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Burgui, 1916. Mucho más que una fotografía…

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mar
14
Estampa de Burgui en julio de 1916.

Pinchar sobre la fotografía para visualizarla en tamaño completo

Nos complace presentar esta preciosa fotografía realizada en Burgui en el año 1916 que nos ha cedido nuestro buen amigo y asiduo seguidor José Ignacio Riezu Boj. Se trata de una instantánea inédita que podríamos considerar como una auténtica joya por los diferentes aspectos que a continuación vamos a ir detallando. Son varias las estampas antiguas que se conservan con diferentes vistas de nuestro pueblo pero ninguna como esta aporta tan valiosa información gráfica a nivel etnográfico, histórico o de indumentaria. Un tesoro que estamos encantados de compartir y de interpretar.

Técnica fotográfica:

La  fotografía que presentamos está realizada con la técnica de la “estereofotografía”. En este caso, una cámara de fotos hace dos tomas simultáneas pero separadas 7 cms. entre sí, la misma distancia de separación de los ojos del ser humano. Esto permite, al verla a través de un visor estereoscópico, observar la escena tridimensionalmente. Es una técnica fotográfica que se utilizó mucho en el siglo XIX y principios del siglo XX y que posteriormente cayó en desuso. La que mostramos está realizada sobre una placa de vidrio con emulsión de gelatina y en positivo, lo que hace que sea el original y probablemente sin copias. La placa de vidrio tiene unas dimensiones de 16,9 x 8,4 cms. y el par fotográfico de 7×7 cms.

Espacio y tiempo:

Se trata de una estampa costumbrista realizada en la localidad de Burgui (Valle de Roncal, Navarra) en el mes de julio del año 1916. Recoge un paisaje del casco urbano del pueblo con el puente medieval y tres personajes en primer plano.

Origen de la fotografía:

La fotografía perteneció a la colección de la familia de Teodoro Ruiz de Galarreta que fue vendida a un anticuario de Valencia hace unos años. La fotografía se adquirió por José Ignacio Riezu Boj en el año 2010 y está fechada en el mes de julio de 1916 (hace ya por lo tanto 101 años). En ella aparecen retratados, según la nota de la fotografía, el propio Teodoro, su cuñado José Alfonso y una paisana de Burgui.

Los personajes:

Teodoro Ruiz de Galarreta Maestu (primer personaje por la izquierda) fue un rico propietario nacido en 1884 en Pamplona, casado con la donostiarra María Felisa Mocoroa Durán en 1921 y gran aficionado a la fotografía. A lo largo de su vida -falleció a los 70 años el 14 de julio de 1954- reunió una ingente colección principalmente de fotografías estereoscópicas, muchas de las cuales las realizó tras sus viajes por diferentes pueblos navarros.

El siguiente personaje (en el centro) es José Alfonso Zarranz, que ejerció como médico en Burgui -al menos- entre 1907 y 1912. Casado en esta última fecha con una hermana de Teodoro, llamada María Pilar, se desplazó a vivir y ejercer la profesión a Pamplona, donde adquirió gran fama. De hecho, una de las calles del barrio de San Jorge en Pamplona recibe seguramente su nombre, “José Alfonso, médico”, en relación a este mismo personaje.

La escena nos muestra por lo tanto una excursión por el valle de Roncal de Teodoro y José Alfonso. De hecho, hay varias fotografías más de este viaje por los pueblos roncaleses. En su parada en Burgui se fotografiaron también con otro lugareño con indumentaria roncalesa y en este caso se retrataron con esta paisana de la derecha.

Pero… ¿quién podría ser esta buena mujer?. Partimos de varias consideraciones previas para realizar una hipótesis que nos permita aventurar su identidad: La fotografía está obtenida desde el trazado del Camino Real que conducía hacia Salvatierra de Esca y que daba acceso a su vez a varios pajares en el término de Sitxea, también conocido como Izabarroa. Partimos de la base de que la señora porta sobre su brazo izquierdo una cesta que, ampliando la imagen, intuimos que contiene huevos. La mayor parte de los actuales pajares existentes en Sitxea no se construyeron hasta después  del año 1918 (momento en el que el vecino Nazario Labiano, de casa Molinas, solicita al Ayuntamiento de Burgui la posibilidad de adquirir un trozo de terreno para edificar un pajar y ante lo cual el ayuntamiento inicia un proceso de subasta de terrenos para atender esta y otras solicitudes). Existían por lo tanto en 1916, año de la fotografía, únicamente dos pajares en esa zona: el de Zarrajero, destinado seguramente al ganado vacuno por las características del edificio, y el de Lupercio, del que hay constancia que en la planta baja tenían las gallinas y el cerdo. La fotografía está realizada precisamente a escasos metros de la puerta de acceso a este último pajar. Consultando el libro de Matrícula de la Iglesia de Burgui para ver quiénes componían la unidad familiar de casa Lupercio en esa fecha, nos atrevemos a asegurar que la identidad de esta mujer podría corresponder a Celedonia Pérez Iriarte, nacida en 1863 y que falleció el 19 de febrero de 1963 unos pocos días antes de llegar a centenaria. Por lo tanto, suponiendo con estas premisas que fuera ella, tendría una edad de 53 años en el momento de realizar esta fotografía.

Valor artístico:

Consideramos la instantánea estéticamente perfecta. El autor ha sabido componer la imagen colocando, en la parte superior izquierda y al fondo, el pueblo; en la parte inferior derecha y en primer plano, a los tres individuos; y a modo de diagonal de izquierda a derecha y de atrás a adelante, el magnífico puente de Burgui que parece señalarnos, como una flecha, a los tres protagonistas.

Valor indumentaria:

Pero por lo que consideramos que esta fotografía es única es por la indumentaria que usa esta mujer. A diferencia de los dos turistas, ella porta la indumentaria roncalesa. Lleva pañuelo en la cabeza, blusa de largas y huecas mangas, corpiño o justillo y larga falda.

La falda encimera la lleva caída, en su posición natural; normalmente la falda encimera cumplía el papel de bolso (se subían la parte delantera y se la amarraban a la cintura por detrás, de tal forma que allí metían cosas, muy especialmente cuando recogían productos en la huerta).

La mujer viste un corpiño típicamente roncalés, de uso ordinario, muy sencillo. Unas simples cintas bordeando el escote. Se trataría de lo que puede ser el único testimonio de un corpiño de diario, ya que no se conoce otra fotografía en todo el valle con esta indumentaria.

Nos atrevemos por lo tanto a decir que estamos ante el único testimonio de la indumentaria femenina roncalesa de diario. No puede tratarse de la indumentaria de gala o de fiesta, ya que viene de recoger huevos en un cesto y unos turistas le han “pillado” para fotografiarse con una lugareña.

