayan adelantado las 325 pesetas para los gastos de demarcación. Previamente se le había comunicado a Felipe Ezquer pero el dinero no se depositaba.

El 20 de enero de 1903 la alcaldía de Burgui recae en Gerónimo Sanz e informa que el secretario Valentín Vicente ha notificado el oficio a “Juliana Marracos esposa de Felipe Ezquer ya difunto, quedó enterada y no firma porque no sabe haciéndolo como testigo Nicolás Domínguez”.

El 18 de febrero de 1903 el ingeniero jefe devuelve la documentación del expediente al Gobierno civil para que se sirva cancelar el registro y devolver el depósito a la viuda. El 3 de marzo el nuevo gobernador Luis Soler notifica la cancelación al Ayuntamiento de Burgui y el 9 de marzo el secretario se lo notificó con lectura íntegra y copia a Juliana Marracos.

El 22 de junio de 1903 la viuda y heredera de Felipe Ezquer, Juliana Marracos Recari, en presencia de los testigos Valentín Vicente -secretario- y Narciso Orduna, autoriza a Casildo Iriarte, vecino de Pamplona, para que pueda cobrar las 72,25 pesetas del depósito previo para el registro minero, reembolso que se hizo efectivo el 1 de agosto.

De esta manera concluyeron las iniciativas mineras en Burgui en el tránsito de los siglos XIX al XX.

La vida en Burgui en el siglo XVI

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Feb
11

En el siglo XVI la villa roncalesa de Burgui contaba con unos 120 vecinos -cabezas de familia-, cifra similar a las de Roncal y Uztárroz, por debajo de los 240 de Isaba y por encima de los 80 de Vidángoz, Urzainqui y Garde (Florencio Idoate, ‘La Comunidad del valle de Roncal’). El periodo estuvo marcado por las guerras en 1512 y 1516 alrededor del castillo en la colina llamada Kukula, derribado en 1519 tras una petición vecinal, posiblemente para aprovechar materiales en la reconstrucción de las casas tras el incendio sufrido con el primer asedio.

Del periodo el Archivo General de Navarra conserva un número importante de pleitos que ofrecen datos sobre cómo transcurría la vida. Así, el señorío de Burdaspal, emplazado en la margen izquierda del Esca frente al actual kilómetro 18 de la carretera a Isaba, contaba con palacio e iglesia, su señor disponía de vecindad forana -hoy se dice foránea- en Liédena con hato de cabras y derecho a pastos y viñas en propiedad en ‘El Pontillo’, y estaban emparentados con el señor de Racas por el Almiradío de Navascués.

 La vida cotidiana

 El pueblo albergaba dos herrerías y un molino, en la parroquia se ejercían los cargos de campanero y clavero -tesorero responsable de las llaves en los lugares de culto y el llamado hórreo decimal-, la comercialización de trigo y vino eran asuntos de subsistencia y motivo en ocasiones de contrabando o venta a precios abusivos, eran comunes los oficios de mulero y trajinero -acarreo de géneros-, se alquilaban animales de carga y no faltaron diferencias vecinales por injurias. Las misas por los difuntos de la familia se celebraban de manera regular y generalizada, el alcalde era juez ordinario de la villa y tenía la facultad de apresar en la cárcel municipal, de donde se produjeron fugas sonadas como las de Martín Gorri (1565) y Pedro de Ederra (1587).

Los pueblos del valle disponían de médico conducido, quien atendía a los vecinos cuya localidad hubiera abonado los honorarios establecidos, al modo actual de una iguala o seguro sanitario colectivo.

 Apellidos vigentes y perdidos

 Comienza a ser común contar con nombre y apellido propios, aunque algún matrimonio los comparte al modo anglosajón (Juan y Catalina Alcazan, 1535) y también se dan casos en los que los hijos llevan el apellido de la madre (Magdalena y Pedro Aroza, 1552); entra en desuso la denominación clásica de ser llamado Juan o Pedro de Burgui -tipo Francisco de Javier o Benjamín de Tudela-, cuya fórmula mantendrá vigencia hacia la Ribera en el tránsito de la Cañada de los roncaleses, particularmente en Carcastillo, y por las localidades limítrofes.

Entre los apellidos terminados en “ch”, característicos de la comarca, se reseñan los de Martich, con la variante de Martiech, y Galech. Baster y Bazter son dos transcripciones de una misma denominación y algún alias comienza a tomar carta de naturaleza como apellido. Es el caso de Pascual Sendoa, avecindado originalmente en Garde y a quien se le conoce de manera general como “Borro”, que terminará por convertirse en Pascual Borro para consolidar un apellido hoy vigente. Prosiguen hasta la actualidad los Sanz, Gárate, Glaría, Ezquer, Urzainqui, Bronte, Torrea, etc., y han declinado su presencia los Alcazan, Ledea, Acos, Argonz, Daria o Elverdin.

 castillo

El derribo del castillo (1519)