Valor histórico y etnográfico:

Aparte de su notable valor anterior, la instantánea presenta también un importante valor etnográfico e histórico ya que nos muestra diferentes elementos significativos de la época:

  • Las mayor parte de las casas del pueblo aparecen mostrando desnudas sus fachadas con negras piedras. Solamente se distinguen dos o tres casas enlucidas totalmente.
  • Algunas de las casas presentan encalados los alrededores de alguna ventana o balconada. El blanqueado del contorno de puertas y ventanas con cal además de servir para sanear los vanos de los edificios, servía también para poder identificar de noche la puerta y las ventanas cuando no existía la luz eléctrica.
  • Sobre la mayor parte de los tejados sobresalen grandes chimeneas, muchas de ellas troncocónicas, antaño tan típicas del valle y en la actualidad ya desaparecidas, salvo merecidas reconstrucciones que vuelven a recuperar la estructura antigua de estas chimeneas. Obsérvese la preciosa chimenea que existía en la casa que actualmente, pero no en 1916, alberga la panadería Ezker.
  • En muchos de los tejados se observan también las llamadas “palomeras”, pequeñas ventanas salientes con tejadillo que permitían el acceso al tejado desde el sabaiao.
  • No existe en la fotografía, por haberse construido a mediados de los años 20, la actual casa Juana Mayo edificada junto al puente. En su lugar se aprecia una escollera de piedras a modo de talud para sostener el trazado de la carretera que discurre por la parte superior.
  • Se observa por el contrario una edificación ya desaparecida que se encontraba en la actual zona de aparcamiento junto a la panadería, prolongando el trazado de la calle Mayor. Se trataba del pajar de Calvo, que fue demolido para el ensanche y acondicionamiento de la actual carretera.
  • El edificio del molino fue también posteriormente remodelado, abriéndose diversos ventanales que no existen en el momento de esta fotografía. Presenta aquí la estampa habitual de un molino harinero, pues todavía no generaría electricidad.
  • Se distingue, detrás de casa Molinas con su esbelta chimenea, otra casa algo más alta que tras incendiarse fue comprado su solar para ampliar la entonces casa Almazán, dando lugar a lo que actualmente conocemos como casa Avizanda.
  • En la casa conocida como Juan Rosildo se aprecia claramente en su fachada bajo la chimenea un pequeño saliente a modo de cajón. Recibía el nombre de “sucaparre” o “socaparre” y era un espacio interior en el fogón de la cocina que sobresalía hacia el exterior para permitir la colocación de leñas largas. Hoy en día no se conserva ya ninguna de estas estructuras salientes en la localidad.
  • Podemos afirmar, tras un proceso de ampliación digital, que la presa se encuentra construida por maderos entrecruzados. Incluso el puerto para las almadías parece estar construido mediante largos maderos. Y es que no fue hasta 1921, siendo alcalde Coronado Glaría Salvador de casa Onpedro, cuando se construyó la presa y el puerto que conocemos actualmente. Se trata por lo tanto de la única fotografía conocida de esta presa construida mediante maderos.
  • Excepcional es también, ubicada en la esquina del inicio del puente desde el pueblo, la existencia de una columna de piedra que formaba el crucero que delimitaba la entrada al casco urbano del pueblo. A pesar de las ampliaciones no se consigue apreciar si existe la cruz, también en piedra, que debió presidir el alto del crucero, y de la que hay constancia documental a través de un grabado realizado hacia el año 1874. De no existir ya la cruz en 1916, bien podría tratarse también de la base para colocar la imagen de la Virgen de la Peña con motivo de las romerías que desde este punto se iniciaba hacia su ermita. De hecho, al construirse la casa Juana Mayo junto al puente está confirmado que se hizo una pequeña hornacina en su fachada para albergar esta imagen.
  • En la carretera, junto a casa Onromán, se aprecia aparcada una carreta o carromato para ser tirado por caballerías y cubierto por una capota.
  • Junto al inicio del puente, a la derecha de los tres personajes, se localizan varios maderos ya pelados y trabajados que dudábamos si se estaban preparando para una almadía. Pero más bien parece ser que llegaron formando parte de una almadía por su distribución desordenada y porque se aprecian algunas escarbas y agujeros por los que fueron amarrados al barrel. Podría tratarse por lo tanto de madera bajada en almadía desde aguas arriba para su uso en la construcción o reforma de alguna casa o pajar del pueblo…
  • Aunque indirectamente, aparecen retratados también otros personajes en esta fotografía. Vamos a descubrirlos:

-En la ventana de casa Iglesias (actualmente casa rural Urandi) se observa perfectamente a una mujer asomada que se encuentra sacudiendo una gran tela, posiblemente una sábana. En el balcón superior tiene tendida al sol la colada.

– A la izquierda, en la orilla del río, a la sombra del puente (era el mes de julio…) se encuentra un grupo de lavanderas formado por tres o cuatro mujeres vestidas de negro haciendo la colada. Incluso parece que algunas prendas blancas están tendidas o elevadas con algún soporte que no se llega a apreciar.

-Bajo el arco del molino, también en el pedregal, se aprecian varios bultos que no adivinamos a distinguir si se trata también de lavanderas colocadas junto a la salida del agua de la fuente del batán. No parece en cualquier caso que existiera entonces el actual murete que encauza hacia el río la salida del canal del molino.

-Subiendo el puente en dirección al pueblo se observan dos machos cargados con grandes fardos de hierba envueltos en sábanas. Guiando a la primera de las caballerías se distingue, ampliando la imagen, a un niño con camisa blanca y boina, mientras que al segundo macho le conduce un lugareño con camisa blanca. Siendo el mes de julio, era también momento de acarrear al sabaio las hierbas para alimentar durante el año a los animales después de haber sido cortadas en los campos.

En definitiva, por todo lo expuesto, nos permitimos considerar esta fotografía como una de las más bellas estampas antiguas de Burgui de las que se tiene constancia, no solo por su perfección y calidad estética sino también por los elementos humanos, etnográficos e históricos que a través de su detallada observación se pueden interpretar, siendo algunos de ellos totalmente insólitos y desconocidos fotográficamente hasta la fecha.

Un auténtico placer para quien sepa disfrutarla y saborearla como lo hemos hecho nosotros. Colectivo Cultural La Kukula, Burgui.

 

Si has detectado algún error o dispones de información complementaria, contacta con nosotros en info@lakukula.com

La taberna

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jun
19

No se crea que eso de beber, y no precisamente agua, sea cosa de la modernidad. Existe  desde siempre, al menos en nuestra cultura occidental. Y, por tanto, también en Burgui.

¿Dónde saciaban su sed los bebedores burguiarres de hace casi cuatrocientos años? En la taberna.  Allí acudían a empinar el codo los hombres,  y a la taberna concurrían también niños y amas de casa a comprar el vino preciso para casa.

vino

La venta de vinos y licores, segura fuente de ingresos, no campaba por libre, sino que era regulada y controlada por el ayuntamiento, al menos de modo indirecto. Cada año el municipio sacaba la taberna a subasta bajo el tradicional sistema de la candela: el último que licitara antes de que se extinguiera el cabo de vela se llevaba el servicio de la taberna.

Pero, además de quedarse con el coste del arriendo, el muy ilustre ayuntamiento imponía sus condiciones al arrendatario. Véanse algunas  de las que aparecen en un documento fechado en el año del Señor de 1649: Primeramente haya de prober (proveer, abastecer) de vino blanco y tinto de continuo todo el año sin faltar y las veces que faltare tenga de pena un ducado si no hubiere caussa legítima de mal tiempo…

Sorprende que ya entonces  tuviera tanta importancia el vino blanco, cuando hace no tantos años apenas se consumía en el pueblo.  ¿Llamarían vino blanco  a alguna bebida como anís o aguardiente…?

Una obligación  primera y principal al arrendatario:  que nunca faltara  el vino. ‘Si el vino viene, viene la vida’, cantaban hace unos cuantos años. Pero nuestros antepasados también eran conscientes de que  la climatología podía jugarles una mala pasada: temporadas  de eternas nieves y riadas que hacían imposible abastecerse de alcohol en el mercado exterior. Contra el tiempo, a aguantarse. Pero si la  culpa era  de la mala cabeza del tabernero, palo y tente tieso: un ducado nada menos de multa.

Pero no sólo se le exigía al tabernero que  siempre tuviera  existencias, sino otras condiciones esenciales: Aya de jurar a cómo le cuesta y paga cada cántaro de vino y la carga de diez cántaros. Pero ¿bastaría con el juramento del tabernero…? En vez de cubas, entonces se utilizaban cántaros. Supongo que el transporte se haría por medio de carros siquiera hasta las estribaciones  del Pirineo. Luego,  en cargas de mulos por las foces y montes empinados de las cercanías. Y haya de traer del mejor y más barato que hubiere… Lo de siempre: las tres bes. Bueno, bonito y barato.

Parece que de la gestión diaria de la taberna se encargaban las mujeres. Los hombres tendrían que emplearse en trabajos más duros y penosos. Por eso dice sobre la tabernera:

Y que la tabernera aya de ser a contentamiento de los señores jurados.  ¿Cómo entender eso del contentamiento?  ¿Que tuviera abierta la taberna y atendiera a todo el  personal con toda seriedad y diligencia? ¿Que fuera cariñosa y dulce con sus señorías…? Y que aya de dar a cada uno su justa medida. Cántaros y pintas rebosantes, no radidas. Y de vino puro, no bautizado. Jurados y vecinos conocían perfectamente  el dicho:  ‘bochorno frío, tabernera vieja, agua seguro’. Y otra obligación bien rigurosa: y sea diligenta (la tabernera) de levantar a cualquier hora del día y noche a dar su recaudo (a atender) a los que fueren por vino.

Doroteo Urzainqui y Victorino Eguinoa. Burgui.

Doroteo Urzainqui y Victorino Eguinoa. Burgui.

Esta condición parece a todas luces algo excesivo, una manifiesta exageración. O sea que si a uno  o varios sujetos se les acababa el vino  a las altas horas de la noche o madrugada, podían acudir por simple vicio a quebrar el sueño de la pobrecita  tabernera… ¡Que en estos tiempos posmodernos de horarios rígidos y de sujetos de derechos más que de deberes vinieran con esas exigencias a los expendedores de alcohol…!

Todo lo anterior dice bien a las claras que nuestros antepasados, tan bregados en labores y caminatas, le daban suma importancia al vino, que alegra el corazón del hombre según la biblia. Al fin y al cabo, era uno de los pocos gustos que podían darse a diario en unos tiempos difíciles y austeros.

Por aquellos años, y aún después,  en Burgui también había viñas. Las últimas en el siglo XIX, en el término de Santa Lucía. Pero el del pueblo debía ser un brebaje escaso y de poco grado, por lo que debían importarlo en su mayor parte. ¿De dónde lo traían? De  Lumbier,  Artieda… Pero también de más lejos: Puente la Reina, Tafalla, Sierra de Ujué y de la Ribera de allá del Ebro.  Por ejemplo, hasta de Tudela, según consta en otros documentos.

Suponemows que la compra de vino se haría como cuando aún funcionaba la Cooperativa de Consumo de Burgui que conocimos los mayores. El presidente de la Cooperativa, junto con algún miembro de la Junta compraban el vino que luego llegaba en cubas. Pues en el siglo XVII algo parecido:  el tabernero, junto con algún jurado (concejal), se dirigían al punto de compra, elegían el producto, también apalabraban el transporte en carro por un tanto, y a esperar  a que llegara hasta  donde podían andar  los carros. De ahí a Burgui, a baste.

Ah, y durante todo el año  un jurado ojo avizor,  vigilando que las condiciones impuestas en el arriendo se cumplieran a rajatabla. Sí señor. El de la taberna era un servicio de primera línea en el abastecimiento de los vecinos de Burgui.  Entonces, ahora y siempre.

Adiós a la mantilla roncalesa

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dic
14

Así titulaba Moisés Valencia Calvo la crónica que a continuación transcribimos y que fue publicada en Diario de Navarra en julio del año 1971. No se reproduce la fotografía original por su escasa calidad.

Como es costumbre por San Pedro, hacía un calor fuerte. Fuimos por Igal y Vidángoz (aquí, excursionistas, no hay fonda) en un recorrido muy bello y cuya cima de enlace de los dos valles de Roncal y Salazar no es muy elevada. Recomendamos este discurrir que va paralelo a los regachos de Igal y de Biniés en Vidángoz, afluente del Esca.

Estrenaban en Burgui las fiestas en honor de San Pedro Apóstol, con una misa solemne en la hermosa parroquia, bien cantada la misa por el pueblo, sermón adecuado a las fiestas; muchas comuniones; dicha misa por el Párroco aezcoano, don Marcelino Laurenz. Bien sonaban allí las notas del órgano adquirido en Leyre que data del siglo XVII. Vimos, y lo consignamos con agrado, que el pueblo acude en masa bien, y muy bien vestido, y atiende la función con una compostura admirable en el tiempo con semejante limpieza que delataba, además, que es norma de todo el año.

Después de la misa y por razones excepcionales nos agregamos a la Comitiva Oficial y tomamos el aperitivo con las Autoridades. Charla agradable y almadiera con sus Bochuelas y Rusos, sobre el Esca.

Teníamos deseos de fotografiar despacio este bonito puente romano de Burgui. Diversas publicaciones del Ministerio de Información y Turismo lo situaban con el pie de Arive. Ni aquel pueblo de Aézcoa, tan fotogénico, precisa de apropiarse de bellezas ajenas, ni era justo no figurara el verdadero pueblo de tan bella estampa. Ya hemos visto este año que dicha propaganda figura bien emplazada la foto y texto de Arive. Aquí admiramos sus montes, su río Esca, su puente, su presa, su pueblo situado en un plano inclinado bien para que en aquella foz le pegue de recio el matacabras en invierno.

Charlamos con aquella simpática gente, a la sombra en dicho lugar, de un pueblo con sus extensos pinares, muchos de ellos particulares, de madera excepcional, haya y roble; con 5.000 ovejas y 200 vacas; que hace 60 años tenía 700 habitantes; terreno muy montañoso y accidentado; Olate y Zazia (¿Sasi?); Larra; Ajanda; ríos Esca y Biniés; cruce de carreteras del valle a Navascués, a Venta Carrica, a Vidángoz y Salazar; romerías a la Virgen de la Peña en terreno de Salvatierra y a la del Camino; dos serrerías y una granja de cerdos; médico, teléfono (pronto automático); dos maestros; demasiado lejos la farmacia, que precisa un botiquín; 73 kms. a Pamplona por el alto de las Tres Coronas (¿?). Estamos en un pueblo típico del Valle de Roncal. Mucho jabalí. No hay alcalde desde hace algún tiempo por dimisión del mismo, propietario. Oficialmente ejerce el primer Teniente Alcalde, hombre de la nueva hornada (nos referimos a su edad), joven, dinámico, activo y entusiasta defensor de los problemas locales que esperan solución con más o menos urgencia.