 Burgui contaba en su término con dos castillos de realengo, ambos emplazados sobre cuculas -montículos-, el primero en la ladera donde se asientan las casas y el segundo en la de Pintano, cerca de la muga con Garde y en la raya de Aragón. El castillo del pueblo fue ocupado en 1512 por una guarnición castellana, mandada por el capitán Valdés, que en octubre queda sitiado por los franco-navarros de La Palice, que tras su toma incendian las casas (Burgui sufrirá en agosto de 1809 de nuevo los rigores de la guerra con la quema de 127 edificios por el coronel napoleónico Plicque). Pero tras el episodio de 1512 aún les espera otro momento complicado, en 1516, cuando la guarnición castellana renovada vuelva a quedar cercada por la gente de guerra del mariscal Pedro de Navarra, quien con la hueste muy mermada caerá posteriormente prisionero del duque de Alba.

En 1519 Juan García, almirante de la villa, en nombre de sus vecinos pide a Martín Hernández de Viedma, veedor de fortalezas del reino, el derribo del castillo. Los detalles del episodio los publicó Juan José Martinena Ruiz en el nº 16 de la revista Zangotzarra (diciembre de 2012), dentro de un estudio amplio sobre la fortaleza, donde consigna que los burguiarres ofrecieron 300 ducados de oro viejos que luego se negaron a pagar. Recoge que el castillo había sido asolado en tres ocasiones.

Los asuntos judiciales relativos al recinto defensivo colearán largo tiempo. En 1550 Sancho Pomar, señor de Sigüés (Zaragoza), pleitea ante la Corte Mayor contra Inés de Mayorga, viuda de Dionisio de Lasarte y Beraiz, exregente de la tesorería del reino, y Miguel de Beraiz, su hijo, vecinos de Tudela, sobre la entrega de 192 ducados de una libranza expedida por Dionisio de Lasarte y Beraiz y no pagada por el recibidor de abastos en favor de Carlos Pomar, alcaide del castillo de Burgui. En opinión de Martinena, medievalista con tesis doctoral sobre fortalezas, esta referencia tardía lo es con relación a una deuda insatisfecha. Sancho es hijo de Carlos Pomar, último alcaide durante la conquista castellana, y el pago a su padre no se ha hecho efectivo en treintaiún años.

 Abanico de pleitos

 El 18 de noviembre de 1528, ante la Corte Mayor, el fiscal actúa contra Juan de Ledea, vecino de Burgui, preso, a propósito de haber arrebatado con fuerza un potro de María Mayo a Juan de Echandi, nuncio -alguacil y también encargado de trasladar un aviso-, e intento de agresión al alcalde. Es el primer pleito del XVI con constancia documental.

Los siguientes son de 1535 y los hay de naturaleza administrativa y malquerencias. En mayo Burgui actúa contra el fiscal, sobre despacho de información relativa a una cédula de exención de cuarteles y alcabalas otorgada por veinte años desde el 1 de enero de 1513. Tema hacendístico porque ‘cuarteles’ eran las contribuciones trimestrales que pagaba un pueblo a los gastos generales del reino y ‘alcabalas’ los impuestos del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor en el contrato de compraventa y ambos contratantes en el de permuta.

En mayo y junio de 1535 se presentan dos querellas por injurias. Juan Miguel de Burgui y Juliana de Ezquer, su mujer, pleitean contra María Pérez, mujer de Íñigo Sanz, y por otra parte Juan Alcazan y Catalina de Alcazan, su mujer, lo hacen contra Graciana Pérez, esposa de Íñigo Sanz. Lo más probable es que la esposa de Íñigo Sanz tuviera por nombre María Graciana y que en las instrucciones judiciales se le llame de dos maneras diferentes.

En 1538 Juan Miguel de Ezquer demanda a Nicolás de Echandi sobre indemnización de once ducados por muerte de un macho alquilado.

 FotoPuente

Líos en los oficios

 En agosto de 1567 Juan de Gárate, herrero, pleitea ante el Consejo Real contra la villa y Domingo Blázquez, también herrero, sobre derecho a ejercer el oficio, y por vía de reconvención, monipodio y soborno para aumento de salario. La ‘vía de reconvención’ es una demanda que al contestar entabla el demandado contra quien se promovió el juicio y por ‘monipodio’ se entiende el convenio de personas que se asocian y confabulan para fines ilícitos; por lo visto no reinaba la cordialidad en la profesión.

Por su parte, Juan de Urzainqui, molinero, demanda a la villa en mayo de 1547 sobre el pago de 89 florines adeudados del salario, en tanto que dos años después Íñigo Portaz reclama a Miguel de Lecumberri, campanero, sobre el pago de 30 robos de trigo del cargo de la tabla y peaje en cumplimiento de convenio.

Quien parece que tenía la mano larga era el cantero Antón o Antonio Íñiguez. En 1553 Vicente de Navascués, vecino de Yesa, pleitea contra él sobre hurto de ropa y dinero de su casa y al año siguiente lo hace el lugar de Ayesa (Ezprogui) sobre el hurto de una yegua.