Resulta que la enfermedad de moda, la tensión, afecta grandemente en cuanto al alumbrado de la localidad. Entendemos que en la Jefatura de Industria de Navarra van a encontrar fácil y muy atenta solución.

Por las consecuencias de higiene y salubridad más los inconvenientes que ello acarrea con disgustos diarios por el verano es urgente afrontar, nos decía el Sr. Alcalde, el problema de la escasez de agua potable durante el estío en este pueblo. Nos contaba también que el pueblo, para su desenvolvimiento agrícola y ganadero, precisa la construcción de nuevos caminos.

Así están bien resumidos los candentes y presentes problemas de un pueblo. Si las arcas están vacías, como es normal en tantísimos pueblos, búsquese las ayudas precisas y justas, y el resto, sin pereza, hallar el dinero para completar el total de los presupuestos porque esas preocupaciones deben desaparecer realizando los trabajos que con interés nos dijo dicha Autoridad. Verá qué contento se queda el pueblo una vez acabados estos trabajos.

No nos contó el Sr. Alcalde, pero sabemos que el término de Sasi precisa la construcción de una pista forestal que con ello daría al suelo el ciento por uno, porque así el trabajo será rentable. Todo sea por el bien general. Estamos seguros que con el dinamismo del Sr. Alcalde, bien ayudado por los compañeros de la Corporación, otro año tendremos olvidados estos importantes problemas.

mantilla roncalesa

Desapareció hace años el atuendo típico del hombre roncalés. De la gran misa el día de la fiesta del pueblo, San Pedro, vimos salir solamente a una respetable señora, con la mantilla negra, roncalesa, que la pudimos fotografiar gracias al Sr. Párroco, ya que aquella buena roncalesa estaba reacia a la máquina. Era nuestra ilusión el poseer el retrato de la última mantilla típica de este pueblo que se exhibe por sus calles, porque cuando por circunstancias de la vida se retire definitivamente a su domicilio, la iglesia de Burgui ya no verá más este atuendo que antaño usaron todas las mujeres en este pueblo roncalés.

Finalizamos este escrito sobre la mantilla con unas palabras de Garcilaso, aquel director de este periódico: “Las mujeres  llevan todo el vestido negro, y sus rostros serenos, graves y prudentes asoman por el hueco sombrío de las recias mantillas, de cuyas puntas cuelgan dos trozos de paño como dos higas misteriosas que tuvieran ignoto poder de exorcismo. Tienen los rostros de aquellas mujeres una luz suave y serena de atardecer montañés; una luz pálida y melancólica como la luz que hay en sus barrancos en la hora crepuscular. Tienen una mirada reposada y tranquila… Están como recogidas en una meditación y su caminar es un caminar ligero de palomas. Tienen la gracia de la humildad y la virtud de la obediencia”.

Día del Obispo. 6 de diciembre, San Nicolás.

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dic
6

Con motivo de la festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre los niños y niñas de Burgui recorren las calles del pueblo bendiciendo las casas y entonando alegres coplas a cambio de aportaciones de viandas de los vecinos con las que después celebran un buen festín.

Día del Obispo, 06/12/15

Este nutrido grupo de niños y niñas está formado por un séquito encabezado por el “obispo” y dos canónigos a los que acompañan el “alcalde” (lleva una vara de mando y es el encargado de recoger los donativos en metálico en un zacuto), los “cesteros” (transportan las cestas donde se recogen las viandas como patatas, huevos o dulces), y los “espederos” (quienes en unos espedos ensartan las chulas, longanizas o embutidos).

obispo1

La víspera de la celebración de este festejo, el “alcalde” que forma parte de esta comitiva es el encargado de comunicarlo a los vecinos mediante este curioso bando anunciado por el pueblo mediante corneta:

De orden del señor alcalde, hago saber, que durante el día de mañana, día de San Nicolás guarden bien sus animales domésticos, especialmente las aves. En caso de encontrar alguna de ellas por las calles, será llevada a casa del obispo, donde seguidamente será sacrificada.

De esta manera se advertía al vecindario del riesgo de que se apropiaran  de las gallinas que antiguamente se encontraban por las calles. También tenían derecho para entrar en las huertas y recoger los escasos productos que por estas fechas se encontraran, principalmente cardos.

obispo4

El propio día 6 se realiza el recorrido por las calles del pueblo entonando estas tradicionales coplas y canciones:

Hoy es el día de San Nicolás, todos los niños de fiesta están, en esta casa todos esperan la limosnica que nos alegra, ¡el señor obispo les bendecirá!      

Vengan vengan los huevos, las chulas y los cuartos y alguna otra cosica que si no, no nos vamos. Si nos dan, no nos dan, las gallinas cantarán.

 La señora de esta casa es una santa mujer, pero más santa sería si nos diera de beber. Compadézcanse señores, de estos pobres estudiantes, que celebramos la fiesta muy contentos y galantes.    

obispo

Una vez recibidas las viandas y aportaciones en cada casa, el obispo realiza la siguiente bendición frente a ella antes de proseguir la marcha:

La bendición de Dios Padre, la bendición de Dios Hijo, la bendición de Dios Espíritu Santo, que baje Dios a esta casa y la bendiga, por los siglos de los siglos, amén.

Se trata de una tradición muy antigua que data al menos del siglo XIX. Antiguamente sólo participaban trece chicos de 14 años de edad. Algunos de los niños llevaban gorros militares  supuestamente relacionados con la guerra de Africa.

Juan Urzainqui García, in memorian

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jun
24

El víspera del Día de la Almadía, caprichosa coincidencia, despedíamos y dábamos sepultura a Juan Urzainqui García (1922-2015), que nació, vivió y murió en Burgui, sin otra trashumancia en su vida que la que le impuso durante un tiempo su oficio de pastor y su dedicación al transporte fluvial de la madera.

Empezó Juan de pastor, de pastor trashumante, de los que llevaba el rebaño a tierras aragonesas. Fue después hombre de bosque y de río. Domador de madera y navegante con mano firme al remo, lo mismo en el río que en la vida. Pastor y almadiero…, almadiero de oro, roncalés de los pies a la cabeza.

Colectivos como La Kukula o como la Asociación Cultural de Almadieros Navarros hemos sido receptores de sus conocimientos y aportaciones a la cultura de nuestro pueblo. No hace tanto que en la cocina de su casa iba rememorando y recitando los nombres de las fuentes del término de Burgui a petición de nuestro colectivo La Kukula. Él iba cantando los nombres, y Bienve, su inseparable Bienve, los iba anotando.

Se da la circunstancia de que tan solo un mes antes de su fallecimiento fueron grabados para un documental sus recuerdos sobre las almadías. Al otro lado del puente, arrimado a la almadía, nos dejaba su testamento inmaterial; rodeado de focos y de micrófonos, desgranaba ante la cámara todos sus recuerdos y conocimientos de su vida almadiera; un testimonio que queda ya salvaguardado para siempre a través del Archivo del Patrimonio Inmaterial de Navarra

Reproducimos aquí, a modo de homenaje y de agradecimiento, algunos fragmentos de su última entrevista centrados en sus recuerdos como almadiero:

juan1

¿Cómo era el oficio de almadiero?

Pues muy duro y malo… en este valle si no cogías el palo tenías que ir con la madera, o sea que… a la madera al final, después a las almadías… o coger el palo y a la Bardena, con las ovejas. Esa era la vida de este valle.