La falsificación de moneda también tiene presencia y el fiscal actúa contra Pedro Echandi en pleito ante la Corte Mayor el 27 de mayo de 1560.

Como se aprecia, la vida en Burgui no estuvo precisamente exenta de incidencias y actuaciones judiciales.

Autor del reportaje: Germán Ulzurrun Zabalza, colaborador de La Kukula

Cofradía de la Virgen de la Peña

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Oct
29

El último fin de semana de agosto, de viernes a domingo y con romería popular de cierre, los cofradres de San José vecinos de Salvatierra de Esca y de Burgui renovaron su subida a la ermita de la Virgen de la Peña, que se levanta al borde un precipicio que preside la foz. El paisaje es tan amplio y espectacular como la historia de la que hoy son herederos 25 salvaterranos y burguiarres, en una tradición que hunde sus raíces en el año 1521 y surge para mediar en los conflictos por los pastos.

Pedro Aznárez, párroco de Ansó que se ocupa de la atención espiritual y las celebraciones litúrgicas, a través de los libros parroquiales ha seguido la historia de las dos cofradías de origen medieval compartidas por miembros de Salvatierra y Burgui, aunque los vecinos de Lorbés (Zaragoza) y Castillonuevo cuentan con fechas propias de peregrinación al santuario.

Aznárez sitúa el origen de la Cofradía de la Virgen de la Peña en 1521, como iniciativa de la Iglesia para poner paz entre las comunidades de los pastores aragoneses y navarros que llevaron sus discrepancias a las peleas por el monte con varios hombres muertos. Al modo del conflicto del que surgió el ‘Tributo de las tres vacas’, van a ser los clérigos los que logren acordar la paz. El párroco subraya que cerca de la ermita se mantiene la denominación de un término llamado ‘Campo de las fuesas’, donde se debió enterrar a los muertos habidos en los enfrentamientos.

 Virgen de la Peña (1)

“La tierra salva” aragonesa

En 1208 el rey aragonés Pedro II hace un llamamiento para poblar “la tierra salva”, o libre de impuestos, al sur del valle de Roncal. Surge así Salvatierra de Esca, a la que se dotará con el Fuero de Ejea. El asentamiento se realizará sobre una colina (tozal en el decir aragonés) circundada por el río Esca, aguas abajo del viejo monasterio de Santa María de Fonfría que es de fundación navarra en el 850 por García Íñiguez, rey de Pamplona, en la época en la que Wilesindo es obispo.

Toda la comarca lo es de monasterios y castillos. En la visita de Eulogio de Córdoba ese mismo año destacará la existencia de comunidades monacales pujantes que va a encontrar en Urdaspal (Burgui), luego derivado a Burdaspal, y San Vicente de Igal (Salazar) en su camino desde Leire hasta San Pedro de Siresa (Hecho).

Burgui acogió en su término dos castillos de realengo (vinculados directamente al monarca, no a un señor feudal dependiente) en las cuculas del propio pueblo y de Pintano, en el límite con Garde y como puesto avanzado sobre la raya de Aragón. El término cucula procede del latino ‘cuculla’, hace referencia a un vestido talar amplio que vestían los libertos romanos y tenía una caperuza puntiaguda abatible. Es el mismo étimo que da lugar a la voz ‘cogulla’, el hábito monacal.

 Retablo Virgen de la Peña 2009 (5)

‘El Ceremonioso’ y ‘El Malo’

En 1338 Pedro IV de Aragón, ‘El Ceremonioso’, casa con la infanta María de Navarra -de la que luego enviudará-, hermana del futuro rey Carlos II, conocido como ‘El Malo’ y que por las fechas era un niño. La dote no se paga en efectivo por los reyes Felipe III y su esposa Juana II y hay una serie de poblaciones navarras que pasan a depender del aragonés como garantía hipotecaria. Es preciso realizar un proceso de “desnaturalización” en junio de 1338 ya que el monarca era el “señor natural de sus súbditos”, que le debían vasallaje y el pago de pechas -impuestos- a cambio de la protección real y el cumplimiento de sus fueros. Son los alcaides de los castillos de Burgui, Santacara, Gallipienzo, Murillo el Fruto, La Estaca y Arguedas los que realizan el acto.

Con Carlos II de Navarra en el trono se declara la guerra contra Pedro IV. Los hechos de armas son favorables a los navarros. Así, del 18 al 26 de julio de 1362, hay una extensa documentación emitida por el rey navarro desde Salvatierra de Esca con casi una veintena de órdenes reales. En una de ellas manda a Guillermo de Auvre, tesorero del reino, que pague a Alí Alhudalí, moro ballestero de Tudela, cuanto se le deba por causa de sus gajes por el tiempo que ha servido a dicho rey en la guerra contra Aragón. El 11 de agosto, desde Roncesvalles, el rey ordena a García Miguel de Elcarte, guarda de la tesorería, que pague a Juan Testador, maestre de su Escudería, 10 libras que le correspondían por poner el pendón real de Navarra en el castillo de Salvatierra de Esca, y otras 10 por ponerlo en el de Ruesta, ambos conquistados en el reino de Aragón.