¿Por qué era tan duro trabajar en las almadías?

Porque era en pleno invierno, se empezaba a últimos de noviembre y se acababa a mitad de mayo. Y todo el invierno pues ya me dirás, metidos en el agua, con lo fría que estaba… mayormente mojados todo el día, desde el punto de la mañana hasta que acudías a casa, que muchas veces los pantalones se subían helados, los quitabas en la cocina, los dejabas y se quedaban tiesos, ¡fíjate!, no se doblaban por el hielo que tenían. Así que ya me dirás lo duro que podía ser aquello. Claro… estábamos acostumbrados… y aguantábamos malamente.

¿Cómo fue tu primera experiencia en la almadía?

Yo la primera vez que bajé fue a los doce años, bajábamos dos almadías nuestras, y la primera que bajaba paró en la foz, y nosotros que bajábamos por detrás le pasamos la soga a ver si la podíamos arrastrar… y no podíamos. Y pasamos mi padre y yo, que íbamos en la de adelante, pasamos a la de atrás; y al tiempo de rancar, que ya rancó la almadía… yo ya pasé, pero mi padre se quedó en la de atrás y…, entonces íbamos uno adelante y otro atrás, no había de tres remos sino de dos, y claro… al llegar a Salvatierra, unos que estaban atando madera allí le preguntaron al puntero: -“¿dónde has encontrado esa cría?”… –“¡ahí riba estaba, en la foz!”…; con que ya… seguimos para adelante. Me podía haber parado para que me hubiera pasado mi padre, pero no hubo forma. Él era valiente, y sabía mucho de almadías… que ya era mayor, claro. Hasta el Matral llegamos, llegamos al embocadero del Aragón, que es donde estaba el Matral, y yo con doce añicos… me pude arrimar también. Ahí la atamos para subirnos a casa; dejarla allí, salir a la carretera, y a golpe de zapatillas a Burgui. Como te digo… en pleno invierno… se pasaba mal… mal. Y entonces en mayo ya se terminaba el almadío, ya se habían bajado las almadías; que no todos los años se dio curso a las almadías que había preparadas, por falta de agua, claro…; si no había agua no se podía bajar, y algunas se quedaban aquí todo el verano.

Aquí, encima de la presa, que llamábamos la badina… varias almadías se quedaban allí, sin poderlas bajar por falta de agua… y ya… a esperar al invierno siguiente….; se arreglaba lo que se podía para poder seguir adelante, y claro… la verga no aguanta mucho tampoco. Estando en el río más bien se podrían, pero bueno, tenía que pasar… con remedios y cosas pasaban el invierno… y arrear para abajo. Los ríos se ponían en condiciones, claro, y como te digo… ya era últimos de noviembre.

¿Cómo eran las almadías?

juanMayormente por la Purísima se solía hacer ya un viaje a la Ribera. De aquí se bajaba entre dos en aquellos tiempos hasta siete tramos en una almadía… no se cargaban como últimamente de 4 metros de ancho; entonces eran de 2’80… y hasta siete tramos de almadía… uno adelante y otro atrás. Después ya se fue anchando los tramos y se llegó hasta 4 metros y ya se ponían dos remos adelante y otro atrás, o dos adelante y dos atrás… dependía de la madera, cómo era, si era gorda, si era más delgada… porque la madera había de piso, había de tejado y había de sierra… esa era la división de las maderas. Y luego la largura… el primer tramo de punta, secenes, eran 6’40; el segundo, el del ropero, era de 4’80, docenes que se llamaban; y era catorcenes el tercero, de 5’60; y luego ya lo que seguía, lo que se podía colocar, pero ya te digo que hasta de cinco y siete tramos. Y claro, llegabas al embocadero del Aragón, y allí lo que aquí se bajaba en dos, se ponía en una sola y… ¡arreando, ribera abajo! donde podían llegar a venderla.

¿Había dificultades para vender la madera?

Llegabas a los pueblos y ahí como sobraba alguno, se salía e iba pregonando por los pueblos, a ver quién quería comprar la madera, y algunas veces acertabas, se vendía, pero otras… El año cuarenta y ocho fue un año desastroso para los que teníamos madera, no había forma de vender un palo por ningún lado…;  ese año teníamos nosotros dos almadías, y las pude vender en Caparroso a Justo Sainz, que tenía una serrería en ese pueblo… y así las pudimos vender. Bajábamos con intención de dejarlas para Pitillas, para la iglesia de Pitillas, pero se nos adelantó otro del pueblo y se conoce que ya no querían más y a picar a ver dónde… Y de allí me mandaron a Tudela a buscar algún dinero, y allá me encontré con un señor de aquí que se dedicaba al transporte de maderas, mayormente, y cuando me vio dice –“¿tú también estás aquí?”; y otros dos del pueblo que estaban, que habían llegado con una media, que se llamaba, dicen –“este ya la ha vendido, por lo visto”, –“¿ya la ha vendido?, ¡me alegro!” dijo, porque estaba la cosa un poco fea ya… no se podía vender la madera. Y de allí pues ya cogimos nosotros y a casa. Y lo que nos dieron pues ya esta, ¿qué le vamos a hacer?.

¿Hasta dónde llegaste en almadía?

A Zaragoza no llegué nunca. Siempre debajo de Buñuel… Novillas me parece que es el pueblo, lo más lejos que bajé yo fue hasta allí. Y de ahí para arriba pues eso… Tudela, Caparroso, Marcilla, Milagro donde más… y ahí dejábamos, se vendía la madera. Yo iba de peón, no iba siempre para casa. Se hacía lo que se podía y hasta doce tramos en cada media iban, mayormente se ponían cinco adelante y siete atrás. La primera era siempre la madera más gruesa, allí cinco tramos, y la segunda pues seis y siete (…)

Juan, ¿has conocido algún accidente en almadía?

Si. Aquí yo mayormente conocí uno en la foz de Arbaiun, ahí murió Donato Mendive Tolosana. Bajaban por la foz de Arbaiun, encallaron contra una piedra, el resto de tramos se fue solapando tipo bisagra, aplastó a los dos que bajaban adelante… y este hombre murió.

Yjuan3 después otro murió en Isaba también, en la presa de Isaba; ese también no sé que les pasó allí, y se ahogó. Y otro en el Congosto, de Salvatierra de Esca… ese se dedicaba al transporte de madera, y también cayó al río, y al tiempo que sacaba la cabeza le prensó un madero contra la peña; ese también era de los que se dedicaba a esto… Carmelo Calvo, almacenista de Zaragoza últimamente, pues un hermano de ese es el que murió en el Congosto.

Y después otro, de casa Felandón. Ese murió con un barreno, estaban limpiando el río, pusieron un barreno en una piedra para romperla, no explotaba, no explotaba… se acercó él, se le ocurre soplar, y entonces le explotó y ahí le dejó… Fernando García Laspidea era aquel.

Y eso, y aquí… tres críos también se ahogaron con las dichosas almadías, porque claro, salir de la escuela y ya estábamos todos corriendo a las almadías, y tres fallecieron, tres críos murieron allí… luego dijeron que era uno por un corte de digestión, pero los otros dos fue al caerse de las almadías abajo… a uno lo encontraron a los quince días ahí abajo, en la foz, metido entre unas piedras; y el otro, un crío rancó con pañalicos… estaba en un tramo en una almadía ahí encima de la presa, lo subían, lo bajaban, y este crío… a gatas, se metió al río, cayó… y su hermano salió corriendo y de ahí, de ese muro se tiró abajo, al río, y ahí le cogió, pero ya sin vida.