 Cofrades exterior

Orígenes cofrades

Tras las riñas por los pastos entre navarros y aragoneses el clero de la zona busca una salida pacífica y deciden constituir en 1521 una cofradía llamada de la Virgen de la Peña que admita 20 miembros de Salvatierra y 10 de Burgui. En 1628 surge una segunda agrupación, también con integrantes de ambas localidades, que suben al santuario pero que centran su devoción en san José. La dedicada estrictamente a la Virgen de la Peña decae en el siglo XX y se extingue en 1950, según Pedro Aznárez. Es entonces cuando la de san José se hace sucesora y llegado el día de hoy cuenta con 25 miembros. La cifra máxima que puede admitir es de 30 y está regida por un prior -turno rotatorio por antigüedad-, que cuenta con el apoyo de un sirviente que aprende cómo organizar actos y avituallamientos, ya que el fin de semana de convivencia comporta un celebración penitencial conjunta con rezo del ángelus y rosario y los cofrades pernoctan en el pequeño complejo de edificios que rodean el santuario. Históricamente han sido gentes de buen comer y beber, solían incluso acarrear una porción de nieve -preservada en verano en las ‘niveras’- para refrescar viandas y botellas. Como curiosidad Pedro Aznárez destaca que en las cuentas de los años 40 del siglo pasado se pagaba más caro el tocino que la carne o el aceite.

En la actualidad la peregrinación más importante a la Virgen de la Peña, la de los cofrades de San José, está condicionada por la celebración de las fiestas de Salvatierra de Esca que se acomodan al fin de semana más próximo al 8 de septiembre, fecha tradicional cuyo domingo anterior establecía la romería.

Los pueblos de los alrededores tienen días propios de subida. Salvatierra acude el lunes después de Pentecostés -el Ayuntamiento pone pan y vino-, el 2 de agosto por el jubileo de la porciúncula (indulgencia ganada por san Francisco de Asís para sus frailes) y el domingo anterior a las fiestas patronales. Burgui sube la víspera de la Asunción y el 2 de agosto con los de Salvatierra. Castillonuevo lo hacía el 20 de junio y ahora con la despoblación lo programa el sábado más cercano a esa fecha. Los de Lorbés acuden una semana antes que los de Castillonuevo, la tarde de la festividad de San Antonio; pernoctan y regresan al día siguiente tras la comida.

 Virgen de la Peña

Prodigio de las herramientas

Los ‘Gozos a Nuestra Señora de la Virgen de la Peña’, que se cantan en la celebración, recogen del segundo al quinto -con rima que horrorizaría a Quevedo- retazos de un asunto tenido por prodigioso. Los de Salvatierra quisieron en su origen honrar a la Virgen en un lugar más acomodado y cercano al pueblo. Pero lo que construían durante el día era misteriosamente derribado por la noche, y así varias jornadas hasta que finalmente desaparecieron las herramientas de trabajo. Poco después se hallaron en lo más alto de la roca y aquello fue interpretado como un prodigio mediante el cual la Virgen señalaba a los fieles cuál era el lugar elegido para su culto.

Tras la misa dominical, en la que el celebrante dio el agua bendita a cada cofrade, los miembros desfilaron hasta un pequeño monumento presidido por una cruz para la salutación final. Visten en la ceremonia capa negra amplia sobre pantalón oscuro con camisa blanca a cuyo cuello se anuda un pañuelo también blanco. Los zapatos son negros y los cofrades tienen a gala lustrarlos a fondo.

Dentro de seis años la Cofradía de san José cumplirá 393 años de peregrinación propia y serán cinco siglos justos como heredera de la Virgen de la Peña. Quinientos años de concordia entre Salvatierra y Burgui con una tradición que se mantiene viva.

Virgen de la Peña

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Sep
3

Al borde de un farallón cortado a pico, a 1.294 metros de altitud, se alza en tierras de Salvatierra de Esca la ermita de la Virgen de la Peña. Este fin de semana los cofrades de San José han vuelto a ocuparla con retiro y romería. Son herencia viva de una tradición documentada en 1521 como una conciliación de la Iglesia en conflictos pastoriles que causaron varias muertes. Cuenta con miembros vecinos de Salvatierra y Burgui, a ambos lados de la muga entre Aragón y Navarra, y es que hubo una época en la que los burguiarres fueron aragoneses por mor de la política matrimonial y los salvaterranos navarros por la fuerza de las armas.

virgen

Imagen ermita Virgen de la Peña. Fotografía: Juan Antonio Recari Elizalde

En 1338 casa Pedro IV de Aragón con la infanta María de Navarra, hermana del futuro rey Carlos II, conocido como ‘El Malo’. Ya que la dote no se satisface en efectivo hay una serie de poblaciones navarras que pasan a depender del aragonés como garantía hipotecaria, y entre ellas Burgui.

Por otra parte, guarda el Archivo General de Navarra documentación precisa de la semana larga que Carlos II de Navarra pasó en Salvatierra en julio de 1362. Estaba entonces en guerra contra su excuñado Pedro IV y Juan Testador, maestre de escudería, va a recibir 20 libras de gratificación por poner el pendón real de Navarra en los castillos de Ruesta y Salvatierra. Así, el 2 de agosto de 1362 Miguel Sánchez de Ursúa, caballero y maestro de ballesteros, reconoce haber recibido del tesorero del reino 4 ballestas grandes de torno y 20 de estribera para la defensa de los castillos de Ruesta, Salvatierra y Burgui.

Superadas querellas viejas hoy desde la Virgen de la Peña se disfruta de un paisaje esplendoroso en el que como novedad destaca el perfil del viaducto inmenso y acabado que salva Sigüés para la Autovía del Pirineo. Es bueno conocer la historia pero es mejor usarla como puente que no como foz. Guste o no, toca convivir y ahí los cofrades ofrecen un testimonio especial en el que dentro de seis años celebrarán cinco siglos de entendimiento.

Burgui tuvo su hospital

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Jun
14

Al igual que sucedía en otras muchas localidades navarras, se ha podido constatar que en el Valle de Roncal también existían algunos hospitales que tenían como objetivo poder atender a los enfermos, en particular a los pobres y a los transeuntes. Hay que tener en cuenta que las condiciones de vida, especialmente en lo que a alimentación e higiene se refiere, eran el caldo de cultivo idóneo para la propagación de todo tipo de enfermedades que se cebaban en todo el vecindario, y de forma muy especial en los más pobres. El sentimiento de solidaridad humana  y de caridad cristiana hacía que cada pueblo del valle se preocupase de asistir sanitariamente a todos los vecinos, así como a cuantos indigentes pasasen por estas villas.

Del hospital que hubo en Burgui apenas hay datos. Únicamente se sabe, hasta ahora, que en el año 1652 el Ayuntamiento de Burgui encargó al carpintero Joan Itarta la obra “que se ha de hacer en el ospital que tiene la dicha villa”. Se trataba, por tanto, de hacer una obra de reforma en un hospital que ya existía, no sabemos desde cuando. La obra que este carpintero tenía que hacer estaba centrada en el sabayao, y le fue adjudicada por 6 ducados y medio; a esto hay que añadir que las vigas y los trallos (materiales) corrían a cargo del concejo. El contrato de esta obra se firmó ante el escribano Pascual Bronte el 22 de diciembre de 1652, comprometiéndose el carpintero a dejarla acabada antes del último día de junio de 1653. El mayordomo del hospital en ese año era Joan de Inza.

Posadas y mesones en Burgui

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Jun
14

Parece que siempre hubo en Burgui posadas y mesones  para acoger a los transeúntes. Al fin era un punto bastante estratégico, de convergencia de dos importantes rutas: la de Pamplona al Roncal, vía Navascués, por Larringorrea;  y  la de Aragón y Sangüesa, por la Foz. Caminos ‘de baste’, como se llamaban, esto es, no de carruajes -habría carros en los pueblos para llanos y distancias cortas-, sino de caballerías. Todos los productos de importación venían a lomos de acémilas conducidas por arrieros. Además, Burgui estaba a considerable distancia de los pueblos circundantes, lo que  invitaba a muchos viajeros a hacer un alto, o pernoctar en el pueblo.

puerta

En 1654 solo existía un mesón que fue arrendado -el ayuntamiento sacaba a subasta todos los servicios-  por Joan Ardaiz por 12 ducados (unos 150 reales) para un año.

En las cláusulas de arriendo se exigía que el que rendare dicho meson haya de dar el recaudo  (cuidado, atención) necesario a los huéspedes que binieren a la villa con toda limpieza que se requiere y se acostumbra en este Reyno (el de Navarra) y haya de vender  el pan conforme tuviere el precio en la panadería y el vino conforme en la tabierna  (taberna) y paja  (para las caballerías) conforme el arancel que cada mes le dieren los señores  jurados  (regidores). ¡Nada de engaños y picardías! De lo anterior, además, cabe deducir que algunos huéspedes -los de menos recursos, como siempre- harían las comidas por su cuenta, comprando solo lo estrictamente necesario.

Ante todo, pues, la higiene. Se ordena que los señores jurados puedan reconocer las camas que hubieren siempre que les pareciere durante dicho año de rendación  (arriendo). Pero, si al mesonero se le exigíen duras condiciones en el arriendo, también había que protegerlo de la falsa competencia de los pícaros: que ningún vecino pueda hacoger a ningún biandante ni forastero que le pague nengunos intereses  (no se le puede cobrar nada)  sino que sea persona propia (familiar),  bajo pena de dos ducados. En resumidas cuentas: que los vecinos  podían acoger en sus casas a parientes o a amigos, pero  debía hacerse gratis.

En 1675 ya había dos mesones que fueron arrendados  por Joseph Borro y Domingo Eliçalde, que se mantuvieron  a lo largo de todo el siglo XVIII.