¿No tenías miedo?

No lo conocíamos, no conocíamos el miedo. Ahora, a mí también me tocó sacar a otro. Andábamos los dos de críos pasando de una almadía a otra, se cayó, yo acerté a coger un palo que había allí, se lo acerqué y lo saqué del río, le puse encima de la madera, y después un mozo que había por allí alrededor, lo cogió y lo llevó a la casa de este mocé.

Tu madre llegó a bajar en almadía, ¿es así?

Pues mi madre… teníamos madera nosotros en Ugañai.  Estábamos mi padre, mi madre y yo atando la madera, aguamos la almadía y claro, pues había que bajarla al pueblo, pues entre los tres bajamos la almadía y la arrimamos ahí, en la badina  encima de la presa. Yo iba atrás en la cola, mi madre con más miedo que alma en el ropero, y mi padre adelante, y ahí ya llegamos, mi padre entendía, sabía manejar la madera, y entonces la bajamos. Esa fue la única vez que bajó mi madre en la almadía.

Y para ti, que has sido almadiero y de familia de almadieros… ¿qué papel desempeñaba la mujer?

Pues la mujer ayudar a los hombres. En el atadero, mayormente, pues a dar verga, que hay que adobarla para meterla por los agujeros, y retorcerla… adobarla que decíamos, para poderla atar con más facilidad. Cortarla, se tuerce, se adoba, para que se pueda manejar, y esto ya ves, la convertimos en cuerdas, porque esto es unos palos de avellano; y eso lo cortas en un tiempo, la tuerces, y llega el tiempo de atarla, y la empleamos en los ataderos. Y las mujeres mayormente pues sí… iban al atadero a ayudar a los hombres.

juan4¿Era importante su labor en la actividad familiar?

Se aplicaban a todo lo que podían; no les bastaba con la tarea de casa y tenían que ir al atadero también; al atadero, a la huerta, y a todo lo que salía… ¡no se descuidaban, no, entonces, ni lavadora ni nada, no había adelantos para poder excusar un trabajo.

¿Te gusta que ahora vuelvan a bajar las almadías?, ¿te sientes reconocido y homenajeado?

¿Homenajeado?… pues ya he hecho yo también todo lo que he podido. La gente pues sí… veo que tienen interés por mí… Desde el año noventa y dos que se formó la Asociación de Almadieros, que precisamente fue en Isaba, en una comida, y allí se formó la Asociación de Almadieros; y a partir de allí pues ya empezamos a hacer una almadía, después dos, y hasta tres bajábamos. Y bien contentos y felices.

¿Qué sentiste cuando otra vez volviste a almadiar?

Para entonces ya habíamos hecho una almadía para el Gobierno de Navarra también, que me tocó bajarla aquí en el pueblo, y después fuimos a la foz de Lumbier. ¿Emocionados?, ¡nos gustaba!… creo que practicamos hasta los treinta años, el año cincuenta y dos fue cuando se cerró el pantano de Yesa, y ya se acabó el almadeo, y después, en el noventa y dos hicimos la almadía para el Gobierno de Navarra, que la proyectaron en la Expo de Sevilla, y ahí nos llevaron a nosotros también, y pasamos dos días allá contentos.

Juan… ¿eres el último almadiero?

¡Aún quedan!. Queda Pablo Tolosana Turrillas, ese es quinto mío, a ese también ya le tocó bajar, ya, muchas veces. Y después hay otro, José Francisco Pérez Elizalde, de casa Palicas, ese vive en Pamplona. Ese era de los jóvenes, más joven que yo, vamos, también le tocó bajar; un viaje bajamos hasta Milagro con ellos: nosotros para Modesto, y él con su padre en una media, hasta Milagro, ahí la vendieron, coger el tren y a Pamplona. Aquí en el pueblo alguno más también habría bajado pero ya al final y en contadas ocasiones.

Si nacieses de nuevo… ¿volverías a ser almadiero?

Si no quedaba otro remedio… ¡a ver lo que ibas a hacer!. En casa no te ibas a quedar, había que sacar la costilla por donde fuera. Porque yo también fui pastor, ¡eh!, no me tocó solo almadiar, que también estuve en la Bardena cuidando ovejas, ¡de todo!… se terminó el almadeo, y entonces marché pastor también.

¿Qué significa para ti este río?

Pues este río, hasta el año cincuenta y dos, fue la vida de muchos en este valle, mayormente de Burgui. Cuando se dejaba de almadiar, que ya se subía a los pueblos de arriba… de Burgui salían ciento cincuenta personas a trabajar en la madera.

La tejería de Burgui en 1660

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jun
14

La Tejería, situada en los antiguos sotos que llevan su nombre, y cuyos restos ya son inapreciables, estuvo en funcionamiento hasta hace unos setenta años, más o menos, pero en este caso nos remontamos bastante más atrás, en concreto al año de 1660.

El 14 de marzo de 1660 comparecieron los que luego se enumerarán ante el notario de Burgui, Pascual Bronte. Cabe destacar que este letrado ejerció la notaría casi durante cuarenta años.  Durante ese periodo Pascual Bronte ejercía su función  no solo para los vecinos de nuestro pueblo, sino también para otros pueblos del valle. Pues bien, comparecieron ante tal notario Juan Lorea, Miguel Glaría y Miguel Sanz, regidores del pueblo por una parte, y, por la otra, el que sería el arrendatario ese año de la tejería, Francisco Aguirre,  vecino del lugar de Samper  de baxanabarra del Reyno de Francia.  No es la primera vez  que venía un oficial  texero francés. En 1652, por ejemplo, arrendó la tejería Bernarde de la Viele de Mugurri, también de la Baja Navarra.

Tejado Oroz Betelu (1)

¿Cómo funcionaba el servicio municipal de tejería? Los vecinos de Burgui comunicaban al Ayuntamiento la cantidad de tejas y ladrillos que, según sus previsiones, iban a necesitar próximamente para hechura o arreglos de sus casas y bordas. Decimos ‘próximamente’ en sentido amplio, porque parece que no todos los años se arrendaba la tejería. Cuando el Ayuntamiento, por la cantidad y urgencia de los pedidos, creía conveniente, se convocaba el arriendo.

Las cláusulas del arriendo de ese año 1660 tienen su interés. En primer lugar, se convino que al tejero hará la texa y ladrillo de dos hornadas, aunque si hiciera falta una tercera hornada, se realizaría.  No sabemos cómo sería la hornada, pero cabe suponer, o que en cada hornada se cocía bastante material, o que  el pedido no habría sido muy alto. Lo que está claro es que el tejero hacía las unidades solicitadas y permanecía en el pueblo solo mientras cumplía con su trabajo. Después cogía los bártulos y… a otra tejería a cantar.