¿Cuáles eran los productos y  precio del menú? No lo sabemos con certeza. Sin embargo, podemos forjarnos cierta idea por los aranceles de precios que los mesoneros debían poner a la vista de los clientes, y no sobrepasarlos, si no querían ser sancionados por los regidores-inspectores. En la lista hay productos básicos, humildes y más suculentos, con precios en consonancia con el género. He aquí algunos, a modo de ejemplo, de finales del siglo XVIII,  sacados de las ordenanzas municipales de aquel tiempo:

-Libra de truchas: 2 reales.  La libra de pescado, mayor que la normal (372 gramos), vendría a equivaler al medio kilo, y el jornal de un peón se pagaba entonces a unos 4 reales.

-Libra de barbos: medio real  (¡vaya diferencia!)

-Libra de madrillas: tarja y media. Como tres cuartos de real, algo más que los barbos.

-Los huevos a 3 cornados cada uno. El cornado venía a equivaler a la mitad del maravedí, y un real tenía dieciséis maravedís. En definitiva, que no valía mucho un huevo.

-Una gallina buena: 6 tarjas (3 reales)

-Un pollo hecho: 6 tarjas (3 reales)

-Un libra de queso:  tarja y media (tres cuartas partes del real). Al parecer andaba bastante barato.

-Una libra de requesón: 12 cornados = 6 maravedís (como una tercera parte de real), menos de la mitad que el queso.

-La pareja de perdices: 2 reales….

Basándonos en los datos anteriores, podemos hacernos una idea de algunos menús de los mesones, a base de productos de la tierra, aunque también ofrecerían otros platos con productos, traídos del exterior a la tienda o a la taberna.

Como en otros servicios, estaba todo atado y bien atado por los señores regidores, dispuestos siempre a inspeccionar y sancionar, para que nadie se saltare las cláusulas del arriendo. En el siglo XVIII además del bullir de los propios vecinos, en Burgui hacían un alto, o pasaban la noche en los mesones, caballeros e hijosdalgos, arrieros, trajineros y vendedores de distintos productos del exterior.

Alarde de armas

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May
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«Alarde de armas» o “Lista de armas”. Exhibición de armas, y revisión de las mismas, que se hacía en algunos pueblos del Valle delante del alcalde o de otra autoridad superior. Aparecen documentados en las siete villas del valle.

Alarde de armas, Burgui, 2009

Preparativo alarde de armas, Burgui, 2009

Los fueros roncaleses contemplaban la exención del servicio militar fuera de las fronteras del Valle para los habitantes de éste; sin embargo, este privilegio se vio alterado en 1773 tras la aplicación de la Real Cédula de Carlos III por la que este monarca establecía en Navarra la obligación de realizar el sorteo militar y el reclutamiento. Las reiteradas protestas de la Diputación contra este contrafuero no lograron echar atrás su aplicación. El Valle de Roncal, por el contrario, no aceptó la Real Cédula, advirtiendo al Real Consejo que ésta no sería aplicada en dicho Valle por atentar al conjunto de los privilegios que las siete villas poseían. La tenacidad y firmeza de las autoridades roncalesas forzaron la revocación del acuerdo.

Revisión de armas. Burgui, 2009

Revisión de armas. Burgui, 2009

En contraprestación a la cesión de Carlos III el Valle de Roncal se comprometió a sostener su propio ejército, en el que estaban incluidos todos los roncaleses con capacidad de lucha, con el fin de proteger las fronteras (como acción de defensa de la monarquía). La autoridad máxima de este ejército era el alcalde  de Roncal (alcalde mayor), que durante la época de conflicto ostentaba el cargo de capitán a guerra. La organización y mantenimiento de este ejército -caso único en España- implicaba el hecho de que cada roncalés útil para la lucha debía de tener y cuidar sus propias armas, preocupándose de tenerlas siempre a punto para ser utilizadas si la situación lo requería; para garantizar que así fuese una o dos  veces al año se organizaba un alarde de armas, en el que cada vecino estaba obligado a acudir con su arma demostrando ante la autoridad que el fusil se encontraba limpio y en perfecto estado, es decir: emforma. En estas revisiones también se desfilaba, haciendo alarde del armamento y haciendo unos disparos, controlados, al aire.

¡Fuego! Alarde de armas. Burgui, 2009.

¡Fuego! Alarde de armas. Burgui, 2009.

Durante la Guerra de Sucesión (1701-1714), concretamente en el año 1706, el Valle de Roncal contaba entonces con 887 hombres capacitados y listos para combatir con sus propias armas y municiones. Era este el número de varones con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años.

En el año 1825, tras la promulgación en 1824 del Reglamento de Policía, fue la propia Diputación del Reino quien tuvo que mediar entre el Valle de Roncal y el Virrey notificando a este último la necesidad de respetar el privilegio que el Valle de Roncal tenía para estar armado.

Burgui.- Al menos en esta localidad roncalesa los alardes eran conocidos también con el nombre de reseñas. Se sabe que cuatro días antes de la fecha anunciada para elalarde los vecinos de la villa aptos para las armas, es decir, los varones con edades comprendidas entre los 20 y los 60 años, salían a las Eras del pueblo para ensayar el desfile y adiestrarse en el uso de las armas. Según recoge Félix Sanz Zabalza en su obra “Burgui, un pueblo con historia” (2001), “el Regimiento nombraba sus cabos; a los arcabuceros se les entregaba una libra de pólvora, una docena de pelotas y cuerda suficiente. Otros salían como ballesteros y lanceros, otros con espadas y dagas”.

Generalmente se celebraban dos alardes anuales cuya fecha estaba regulada por las ordenanzas municipales: “Al otro día de San Pedro se haga una reseña y alarde de armas en memoria de los tiempos pasados quando los infelices Moros ocupaban la mayor parte de este Reino”. La otra jornada elegida era el 21 de agosto, festividad de San Mateo.

Entre los alardes de esta localidad queda constancia documental, entre otros, del celebrado en 1860, celebrado el segundo día de las fiestas, pues entre las cuentas de ese año queda reflejado un gasto de 450 reales de pólvora para la villa. Así mismo, en el Archivo General de Navarra encontramos un documento del año 1796 que recoge un pleito sobre el aumento de la cantidad asignada para la celebración anual en Burgui de la función del alarde de armas.

El 28 de agosto de 2009, durante la conmemoración del bicentenario del saqueo e incendio del pueblo de Burgui por las tropas francesas de Napoleón, se recreó por un grupo de vecinos un alarde de armas, cuyas fotografías acompañan a esta entrada.

Siguiendo la pista a Justo Domínguez Pascualena

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Abr
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Justo Domínguez Pascualena nació en Burgui el día 7 de agosto de 1907, hijo de Ubenceslao Domínguez, de Burgui, de profesión hojalatero y barbero, y de Venancia Pascualena, de Ochagavía, residiendo en la denominada casa el Hojalatero.

Al estallar la guerra civil en 1936, y por lo tanto con 29 años, es de suponer que combatió en el bando republicano y que en algún momento fue hecho prisionero o huyó a Francia con la misma suerte.

Fue deportado al campo de concentración de Mauthausen en Austria, siendo liberado el 5 de mayo de 1945. Por cierto, no fue el único vecino de Burgui en un campo de concentración nazi: Dalmacio Lacasta, nacido en Burgui el 24 de septiembre de 1915 fue deportado el 24 de mayo de 1944 al campo alemán de Neuengamme.

En el año 1946, Justo Domínguez con 39 años y soltero, figura exiliado en Francia, con residencia habitual en el Hotel Ballet, 165 Rue Vaugirard de París (Fuente: fondo Rufino García Larrache. Censo de refugiados vascos en el exilio) y perteneciendo a la organización CNT.

Llegó a Argentina en el barco Florida el 30 de diciembre de 1948, habiendo embarcado en Marsella y declaró de profesión peluquero, como su padre. Se sabe que falleció en Bahía Blanca (Buenos Aires) el 5 de marzo de 1977.

Hasta aquí la información obtenida sobre este peculiar vecino de Burgui. Agradeceremos cualquier otro dato que complete su historia.

Burgui renueva dos campanas en 1790

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Abr
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  • Fundidas en Pamplona por José Marcout, grande y pequeña, se aprovechó el metal de dos anteriores
  • El precio total del bronce fue de 2.042,5 reales de vellón y la manufactura costó 61 ducados
  • Su peso conjunto era de 61 arrobas y 25 libras, frente a las 39 arrobas de las campanas viejas

La ‘Relación’ del valle de Roncal del año 1817, donde se recogen los principales acontecimientos ocurridos en la Guerra de la Independencia (1808-14), reseña el dato de que durante el incendio de Burgui (28 agosto de 1809) el fuego provocó la caída de las campanas en la torre de la parroquia de San Pedro. Hoy en día es observable desde la plaza de la Villa cómo las hiladas superiores del campanario se rehicieron con cantos rodados sacados del lecho del río Esca.

campana1Un proceso unos años anterior del Archivo Diocesano de Pamplona relata cómo aquellas campanas que acabaron maltrechas en la Francesada llevaban 19 años repicado. Eran dos, llamadas por sus tamaños ‘grande’ y ’pequeña’, y comenzaron a tañerse en 1790. Su artífice fue el campanero pamplonés José Marcout y valían a peso 2.042,5 reales de vellón en total, con el metal original de las dos campanas viejas vueltas a fundir más el nuevo bronce añadido. Por la mano de obra el coste fue de otros 61 ducados y un tercio. La falta de liquidez de la parroquia de Burgui, que había entendido en la negociación verbal disponer de dos años para pagarlas, dio lugar a la reclamación del campanero.