Tejas sobrantes cubierta carbonera,500

Otra condición era que la tierra que se acostumbra a llevar a la texería de la bachondoa la acarreen los vecinos para los que se va a cocer la teja y el ladrillo. Bachondoa  parece significa ‘junto a Bacha’, término conocido por sus viejos quiñones, ahora transformados en viveros de pino. De Bacha, pues, debían llevar la tierra, que luego en la tejería se encargarían de refinar, con alguna especie de molón tirado por caballerías, en esta proporción: una carga de tierra por cien tejas, y lo mismo por cien ladrillos. Regidores y vecinos estaban presentes cuando salían las hornadas, para inspeccionar el producto,  de modo que toda texa y ladrillo que saliere mal cocida sea hechada affuera, lo mismo que las que salieren demasiado cocidas, que estén torcidas y que no sean apegadas unas con otras. Antes de pagar, había que revisar el género para comprobar si estaba a gusto del consumidor.

También se exigía al tejero que aya de hacer (tejas y ladrillos)  y  aga de la misma marca,  largura y  reciura que se acostumbra en la villa. En palabras más actuales, no cambiar de modelo.

¿Cuál era el precio del producto? Este año de 1660 los vecinos debían pagar  a Francisco Aguirre tres ducados, unos 75 reales (el sueldo del peón venía a ser de 3 reales sin la costa), por mil tejas; y 30 reales, por millar de ladrillos. El precio, pues, lo imponía el ayuntamiento, no se dejaba al arbitrio del tejero.

Restos tejería marzo 2007 (17)

Como los tejeros de entonces no debían ser precisamente unos potentados, el ayuntamiento procuraba hacerles algunos adelantos para que pudieran trabajar sin pasar demasiada necesidad. Así, otra cláusula determinaba que al tejero, mientras trabajaba,  se le hay de dar por quenta de la villa una carga de trigo, y que los vecinos (le den) para companaxe. En otras palabras, el ayuntamiento, para el pan; los vecinos, para potaje y ración. Pero esos anticipos  se descontarían del total al hacer las cuentas.

En resumen, que el oficio de tejero no debía ser precisamente una bicoca. En beneficio de los vecinos se ajustaba mucho los precios, que serían muy parecidos en los pueblos del entorno. Pero se cumplía con un buen servicio a la comunidad. Siempre ha sido muy agradable ‘dormir bajo teja’, arrullado al son de las goteras.

Los antiguos hornos municipales de pan

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may
31

En Burgui  durante los últimos siglos hubo un par de hornos municipales. Uno de ellos -de él hoy no queda más que el solar- era el de Portalatín, porque el amo de esta casa debía ser el propietario del local y arrendatario del servicio.  Estaba situado en la calle del Medio, debajo de casa Aguyo, enfrente de la casa de Carlos Zabalza. Era un pabellón con tejado a dos aguas y  mobiliario elemental: bancos corridos, unas simples mesas para trabajar la masa y un horno de leña con boca de hierro manipulada a palanca. El otro, de parecidas características, era el de Mañuelico, situado en la calle de la Cruz, en el solar que hoy ocupa la casa de Prudencia Sanz, frente a casa Larrambe.

panadería¿Cómo funcionaban los hornos? La víspera de hacer la hornada -generalmente las familias hacían pan sólo una vez a la semana- las dueñas cernían la harina y preparaban la masa en su propia casa. El día señalado la hornera, muy de madrugada, llamaba por tres veces en las puertas de las dueñas. El primer aviso era para que encendieran el fuego, el segundo para que calentaran el agua, y el tercero para masar  (amasar). ¿Cabe servicio más esmerado?

Poco después comenzaban a entrar a la tahona las amas de casa -normalmente acudían al horno que les caía más cerca- cargadas con la masa envuelta en un mantasco, y comenzaban a moldear  figuras de panes, alguna torta, e, incluso, algún muñeco o figurilla para los niños. Marcaban las piezas con la señal de la casa (pellizcos de diverso tipo o señales muy sencillas, pero de larga tradición), para poder identificarlas cuando salieran del horno. Con las manos en la masa, la conversación se animaba repasando habladurías sobre noviazgos, disputas o escándalos más o menos trascendentes en la villa. La hornera alimentaba la lumbre, barría con matas de boj el suelo del horno y, por medio de palas de diversos tamaños, iba depositando los distintos moldes de masa en el horno. La propia hornera los sacaba después cocidos, y cada dueña volvía a casa  con su capazo a la cabeza lleno de hogazas, y con una cesta con tortas azucaradas e, incluso, alguna dulce chuchería. ¡Buen día, para los niños…! Y también para los mayores, que no hacían ascos al pan crujiente, a pesar del conocido y taimado refrán:  ‘casa de pan tierno, casa de mal gobierno’.

Y ¿qué recibía la hornera por sus desvelos, leña, ropa (mantas) y utensilios que ponía a disposición de sus clientas? Un trozo de masa por cada masada cocida. En 1643 había que entregar a la hornera una libra de pan en massa por cada robo de la especie. Además se le exigía vender el pan que produjeran esas raciones de masa al mismo precio que el de la panadería. En definitiva, que no debía ser gran negocio el de hornero, o mejor, de hornera, que es la que llevaba el peso del trabajo. Sacarían tan solo el pan para casa y unos cuantos reales más por el que vendieran con la aportación de las clientas, pero cumplían una hermosa misión de intendencia para la villa.

Alejandro Ezquer panadero

Alejandro Ezquer en su panadería de Burgui

Por lo que había costado, y por lo que suponía para la familia, el pan tenía algo de sagrado. Era pecado tirar el pan. Se señalaba la hogaza con una cruz antes de cortarlo. Y todos los domingos y fiestas de guardar cada familia, por turno riguroso y con un esmero extraordinario, llevaba cortado a la iglesia el pan bendito, que se repartía en la Misa Mayor al comenzar el ‘Padre nuestro’.

Los dos hornos municipales debieron funcionar hasta la Guerra Civil (1936-39). Después de la Guerra muchas amas de casa aún siguieron amasando en casa, pero ahora llevaban a cocer la masa a las panaderías de Rumbo, Juan Grande y Pelaire.  Hacia 1950 recogieron cedazos, artesas y mantascos y comenzaron a  acudir, como las señoras de la capital, a la panadería a por el pan de cada día.

En los documentos antiguos se diferencia claramente entre hornos y panadería. Se subastaban por separado los dos servicios. Parece que el fin primordial de la panadería era proveer de pan a los que no sembraban: clérigos, carabineros cuando los hubo, médico etc. Sin embargo, es muy posible que los mismos hornos ejercieran también la función de panadería. Podían hacerlo perfectamente. Lo cierto es que, durante siglos, la gran mayoría de amas de casa de Burgui  acudían a cocer el pan de su hogar a los hornos municipales.

En el año 1932 Alejandro Ezquer Andreu abrió la actual panadería que hoy -ya en la tercera generación- continúa ofreciendo a vecinos y visitantes los afamados cabezones y tortas de txantxigorri en uno de los pocos hornos de leña existentes en el Pirineo. Un pan estupendo para hacer tostadas junto al fogón o un buen caldero de migas, plato común de almadieros y pastores, hoy convertido en menú de celebraciones.