Así, Nicolás Munárriz, procurador de José Marcout, advirtiendo de la pena de excomunión mayor y otorgando un término de quince días, solicitaba ante el Tribunal diocesano que a su representado se le pagaran los 2.042,5 reales que importó el metal ya que tuvo que poner bronce de más en la fundición de las campanas para aquella parroquia, de cuya suma debían deducirse 336 reales de vellón y 28 maravedís por el metal de las dos campanas viejas reaprovechadas, quedando consiguientemente un saldo deudor de 1.705 reales y 26 maravedíes. Además tenía que cobrar los otros 61 ducados más un tercio correspondientes a la mano de obra.

En poder del administrador y primiciero secular de Burgui, Francisco José Sanz, solo había disponibles 1.703 reales de vellón, cuando el mismo patronato para facilitar la licencia de la fundición había manifestado que las rentas eclesiásticas contaban con un remanente de 5.000 reales sobrantes, que luego no estuvieron disponibles porque se dedicaron a pagar otras deudas. La causa pasó a manos del provisor y vicario general de la diócesis Juan Pascual de Churruca, durante el mandato del obispo Esteban Antonio Aguado de Rojas.

Por los datos contenidos en el proceso diocesano sabemos que las dos campanas nuevas pesaron 61 arrobas y 25 libras. El fundidor Marcout había obtenido de las campanas viejas 39 arrobas, con lo que el artífice puso de su cuenta 22 arrobas y 25 libras de metal. El valor del bronce por aquellas fechas estaba en dos reales y medio por libra, por lo que el precio total del metal de las dos campanas importó los 2.042,5 reales. A ello había que añadir el coste de la manufactura.

campana2Burgui se había comprometido a pagar para el 15 de enero y el documento de Churruca está fechado el 17 de mayo de 1790. El 18 de junio el escribano Pedro Antonio Ros notificó la resolución del obispado a Pedro Uztárroz, vicario de Burgui, y a Pablo Bronte, alcalde y juez ordinario.

Así las cosas, en la villa de Burgui y dentro de la sacristía de la iglesia parroquial, el 19 de junio de 1790 se reunieron juntos y congregados los señores vicario, beneficiados, alcalde y regidores de la villa, siendo quienes componían el patronato de su iglesia. Era vicario Pedro Uztárroz; presbíteros beneficiados Román Ustés, Pedro Juan Aznárez, y Francisco Domínguez; alcalde Pablo Bronte y regidores Pedro Francisco Glaría y Ramón Glaría.

A la hora de la contratación verbal con el campanero Marcout los representantes de Burgui habían entendido que tenían dos años para el pago de las campanas pero ese era el periodo de garantía que daba el artífice para saber si salían o no buenas.

Por su parte el escribano Pedro Antonio Ros, residente en la villa de Roncal, tuvo que desplazarse a Burgui, con una distancia de cuatro leguas con ida y vuelta, sin otro motivo que efectuar cuatro notificaciones y la espera durante más de medio día a que se juntase el Patronato. Obtuvo por su servicio un pago de dos pesos fuertes.

Sellos constitucionales de Burgui en 1876

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Abr
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  • El de alcaldía representaba toscamente la cabeza del rey moro Abderramen y el municipal se componía de dos espadas o gumías en posición vertical.

El 30 de junio de 1876, durante el mandato de Antonio Cánovas del Castillo, fue promulgada en España una nueva Constitución en la que ayuntamientos y diputaciones quedaban bajo control gubernamental en una organización centralista. Así, alcaldías y municipios debían disponer de sus respectivos cuños para autentificar las firmas de alcaldes y secretarios.

sello_1 En el caso de Burgui se conserva la comunicación del cumplimiento realizada por el alcalde, Juan Melchor Elizalde, y dirigida al gobernador civil de Navarra con fecha 15 de noviembre de 1876. En un folio aparte estampa el primer edil los respectivos sellos, tal como se reproducen.

El alcalde destaca que los sellos constitucionales se estaban utilizando con normalidad desde el 21 de octubre y que su empleo conllevaba una novedad porque el munícipe se encargó de subrayar que “sin que haya otros que anteriormente se hubieran empleado”.

sello_2Elizalde justifica el diseño de los nuevos cuños argumentando que “no existiendo documento alguno que exprese la historia del origen de dichos sellos” se ha recurrido a la tradición ya que “el de la alcaldía habría sido elaborado a imitación de la cabeza del rey moro Abderramen” y el del Ayuntamiento “a semejanza de las espadas o gumías que usaban en la época en la que la heroína roncalesa asesinó a aquel caudillo”.

Aunque el regidor burguiar no tenía demasiado clara la tradición de la batalla de Ollate y la decapitación del moro en el puente de Yesa cuando Abderramen fue “muerto, según tengo entendido, por una roncalesa que ignoro de cual de las siete villas procedía”, vecindad que suele establecerse en Urzainqui.

El alcalde remitió al gobernador las copias de los sellos impresos en papel porque “no habiendo grabador en esta villa ni en su circunferencia hasta esa ciudad (Pamplona) es imposible extraer ejemplar de ambos sellos”, manifestaba.