Enlace a reportaje sobre panadería Ezker en Diario de Noticias, 14/12/2014

Archivo de patrimonio oral e inmaterial

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abr
1

Impulsado por la Universidad Pública de Navarra, desde el año 2006 se está trabajando en la creación del Archivo del Patrimonio Oral e Inmaterial de Navarra, de cuya materialización se encarga la empresa Labrit Patrimonio. Para ello se está llevando a cabo la grabación en vídeo de entrevistas a personas mayores para salvaguardar de ellas los recuerdos que poseen sobre formas de vida ya extinguidas y que afectan a las localidades en las que han desarrollado su ciclo vital.

juan_urzainquiSe busca de ellos sus conocimientos y sus recuerdos sobre los oficios ya desaparecidos, las fiestas de antaño, creencias y religiosidad, vida municipal, pastoreo, conservación de alimentos, medicina popular, juegos infantiles, canciones, y un largo etcétera. Todo ello en base a un cuestionario minuciosamente preparado, y adaptado a cada localidad e informante.

cirila_garateDesde 2006 hasta ahora se han entrevistado en toda Navarra a más de 1.600 personas en 412 localidades, lo que le convierte en el archivo de patrimonio inmaterial de mayor envergadura a nivel europeo, y además de un valor incalculable, pues un porcentaje considerable de los informantes ya han fallecido. Estamos hablando de miles de horas de grabación. El objetivo en Navarra, muy ambicioso, es llegar a las 5.000 entrevistas, es decir, un 1% de la población.

hilario_glariaEn el caso de Burgui, gracias a la implicación en este proyecto de la Asociación La Kukula, las personas entrevistadas hasta este momento son 12, algunas de ellas ya fallecidas. Así pues, de nuestro pueblo quedan guardados para siempre los recuerdos del algunos oficios ya desaparecidos, muy especialmente el de almadiero; josefa_urzainqui_2han quedado grabados igualmente los testimonios sobre los juegos de antaño, los recuerdos de la escuela, la fiesta infantil del obispo, el lavado y blanqueo de la ropa, las cencerradas del víspera de Reyes, los carnavales, las diversas romerías, las fiestas de San Pedro, los comercios que había en el pueblo, las costumbres de la Navidad y de la Semana Santa, la repercusión de la guerra, la vida en las bordas de Sasi, la relación con otros pueblos, las formas de vestir de antes… y muchas cosas más. Una perfecta radiografía de Burgui en la primera mitad del siglo XX. Y todo ello es memoria que ya no se pierde.

Día del Obispo. 6 de diciembre, San Nicolás

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Con motivo de la festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre los niños y niñas de Burgui recorren las calles del pueblo bendiciendo las casas y entonando alegres coplas a cambio de aportaciones de viandas de los vecinos con las que después celebran un buen festín. obispo3

Este nutrido grupo de niños y niñas está formado por un séquito encabezado por el “obispo” y dos diáconos a los que acompañan el “alcalde” (lleva una vara de mando y es el encargado de recoger los donativos en metálico en un zacuto), los “cesteros” (transportan las cestas donde se recogen las viandas como patatas, huevos o dulces), y los “espederos” (quienes en unos espedos ensartan las chulas, longanizas o embutidos).

DSC04528La víspera de la celebración de este festejo, el “alcalde” que forma parte de esta comitiva es el encargado de comunicarlo a los vecinos mediante este curioso bando anunciado por el pueblo mediante corneta:

De orden del señor alcalde, hago saber, que durante el día de mañana, día de San Nicolás guarden bien sus animales domésticos, especialmente las aves. En caso de encontrar alguna de ellas por las calles, será llevada a casa del obispo, donde seguidamente será sacrificada.

De esta manera se advertía al vecindario del riesgo de que se apropiaran de las gallinas que antiguamente se encontraban por las calles. También tenían derecho para entrar en las huertas y recoger los escasos productos que por estas fechas se encontraran, principalmente cardos.

DA_DEL~1El propio día 6 se realiza el recorrido por las calles del pueblo entonando estas tradicionales coplas y canciones:

Hoy es el día de San Nicolás, todos los niños de fiesta están, en esta casa todos esperan la limosnica que nos alegra, ¡el señor obispo les bendecirá!

Vengan vengan los huevos, las chulas y los cuartos y alguna otra cosica que si no, no nos vamos. Si nos dan, no nos dan, las gallinas cantarán.

La señora de esta casa es una santa mujer, pero más santa sería si nos diera de beber. Compadézcanse señores, de estos pobres estudiantes, que celebramos la fiesta muy contentos y galantes.

DA_OBI~1Una vez recibidas las viandas y aportaciones en cada casa, el obispo realiza la siguiente bendición frente a ella antes de proseguir la marcha:

La bendición de Dios Padre, la bendición de Dios Hijo, la bendición de Dios Espíritu Santo, que baje Dios a esta casa y la bendiga, por los siglos de los siglos, amén.

 

Santa Lucía

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dic
13

13 DE DICIEMBRE: SANTA LUCIA

El 13 de diciembre es la festividad de Santa Lucía. Hoy día, lo mismo en Burgui como en el resto del Valle de Roncal, es una fecha que pasa totalmente desapercibida. Pero esto no sucedía antaño.

Sabemos que en Uztárroz llegado este día era costumbre encender hogueras en la plaza y comer migas. Esta costumbre desapareció ya iniciado el siglo XX. En Garde existió en las afueras del pueblo una ermita dedicada a Santa Lucía, hoy desaparecida. Domingo López, beneficiado de la parroquia de Garde, en el año 1658 dejó una manda testamentaria de 14 ducados a repartir entre la iglesia parroquial (6 ducados) y las ermitas de Zuberoa (4 ducados), de San Juan (2 ducados), de Santa Lucía (1 ducado) y de San Cristóbal (1 ducado).

Sin embargo, es en Burgui en donde más expresiones religiosas encontramos en torno a esta santa. Hubo también en nuestro pueblo una ermita dedicada a Santa Lucía, ya desaparecida, cuyo emplazamiento se desconoce. Todo hace pensar que estuvo en el monte de Santa Lucía (de allí este topónimo), junto al vedau Nuevo y Zicaraya.

En el año 1783 el obispo don Agustín de Lezo durante su visita pastoral a Burgui mandó “que en la basílica de Santa Lucía se haga mantel nuevo y que a la santa se le quite el vestido que tiene actualmente y se haga otro nuevo”.

foto_antigua_burguiFélix Sanz recoge el dato de que en el año 1760 se contabilizaron entre otros ingresos “seis reales y veinte maravedís cogidos en el platillo durante las rogaciones mayores y menores del día de Santa Lucía”, lo que implica que en esas fechas todavía se iba en procesión hasta la ermita.

Tenemos conocimiento de la existencia de una Cofradía (o Hermandad) de Santa Fe y Santa Lucía. Se desconoce cuándo desapareció esta cofradía burguiar pero sí se sabe a través del libro de la Cofradía de Santa Fe y Santa Lucía es que en el año 1708 ya existía, siendo entonces su prior Martín Sanz. Mientras que en 1778 el prior era Pablo Burdaspal.

Los cofrades tenían la obligación de acudir a la ermita de Santa Lucía ataviados con capote y valona, pues sus propias ordenanzas establecían que quienes no lo hiciesen serían castigados con la sanción de dos reales. Una parte de esas multas estaba dispuesto que fuesen destinadas a los pobres. Por no acudir a Santa Lucía vestidos conforme al reglamento, por ejemplo, fueron sancionados Domingo Rodrigo y Juan Tomás Ustés.

Dentro del patrimonio oral recogido en Burgui ha pervivido hasta nuestros días una pequeña oración dedicada a esta santa que dice así:

Santa Lucía bendita
madre de San Agustín
a Dios entrego mi alma
cuando me voy a dormir